Memorias de Trini

Granada,  15 de Abril de 2.004.

Hola, mi nombre es Trini.

Hace mucho tiempo que quería escribir mis memorias. Sé que no son muy importantes, pero son  mis recuerdos

Nací en Antequera, el 22 de Agosto de 1.945 en la calle Belén Nº 26,  en un día muy especial. Mi madre, Dolores Varo Cruz  se fue a la peluquería,  ya que el 22 de Agosto es Feria en Antequera, por eso digo que nací en un día especial. Cuando mi mamá tenía los rulos puestos de su permanente, empecé a dar la lata. Tuvo que irse al hospital y nací yo, a las cinco y media de la tarde, hora de los toreros

A lo largo de mi vida siempre me pregunto porqué me gusta tanto una peluquería, es porque nací en la peluquería.

Como era la Feria de Agosto y mi abuelo tenía un ganado grande de cabras y otros animales más, y la feria de aquellos tiempos era de ganado, mi padre le pidió a su padre  que le dejara  presentar  a concurso a un macho que tenían bastante bonito. Mi abuelo le dijo que sí. Él lo peino, le puso lazos y lo presentó y, ¡sorpresa!, ganó el primer premio, 15.000 pesetas de aquellos tiempos, una fortuna. Nací siendo rica. Mi abuelo José Juan y mi abuela Trinidad le dejaron todo el dinero a mi papá  por lo que mi bautizo duro tres días. Creo que se lo gastaron todo y pobre otra vez. Mis abuelos no eran personas adineradas, trabajaban mucho. La abuela Trini vendía leche y hacia quesos y requesón  en la casa grande de la calle Belén y el abuelo tenia unas huertas  frente a la Cueva de Menga. Creo que eran arrendadas y que él labraba, sembraba patatas, trigo, cebada, habas y muchas otras cosas. Cuando tenia cosecha dormía  en la huerta para que no le robaran. Él decía que robar para comer no es delito y se hacia el despistado pero conocía a los que le quitaban las cosas.

Mi padre era hijo único, mis abuelos tuvieron cuatro hijos, tres niños y  una niña. Dos de los niños murieron a los seis años por enfermedades desconocidas y la niña con unos días. Mis abuelos eran primos hermanos,  puede que eso fuera el motivo. Lo cierto es que cuando nació mi padre  tenía el miedo de que le pasara lo mismo. Por suerte no fue así,  la prueba somos mis hermanos y yo.

Cuento lo de hijo único y primera nieta, siempre decían: “..A la niña que no le falte ni gloria..”

Recuerdo las navidades en la cocina de la casa grande. Mi abuelo tenía siempre seis o siete chivos para las hermanitas de los pobres y el día veintidós de Diciembre las monjitas  estaban en la casa como un clavo para recoger la mercancía. Me extrañaba que se llevaban lo chivos vivos. También se llevaban alguna gallina y queso y por cada pieza me daban un escapulario.  Yo era la niña que más escapularios tenia de toda Antequera.

Mi abuelo y mi padre salían todos los días con el ganado y volvían por la tardes. Creo que tenían unas 500 cabezas. Recuerdo que todas las tardes me sentaba en el escalón de la casa esperando que llegaran  para ver entrar a las cabras por la puerta del corral. Tenia una razón muy especial, bueno dos, la primera ver  a mi padre y a mi abuelo que siempre me traían algo del campo y la segunda que venía mi nodriza,  que era una cabra  de color gris canosa  y se llamaba Trini como yo. Este animalito tan noble no entraba al corral con las demás cabras. Como la casa tenia dos puertas, la del corral y la principal, se comunicaban por el hueco de la escalera y Trini se quedaba allí quietecita hasta que mi madre o mi abuela le limpiaban las tetitas para que yo mamara. Me encantaba la leche caliente de mi cabra. Un día de tormenta la mato un rayo cuando venia del campo, en la Puerta de Granada. El mismo que estuvo a punto de matar a mi madre, que como llovía mucho salió al encuentro de mi padre para echarle una mano. Lloré mucho, tenia tres años y fue mi primer disgusto en la vida. Se puede comprender  por que nunca fui como los demás,  pues me crié con una cabra, no como una cabra.

Cuando yo tenía cuatro años nació mi hermano Pepe. Recuerdo que mi madre no se encontraba  bien y vino el medico a casa yo no sabia que era el medico. Subió a la primera planta donde estaban los dormitorios. Ya he dicho que la casa era muy grande, en la planta baja teníamos la cocina, con una chimenea enorme en el comedor, los baños y un patio tan grande que daba a la calle Cazorlas. En la segunda los dormitorios, creo que cinco o seis. En la tercera, las cámaras. A mi no me dejaban subir nunca .Mi madre estaba en su dormitorio, subió mi abuela con el medico, yo iba detrás  de ellos  pero no me dejaron entrar en la habitación. Mire por una rajilla de la puerta y vi como  aquel hombre aquel le tocaba la barriga a mi madre y mi madre se quejaba. Mi reacción fue inmediata, abrí la puerta y le di un mordisco al medico diciendo “no le toques la barriga a mi mama”, el pobre hombre no podía creer que una niña tan pequeña podía tener tan mal genio. Como es natural me castigaron. Cuando llegó mi  papá lo primero que le dije que un hombre malo le toco la barriga a mi mama. Mi padre me cogió en brazos y me explico que tendría pronto un hermanito.

Nació Pepe, todos estaban con el niño y a mí ni caso. Me subí a las cámaras  que con los nervios alguien se la dejo abierta y me dormí. No sé cuanto tiempo estuve allí,  recuerdo que cuando  baje a la cocina había  mucha gente y estaba la policía. Mi papá me cogió en brazos y me dijo que habían pasado mucho susto. Creo que me habían buscado por el campo y también pensaron que me habían secuestrado.

Como mi madre tenia a Pepe decidió llevarme a la guardería.

Ésta estaba en la Carrera frente a un Colegio Nacional. La profesora se llamaba  Doña Mercedes. Para ir a la guardería  teníamos que llevar la silla y comer allí porque recuerdo que llevaba una canasta de mimbre todos los días. La guardería era muy bonita una casa grande con unos patios más grandes todavía, con parras y muchas flores. Estos patios daban a la calle Fresca,  tenía tres o más servicios pequeños para los niños.

Un día estaba yo en un servicio y un niño me abrió la puerta. Me enfade tanto que espere a que el entrara en un servicio y le cerré  el  pestillo y lo deje allí. A la hora de salir, el  niño no aparecía. Las educadoras se volvieron locas buscando. Yo no dije nada, vino mi madre y me fui con ella. Al día siguiente cuando llegue a la guardería se armó una gorda. Como es natural,  me castigaron. Tenía que ser muy traviesa, siempre estaba castigada.

Mi hermano Pepe crecía y a mi ya me echaban mas cuentas, sobre todo mi abuelo  que le gustaba llevarme al campo  con él. A mi me encantaba, me contaba historias y cuentos. Yo era feliz con él, lo quería mucho. En verano dormíamos en la era  que estaba donde hoy está el barrio de los Remedios.

Recuerdo el olor a paja, me encantaba que mi abuelo me montara en el trillo que lo llevaban dos mulillas que daban vueltas y mas vueltas, que recuerdos.

Pasó el verano y mi madre que tenía un carácter fuerte decidió que no podía estar todo el día en el campo,  así que decidió llevarme al colegio.

Como no tenia la edad habló con Doña Mercedes y como yo era muy espabilada me admitió en su clase. Las niñas me llamaban “chiquitina”. Todas creían que tenia su edad, no querían jugar conmigo lo pasaba muy mal. Para llamar su  atención un día me corté un vestido con la tijera, todas se reían y me decían:”cuando tu madre te vea  ya veras” y es que en aquellos tiempos la ropa estaba cara y no teníamos dinero para comprar.

Yo sabía que mi madre zurcía muy bien y que me arreglaría el vestido. Cuando llegué a casa, otra bronca de mi madre pero se puso a reparar el roto y me hizo un zurcido precioso.

Que orgullosa estaba yo con el trabajo de mi madre. Cuando llegué al colegio todas las niñas miraban el zurcido de mi vestido y se hicieron amigas mías, así de simple. Yo nunca aprendí a zurcir  como ella y creerme que lo he intentado

No me gustaba el colegio. Me escapaba, me iba al campo. Doña Mercedes llamo a mi madre para preguntar si estaba enferma,  la sorpresa de ella fue grande y el enfado mas todavía, otro castigo.

Al año siguiente decidieron llevarme a un colegio de monjas, a La Victoria,  un colegio de pago. Al principio muy bien, el colegio me gustaba mucho y tenia buenas amigas  como Reme Villalón, Loli de la Carrera , a su abuelo le llamaban el bigotes, era carpintero, Lola la pescadera,  su madre tenia un puesto de pescado en la plaza,  Pepi que era de la Roda, se vinieron a vivir a Antequera  y  vivía en la calle de Las Recoletas. Éramos ocho o nueve amigas inseparables  luego cada una tiró para su destino y no nos hemos visto más, lástima que se pierda esa amistad.

Recuerdo que en el colegio por las tardes  las monjas nos ponían  a hacer labores  y como hacía calor nos sentábamos en la escalera del patio. Unas escaleras muy empinadas. A mí las labores nunca se me dieron bien, creo que por mis nervios de no poder estar parada ni un minuto y me aburría. Siempre me inventaba algo para no coser. Esa tarde como todas estábamos sentadas en las escaleras y cosa rara no fui yo la que armó el lió pero como tenia fama de hacerlo, me la cargué. Yo estaba en la parte de arriba  las monjas descansaban  a esa hora. Dos de ellas se despertaron con muestras risas  y cual no seria mi sorpresa cuando de pronto siento un dolor enorme  en la cabeza la monjita me pego con unas castañuelas de madera  maciza. Mi reacción no espero ni un segundo me cogí al hábito y monja, Trini y demás  personal rodaban por la escalera. La que se organizo fue grande, la monja magullada y de todas las demás hechas polvo. A mi no me paso nada, tuve la surte de caer encima de la monjita.

Yo siempre que me acuerdo como rodó la monja por las escaleras, me da la risa

Me expulsaron del colegio. Cuando se arreglo todo, me admitieron de nuevo. Prometo que no lo hice queriendo, fue por el dolor que sentí en mi cabeza.

No se como pasó, mi abuelo vendió  las cabras y dejo el campo. Seguíamos viviendo en la misma casa pero todo cambio económicamente. Recuerdo que había tensiones pero con ocho años  no sabía que pasaba. Sé que mi padre trabajaba en el  campo talando olivos y segando  pero como jornalero no como dueño, las cosas cambiaron  la abuela Trini seguía teniendo sus gallinas, sus gallos y pavos  y los vendía por navidad

Ese año por San José, mi abuela y mi madre decidieron  matar dos gallos  para celebrar una gran fiesta. A las ocho de la mañana las dos mujeres  con cuchillo en mano y un cacharro para la sangre se encaminaron hacia el corral y que sorpresa, no quedaba ni un animalito, se los habían llevado todos la noche pasada. Mi madre y mi abuela lloraban. También entraron mi abuelo y mi padre y como siempre  y tranquilo dijo: ”¿que problemas tenéis?, pensar que los que los robaron tenían mas necesidades que nosotros”. No recuerdo que comimos ese día. El disgustó paso pronto, él animaba a todo el mundo con su forma de ser, que gran hombre era.

En la calle Belén nº 13 vivía mi bisabuela Carmen López. Una mujer digna de mencionar. Era pequeñita y menudita. Muy vivaracha, casada y viuda. Me contaba el abuelo José que su padre era un hombre grande y serio, con un gran bigote, todo lo contrario de su menudita mujer, la que tenía muy quemada con su mal humor. Carmen López contaba que paso algunos malos ratos con su marido. Me decía que un día le puso un cocido y que los garbanzos quedaron duros. Se enfadó tanto que le hizo comérselos todos y que jamás le salió una comida mala. Aprendió bien la lección.

Se vendió la casa grande y nos fuimos a vivir con Carmen López. La casa era también bastante grande, estaba llena de vecinos, ocho o nueve familias en la planta baja, en el patio de atrás y en las cámaras. En la planta del medio vivían mis abuelos.

Nos pusieron el dormitorio de mi hermano y el mío en la sala baja. Entrando al zaguán a la derecha estaba el dormitorio de mis padres. Las habitaciones eran grandes pero en dos de ellas vivía una familia con dos o tres hijos, separadas por cortinas. Eran otros tiempos.

La casa tenía un portal grande y una entrada de carruajes. Otra puerta para entrar al cuerpo de casa. Éste estaba dividido en una cocina muy grande con chimenea y cantareras y muchas alacenas. A la izquierda, una sala y a la derecha otra. Pegando al patio una pequeña que era el dormitorio de Jose Hiles. Ya cuento más adelante quién es él. El primer patio grande, también con un pozo y un árbol, y en el segundo patio había habitaciones que estaban alquiladas. Esta casa fue muy señorial. Mi bisabuelo tenía dinero y en Antequera tener una casa tan grande era de gente pudiente.

Carmen López tuvo tres  hijos, Juan José, Miguel y el tercero no me acuerdo como se llamaba, murió muy joven. Era el padre de José Hiles, cuando  murió su padre no se fue con su madre, se quedo con su abuela. Nunca supe porque, a su madre no la vi nunca y creo que él tampoco.

Miguel  se caso con una señora muy elegante y rica. Tenía cortijos y  huertas. Parte de los terrenos del polígono de Antequera eran suyos y el cerro de Mari Macho que esta pegando a la cueva de Menga y que no pueden tocarlo porque tiene ruinas romanas  y que ahora pertenece al Ayuntamiento.

Miguel vivía en la calle Los Duranes, una calle  céntrica, la casa muy bonita  con muebles caros. Tenían una carnicería, la mejor de Antequera. En la casa había tres criadas, como se le llamaban antes a las chicas de servicio. La cocinera se llamaba Pepa  y todos los días le llevaba la comida a Carmen López, a las dos en punto y allí estábamos mi hermano Pepe y yo asomados al balcón esperando a la señora Pepa. Sabíamos que algo nos daba la abuela y como la comida era muy buena la esperábamos como agua de mayo  Como a Pepe le gustaba tanto comer sobre todo el dulce, un día le trajo Pepa unos pasteles y Carmen López los guardo para José Hiles. Pepe daba vueltas alrededor de la abuela pero esta no soltaba ni un dulce, se fue al patio cogió una lagartija  subió y le dijo “te traigo un regalito”. La pobre mujer dijo “a ver que me trae mi niño” y puso la mano. Pepe le puso el bicho, la abuela salio corriendo dando gritos, momento que el aprovechó para quitarle los dulces. Salió escaleras abajo.

Un día al salir de colegio llegamos a casa. Estaba el médico y toda la familia preguntábamos que pasaba, nos dijeron “la abuela está muy enferma”. Pepe y yo subimos a verla, le cogimos las manos y le decíamos “abuela no te mueras”. Carmen López sonrió y dijo “no os preocupéis chiquitos que en esta fecha, cigarrón no cae en la percha” y murió a los noventa y nueve años.

Cuando ella murió nos fuimos vivir a su piso. Poco a poco mi padre fue despidiendo a los vecinos, solo quedaron dos, Rosario y Julián, buenas personas.

Nació mi hermano Juan. Fue en la casa, recuerdo que en la cocina tenían agua caliente y muchos paños blancos. Juan era precioso, muy rubio, los ojos azules, eso sí, tenía unas orejas muy grandes.

Desde el nacimiento de Juan, mi madre siempre estaba enferma, lloraba mucho. Discutía la abuela Trini con mi padre, cosa rara pues siempre se llevaron bien. Al poco tiempo quedó embarazada. Era una niña, nació de seis meses y murió a las pocas horas de nacer. Este disgusto le duró a ella siempre.

La familia crecía y los ingresos eran pocos. Solo entraba el sueldo de mi padre que seguía trabajando en el campo. Los tiempos eran difíciles y duros. Mi madre cuando se encontraba mejor, salía a la calle a trabajar. Siempre la llamaban para blanquear. Todo el dinero que entrara en casa, era poco. Nunca supe que paso con el capital de mis abuelos.

No he hablado de la familia de mi madre. Tenía menos contacto con ella. Vivían en la calle Fresca nº21, mi abuela Carmen Cruz y mi abuelo José Varo Bautista. Tuvieron seis hijas y un hijo, Carmela, Águeda, Consuelo, Ángeles, Socorro, Dolores y José. Éste murió muy joven, como su hermana Socorro. Carmela, la mayor, Dolores, mi madre, que era la más pequeña. Todas están muertas menos Ángeles, que está en Las Hermanitas de los Pobres, en Antequera. Es soltera.

Mi abuelo materno era un hombre grande y fuerte y tenía muy mal genio. En la casa de la calle Fresca, una casa muy vieja, vivían los abuelos, la tía Carmela Águeda y Ángeles. La casa tenía dos patios grandes que daban al convento de Santa Eufemia. En el primer patio había una parra grande con uvas negras muy buenas. Tenía el abuelo dos higueras y un durazno. El abuelo, todas las mañanas contaba los racimos de uvas y los higos brevas según el tiempo. Aprendí de chica que la higuera es uno de los pocos árboles que dan dos frutos al año. Cada día los contaba para que no se los quitaran. El se sentaba en la puerta del patio con su bastón y controlaba todo, pero Pepe y yo le dábamos la vuelta y lo quitábamos lo que podíamos, desaparecíamos una semana esperando que se pasara el enfado.

La abuela era alta y delgada. Siempre vestía de negro, creo que por el luto de sus dos hijos. Lo que si me llamaba mucho la atención eran sus orejas. Las tenía tan grandes que no podía aguantarme la risa. Esta fue la herencia que nos dejó. Murió sin saber que su hija Lola murió un año antes que ella. Pobre mujer, el abuelo murió un día de carnaval y a mi madre no la encontraban porque estaba vestida de máscara en Las Peñuelas. Esto lo recuerdo muy bien, tendría nueve o diez años.

En esa época, yo quería ser monja de clausura. Como vivía frente al Convento de Belén siempre estaba con las monjas. Las veía en la Sala del Claustro y me tenían el coco comido, me enseñaban recetas de dulces, de ahí viene la del bienmesabe, recete auténtica de las clarisas.

Cuando salí del colegio de las monjas me fui a la calle Fresca. Un colegio grande que se hizo en un palacio donado por una señora muy rica a la Parroquia de Santiago. El colegio era muy bonito, por las mañanas repartíamos leche en polvo y queso a las personas del barrio. A mí me cogieron para el reparto, me gustaba mucho. Empecé a conocer a las personas mas necesitadas y siempre les daba algo, empecé a ser famosa.

A Pepe y a mí nos gustaba mucho la leche en polvo y el queso americano. En el colegio hacíamos teatro, teníamos  un salón de actos muy grande con un piano. Don Gonzalo, un profesor al que yo quería mucho, nos daba las clases de música y teatro  y  Doña Mira, mi profesora, vive todavía. Me la encuentro por Antequera y me da mucha alegría. Mi mejor amigo era Manolo Cobos  siempre estábamos juntos y éramos compañeros de teatro.

En ese tiempo ya empezaba a ser una niña guapa. Me gustaba vestir bien y siempre iba muy limpia y peinada. Mis ojos y pestañas llamaban  la atención de la gente. Las mujeres embarazadas me paraban por la calle para que le tocara la barriga y que sus niños tuvieran los ojos como las míos. Empecé a creerme guapa.

Mi padre siempre me animaba para que fuera  bien arreglada y que me comportara como una señorita. Me enseñaba muchas cosas que yo aprendía rápido. Me interesaba el tema, me daba muchos caprichos. Mi madre le regañaba y le decía que me estaba mal criando pero eso a el no le importaba, su  niña tenia que ser la mejor. Su gran pena fue cuando le dije que no quería seguir estudiando,  pues aunque no tenia mucho dinero por mi habría hecho cualquier sacrificio, de lo cual me arrepentí siempre. La gente joven muchas veces no pensamos en el futuro

Seguía en el colegió y por las tardes me puse a coser en un taller de costura en calle Obispo. La señora se llamaba Maria, ganaba muy poco pero como los viernes repartía la costura me daban propinas y me sacaba un dinerillo. Me gustaba aprender de todo. Mi madre me decía: “serás aprendiz de todo y maestra de nada”, que razón tenia. En este tiempo conocí a Pepe Luis, teníamos trece años.

Termine el colegio y como no quería seguir estudiando mi padre me llevo a la zapatillera, que la dueña Lucia era amiga suya. La tienda era vieja y sucia, donde vendían alpargatas de esparto y poco más. Estos señores vinieron de León y como le fue bien el negocio de las zapatillas abrieron otra tienda de zapatos enfrente, que era muy bonita. Yo quería irme a trabajar allí pero Lucia me dijo que no estaba preparada, que cuando aprendiera bien me pasaría y así fue. Como todo lo que me gusta lo aprendo  pronto, su hermano Amable se fijo en como trabajaba y me llevó a su tienda  con su hermana Feliz, una mujer muy amable y cariñosa. Estaba soltera, me pagaban poco, trabajaba mucho, a mi no me a asusto nunca el trabajo. Salíamos muy tarde por las noches, después de cerrar la tienda que siempre se cerraba tarde. Teníamos que ordenar los pedidos y hacer escaparates, nos daban un bocadillo de atún y un refresco y tan contentos. No salíamos nunca antes de las tantas de la noche por lo que mi padre siempre iba a recogerme para que no me fuera sola a mi casa

Vendía mucho y nos daban una comisión por vender pares sueltos de fuera de temporada. Como me hice amiga de la gente de los pueblos, antes no tenían tiendas en los pueblos y venían a comprar a Antequera. Se llamaban Cosarias, traía los encargos de la gente,  yo tenía muchos amigos. Cuando estaba ocupada esperaban para que yo los atendiera, decían que  Trini no los engañaba  y vendía más que todos los compañeros. Me sacaba un buen sueldo. En mis tiempos trabajaban pocas mujeres y que ganaran dinero menos. En mi casa se necesitaba y mi madre cobraba mi sueldo antes de que terminara el mes. Tengo que  decir que nuca me falto de nada sobre todo zapatos, mi gran vicio de toda la vida.

Siempre fui unas de las niñas mejor vestidas de Antequera.

Tenía muchos pretendientes. Un día vi a un niño que iba al instituto y me gusto, era Pepe Luis. No sabía su nombre ni donde vivía,  pero me gusto

Tenía un pretendiente que no me dejaba, me perseguía y no me decía nunca nada. Le cogí tal manía que no podía aguantarlo. Un día lo vi en calle Estepa y como siempre persiguiéndome, le dije a mis amigas: “éste no me sigue mas”, me plante delante de el y le dije: “ ¿qué es lo que quieres el muchacho?”, se puso nervioso y me dijo: “es que te quiero”. No le di tiempo de mas me quite el zapato y sin pensarlo le di en la cara un zapatazo que empezó a echar sangre. Salimos corriendo y nos metimos en el Ayuntamiento por  que el niño me mataba.

Tuvieron que llamar a mi padre  para que me recogiera. Me arrepentí mucho y quise pedirle perdón, no pude. Murió en un accidente de trafico, pobre muchacho, solo estaba enamorado de mi.

En Semana Santa, fiesta que en Antequera se vive mucho, como en todo Andalucía, para mi familia el Jueves Santo es muy especial. Ese día sale la Virgen de los Dolores con el Cristo amarrado a la columna y el Cristo con la cruz a cuestas. Este Cristo lo sacaron a la calle, mi bisabuelo, mi abuelo, mi padre y mis hermanos y el otro día me comento mi sobrino Pepe, hijo de mi hermano, que le gustaría sacarlo. Me dio mucha alegría. Esta Hermanad es de la Cofradía de Belén, que es mi barrio y que está enfrente de la casa donde viví. Desde los balcones de la casa lo veíamos salir y entrar.

Recuerdo que el Jueves Santo, mi abuelo y después mi padre se levantaban al amanecer y se iban a la iglesia con sus horquillas y sus almohadillas para amarrarlas y yo con ellos. Cuando terminaban se venían a la casa para comer y descansar, ya que la tarde era muy dura, el recorrido largo y luego la vega. Ésta solía terminar de madrugada y lo mismo que ahora, pero antes la cuesta de Archidona era de tierra y resbalaba mucho. La vega consiste en poner a los santos en la plaza de Santiago cuando vienen para su casa y  primero suben al cristo amarrado a la columna, lo suben corriendo y la gente corre delante cuando esta arriba se baja por el otro y lo mismo, por ultimo se baja por la virgen cuando están todos arriba los tres los ponen mirando a la vega y la gente reza. Los bajan muy despacio y a su casa

El desfile sale a las seis de la tarde y suele salir de la casa de la camarera de la Virgen  A las cinco, mi padre, el bestia, con su túnica  negra y su pañuelo de seda blanco cogía su horquilla y al desfile, que guapo estaba y que orgullosa estaba yo de tener un padre tan guapo.

Un Jueves Santo salimos mis amigas y yo para ver el desfile que era en la calle Lucena y en la acera de enfrente estaba Pepe Luis con amigos y algunas niñas. Me miró, lo miré y nos enamoramos en ese momento y ya no nos hemos separado nunca. Teníamos trece años, conocerlo es lo más hermoso que me ha pasado en la vida.

Nos veíamos a escondidas, ya que éramos muy niños y nuestros padres no nos dejaban. Cuando no podíamos vernos nos mandábamos cartitas y así fueron pasando los años. Cuando su padre decidió mandarlo a Sevilla para estudiar, yo pensé morir, pues Sevilla estaba muy lejos y yo no podía estar sin verlo.

Yo seguía trabajando. Pepe Luis tenía una Vespa y venía de Sevilla a Antequera para verme. Nos queríamos tanto y después de cuarenta años seguimos lo mismo. Es como si no hubiese pasado el tiempo. Eso no quiere decir que no hayamos tenido nuestros problemas, como todo el mundo.

Pepe era un niño muy guapo, muy delgado, muy inteligente, muy honrado y bueno. Siempre le gustó mucho escribir. Me escribía todos los días. Tenemos todas las cartas guardadas en Antequera. Algún día se las dejaré a mis nietos para que las lean, las suyas y las mías.

No he tenido más novio que él aunque siempre tuve muchos pretendientes. La única pelea de novios que tuvimos fue cuando llevaba en Sevilla tres años, que se echó una novia Mari Pepi,  creo que se llamaba. Yo empecé a salir con Juan Luis, nada serio por parte de los dos

Un día de los Santos pasaba  Pepe con el seiscientos de su padre por la calle Belén, yo estaba en la puerta de mi casa,  paró el coche para saludarme. Estaba comiendo castañas y sin pensarlo le tiré una, con tan mala suerte que le di en un ojo. Me puse a llorar, me dijo: “entra en el coche y damos una vuelta”, y hasta ahora ya no nos hemos separado mas. Él seguía en Sevilla y  yo trabajando, me llamaba todas las semanas.

Mi padre siempre pensó que yo tenía que educarme como una señorita educada y preparada para la vida. Habló con doña Carmen Moreno y su hermana Ana,  dos señoras solteras que vivían en la Carrera, en una casa muy grande donde mi tía Águeda estaba de portera. La casa tenía unos muebles preciosos,  les dijo que él quería que me enseñaran todo lo que pudieran y ellas encantadas, me enseñaron muchas cosas. Gracias a estas dos personas aprendí  a comportarme en sociedad.

Todos los días a las dos de la tarde me iba a su casa, me ponía el uniforme y mi cofia  y les servia la comida, casi siempre estaban las dos solas, pero cuando tenían invitados me sentaban a la mesa con ellos para que  aprendiera. Aprendí como se pone la mesa, los cubiertos, las servilletas, por donde hay que empezar y a quien primero y muchas mas cosas que no he olvidado nunca

Los Sábados y los Domingos  me ponían a cocinar y aprendí claro que a aprendí. Me encantaba estar en aquella casa y con esas personas. Siempre les agradecí a ellas y a mi padre  los sacrificios  que hicieron por mí.

La casa de Amable y Charo los bajos los tenían de negocio. La casa tenia tres plantas con dos pisos cada una. En la primera vivían Charo y Amable y sus padres con  Feliz y una hermana que se salió de monja. El segundo piso lo tenían de almacén y la tercera planta como estaba vacía la alquilaron  a una familia que venían de  Burgos. El padre era militar, la madre encantadora, tenían dos hijos el mayor se llama Joaquín el pequeño no recuerdo el nombré. Al mayor le llamábamos Joaquinito era muy listo pero muy tímido. Como no tenía amigos siempre estaba en la tienda. Se enamoró locamente de mí,  yo lo sabía y me aprovechaba de él, pobre Joaquín como tuvo que sufrir. Todo lo que le pedía eran órdenes sagradas para él. Después de muchos años volvió a Antequera de capitán de la Guardia Civil, estaba casado, nos vimos algunas veces en ferias con nuestras respectivas parejas. Pepe Luis siempre tuvo celos de él.

Era vísperas de feria de Sevilla. Yo quería ir por ver la feria y más porque estaba mi novio en Sevilla. Como no teníamos dinero. Me inventé hacer una rifa  para unos niños que hacían la primera comunión y sus padres no tenían dinero. Se rifaba unos zapatos de caballero y otros de señora. Llamé a Joaquinito y le dije: “si quieres venir a la feria tienes que vender papeletas”. Él encantado, le dimos un taco. Vendió muchas, el día del sorteo por la mañana  me trajo las que no pudo vender y le dije que no las quería, que las vendiera o se quedara con ellas. No se de donde saco el dinero pero las compro todas y le toco el premio. Cuando vino a recogerlo lo convencí para que no se lo llevara y así tendríamos más dinero para  gastar en Sevilla. El pobre lo hizo así.

Preparé el viaje, contraté el autobús. Cuando todo estaba listo mi madre me dijo que yo no iba, que mi novio estaba en Sevilla y que estaba muy feo que yo fuera por mucho que lloré y pataleé. No me dejó. Se fueron todos mis amigos incluido Joaquinito y yo me quede en Antequera. Odie a mi madre durante mucho tiempo, ella era así cuando decía no era no y nada la podía cambiar.

Fue pasando el tiempo. Pepe seguía en Sevilla. A mi madre al principio no le gustaba mucho. Cuando me daba algún consejo, yo le decía que era muy bueno y muy callado. Ella me contestaba siempre: “no te fíes de las aguas mansas que de las revueltas  ya te apartaras tu”. Nunca supe que me quería decir con eso, con el tiempo llego a quererlo mucho.

Cuando yo tenía dieciocho años, mi madre se quedo embarazada. La alegría fue muy grande para todos. Ella tenía cuarenta y uno, todos estábamos encantados con un niño nuevo en la casa. Se encontraba muy bien el embarazo, fue muy bueno, con muchos cuidados por su edad. En aquellos tiempos una mujer con esa edad era una vieja sobre todo para tener un niño, no como ahora que hay tantos adelantos.

El diecinueve de Mayo mi madre se puso de parto por la tarde. Mi padre estaba trabajando. La llevamos al hospital Pepe y yo. Nació la niña a las nueve de la noche,  ya estaba mi padre y toda  la familia. Era una preciosa rubia con los ojos celestes como el cielo, tenía un hoyito en la barbilla. Es difícil ver un niño recién nacido tan perfecto mi padre la paseo por todo el hospital como si fuera su primer hijo.

El día que nació mi hermana y a la misma hora nacieron dos gemelos. La madre estaba encamada desde hacia tiempo. El parto no venia bien, el medico se fue a atenderla y como el de mi madre fue bueno y rápido no se preocuparon  y la mandaron a planta. A los tres o cuatro días la mandaron a casa. Que felicidad y que poco duro. Al día siguiente mi madre empezó con fuertes dolores en el vientre. Normal después del parto pero la cosa seguía  y se llamo al medico. Vino Don Manuel Moreno, médico de  cabecera, le dio algunos medicamentos y puso algo mejor.

El sábado por la tarde Pepe Luis y yo pensábamos ir al cine. Estaba arreglándome para salir, escuché unos gritos que venían del dormitorio de mi madre. Salí corriendo para ver que pasaba. Me encontré a mi pobre madre gritando de dolor. En la casa no estaba ni mi padre ni mis hermanos. Como no teníamos teléfono le dije a mi abuela Trini que se quedara con ella y la niña salió a la casa de Teresa Portillo. Ella tenía teléfono y vivía en la casa de enfrente. Llamé al medico, me dijo que la llevara al hospital rápidamente.  Llamé a Pepe Luis, vino rápido, la metimos en el coche y la llevamos  al hospital. Nos esperaba el medico que la asistió en le parto, Don  Isidro  Montoso. A los diez minutos  salió con la cara descompuesta, me pregunto por mi padre, yo le dije esta trabajando,  “búscalo rápido, tu madre esta muy mal, hay que operar y nos tiene que dar el la conformidad”. Pepe Luis y yo no salíamos del asombro, que dice este hombre. Él se fue a buscar a mi padre y yo me quede en el hospital pero ya no pude verla.

Mi padre después de hablar con el medico le dio la conformidad y la metieron en quirófano. La  operación duro muchas horas cuando salió el medico nos dio pocas esperanzas. Tenía una infección muy grande y no pudieron coserle los puntos. Ellos sabían que se moría, nosotros teníamos esperanzas, era tan joven

Pepe Luis estaba en Cerro Muriano haciendo milicias. Se tuvo que marchar esa tarde. Antes de irse entró para despedirse y ella le dijo: ”cuida de Trini tiene mucho genio pero es muy buena”. Salió llorando, ella sabia que se moría, como así fue.

La noche del  Sábado al Domingo lo pasó mal  en el hospital. Estuvieron Charo y Teresa, mi suegra y toda la familia. El lunes por la mañana vino el medico, parecía que se encontraba un poco mejor. Nos dio algunas esperazas, pero por la tarde se puso muy nerviosa, me dijo que quería ver a la niña. Se la llevamos, la besó mucho y me la dio y me dijo: “es tuya, cuídala”. No sabia que quería decirme, luego lo comprendí. Murió la noche del martes

Pepe Luis se marcho el Domingo por la tarde para Cerro Muriano. El Martes lo llamé para darle la mala noticia.  Pidió permiso para poder venir y no se lo dieron. Se vino sin permiso y cuando  volvió lo metieron en el calabozo y le levantaron expediente por falta grave. Lo pasó muy mal, su padre tenia en amigo militar y gracia a él la cosa no llego a mas. Siempre recordaré ese gesto de valentía y de cariño.

Mi hermana nació el diecinueve de Mayo y mi madre murió el nueve de Junio. Desde que nació la niña hasta el día que murió estuvo enferma, los médicos seguían diciendo que murió de una infección. Más tarde nos enteramos que esta fue producida por un trozo de la placenta que le quedo del parto.

Que días más duros, que pesadillas. Dejé de trabajar y me hice cargo de la casa. Una niña recién nacida, mi abuela enferma. A mi abuelo le dio una trombosis, mis dos hermanos   toda una pesadilla que no tenia solución. Gracias a lo que me enseñaron Carmen y Ana Moreno pude levantar cabeza y a mi tía Águeda y su marido Pepe  que se dedicaron total mente a nosotros.

En la zapatillera no tenía seguridad social. No tuve paro, ni despido. El único sueldo que entraba en la casa era el de mi padre. Él se tuvo que dedicar a trabajar más horas y estaba menos en la casa. Todo el trabajo era para mí. Muchas veces me desesperaba y lloraba. Se que no lo hice todo lo bien que tenia que hacerlo con mis hermanos y con mis abuelos  y me sentía culpable. Cuando se lo decía a mi padre, él me contestaba que no podía dar más de sí y que lo estaba haciendo todo bien. Pido perdón si algunas veces hice daño.

El día veintidós de Agosto día en que cumplía diecinueve años, segundó día de feria de Antequera, Mari carmen tenia cuatro meses. Le dije a la tía  Águeda que se quedara con la niña para dar una vuelta con Pepe. No al ferial, pues  estábamos de luto y antes eso se respetaba mucho. Como la ropa negra me dijo que encantada. Empecé a  vestirme  y la niña lloraba mucho. Cuando fui a la cuna estaba con una fiebre muy alta. La cogí en brazos y el cuello lo tenia rígido. En ese momento yo no sabía que le pasaba pero el sentido de madre me dijo que seria algo muy grave. Sin pensarlo la cogí  y me la lleve al hospital. Como era día de fiesta no había medico. La vieron de urgencias y me mandaron para mi casa. Como yo intuía que era grave lo que tenia, les dije que no me iba si no la veía un medico. Me puse tan pesada y llorando tanto que llamaron a Don Salvador Artacho. Este señor vivía en la calle Estepa frente al hospital. No le gusto mucho que lo molestaran,  cuando hable con el por teléfono y le comente los síntomas que tenia me dijo “tráela a la casa”, cogí a la niña, salí del hospital, la calle estaba llena de gente muy bien vestida. A mi no me importaba nada, solo que mi niña se moría. Me encontré con Carlos, el hermano de Pepe, dejó a los amigos y se vino conmigo. Cuando el medico la vio me mando rápido otra vez para el hospital. Llamaría por teléfono porque cuando llegue me estaban esperando en la puerta. Él llego rápido, le punzaron en la espalda, Dios mío que cosa  más tremenda, como sufrió mi niña.

La enfermedad se confirmó, meningitis.  Don Salvador  me cogió las manos y me dijo haremos todo lo que se pueda pero espera lo peor, está muy grave   Carlos  se fue para avisar a la familia, yo le pedía a mi madre que no se la llevara, que la queríamos mucho. Estuvo muchos días entre la vida y la muerte, no esperábamos que viviera pero gracias a ese hombre bueno se salvo y ella desde el cielo que la protegió. Estuvo en el hospital una semana, la punzaron varias veces, no podía tomar una leche de farmacia, la que tomaba se la preparaban en el hospital. Me daban para tres días, la colocaban en unos canastos de metal y cada canasto traía seis botellitas. Cada tres días  yo estaba en hospital como una madre para recoger su leche. Le sentó muy bien, pronto empezó a ganar peso.

Fue pasando el tiempo, Mari Carmen crecía con rapidez, cada día estaba más bonita. Empezó a decir “papá y mama”. Mi tía Ángeles no quería que me llamara a mi “mama”, decía que yo no era su madre. Se enfadaba con  mi padre, él le dijo un día que solo me faltaba haberla parido y que no se metiera más en nuestras cosas. Se enfadó y nunca volvió a mencionar el asunto

Siempre estábamos juntas y siempre me llamó mamá hasta el día que se casó, que me dijo Trini por primera vez.

La muerte de mi madre todos lo sentimos mucho pero el que mas lo sintió de todos fue Juan, por su edad. Tenia once años, al ser el más pequeño siempre estaba con ella. Pepe y yo éramos mayores y comprendíamos las cosas pero a él le costo  mucho. Se volvió rebelde, se llevaba mal con mi padre y conmigo y siempre pensó que la culpa de todo la tuvo Mari, con el tiempo la quiso más que a nadie.

La casa se me hacia cada ves mas pesada. No teníamos dinero, los abuelos mas viejos Mari Carmen crecía,  mi hermano Pepe se fue a Francia  con unos amigos de mi padre. Pepe terminó la carrera y viendo  mi situación decidió que nos casábamos. Fue una sorpresa para todos, no pusimos fecha pero la noticia estaba dada, el único problema era mi familia, yo no podía dejar a mi padre en esa situación. Mi padre  como siempre pensando en mi,  y también un poco en el, era muy joven tenia cuarenta y tres años, decidió casarse, conoció a una mujer soltera que trabajaba en el hospital de Antequera de analista. Nos pareció una buena mujer, el le dio muchas vueltas antes de presentárnosla y al final lo hizo. Nos reunió a todos y nos dijo que quería casarse con Lola pero que nunca seria nuestra  madre ni su mujer  y creo que  fue de esa manera, siempre estuvo enamorada e ella

Se casaron a los dos años de morir mi madre. Al principio todo muy bien, Lola era una mujer hipócrita y mala, nos hacia la vida lo mas imposible  de lo que se puede uno imaginar. Escondía la comida, puso a mi padre en contra de todos, especialmente de mí. Ella sabía que yo era el ojito  derecho de él y ahí atacaba  hasta el punto de que nunca tuvimos ni mi padre ni yo una discusión y desde que esa mujer entro en la casa todo fueron disgustos.

Desde que se caso mi padre hasta que me casé yo pasaron dos años, los mas malos de mi vida. Se quedó con mis habitaciones,  yo me tuve que ir a dormir con mis abuelos no quería que Mari estuviera conmigo,  no me preguntaba nunca nada y siempre que podía me enfrentaba con mi padre. Estuve a punto de tirar la toalla y sacarle el moño, bueno la peluca. Gracias a Pepe me contenía y nunca paso nada.

Muchas veces pensé  en lo peor, cuando lo pensaba me iba con mi amiga Reme Ortega que vivía en calle Mesones. Las dos nos poníamos  a coser, me llevaba a la niña y volvíamos por la noche. Esta fue mi vida durante tres años, no tenía ni casa ni familia y lo más importante no tenía a mi padre que siempre fue lo más querido de ni vida. Pienso que yo pude tener mucha culpa de todo, creo que siempre le tuve  celos, lo que si es cierto es que esa mujer me convirtió en mala, no se si se ha muerto ni me importa. El mismo día que se murió mi padre deje de verla ni de saber nada de su vida. Le perdoné todo porque egoístamente me quede tranquila  y comprendí eso de que las madrastras, no todas,  pero la mayoría son como la cenicienta, ésta era peor, mas adelante comprenderéis porqué lo digo.

Pepe Luis termino su carrera. En Amoniaco Español,  la empresa más grande de abonos de España, convocaron puestos de trabajo para peritos agrícolas. Se presentaron muchos de su promoción y se quedaron muy pocos. Él como siempre fue el numero  uno. Lo mandaron a Córdoba  y después estuvo en Antequera con García Berdoy  y por ultimo en Ecija.  Cuando estaba allí decidió que nos casáramos, pensando que nos quedaríamos a vivir  en ese pueblo tan bonito. Lo planteamos a la familia y fue una sorpresa. Éramos muy jóvenes y teníamos problemas económicos y el mas grande, el de mi familia. Yo no tenia nada de ajuar ni posibilidad de comprarlo. No podía contar con Lola ni con mi padre. Teresa, la madre de Pepe y la mía que lo fue siempre, nos dijo que no nos preocupáramos, ella se encargaría de todo como así fue. Me compraron  hasta el traje de novia, que me lo hizo Pepita Torres y también  me hizo un traje de fiesta,  todo lo  pagaron ellos

Se fijo la fecha de la boda para el ocho de septiembre  y todo quedo arreglado  pero no contábamos con un problema que surgió pronto. Antonio y Maria José, al ser mayor que Pepe, decidieron que se casarían antes y pusieron la fecha para el cuatro de agosto.

Yo tenía mucha amistad con las monjas del hospital de San Juan de Dios, ya que por desgracia  estuve mucho tiempo allí. Sol Modesta una monja encantadora y que me quería mucho. Cuando se enteró que me casaba me dijo que lo hiciera en San  Juan de Dios, que ella lo prepararía todo,  ya que nunca se caso nadie en esa Iglesia. Yo seria la primera. Me puse muy contenta, lo dijimos a la familia. Luego, no se porque se casaron Antonio y Mari,  no me sentó muy bien  y decidimos que nos casaríamos en la Trinidad.

La fecha de la boda se acercaba  Pepe seguía en Ecija y buscaba piso. Fuimos mama Teresa y papá Antonio creo recordar que vino Mari Tere. Vimos algunos, yo estaba muy nerviosa, nunca viajé tan lejos  y además  viendo la casa donde viviría con mi querido Pepe. El quedo encargado de seguir  buscando. Un día  me llamó y me dijo que se trasladaba a Sevilla y que viviríamos allí. A mi me daba lo mismo, solo quería estar con el,  pero Sevilla me gustaba mucho mas.

La pedida de mano se fijo para un Sábado que viniera Pepe. Se lo dije a mi padre y se preparó la casa  y le dijimos a Lola que estuviera ella y contesto que ella no era mi madre y se fue a casa de sus padres. Como eché de menos a mi madre, como la necesitaba en esos momentos y como lloré de rabia por no tenerla. Todo fue normal nos tomamos un café y unos roscos que yo prepare. Se quedó como es natural que la madrina seria Teresa y el padrino mi padre.

Pepe se marcho a Sevilla. Al poco tiempo fuimos  mama Teresa, papá Antonio mi padre y yo. Vimos muchas cosas y al final nos quedamos con uno del Barrio de los Remedios. Era muy bonito y grande  y muy caro  para el sueldo que  se ganaba. El piso estaba en la calle Fernando IV  y tenia portero. El nuestro era un séptimo y a mi me daba miedo el ascensor. Comimos en Sevilla y me compre el tocado de novia  Pepe se quedo en Sevilla y nosotros nos vinimos para Antequera. Solo volví dos veces  antes de la boda.

Como a Lola no la invité a que viniera a Sevilla, se enfado mucho y unos días después de venir mi padre  me dijo que me buscara otro padrino pues el no quería ser. No comprendía ese cambio, mi querido padre decirme eso, a mi, a su Trini, por mucho que le rogué no fue posible de convencerlo. Se lo dijimos a Teresa y ella como siempre lo alegró diciendo que si yo quería, seria Antonio y así fue, mi pobre padre eso no se le olvido nunca, pero se que no quería peleas con esa mujer. Fueron pasando los días. Ya teníamos piso. Cuando Pepe venia de Sevilla se llevaba cosas. Fuimos a Córdoba  para comprar los muebles. Pepe tenia algún dinerillo ahorrado y el resto lo puso a plazos,  no teníamos ni televisión ni lavadora  pero el piso quedo precioso.

Cuando llevaron los muebles a Sevilla, como no tenía a nadie y no podía ir sola porque estaba mi novio allí, se vino Socorrida Artacho para ayudarme. Estuvimos cinco días aprovechando que Pepe estaba en Málaga en un curso. Lo dejamos todo terminado para no tener que volver más. El piso quedo precioso y era mío. Otra vez la falta de mi madre mi ponía triste, cuanto pudo disfrutar en esos días.

Se casaron Maria José y Antonio. Nosotros estábamos en puertas, como yo  no tenia mucho que hacer me iba todas las tardes a la piscina del Carmen, con mi hermana y mis amigas. La piscina era de mujeres y no podían entrar hombres. El día de mi boda estaba muy morena.

El día antes de la boda, Meli tuvo un aborto, fuimos a verla por la noche,  estaba muy triste por la perdida de su hijo y porque no podía venir a nuestra boda  pero como siempre, saco fuerzas y allí estuvieron ella y Gabriel.

Ya como le dije “no me puedes hacer esto tu eres mi padre” y me contesto “si no le pides perdón a Lola yo no voy”.  Mi orgullo no me dejaba. La boda fue por la tarde yo no invite a Lola, mal hecho, después de todo era la mujer de mi padre y ese día me dijo que no venía, pero el cariño por el pudo mas y le pedí perdón en publico. Después ella no vino, pero el si.

La boda era a las ocho de la tarde. Como todas las novias estaba muy nerviosa. Me ayudaron a vestirme mi amiga Reme Ortega y Pedí. Estaba guapísima, el traje que me hizo Pepita  Torres era espectacular, yo estaba muy morena y con el pelo muy corto  y el tocado muy sencillo, con unas guirnaldas de flores muy pequeñas.

Vino a recogerme  papá  Antonio  como padrino, cuando llegue a la iglesia estaban  Pepe, su madre, invitados y mucha gente de Antequera conocida mía  pero yo solo tenia ojos para Pepe, estaba guapísimo y muy nervioso, mucho mas que yo. Las arras las llevaron Mari Carmen, Esther, hija de Meli  y la hija de José Maria González.

Nos caso un cura trinitario en hombre mayor  y muy serio.

Mari Carmen tenía tres añitos y como todos los  niños con esa edad, empezó a ponerse nerviosa. No paraba de moverse, me tiré del vestido y  gritando me dijo “vámonos mama que esto es muy aburrido”. El cura se puso blanco y paró la ceremonia  preguntando que pasaba, como yo tenia una hija y me casaba de blanco mi padre tuvo que explicarle el motivo. Eran otros tiempos, cuando me acuerdo de la cara que puso el pobre hombre me río mucho. Terminó la ceremonia y nos fuimos  a Pura Valle donde se dio una copa y unas tapas. Dentro de lo malas que eran las bodas la nuestra no estuvo mal, papá Antonio siempre decía a “que no falte ni  gloria” y así fue.

Antonio y Mari vinieron del viaje dos días antes. Creo que estuvieron en Canarias, un lujo para  a aquellos tiempos y ella venia muy morena,  tenia el pelo largo y rizado, estaba muy guapa

Cuando termino todo cogimos y coche y nos fuimos a Sevilla, paramos en el Corral nos  comimos un bocadillo de lomo, estábamos muertos de hambre seguimos para Sevilla  lo que paso después no lo puedo contar.

Amanecimos en Sevilla en nuestro piso tan bonito  que no nos apetecía ni salir de viaje de novios, nos fuimos a los tres días.

No teníamos ningún plan de viaje y decidimos salir para Extremadura. Como teníamos el coche nuevo y algo de dinero de la boda  decidimos pasar la noche en el parador de Oropesa.  Un parador muy bonito, con pocas habitaciones,  los dormitorios tenían las camas con  palios. Como para mi era la primera vez que entraba en un hotel, todo me  parecía precioso. Todo era nuevo para mí  y Pepe se reía  con mis cosas. El estaba acostumbrado  a viajar y le parecía normal todo.  En Oropesa estuvimos dos días,  nos  marchamos para Madrid. Como no lo conocíamos  ni teníamos hotel reservado nos fuimos al  Elías Princesa,  muy caro para nuestro presupuesto, estuvimos solo tres días  haciendo excursiones al Escorial y otros alrededores de Madrid. Se termino el presupuesto y nos tuvimos que venir para Sevilla. La vuelta la  hicimos por Bailen  con la intención de pasar por Antequera  pero en Bailen vimos una tienda de cerámica  y nos gusto un botijo que tenían en la exposición. Solo habían hecho dos por lo grandes que eran y lo bonitos. Nos encaprichamos de el y con el poco dinero que nos quedaba lo compramos. El problema fue meterlo en el coche  pero lo conseguimos y nos vinimos directamente a Sevilla para ponerlo en nuestra terraza. Era una joya, lo tuvimos muchos años y lo rompió una  niña francesa que vivía en Los Chopos. Lloré mucho  cuando se rompió y la madre de la niña quiso comprarnos otro  pero este era exclusivo, no lo vimos nunca  más en ningún sitio.

Me quede embarazada pronto, fue en el viaje de novios, fue lo mas bonito que me  paso en la vida. Tener un hijo nuestro. Estábamos felices, se llamo a toda la familia para decirlo. Ya Maria José estaba embarazada de  Nacho, los niños se llevan un mes. Desde el primer momento supe que seria un niño y que se llamaría José Luis como su padre.

El embarazo fue regular lo pase muy mal. Como estaba sola en Sevilla  no tenia a nadie que se preocupara si comía o no  Pepe salía al campo por la mañana y volvía por la noche. Gracias a una vecina que vivía en la misma planta Doña Maria, que se porto muy bien conmigo, tenía una hija de mi edad, que estaba soltera y siempre estaba conmigo.

Papa Antonio nos regalo un jamón y cuando Pepe venia por las noches se preparaba sus bocadillos. Llegue a cogerle tal asco que lo aborrecí, como al pescado en adobo. Debajo de la casa había una freidura y el olor  entraba por las ventanas, no he vuelto a probarlo más.

En Sevilla muy cerca de mi casa, vivía Gracia Quintana que era de Antequera y en invierno se venían sus padres. Se compraron un piso en el mismo bloque. Se llamaban  Juan y Con y le llamábamos cariñosamente Mama Con y Papa Juan, me querían mucho y siempre estaban  pendientes de mi. Yo le tengo que agradecer muchas cosas a esas buenas personas.

En Sevilla vivían Pepe  Martínez y Mercedes Muñoz, los dos de Antequera. Alfonso Vergara  y Pepi, su mujer,  las tres estábamos embarazadas  Mercedes era su tercer hijo  tenia a José Maria y Marcelino, le llamábamos Malele. Pepi y yo éramos primerizas. Nos reuníamos en la casa para jugar a las cartas, no podíamos salir, no nos llegaba  el dinero,  pero lo pasábamos muy bien con estos amigos de toda la vida, con Sebastián Ruano y Mari Carmen  los mejores amigos que hemos tenido y tenemos.

Estando embarazada de cinco meses, Amoniaco Español dio una cena en el hotel Meliá Sevilla. Fue mucha gente importante,  Pepe me dijo tenemos que ir  pero el problema era la ropa, no tenia nada que ponerme ni tenia dinero.  Me acorde del traje que me hizo  Pepita Torres para el viaje de novios, que era de color gris de una tela de fantasía. Tenía un corte imperio y mucho metido en las costuras. Le saque todo pero quedaron las señales. ¿Que puedo hacer?, pensé. Me fui a una mercería y compre una pasamanería  que le coloque en las costuras  el traje quedo de lo mas original y tan bonito que llamo la atención de las señoras elegantes y ricas que estaban en la fiesta. Eso me dio ánimos para hacerme todos mis vestidos y el hatillo de mi  niño  como tenia alguna idea de cuándo entube en el taller  de costura con patrones me hacia toda mi ropa y siempre estaba bien vestida y con poco dinero

Las relaciones con Pepe eran muy buenas, nos queríamos mucho pero mi problema eran los celos. Eso lo estropeaba. Tenía celos de todo lo que le rodeaba. Lo quería solo para mi  y le hacia la vida imposible  y como mi genio provocaba muchas peleas,  el genio lo he podido dominar pero los celos no, sigo siendo muy celosa y no tengo motivos.

Íbamos mucho  a Antequera  para ver a la familia  y de paso llevarnos el coche lleno de cosas que nos daba mama Teresa y mi padre. Lo pasábamos muy bien en la casa con ellos, a mí me querían mucho sobre todo mama Teresa. Cuando  ella calculaba que se nos había terminado lo que nos habíamos llevado llamaba  diciendo que cuando  veníamos, que nos quería ver de nuevo. Era tan extraordinaria  y buena. Con ella se rompió el molde, como se dice en Antequera.

Pasaba el tiempo, cada día más gorda y más contenta con la llegada de mi niño. Nació Nacho el hijo de Mercedes y Pepe a los dos meses nació Alfonso el hijo de Pedí y Alfonso. Nació Nacho de Maria José y Antonio. En tres meses nacieron los tres niños, yo empecé a ponerme nerviosa  quería tener a mi niño. De los nervios que tenía me ponía mala. A primero de junio estuvieron unos amigos en casa y como me vieron muy molesta, me llevaron al hospital, no estaba de parto pero me dejaron allí. Pasaron los días y el niño que no venia. Estuve diez días y pedí el alta voluntaria  y me fui a mi casa. A los tres días me puse de parto pero esta vez de verdad.

Pepe me dijo “voy a los Merinales” un momento  pero no volvió, se le olvido y se fue al campo. “Llama a mama Chon”, vinieron rápido y me llevaron al  hospital. No encontrábamos al padre y nació el niño a las  once de la noche del día 13 de junio, día de San Antonio. Cuando llego Pepe el niño ya estaba en el mundo.

Como echaba en falta a mi madre. Cuando me metieron en el paritorio recuerdo que era una sala grande y destartalada con muchas mujeres gritando y las enfermeras regañando. Creo que ellas gritaban más que nosotras,  no tenían ni una silla para descansar. Yo me metí en un rincón, sin decir ni pío, rezaba y me acordaba de ella. Se me vino a la cabeza  el parto de mi hermana y le pedía a Dios que no me pasara lo mismo que a ella. Quería vivir.

De pronto una enfermera con muy mal genio se acerco a mi y gritando, llamo al  camillero,  ¡rápido el niño esta  aquí! ¿Como no has llamado antes?  ¿Es que no te duele? Si, conteste llorando, me llevaron al paritorio y  nació  José   en diez minutos. Yo solo decía que la placenta  la miraran bien que estuviera entera  cuando salí con mi niño ya estaba allí el padre con Juan Quintana y mama Chon no se movieron del hospital para nada. Otra vez les doy las gracias.

Ya tenía a mi niño, que alegría.  Ya se me olvidaron los dolores y los malos ratos. No me costo nada el ser mama, tenia la experiencia de mi hermana  quería tenerlos a los dos conmigo. José nació muy feo era un niño largo y delgado sin un pelo y su nariz  larga  de forma aguileña, el color verdoso .Cuando me lo trajo la enfermera al día siguiente de nacer yo le dije de broma si no se habían equivocado  de niño. Yo no soy fea ni mi marido tampoco, las enfermeras se reían conmigo “ya se pondrá guapo”  y así fue, se puso muy guapo pero no engordo nunca.

Al día siguiente  llego mi padre a Sevilla. Fue en tren, se que le costo mucho trabajo. En aquellos tiempos los medios de transporte eran lentos, él quería verme  y conocer a su nieto. El ver a mi padre fue para mí lo más grande, estaba triste por no tener a nadie de la familia a mi lado. El me alegro la vida, no necesitaba a nadie mas. Cuando vio a su nieto fue muy feliz.

A los tres días me dieron el alta, llame a Pepe y como siempre no lo encontré. Llame un taxi cogí a mi niño y me fui a mi casa, cuando llego nos encontró a los dos instalados.

La vida sigue, todo bien con los cambios propios de ser padres, yo tenía menos tiempo para dedicarle a Pepe y él mucho trabajo y empezaron los problemas. Tengo que reconocer que esa época no fue nada fácil para nuestro matrimonio. Las quejas, los reproches, los celos y muchas cosas más estuvieron a punto de terminar nuestro matrimonio. De quien fue la culpa, de el o mía,  la soledad es muy mala  y yo estaba muy sola.

Nos fuimos a Antequera a pasar las vacaciones. Mama Teresa y todos estaban muy contentos. José lloraba mucho, tenia hambre. Yo no tenia leche pues con quince años me operaron de un pecho de un golpe que me di  y se obstruyeron los caños de la mama. No lo supe hasta que nació mi niño, pronto tuve que ponerle biberones.

Un día estaba dándole el pecho a José en la sala baja y vino mi padre con Mari Carmen. La niña entró toda contenta para verme y cuando vio que yo tenia a José dándole el pecho salió llorando y diciendo: “el niño es tonto, le come las tetitas a mi mama”. En ese momento la sentí más hija mía que nunca  y comprendí los celos entre hermanos.  Incluso siguieron de mayores,  siempre cuando hablo de José me dice “como es tu hijo”, como si yo no tuviera mas hijos que José.

Seguíamos viviendo en Sevilla. Estábamos muy bien allí, cuando el niño tenia dos meses me dijo Pepe que nos trasladábamos a Granada. Para mi fue duro, teníamos que buscar piso y con el niño pequeño. Fue un poco difícil, hacia mucho calor  y no conocíamos Granada. Nos costo varios viajes, por fin encontramos uno en Camino de Ronda muy parecido al que teníamos en Sevilla. Un poco más grande y en un buen sitio. Llegó el día de la mudanza, el camión estaba en la puerta de casa con una grúa pues vivíamos en el séptimo piso. Ya lo teníamos todo embalado. Cuando termino Pepe, bajó a recoger su coche, teníamos que ir con ellos a Granada. Yo me quede en el piso con el niño y el teléfono que estaba en el suelo   Pepe tardaba mucho, no sabía que le pasaba, sonó el teléfono y me dijo “no tenemos coche, nos lo han robado esta noche”. Ya era el tercer coche que le robaban, “que hacemos”, pregunté llena de preocupación.

“Nos llevará Antonio Sarrias cuando ponga la denuncia” y luego, “¿qué pasara en Granada si no tenemos coche?”, “alquilaremos uno”. Cuando venían de poner la denuncia, se encontraron con el coche, lo llevaba un niño por el barrio de los Remedios, le cortaron el paso y recuperaron el coche. Esta vez tuvimos suerte.

Llevábamos unos días en Granada, ya teníamos el piso terminado y nos fuimos a Antequera para pasar unos días de vacaciones. Era lo mas barato y de paso que la familia viera al niño. Mamá Teresa y papá  Antonio  se alegraron mucho, también  Maria. Allí estábamos encantados, no nos faltaba de nada, lo único, que no se quedaba con el niño. Ella decía que los niños eran para sus padres y tenia toda la razón. Se preparo el bautizo, que fue muy sencillo. Los padrinos  fueron Mari Tere y Juan Carlos y se bautizó en la Iglesia de San Isidro que estaba en la calle La Vega. Ya no existe, la echaron abajo e hicieron en bloque de pisos.

Antes se celebró el de Nacho. Éste era un niño muy lindo, estaba muy gordito. No se parecía nada al mío. Maria José lo llevaba en coche de capota con sabanas bordadas, el niño parecía más lindo todavía. Yo llevaba al mío en una sillita, cuando salíamos por Antequera la gente se paraba a saludarnos y ver a los niños. Todos decían lo mismo. A Nacho le decían que era muy guapo y a José  que estaba muy larguito. Empezó a tener complejo de niño feo y la verdad es que lo pasaba muy mal. Un día estábamos en la puerta de la casa, en la calle Merecillas con Teresa y Maria. Pasó Pepita, la madre de Maria José. Después de saludarnos, miro a mi niño y me dijo “es muy larguito, tiene un color verde, ¿es que esta enfermo?. Yo le dije que no, “el niño esta bien”. Esa fue la gota que colmó el vaso, entré llorando en la casa. Sabía que Pepita no lo dijo con mala intención pero a mí me hizo mucho daño. Estaba llorando en la cocina cuando entró papá Antonio, me pregunto que me pasaba, le dije que mi niño estaba enfermo, que no engordaba. Nunca decía nada, se quedo mirando a José y dijo “¿que pensará esta cosita tan chica?”. Se metió en la sala y llamo a Don Salvador Artacho, que era muy amigo suyo. Le dijo “te voy a llevar a ni nieto, quiero que lo veas ahora mismo”. Él le dijo que encantado. Cogimos al niño y nos fuimos para la calle Estepa, donde vivía. Creo que Papa Antonio era la primera vez que fue al medico con un niño.

Yo no lo había visto nunca hacerlo. Don Salvador  miro y remiró al niño. Cuando termino me dio un tortacito en la espalda y me dijo “vete tranquila, tu hijo esta mas sano que una pera, pero no creas que se te va a poner gordo. Es un niño fuerte y grande”. Otra vez ese buen hombre entro en mi vida para ayudarme.

Se terminaron  las vacaciones, volvimos a Granada con el coche lleno de comida como siempre. Pepe empezó su trabajo, estaba contento, a mi me empezó  a gustarme Granada, empecé a tener amigas,  mi niño estaba muy bonito. Pepe trabajaba mucho. En ese tiempo conocimos a la familia Romero. Don Hermenegildo y Doña Patro nos acogieron con mucho cariño. Doña Patro era una señora muy guapa y elegante. Siempre estaba perfectamente vestida y peinada.  Yo la admiraba mucho sobre todo por su sencillez y su forma de reírse. Siempre estaba contenta, Don Hermenegildo era mas serio. También conocimos a Antonio   Montalbán, buen amigo nuestro, y a su mujer Angustias. Tenían tres hijos, dos niñas y un niño, vivían  en Camino de Ronda y tenían una casa en la sierra de Iznalloz, donde íbamos muchos domingos con los niños. Coqui, la hija mayor, estaba de novia con Juan  Romero, cosa que no gustaba mucho a la familia  Romero, pero ellos se venían a escondidas, eran muy jóvenes  y estaban enamorados.

Empecé a ponerme malucha, no sabía que me pasaba. Fui al medico y estaba embarazada de nuevo. Era muy pronto, José  tenía solo tres meses, era muy pronto para tener otro niño pero no nos sentó mal, solo que el embarazo fue muy malo, perdí mucho peso y no tenia fuerzas para nada. Tuvimos que meter a una chica para que me ayudara en la casa y con José, ya que este crecía y era muy travieso. Como estábamos  muy cerca de Antequera, íbamos mucho  cosa que a mi me sentaba muy bien  pues me cuidaban mucho y mama Teresa hacia unos caldos que quitaban el hipo  y que me reanimaban mucho.

Todo trascurría bien, con los problemas lógicos de las parejas. Económicamente estábamos mejor,  pero el trabajo de Pepe y que venia tarde a casa me producían unos celos enfermizos que terminaban en broncas grandes. Yo tenía razón, era tan guapo y joven, yo me encontraba gorda y fea con mi barriga. Tenía celos hasta del aire que respiraba.

Nació Eva. No pensábamos que fuera una niña  por lo que no teníamos ningún nombre buscado. Nació el día cinco de Agosto, día de la virgen de las Nieves y en la clínica con el mismo nombre en Granada. Tenia que llamarse Blanca Nieves, el nombre nos pareció muy frió. Pepe con sus ideas geniales, busco varios nombres y llamando a la familia los puso a votación y salió Eva Maria, no era un nombre muy corriente en esos tiempos

Eva al contrario de José nació preciosa muy gordita y con el pelo rubio, era una muñeca. José tenía trece meses cuando nació Eva, ya andaba y estaba precioso. Lo que más destacaba de él eran sus ojos verdes y grandes y su simpatía. Cuando me recuperé del parto me traje a mi hermana a Granada, me junte con tres niños iguales pero era muy feliz, ya los tenia a los tres conmigo. Mari Carmen me llamaba mamá y a Pepe lo llamaba por su nombre. Los vecinos comentaban que la niña era solo mía, que seria madre soltera. Supe de los comentarios cuando conocí a  Chon y Adalberto, unos señores madrileños que vivían en el piso debajo del mío. Me ayudaron mucho  tenían tres hijos, Adalberto, Jaime y Asun. Adalberto era de mi edad, estaba soltero y siempre estuvo enamorado de mí.

Le cogieron mucho cariño a Eva y la niña  estaba siempre en su casa. Esta familia tan maravillosa y que me ayudaron tanto se marcharon a Valencia y no supe más de ellos. Muchas veces me pregunto como se puede perder una amistad tan grande. El ser humano es muy egoísta y olvida pronto a las personas que le ayudaron como me paso a mi, me gustaría poder verlos alguna vez.

Nos hicimos amigos de Pedro Romero y Consuelo, su mujer. Rafael Cueto y Pepita tenían los niños de la edad de los nuestros o un poco mayores. Salíamos de excursión muchos domingos, lo pasábamos bien todos juntos. Ellos trabajaban en la oficina de Don Hermenegildo. Pedro  es su sobrino. Un día que  Pedro nos invito a su casa para cenar, vi que tenían teléfono, en aquellos tiempos no teníamos teléfono casi nadie, me extraño que lo tuvieran ellos y cuando le pregunte por el numero me dijo  Consuelo que no era de verdad, no tenía línea, era para presumí con las amigas. Aquello me dejo impresionada. A Pepita lo que le gustaba mucho era la ropa de marca buena, pero como no podía comprarla por falta de dinero se pasaba el día en las tiendas de Granada viendo modelitos y de vez encunado  cogía alguna etiqueta, que se la ponía a los trajes que se hacia ella misma. No comprendía como se podía ser tan tonta, pera eran buenas personas

Un día vino Pepe y me dijo que tenia que irse una temporada a Jaén. Se fue una semana. Como no podíamos estar separados, a la  semana siguiente nos fuimos toda la familia al hotel San Fernando. Pepe salía por la mañana y no volvía hasta la noche. Yo me quedaba sola con los dos niños. Por la mañana salía al parque. Lo malo  era a la hora de las comidas. Como los niños se quedaban dormidos no podía bajar al comedor y me subían la comida y la cena a la habitación. Eso lo llevaba mal, me daba claustrofobia comer allí, las camareras me cogieron mucho cariño y me dijeron que se quedaban con los niños para que comiera tranquila, cosa que agradecí mucho. Algunas noches cuando llegaba  Pepe subía alguna para que pudiéramos salir solos. En el hotel estaba como en mi casa pero los niños no estaban cómodos y nos vinimos para Granada. Pepe se quedo unas semanas más.

Otra etapa de mi vida.

De la familia del divino tengo que contar algunas cosas dignas de mencionar por lo peculiar que eran.

El divino era un  hombre pequeño, vivaracho, muy delgado y curtido por el mal. Siempre iba corriendo y descalzo. Nunca supe cuantos años tenia, podía tener cuarenta o cien. De él destacaba su sonrisa y amabilidad, siempre fue marinero  y conocía el mal como nadie. Antonia, su mujer, era pequeñita, no muy agraciada, pero cuando se conocía como yo la llegue a conocer, te parecía una mujer guapa. Tenía algo que te gustaba mucho. Su vida no fue fácil, tuvo siete hijos y muy pocos medios para criarlos, por lo que tuvo que rebajar toda su vida  para sacar a la familia adelante. Me contaba que cuando divino dejo de embarcarse, se colocó en la azucarera que había en Torre del  Mar y que empezaron a respirar algo mejor económicamente, aunque el sueldo no era muy grande, trabajaba de noche y por la  mañana se iba a la playa para colar las toldillas con los niños, pero la azucarera cerró y todos se quedaron en la calle.

Antonia preparaba en el chiringuito de la playa unas bañeras con agua cliente del mar. La calentaban en barreños de lata  con leña y todos trabajábamos para llenar las bañeras para que la gente se diera sus baños, digo trabajábamos porque yo me metía en la familia. También se preparaban las  sardinas en sal y los boquerones. Cuando estaban baratos los compraban y tenia para todo el año, lo mismo lo utilizaban para ensaladas que para comerlos en aceite o para guisarlos con patatas o fideos, todo estaba muy bueno.

Lo que mas me gustaba de aquella familia era la unión que tenia y el respeto tan grande al divino. Lo mismo los hijos que los nietos, todos trabajaban de sol a sol y ninguno se quejaba. A la hora de comer se juntaban todos los días como veinte personas. Mi vida con ellos fue muy positiva.

Hace cuatro años Pepe y yo estuvimos en Málaga unos días y pensamos que seria bueno pasar por Torre del Mal hacia años que no íbamos y teníamos ganas de verlo. Nuestra sorpresa fue grande, todo estaba cambiado,  todo menos la casa del divino que  estaba igual. No quisimos  llegar después de tanto tiempo pero si fuimos a la playa,  ya no estaba el chiriguito del divino, en su lugar habían puesto otro mas moderno y de comida y bebida. Las toldillas ya no eran de lana ni las hamacas de madera. Todo estaba más moderno, nos dio mucha pena no reconocer nada,  ya nos veníamos  cuando vimos a un señor mayor sentado en una silla de anea. Estaba solo y su mirada era ausente. Preguntamos quien era ese señor, “se llama  divino”. El corazón nos dio un vuelco. “¿Todavía vive?. Sí, vive en aquella casa con su hija Carmen que está soltera”. El hombre nos señalo la casa como si  fuera la primera vez que estuviéremos en ese lugar. “Este hombre es toda una institución en el pueblo. Desde que murió su mujer viene todos lo días se sienta en esa silla hasta la noche”. Nos acercamos a él, yo le dije “hola divino, soy Trini”. Él me miro con su cara amable de siempre, le costo trabajo recordar. “Sí divino, Trini y Pepe Luis”, él le llamaba así a Pepe. Sé que nos reconoció, me cogió las manos, me pregunto por los niños y dirigiéndose a Pepe, le llamo Gabriel, se acordaba de la familia  pero por  parte de Meli y Gabriel, pobre hombre se iba  todos los días a su playa pensando que era su casa de toda la vida. No se si habrá muerto pero el divino no morirá nunca para los que le conocimos.

Seguíamos  veraneando en Torre del Mar. José y Eva ya estaban grandes. Nos íbamos una semana a Capileira, un pueblo de las  Alpujarras, en una pensión,  la única que había en aquellos tiempos. El turismo no llegaba todavía por aquellas sierras, los niños se lo pasaban muy bien, hacíamos excursiones, después nos bajábamos a la playa donde nos quedábamos hasta septiembre  Pepe se quedaba unos días y volvía les viernes.

Chon y Adalberto veraneaban también allí. Alquilaban un piso en el centro del pueblo   y se bañaban un poco  mas arriba  que nosotros. Yo me iba algunos días con ellos y los niños. Era el día de la Virgen del  Carmen, Pepe se fue a una  reunión de trabajo en Málaga, yo me fui con los niños a la playa de Chon, el día se presento bueno, el mar estaba tranquilo, era feria en Torre del Mar y había mucho ambiente. Se empezó a levantar un poco de viento, José se estaba bañando en la orilla, le dio frió y vino a buscar una toalla. Yo estaba sentada en una silla, el viento seguía más fuerte, la gente empezó a cerrar las sombrillas.

Un poco mas abajo un matrimonio vasco quito su sombrilla pero no la cerro como era lo normal. Abierta quiso quitarle el pinchó que se clava en la arena, cosa que no se debe de hacer nunca y el hierro con la fuerza del viento salió disparado. En es momento José tenia su mano en mi cuello, sentí un dolor inmenso y el grito de mi niño. Todo fue tan rápido, cuando mire para ver que pasaba mi niño estaba lleno de sangre, su mano estaba abierta, el pincho le atravesó su mano y me salvo la vida. Lo llevamos rápidamente al hospital y le pusieron muchos puntos. Gracias a Dios no tenía ningún tendón dañado. A mi me hicieron radiografías y me pusieron  un collarín.

Se termino el verano, volvimos a  Granada, los niños iban a la guardería. Yo estaba en casa, nuestra vida era muy tranquila. En el mes de octubre  llamaron a Pepe de  Barcelona, que nos trasladaban a Valladolid y que era rápido. Para mi fue un duro golpe con los niños pequeños y tan lejos. Luego estaba mi hermana, que mi padre no me dejaría llevármela.

Pepe se fue a buscar piso mientras los niños y yo nos fuimos a un hotel que estaba en la calle Recogidas. Los muebles los llevamos a un guardamuebles, todo preparado para salir de inmediato. Lo teníamos todo a punto para salir en tres días cuando llamaron diciendo que nos quedaríamos en Granada, que había cambios. Los cambios fueron que no había traslado, cosa que nos alegró mucho. El problema era buscar piso otra vez, éramos jóvenes y lo aguantábamos todo. Seguimos en el hotel mientras  encontrábamos algo que nos gustara y que pudiéramos pagar. Era difícil en Granada, nos fuimos a las afueras, en Gabia encontramos una  urbanización de chales que nos gustó. El dueño era un  amigo nuestro, Vicente,  que nos alquilo uno muy grande y bonito. Tenía piscina y un jardín. La urbanización se llamaba Los Chopos y estaba entre Churriana de la Vega y Gabia. Era un sitio que los granadinos tenían para veranear en  invierno,  solo vivíamos cuatro o cinco familias, todas jóvenes y con niños pequeños. Todos nos llevábamos muy bien. En verano teníamos mucho ambiente, se organizaban fiestas, cada semana tocaba en algún chalé diferente.

Yo sembré mi huerto con tomates y verduras. Tenia fresas, lechugas, judías verdes, un poco de todo. Era muy feliz allí, los niños se criaban sanos en el  campo. Los matriculé en un colegio de monjas que había en Gabia, los llevaba todos los días en el autobús. No tenía coche ni carnet de conducir. Empecé a dar clases cuando dejaba a los niños en el colegió.

Conocí a Pepita, una señora que vivía en Churriana y que trabajaba en las casas. Tenía cinco hijos y el marido enfermo. Tenia que trabajar para poder comer, era una mujer muy buena. Se vino conmigo  y nos hicimos muy buenas amigas. Me ayudó mucho, como tenia niños de la misma edad que los míos siempre estaban juntos en mi casa o en la suya.

Me quedé  embarazada. No lo esperábamos, nos cogió de sorpresa y no nos sentó muy bien, sobre todo a Pepe. A mí como me gustan los niños  me dio alegría, pero comprendía que era un engorro empezar de nuevo con un niño chico. El embarazó fue muy bueno, me saqué mi carnet de conducir y Pepe me compro un coche, un seiscientos color verde. Se lo compramos a un cura, costo muy barato pero el coche no arrancó ni un día por las mañanas. Lo dejaba cuesta abajo y lo arrancaba empujando. Lo tenia para llevar a los niños al colegió y alguna vez que otra vez bajaba a Granada. Para lo que mas lo utilizaba era para ir a Churriana con los niños a casa de Pepita.

Estaba de cuatro meses de mi embarazo y limpiando un día los cristales, me caí de unas escaleras. Fue un porrazo sin importancia, no me pasó nada y seguí trabajando por la tarde. Empecé a ponerme mal, me dolía el vientre y empecé a notarme como un líquido. Me asusté, llamé  al medico, le conté  lo que me pasaba y lo del porrazo, “vente al hospital que yo voy para allá”. Cuando llegamos ya estaba el allí, cuando me reconoció me dijo que tenia principio de aborto.

“Has roto aguas y tienes que hacer reposo, quédate unos días aquí y veremos que pasa”. No quería quedarme, mis niños estaban solos y no tenía nadie que se quedara con ellos.  Pepita me dijo que ella se hacia cargo y que no me  preocupara de nada. Me quedé en el hospital unos días, recuperé el agua pues solo se me  rompió una membrana  que haciendo reposo se recuperaría. Mi vida fue tranquila, no quería perder a mi niño.

Al chalet al lado nuestro se vinieron a vivir unas chicas estudiantes, Encarnita y Pepita,  con una señora  mayor que estaba muy mal de las piernas, se llamaba Maria. Era la madre de Pepita y venían de Canarias, estudiaba Medicina. Encarnita era de Alicante  y estudiaba para enfermera. Nos hicimos muy amigas lo mismo Pepe que yo, pues eran de nuestra misma edad. Creo que en el fondo estaban enamoradas de él, pero eran buenas personas. Algunos días se marchaban de copitas, como yo no me podía mover mucho, cosa rara, no me daban celos. Nunca supe si pasó algo, tenían mucha amistad, solo sé que las dos me cuidaban cuando no me encontraba bien y yo se lo agradecía.

Fueron pasando los meses, todo estaba bien me cuidaban mucho.  El uno de Mayo me levante con molestias y empapada. Llamé al médico, “vente rápido para el hospital”.  Cuando me vio me dijo “te tienes que quedar aquí,  si sigues así tendremos que provocar el parto, el niño ya corre peligro por la falta de liquido”. Me quede allí  con el dolor de  tener que dejar a mi familia. Estuve veinte y seis días  en aquel hospital, el medico quería  retener el parto  el máximo tiempo posible.

El día veintiséis de Mayo me provoco el parto, no sin antes decirnos que la cosa no estaba muy bien ni para el  niño ni para mí, pero tenía más peligro mi niño que yo. Fue un parto muy largo, de muchas horas y muy doloroso. Por fin nació, era un niño precioso y lo más importante estaba sano. Cuando el medico salió para darle  la noticia al padre éste estaba con las niñas que no se separaron de mi ni un momento, se fueron para celebrar la buena noticia y volvieron por la mañana, eso sí, con un ramo de flores.

A David  lo vieron dos  pediatras. El niño estaba bien aunque nació de ocho meses, era gordito  y precioso. Lo quería  no mas que a los otros pero el tenia algo muy especial, ya que estuve a punto de  perderlo. El cariño era infinito. Él dice que siempre he querido  más a José, pero no es así.

Fue un niño tan bueno y se crió tan bien  que me olvidaba que tenía niño. Eso si, nació con hambre. De pequeño se devoraba los biberones y de mayor hacia cualquier cosa por comer. Mi niño como te quiero.

En el tiempo que estuvimos en Los Chopos  recuerdo que Don Hermenegildo venia algunas tardes, se sentaba  en el porche, se tomaba una cerveza y después de charlar mucho rato con Pepe, se marchaba. A nosotros nos gustaba mucho tenerlo en casa, siempre nos contaba alguna historia  divertida.

También venían Antonio Montalbán  con su mujer Angustias, Andrés Iglesias y otros muchos amigos. Como a mí me gusta cocinar, no me importaba que vinieran los amigos a casa, siempre tenia algo preparado.

Un día estaba Antonio en casa. Le dijo a Pepe que se comprara un piso que se estaba construyendo en Poeta Manuel de  Góngora. Eran unos pisos muy buenos y el sitio mejor pero muy caro  para nuestras posibilidades económicas.

Antonio le dijo a Pepe “tu lo compras y si no lo puedes pagar, yo te lo compro en el precio que esté en ese momento. Si quieres te lo firmo ahora mismo”. No hacia falta, era un caballero.

Se  vendió el piso de la Carretera de la Sierra, nos ganamos algún dinerillo y con eso  dimos la entrada en el nuevo, siempre  apoyados por Antonio  y apretándonos el cinturón  para ahorrar todo lo que pudiéramos.

El bautizo de David fue muy bueno. Se hizo en Churriana, los padrinos fueron  Meli y Gabriel aunque el tiene otros dos más, aunque no figuren en los papeles. El bautizo fue sonado, se invitó a mucha gente se celebró en el chalet. Pepe como siempre fue genial, escribió  una carta  a todos los invitados con el plano de la carretera y la casa  para que no se perdiera nadie. En ella decía que no trajeran regalos para el infante pues como era muy pequeño no se lo iba  a agradecer pero si no querían pasar hambre se trajeran los bocadillos o algún jamón. Tuvo tanta gracia que los invitados además del regalo para el niño, venían con botellas de vino, whisky o comida. Algunos trajeron latas en conserva. Se prepararon  unas canastas forradas de papel de colores con flores y se pusieron  en el porche para seguir la broma, con unos carteles llamativos que decían “Dejar aquí los presentes”  y se llenaron.

Llegó la hora de salir para la iglesia. Fueron saliendo todos los invitados con los padrinos. Cuando me di cuenta estaba sola en la casa, con el niño, al que se suponía tenían que echarle el  agua. No sabia que hacer, “bueno, pensé, ya vendrán cuando se den cuenta”. En ese momento llegó el alcalde de Motril con su señora, cogieron al niño y se lo llevaron a la iglesia,  dijeron que ellos eran los padrinos. Por eso David tiene cuatro padrinos. La fiesta termino por la mañana con más de uno en la piscina.

Estuvimos en Los Chopos unos meses. Tenia David  siete cuando nos dieron el piso  de Poeta Manuel de Góngora. El piso era precioso,  muy grande tenia cuatro dormitorios, un salón muy bonito con una terraza enorme, tres baños, la cocina no era muy grande pero tenia una  despensa y un lavadero. Los suelos eran de mármol rojo. Lo que más me gustaba de todo eran las vistas que se veían toda Granada, el Albaycin y La Alhambra. De noche es como si estuviéramos en un nacimiento de navidad, tenía calefacción  y aire acondicionado. El portero vivía en la  terraza. Tenía su casa hecha  muy bonita  y tenia uniforme  y gorra, pero yo estaba acostumbrada a vivir en el campo y me encontraba como metida en una jaula

Una tarde cogí a los niños los metí en el seiscientos y me fui a casa de Antonio Montalbán  que vivía en el Camino de Ronda, no le dije nada a Pepe pues esperaba  volver pronto ya que él venia siempre tarde, pero me entretuve mas de la cuenta.

Pepe llego a la casa, cuando no nos vio se puso nervioso, llamo por teléfono a las amigas que el creía que pudieran estar conmigo, se fue a Los Chopos, no nos encontró, llamo a los hospitales, a la policía, cuando llegué a la casa no me podía ni imaginar el sufrimiento que pasó. Abrí la puerta y su reacción fue la de darme un tortazo, yo no comprendía aquella reacción, solo cuando lo vi llorar abrazándome a mí y a los niños. Le conté donde estuve, le pedí perdón. Nunca jamás  lo hice, siempre que salgo digo donde estoy.

A José y a Eva los matricule en un colegio que se llamaba  Colegió Internacional Los Ángeles. Estaba en Avenida de Cervantes, cerca de casa. Tenían guardería  y algunos días dejaba a David por la mañana. Allí conocí a Miguel  Ríos,  el cantante. Eran tres chicos, uno hijo de la directora del colegió  y otro sobrino el tercero. Miguel ensayaba en el colegió y algunos días nos quedábamos las madres para verlos, tuvieron un accidente de trafico y murieron los dos primos. Miguel se salvo pero  estuvo mal, después de esto se puso a cantar en solitario.

Recuerdo a la familia que tenía el colegio, el dolor tan grande  por la perdida de dos personas tan jóvenes y queridas. Los niños estuvieron en ese colegio  hasta que terminó el curso.

Se vinieron a vivir a mi casa dos amigas que vivían en Los Chopos,  Conchi y  Jeannette, ésta ultima francesa. Los niños tenían la misma edad  y los matriculamos en los  mismos colegios. José fue a los Escolapios y Eva al Sagrado Corazón de  Maria, un colegio de monjas que está en La Alhambra.

Todo lo teníamos organizado, la economía no estaba mal, teníamos un buen piso buenos amigos y nos gustaba mucho Granada. Las ferias del Corpus eran muy buenas, Pepe  como delegado organizaba las comidas, los toros y las recepciones en el hotel Luz Granada. Venían muchos clientes importantes y teníamos toda la semana ocupada de día y de noche. Era muy cansado pero con esos años se soporta todo, yo tenía la suerte de que los niños se quedaban con Pepita, pues seguía con nosotros trabajando

La feria de noche la ponían en El Violón, era pequeñita pero muy bonita, estaba al lado de casa.

Nuestra vida en Granada  fue muy feliz. Éramos jóvenes, teníamos un piso muy bueno, el trabajo de Pepe lo llevaba bien y lo más importante teníamos tres hijos maravillosos  y muy sanos, estábamos cerca de Antequera. Podíamos ir muchos fines de semana para estar con la familia.

Mari Tere  termino la carrera de Magisterio se fue a Francia una temporada  cuando volvió  se vino a Granada   encontró trabajo en un colegio del Opus Dei  se llama  Monaita. Se vino a vivir a nuestra casa una temporada, yo encantada, me llevaba muy bien con ella. Solo tenía un defecto, no podía  pasar  un día sin comer queso. Mamá Teresa siempre nos daba uno grande de El Cigarral. Un día recuerdo que se terminó, yo  bajé al supermercado y le compré un trozo. Lo guarde, cuando terminó de comer le dije “hoy no tenemos queso”. Se quedó callada,  no dijo nada, le saque el que tenia guardado. Se puso muy contenta dándome un abrazo me dijo “sabia que tu me lo comprarías”.

Como Eva era tan mala para comer  esperaba a que viniera Mari Tere del colegio  para que me ayudara y la niña comía con ella.

Tenía un novio que vivía en Antequera, maestro como ella. Este chico estaba enfermo, era muy delgadito  pero muy buena persona. Se querían mucho. Estando ella en Granada se vino al hospital para que le hicieran  una operación. Su enfermedad se había  agravado, le tuvieron que quitar el bazo. La operación era muy complicada, estuvo en hospital algunos días. Salió bien. Mari Tere cuando salía del colegio se iba con él, era el día de la Virgen del Carmen, vino a casa contenta. Manolo estaba mejor, comió  y se puso a lavar unas cosillas antes de irse de nuevo, sonó el teléfono, yo estaba en la cocina ella en el lavadero. El teléfono lo tenía al lado, cuando descolgué una voz llorosa me pregunto por Maria Teresa, “soy su cuñada, dígale que Manolo ha muerto”. Mi  cara se trasformó, ella me dijo “¿que pasa?”, “tranquila nos vamos al hospital”, “¿ha muerto? dime la verdad”. No tuve mas remedio que decirle que si. Pepe estaba de viaje, dejé a los niños con una vecina mientras venia Pepita. Como no tenía a nadie en Granada llamé a Pedro Romero que vino rápido. Él llamó a Antequera para que vinieran pronto, estuvo con nosotras todo el tiempo hasta que se lo llevaron para Antequera.

Otra vez  el día de la Virgen del Carmen que lo pasé mal.

Cuando Mari Tere volvió de nuevo a Granada se fue a vivir a un piso con unas amigas cerca de casa. Venia alguna vez a casa para comer y estar con los niños. Cuando  llevábamos a los niños al colegio  como teníamos pocas cosas que hacer  desayunábamos y nos íbamos de tiendas,  no  comprábamos nada.

No teníamos dinero  pero nos conocían en todas las tiendas nos íbamos a comprar al mercado de  San Francisco que era mas barato. Me llamaba mucho la atención ver a las señoras muy elegantes con muchas pulseras de oro y las criadas con sus  uniformes y unos cestos grandes  al lado de sus señoras. Cuando estas compraban ellas lo calcaban y llevaban todo el peso. Para mi eso era nuevo y como teníamos mucho tiempo nos  pasábamos el rato viendo que compraban, era divertido.

Como Pepe tenía la oficina en Plaza del Matadero Viejo, en el centro de Granada, tenía una secretaria que se llamaba Paloma. Era soltera, nunca supe la edad que tenia. Podía tener cuarenta años o sesenta, era muy cariñosa conmigo.

Un día que Pepe estaba en la oficina  le llame para desayunar. Mientras esperaba dentro del coche con las ventanillas  bajadas,  llegó una gitana y me dijo que me decía la buena  ventura  y que no me cobraba nada, como se puso tan pesada  le dije que si, sin salir del coche saque la mano por la ventanilla. “Para que tengas suerte tienes que poner un billete de papel en la planta de la mano, saque una peseta de las de antes y me la puse en la mano derecha”. La gitana me dijo “tienes que  poner otra en la otra mano”, tonta de mi, saque la peseta que me quedaba, la puse en la mano izquierda, la gitana cogió las dos pesetas y salió corriendo. No se donde se metió  pero se largó con mis doscientas pesetas. Cuando bajo Pepe se lo conté llorando pues doscientas pesetas era mucho dinero en aquellos tiempos. “Para que aprendas a no fiarte de nadie”, me dijo, estuve mucho tiempo pensando en mi dinero.

Pepe se marchó a Sevilla una temporada. Venia los viernes y se marchaba los lunes temprano. Solo eran unos  meses para  organizar algo de líquidos.

Vivía en el hotel Monte Carmelo  en los Remedios. Una noche me llamó, era tarde,  me dijo: “estoy detenido en la camisería de policía, me han confundido con otra persona que se llama lo mismo que yo  y no me dejan hacer  nada mas que una llamada lo estoy pasando muy mal, llama a mi padre para que el hable con la policía”. Llamé  a papá  Antonio,  “no te preocupes que si tuviera algún problema me voy para Sevilla”. Todo se soluciono y a las cuatro de la  mañana me llamo diciendo que estaba tomando copas con los policías.

En la Feria de Sevilla me llamo y me dijo que me fuera en el autobús. El me esperaba en la estación. Organice a los niños con Pepita y me fui, estaba esperándome. Nos fuimos al hotel y luego al Real de la Feria con los amigos. Era la primera feria que se hacia en Los Remedios, antes la ponían en El Prado.

Estuvimos de caseta en caseta. Pepe me dijo que me quería presentar a unos amigos  y nos fuimos a su caseta, estaba José Luis Asensio  y todo el personal de Coagrisa. Una gente encantadora, me ambienté mucho con ellos. Pepe me dijo: “espera un  momento que voy aquí al lado y vuelvo enseguida”.

Eran las ocho de la tarde. A las tres de la mañana alguien pregunto por mí. Es verdad le deje en Coagrisa a las  ocho de la tarde, cuando llego a buscarme, pensando que estaría enfadada. Se llevo una sorpresa, yo estaba la mar de contenta, me lo había pasado muy bien  y me llamaban torera por el tiempo que estuve toreando a los que se acercaban a mí.  Yo tenía veinte y nueve años  y estaba bastante guapa

Pepe seguía en Sevilla, lo que fue para unos meses se fue alargando. En el mes de Mayo le dijeron que se quedara en Sevilla, la noticia nos cogió de sorpresa. Empezar de nuevo a buscar piso, colegios. Los niños tenían una edad un poco  difícil para cambios, ya tenían sus amigos y un buen colegio, en fin no era tan fácil hacer el cambio. Como pude fui diciéndoselo y cuando llego el día  de la marcha ya estaban convencidos del traslado.  Fui a Sevilla varias veces para buscar piso y colegio. Con los colegios no tuve problema, me hicieron el traslado desde Granada a los Escolapios.  En Sevilla era mixto y pudo entrar Eva.

Lo malo de todo, es que el colegio estaba en Monte Quinto, en la carretera de Utrera, lejos de Sevilla. Por lo que tuvimos que buscar piso lo más cerca  posible. Encontramos  uno en la Avenida de la Borbolla,  frente a la plaza de España. El sitio era bueno,  no tenía que atravesar Sevilla para llegar a Monte Quinto, pero me cogía a diez kilómetros de casa.  Lo peor fue el  piso, era oscuro, triste, los muebles viejos, la cocina pequeña  con  una ventana que daba a un ojo patio y que para colmo el piso era un primero. Mis ánimos se vinieron abajo y cogí una depresión  muy grande.  Estaba sola, Pepe cada día estaba menos tiempo en casa,  no tenia amigas. En fin que recuerdo esto como la pesadilla mas grande de mi vida. No he contado que para colmo se rompieron las patas de la cama  y tuvimos que ponerle unas cajas de cervezas.  Los disgustos con Pepe fueron cada vez más grandes,  como no me encontraba bien, siempre discutíamos.

Hasta que pensamos que lo mejor seria que me volviera con los niños para  Granada,  cuando terminara el curso, sino encontrábamos otro piso mejor.  Me puse a buscar pero como no tenia aminos, no me gustaba nada y lo que nos gustaba no podíamos pagarlo.  Se pensó  en  vender el piso de Granada  pero tampoco sabíamos que tiempo estaríamos en Sevilla. En esos momentos lo teníamos todo en el aire, hasta nuestro matrimonio.

Como la casa estaba muy mal, Pepe habló con sus jefes para que le aclararan donde se quedaría.  Estos le dijeron que de momento en Sevilla,  por mucho tiempo, esto nos dio un respiro. Como le seguían pagando el alquiler del piso le propusieron darle un dinero por traslado.  Pepe hizo otra, no quería el dinero, prefería que le siguieran pagándole el alquiler durante diez años,  lo aceptaron.  Nos pusimos a buscar piso por otras zonas. Un día  no se porque nos fuimos por la zona de Camas, vimos  una urbanización que estaba en  lo alto de un cerro.  Fuimos a preguntar, nos gusto un piso, era grande y soleado, la forma de pago nos convenía. Los colegios estaban cerca, todo encajaba con nuestras posibilidades. Salimos convencidos  de que nos quedaríamos con él.  Cuando salimos de la inmobiliaria nos dimos cuenta que mas arriba había otra urbanización nueva. Fuimos a verla, nos gusto mucho, era más caro que los otros.  Entramos para echar un vistazo y nos quedamos enamorados de la  urbanización. Nos gusto mucho, tenía piscina, dos campos de tenis  y muchos jardines. Fuimos a la oficina de información solo para preguntar y nuestra sorpresa fue que  la urbanización la hizo Explosivos Rio Tinto, que era la competencia nuestra. Entramos, nos recibió un señor muy simpático, se llamaba  Antonio  Salcedo,  nos convenció y le compramos el piso. Era un poco más caro que el otro pero nos dio muchas facilidades. Lo malo fueron las doscientas mil pesetas que teníamos que dar de entrada  que también nos la puso en dos o tres plazos. Salimos de allí con nuestro piso comprado.  Era un cuarto en  el bloque cuarto de Jardín Atalaya el piso tenia: cuatro habitaciones, dos baños  completos, un salón muy grande, una terraza,  la cocina y el lavadero.  Lo que mas me  gustaba era la luz que tenia.    No vivía mucha gente, pues era todo nuevo.

Aquí empieza la etapa mas larga de mi vida de casada y la más feliz.

Seguía llevando a  los niños  a Monte Quinto, se quedaban a comer. Yo me venia para Atalaya con David para limpiar el piso. Me atravesaba Sevilla dos veces  pero no me importaba. Tenía tantas ganas de cambiarme que no me importaba nada.  Tenía tantas  ganas de salir de aquel piso.  Por fin hicimos la mudanza. Llegaron los muebles de  Granada. Recuerdo que llovía a mares, pero no importaba, ya tenia mi casa con mis muebles. Días después nos cambiamos.  Estábamos todos encantados, los niños tenían zonas verdes para jugar y sin peligro.

Al principio vivíamos muy poca gente, cinco o seis familias.  Por las tardes nos bajábamos a la placita,   todas éramos jóvenes y con los niños de la misma edad. Conocí a una chica estupenda, Pilar  Martínez.  Tenía una niña que le llamaban Sepmanit, en realidad se llamaba Maria de los Ángeles, era rubia con  el pelo rizado, los ojos celestes como el cielo,  preciosa, pero más mala que un demonio.  No te podáis fiar de ella ni  un momento. Todo lo que tenia de traviesa lo tenia de cariñosa. Llegue a quererla como a mis niños.  Pilar siempre estaba sola con la niña, a mi no me extrañaba pues yo estaba lo mismo.  Un día que estábamos en la placita me dijo: “te tengo que contar una cosa, no quiero que te enteres por fuera.  Yo soy separada, no tuve hijos de mi primer marido. Esta niña es hija de Camilo de Valenzuela, es veinte años mayor que yo. Esta casado y tiene ocho  hijos.  Su mujer esta enferma de los nervios”.

¿Por que me cuentas esto? le pregunte.  Porque tú eres mi amiga.  Si quieres seguir siéndolo después de lo que te he contado. Le di un abrazo y lo seré siempre”. Así ha sido.

De esa manera entro en mi vida Camilo  de Valenzuela

Camilo de Valenzuela era un señor alto, grande, guapo,  aunque sea mayor era muy interesante.  Camilo y Joaquín eran gemelos,  los dos iguales, no se distinguían nada, uno del otro solo en la forma de vivir. Camilo era pintor, escritor, tocaba la guitarra, un  campeón de tiro al plato, en fin un bohemio. Joaquín se dedicaba a los abonos y Camilo llevaba los negocios  familiares.

Cuando lo conocí no  me pareció un  hombre serio, me daba mucho reparo hablar con él. También es verdad que venia poco a Atalaya.  Por eso de que la gente no supieran lo de Pili y lo suyo. Eran unos tiempos que todo se criticaba.  Poco a poco fue viniendo mas, se compraron el piso de al lado y puso su estudio de pintura.  Pintaba de noche.  La primera vez que vi sus cuadros, me quede totalmente enamorada de ellos. Es una pintura rara pero a mí me encantaba. Lo malo era el precio, no tenia dinero para comprar uno.  Tiempo después se cumplieron mis deseos  y hoy tengo una buena colección de sus  mejores cuadros.

¿Por qué hablo de Camilo?,  pues porque fue una persona que me dejo mucha huella.  Sé que donde esté estará siempre rodeado de mujeres. Siempre tenia algo bueno para todas, no veía a ninguna  fea.

Mi vida en  Atalaya se fue normalizando. Los niños estaban en el colegio Balcón de Sevilla. El piso me gustaba mucho, empecé a tener amigas. Pepe estaba en Los Marínales y seguía como siempre trabajando muchas horas, también se marchaba de viaje.  Me encontraba con ganas de trabajar pero no sabía donde. David  era pequeño y no podía dejarlo.  Cada día llegaban más parejas jóvenes  a vivir a Atalaya, con niños pequeños.

Un día en la placita con una amiga que era maestra y venia de un pueblo de Badajoz, Mari Carmen se llamaba. Tenía un niño de la edad de David.  Un día se nos ocurrió que en Atalaya hacia falta una guardería,  no pensando nunca que la pondríamos nosotras.  Sólo que la  gente que vivía allí era joven y trabajaba y “¿porque no la ponemos nosotras? seria una buena cosa”. Se lo dijimos a nuestros maridos y no le pareció mal la idea. Nos pusimos a mover  papeles y alquilamos un piso en el bloque uno, un bajo. Ese verano lo pasamos arreglándolo. Como no teníamos dinero se hizo todo  casero. Las sillas las compramos de madera y las mesas las compramos en San Juan, de una guardería que cerraron.  Al final quedo todo bien, así  nació el Jardín de Infancia El Abeto. Sólo teníamos que esperar septiembre para ver si funcionaba.

Llegó septiembre. A las siete de la mañana estábamos Mari Carmen y yo como un clavo en el Abeto. Sabíamos que  sólo teníamos cuatro niños: Sofía Laguna, Eva Hidalgo, Sepmanit Valenzuela, un niño, Ernesto,  David y Emilio nuestros hijos. Poco a poco fueron llegando más. Al final de septiembre ya teníamos veinte niños. Sacábamos para cubrir gastos.  Nos pusimos un pequeño sueldo, estábamos contentas.  Decidimos poner  comedor. Lo comentamos a los padres y le parecieron  que era una buena idea. Eso nos dio una entrada de dinero que nos venia muy bien  aunque mas trabajo.  Pero no nos importaba, nos gustaba lo que estábamos haciendo.  Mari Carmen y yo nos llevábamos muy bien

Se terminó el curso, el Abeto ya estaba cogiendo fama de bueno, las madres estaban contentas con el cariño que le dábamos a sus hijos y lo mas importante los niños estaban todo el día al aire libre.   Cuando se terminó julio ya teníamos  muchas matriculas  para septiembre.

Hubo un problema, Mari  Carmen se separó de su marido.  No nos extraño a nadie, ese hombre nunca estuvo bien. Ella se marchó con su hijo a su pueblo. Nos reunimos con Pepe en la casa para pagarle su parte, no era  mucho  pero era suyo. Se le liquidó y me quedé sola con mi negocio. En septiembre contrate una niña  para que me ayudara.  Cada día teníamos más niños y se trabajaba más. Yo con mi coche  recogía a los que estaban mas lejos y por  las tardes los llevaba a sus casas. Yo trabaje bien, nadie me regalo nada.  Como empecé a ganar dinero, decidimos comprar el piso.  Pepe  llamó al dueño y no lo vendió.

Llamaron de Granada que nos querían comprar el piso de Poeta Manuel de Góngora. Pepe pidió un precio caro, se lo dieron y lo vendimos.  Con ese dinero compramos el piso al lado nuestro.  Pepe me compró un coche, un Dyan verde. Fuimos al Corte Inglés,  pasamos por la peletería,  Pepe me dijo: “pruébate un abrigo  a ver como te queda”. Me probé muchos, pero sabia que no me iba a comprar ninguno.  Me gusto uno,  era de reno del Canadá con el cuello de zorro dorado, ya nos salíamos de la peletería cuando escucho a Pepe que le dice a la dependienta que lo envolviera. Me volví llorando de la emoción,  no podemos comprarlo cuesta mucho dinero, pero el no me hizo caso y lo compró. Creo que es la única locura que ha echo en su vida. En un día me compró el coche y el abrigo, gracias Pepe.

Mi vida en Atalaya trascurría normal. Pepe seguía trabajando  mucho. Yo con el jardín de infancia,  la casa y los niños. No tenía tiempo de nada. Los que lo pasaron peor fueron los niños, sobre todo David, que estaba conmigo en la guardería y tenia que compartir a su madre con otros niños.  Se que eso no le gustaba mucho pero como  era tan bueno mi niño,  se que sufrió mucho  mi niño,  perdóname David.  Cuando se es joven  no se piensa mucho.

Eva seguía rebelde y sin  querer comer. De los tres hijos fue la que mas lata me dio, cuando era chica recuerdo que le decía de broma: “cuando seas mayor te meto a monja, no quiero que hagas desgraciado a ningún hombre”  le daba mucho coraje que la dijera eso.

No quería ir a Antequera porque tenía que  ponerse vestidos y zapatas nuevos.  Decía que se llamaba Jorge y siempre estaba con niños. Solo tenia dos amigas Loli e Isabel, las dos eran iguales que ella,  siempre estaban juntas. Luego llego la buena de Susana que vivía en Camas pero estaba mas en mi casa que en la suya.

José nunca me dio problemas, todo lo malo que fue de chico, se fue enmendando de mayor. Luego si que cambió, le gustaban  mucho las niñas y las salidas.

Me lleve a mi hermana a vivir conmigo, ella estaba en un colegió de Camas, ya tenia a los cuatro conmigo. Mari Carmen era una niña muy buena  y me ayudaba mucho con los niños.

Hicimos la  obra del piso  B. Se unieron los dos pisos,  la  obra duro mucho tiempo pero nos quedo un piso muy grande y bonito. En el piso A  se unió un dormitorio con el salón y la terraza. Quedaron tres, uno para Eva otro para los niños y el tercero nuestro, con los dos baños, la cocina quedo de cuarto trastero.  En el B  se metió un dormitorio en la cocina y el lavadero le hicimos armarios tipo despensa, quedó una cocina de ensueño, con mucha luz en el salón. Se quedó lo mismo un dormitorio para Mari y el otro era el despacho de Pepe. Se quitó un cuarto de baño que fue por donde se unieron los dos pisos. En total teníamos doscientos treinta metros habitables, un señor piso. Siempre estaba lleno de amigos, de los niños y de vecinos. A mi me gustaba conocer a los amigos de mis hijos.  La mayoría de los días se quedaban a comer en casa,  cosa que nunca me importó.

A Atalaya fueron llegando más familias. A mi planta se mudaron Luis Retamero  y su mujer, que era gallega y muy guapa, junto a sus cuatro hijos. La hermana de la mujer estaba  casada con el hermano  de la cantante Paloma   San Basilio. Más de una noche cenaron en casa cuando estaba casada con el deportista.

Pablo, el hijo  pequeño de los Retamero, fue muy amigo de José. Era un niño muy bueno y muy dulce, en cambio los hermanos eran diferentes. Pablo y José hicieron la primera comunión juntos.

José se negaba hacer la primera comunión con la ropa tradicional, quiso que le comprara un traje que no tuviera nada que ver con ese asunto.  Le lleve al corte  ingles y eligió uno de color verde cacería,  no me gusto mucho, pero él tomaba la primera comunión, y no yo. La hizo en Balcón de Sevilla, en el patio del colegió.  Vinieron los abuelos  de Antequera, cuando terminó nos fuimos a Los Remedios a tomar chocolate con churros  y luego comimos en casa todo muy sencillo.  Al año siguiente, la hizo Eva en el mismo sitio. Fui a comprarle un traje y una amiga me dijo que le dejaba el de su hija, que la había hecho unos días antes, se lo probó y como le quedaba bien  y con ese traje la hizo. Desde entonces, a menudo me recuerda  que hizo su primera comunión con un traje prestado.  Ese día de la comunión de Eva, preparé en casa una comida  a la que vinieron Mamá Teresa, Papá Antonio, igualmente se invitó a muchos amigos.

Cuando estábamos comiendo llamaron por teléfono de Antequera, para darnos la mala noticia de que Bernardillo el hijo pequeño de tía Sole había fallecido en un accidente de coche cerca de Antequera, tenía sólo  dieciocho años. Fue muy fuerte, tras comer nos fuimos para Antequera, el padrino de Bernardillo era Pepe y todos queríamos mucho a tía Sole.

La guardería funcionaba muy bien, ya que teníamos muchos niños, contraté a otra señorita. Ese año  se abrió el parvulario de la Colina,  se nos marchaban muchos niños  de cuatro años. Se planteó un grave problema para las madres que trabajaban, ya que no tenían con quien dejar a sus hijos, así  se me ocurrió poner un nuevo servicio en la guardería, las madres nos llevaban a los niños como siempre a las siete de la mañana le dábamos el desayuno y a las nueve los llevábamos al colegio los recogíamos a las dos comían y esperaban a que los recogieran los padres por la tarde. Este servicio fue un gran éxito, le hacíamos un favor a los padres y al mismo tiempo entraba un buen dinero.  Se corrió la voz y la demanda creció sobremanera, incluso teníamos niños  bastantes mayores que se quedaban a comer.

Recuerdo el día que empezó el colegio, estaban todas las madres en la puerta esperando que llamaran a sus niños, yo llevaba quince o dieciséis  niños  entre ellos David. Cuando iban llamando por apellidos, yo decía es mío, al principio el director no se dio cuenta.  Cuando ya llevaba unos cuantos me dijo “¿como puedes tener tantos niños de la misma edad?”; le expliqué que tenía el jardín de infancia de Atalaya. Comenzó a reír. Todas las madres que íbamos nos hicimos muy amigas de él, se llamaba Gonzalo, sé que se enamoro de mi, le pedía favores para que me matriculara a niños que venían de otros barrios y nunca me puso ningún problema , si no tenia plazas me las buscaba,  era un tío muy leal.

El Abeto ya tenía muy buena fama, llevábamos a los niños de excursión a muchos sitios, en tren, en barco, en autobús, a la feria de Camas y a la de Sevilla.

Teniendo en cuenta, que teníamos niños desde tres meses, los llevábamos con sus carritos, sus biberones, sus pañales y todo lo demás.  Un día hicimos una excursión en tren, cogimos un autobús y nos fuimos a la estación de Córdoba,  llevábamos como ocho o nueve carritos y unos sesenta o setenta más mayores.  Mientras esperábamos el tren, los sentamos a todos  en el anden, como era natural, la gente se paraban para verlos, llegó la televisión y algunos fotógrafos de periódicos nos hicieron un reportaje, al día siguiente salieron las fotos publicadas,  el titulo Un jardín de infancia diferente.

Tengo que decir que en estas excursiones nos acompañaban muchas madres.

Pepe seguía en Los Marínales, salía mucho de viaje, tanto que no le  veía nunca, ni los domingos. Se iba a la oficina con sus  papales, no teníamos tiempo para  salir ni estar con los niños, las peleas eran continuas, pasamos una mala racha, estuvimos a punto de separarnos en varias ocasiones.  La situación no era buena y los niños sufrían mucho, ¿de quién era la culpa?. No lo sé, de los dos, de la edad, del aburrimiento, solo se que lo pasamos todos muy mal.

Un día que Pepe vino a comer, de los pocos que venía, estábamos en la cocina comiendo con los niños, él quiso que lo dejara todo porque tenía mucha prisa,  empezamos a discutir y me tiró un vaso al suelo;  eso no lo había hecho nunca,  mi reacción fue levantarme, abrir el armario  donde tenia mi vajilla y empecé a romper platos. Él no esperaba que hiciera una cosa así, los niños estaban asustados,  cuando solo me quedaba una fuente, me la quitó  de las manos .Yo estaba sufriendo un ataque de nervios, él empezó a tranquilizarme, cuando ya me había tranquilizado me puse a llorar por mi vajilla, que la había comprado con mucho trabajo cuando me casé y por el mal rato que les hice pasar a todos.  Aquello nos sirvió para pensar de otra manera,  empezamos a llevarnos mucho mejor, pero no he vuelto a romper  nunca un plato más, esa fuente que quedó la tengo guardada para recordar ese día, y que no vuelva a suceder lo mismo.

Pepe tenía precioso Los Marínales, limpio y ordenado, como todo lo que  el  hace.  Mucha gente trabajaba en los líquidos, casi todos ellos vivían en Bellavista. A quien más recuerdo es a Julián.  Este hombre quiere a su jefe como nadie, es de los amigos de verdad, sé que Julián daría la vida por él, le  respeta, le admira y le quiere,  yo le aprecio mucho.

Al lado de Los Marínales había un castillo, que en su tiempo debió ser bonito, pero que se encontraba en ruinas,  solo le quedaban las paredes, ya que lindaba con la valla de la oficina. Se colaban los ladrones y robaban, lo hicieron más de una vez. Pepe denunciaba, venia la policía, pero las ruinas seguían allí. Alguien le dijo  a Pepe que la Diputación lo quería tirar porque la carretera nueva pasaría por allí. Envió a Rafael para que se enterara y le dijeron que sí, que lo tenían que tirar, pero lo que no le dijeron era que tenía un dueño  o él no se enteró, solo sé que le dijo a Pepe que lo podía tirar  pero no le dieron ningún papel, cosa rara en Pepe, que siempre es tan precavido.

A los pocos días del derribo, se recibió una denuncia  del dueño en la que decía que una semana antes  se había celebrado  una fiesta en el castillo y que tenían coches de caballos antiguos, vajillas de porcelana inglesa, muebles de estilo y todos los tesoros del mundo,  pedía una cantidad de millones que nos hicieron temblar. Se buscó los mejores abogados de Sevilla, por mucho que la policía de Bellavista dijeran que tenían denuncias y que aquello eran unas ruinas, la denuncia seguía adelante. El buen señor sabía que la empresa era fuerte y quería sacar la máxima cantidad de dinero posible. En Barcelona le dijeron a Pepe que se hiciera responsable como persona física, al no tener dinero la cosa  cambiaría y si tenían que pagar, lo harían ellos. Aterrados, hicimos separación de bienes de lo poco que teníamos, un local que teníamos en la calle Merecillas de Mamá Teresa, que cuando murió  Papá Antonio, se había puesto a nombre de Pepe. El local lo tuvimos que vender  a Mari Tere, fueron días de sufrimiento, yo veía a Pepe  como sufría y se me rompía el corazón.  Aunque yo siempre tuve una actitud muy positiva, llegó un momento en el que me vine abajo, nuestra vida estaba pendiente del correo , esperando que llegara una carta certificada, que de hecho llegaron muchas  para que se presentara el juicio . Cuando se recibía una carta estábamos sin dormir  varios días. El dueño del supuesto castillo, cada día presentaba cosas nuevas y pedía más dinero.  No sabíamos quien era  solo conocíamos a su abogado, se llamaba Bocanegra  y tenía fama de ganar todos los juicios difíciles. Un día, por pura casualidad, me enteré quien era y como se llamaba, le apodaban El Ceronero y tenia fama en toda Sevilla de sinvergüenza. Logró amasar una fortuna engañando a la gente, tenía tres o cuatro tiendas de novias. Por un lado  nos gusto saber quien era nuestro enemigo, pero por otro cada vez que pasábamos por una de sus tiendas, me entraban ganas de entrar y armarle un escándalo. Este sufrimiento duró muchos años. En el último juicio que ya estaba a punto de perderse, un amigo nuestro  de Madrid, Sebastián Ruano buscando unas fotos aéreas para no se que cosa  se encontró con una del mencionado castillo que se podía ver que se encontraba en total ruina: no tenía tejado, ni puertas, ni ventanas cogió un avión y se vino para Sevilla  con su tesoro, no querían admitirle la prueba decían que era muy tarde, pero cuando vieron las fotos no tuvieron mas remedio que ser admitidas y se ganó el juicio en el ultimo momento.  Gracias a Sebastián se solucionó todo.

Cuando termino el affaire del castillo, Pepe se tranquilizó, parecía que todo volvía a la normalidad, hicimos algunos viajes con Gabriel y Meli. Estar con Gabriel le hacia mucho bien a Pepe, era una persona tan interesante que no te cansabas nunca de estar a su lado, fuimos dos veces a Italia en barco, a Extremadura, a  Santander. Además, solíamos ir a su chalet  en Antequera.

Pedí una subvención  para la guardería y me dieron quinientas mil pesetas, mucho dinero para esos tiempos. Con ese dinero nos compramos  o mejor dicho dimos la entrada para el apartamento de Barbate.

En fin, las cosas funcionaban  y en mi casa todos estábamos felices.  Pero duró poco, sin saber como, Pepe cayó en una depresión muy grande, no tenía ganas de trabajar, ni de niños y menos de mí. Lo estuvieron viendo muchos médicos, los mejores de Sevilla,  pagados por la empresa. Pero no se le veía ninguna mejoría, los síntomas que tenía eran que cuando le entraba el agobio se asfixiaba y creíamos que se moría. Como la medicina general no le curaba, nos recomendaron un psiquiatra. El médico de la empresa nos recomendó un catedrático de la Universidad, el mejor de toda Sevilla. Este señor vivía al lado de la catedral, en una casa preciosa, me costó mucho convencerlo, pero al final lo logré. La primera visita fue fatal, Pepe no soltaba prenda, no respondía a las preguntas de medico  y pensé: “este hombre nos echa  hoy mismo”, no fue así lo siguió atendiendo .En la segunda visita cambió de sistema,  no le preguntaba nada,  empezó  a contarnos su vida,  yo pensaba “éste está más loco que una cabra”,  pero poco a poco Pepe se confiaba más y le fue sacando lo que el quería  saber. Lo que padecía era consecuencia del dichoso castillo,  el médico me dijo que tuviera paciencia que la cosa era larga de curar y mientras que él no reconociera lo que le pasaba, pasaría tiempo y así es, todavía hoy cuando llega una carta certificada se pone malo, esa noche no duerme se acuerda de las que le llegaban entonces, cuando el castillo.

Pepe seguía con su tratamiento, parecía que se estaba recuperando. Me llamaron de Antequera, mi padre estaba mal, me fui en autobús sin decirle nada, ya que no quería darle ningún disgusto.  Cuando llegué me encontré con un panorama que no me lo esperaba. Mi padre estaba muy mal y Lola nos dijo que el médico,  Don Manuel Pedraza, amigo íntimo de ella, le iba a ingresar en un hospital de Málaga, en Campanillas, ya que tenía una tuberculosis de caballo. Mi reacción fue de infarto, me acorde de los  niños de mi  hermana, del miedo que de pequeña nos metieron con esa enfermedad tan contagiosa, en unos segundos pasaron por mi cabeza muchas cosas, gracias a que en mi vida  valoraba antes lo positivo que lo negativo, le dije a mi hermano Pepe que no dijera nada, que nos íbamos a hablar con el médico. Por el camino fuimos pensando  lo que le teníamos que preguntarle el médico, que vivía  al lado del Colegió de las Recoletas, en la calle de Los Tintes.  El médico no nos quería recibir y entonces saqué el genio que Dios me dio, le dije a la enfermera que no  tenía prisa en marcharme y que esperaría todo el tiempo que hiciera falta. La enfermera me dijo con muy malos modos que cerraba el portal, yo le conteste que llamara a la policía pues ni mi hermano ni yo nos moveríamos de allí sin que nos atendiera don Manuel. La mujer entró y en cinco minutos estábamos en la consulta.   El médico se asombró de vernos tan jóvenes, sin dejarle decir nada le abordamos el problema, “Su padre esta muy enfermo, la enfermedad es muy grave”, ya lo sabe Lola. Muy bien, dije. “Quiero que me de los análisis y todas las pruebas, las voy a llevar con mi padre a un amigo de Sevilla”. Me tiré el farol y funcionó,” ¿es que no os fiáis de mi?”, dijo. Le contesté “usted es humano  y se puede equivocar y yo tengo tres niños pequeños que han estado con mi padre hace poco tiempo y lo que es mas importante, mi padre como lo metemos en ese sitio sin saber si es verdad  que tiene esa enfermedad que dice usted”. Se puso nervioso, “bueno le repetiré los análisis” dijo, le replicamos “otra vez no, lo haremos nosotros”. Se le hicieron toda clase de pruebas y estaba mas limpio que un sol,  pudimos denunciarle pero ya nos daba lo mismo, mi padre estaba bien.

Mi padre empezó a ponerse mejor con el tratamiento que le mando Don Juan Herrera, estábamos muy contentos. Ese verano Meli y Gabriel  se fueron de vacaciones y nos ofrecieron su chalet para que nos fuéramos con los niños un mes.

Estábamos encantados, a todos nos gustaba el campo, mi padre estaba feliz, hacía mucho tiempo que no nos tenía cerca, sobre todo  a David que era su ojito derecho.  Yo bajaba a Antequera  a comprar y él siempre venia conmigo a la  plaza, luego se iba al campo con los niños y lo pasaban muy bien.  Pepe se fue recuperando, el campo le sentó muy bien,  cuando Meli regresó de viaje,  nos dijo que en octubre quería ir a Londres con un grupo de amigos, Pepe se apuntó ya que se encontraba bien y dejamos a los niños con mi padre, que aparentemente estaba curado.

Volvimos a Sevilla, empezamos a trabajar, los niños en los colegios,  todo normal, al poco tiempo Pepe empezó a ponerse raro, no se encontraba bien le costaba respirar,  se tomaba las  medicinas, se ponía mejor y así andábamos,  siempre con el miedo en el cuerpo, pero se iba capeando el temporal. Se acercaba el día del viaje,  yo le decía que si no se encontraba bien lo anulábamos, pero él quería ir,  estaba animado, llamé a mi padre para decirle que le dejaba a los niños y no le encontré nada animado, cosa que me extrañó mucho, él era feliz cuando tenía a sus nietos, le  pregunté que si estaba enfermo, “no me encuentro nada bien”, me dijo. Fuimos a Antequera, llamé a  Don Juan Herrera para que le viera.  Cuando le reconoció, me mandó análisis y pruebas, pero me dijo que él lo veía muy mal, me dijo “si no me  equivoco, tu padre está muy mal, pero hazle las pruebas rápido”. Nos fuimos a Málaga, al hospital Carlos Haya, las pruebas se las hicieron rápido, sé que fueron muy dolorosas. Volvimos a Antequera y al día siguiente se las lleve a Don Juan, lo que me dijo fue cierto, estaba confirmado,  tenia un cáncer de páncreas muy avanzado.

Don Juan Herrera con mucho cariño me cogió las manos y me dijo “tienes que ser fuerte la enfermedad es muy dolorosa y esta muy avanzada la única solución seria que le pudieran operar pero no te doy esperanzas”. Salí llorando de la consulta y me fui a casa de mama Teresa con la esperanza de que me diera ánimos como hacia siempre. Llamé al timbre y me abrió la puerta Antonio. No me dio tiempo de decir nada, “teníamos ganas de hablas contigo”, me dijo Antonio. Pepe esta muy mal y tú lo quieres llevar de viaje,  lo estás volviendo loco, tú tienes la culpa de todo lo que le pasa a mi hermano. Desde este momento lo llevaremos nosotros a los médicos”. El tono era fuerte, yo no pude reaccionar, salí corriendo de la casa y dije “Haced lo que queráis, mis problemas son mas grandes”. No sabia adonde ir  ni a quien contarle lo que me pasaba. Me encontré  en la puerta del piso de Meli, sabia que ella no estaba, que a esa hora estaba en el colegio. Llamé y pregunte por Don Gabriel. Cuando entre en el piso Gabriel estaba desayunando en la cocina, recuerdo que tomaba molletes con chicharrones blancos.  Cuando me vio entrar llorando, se extrañó, yo que siempre estaba alegre, le conté lo de mi padre  y lo que me había pasado en la calle Merecillas. Después de consolarme me dijo “no hagas caso, los Sánchez-Garrido son así de especiales. Cuando tengas algún problema aquí me tienes a mi, no dudes que te ayudare siempre”. Así fue, en toda la enfermedad de mi padre estuvo conmigo, cuando lo tuvimos que ingresar en el hospital de Antequera, él me consiguió una habitación para que estuviéramos solos. Donde quiera  que estés, siempre te querré Gabriel.

A  pesar de lo mal que estaba mi padre, quiso que nos fuéramos a Londres. Se quedo con los niños. Creo que quería tenerlos el máximo tiempo posible con él. Sabia que se moría aunque nunca nos lo dijo.

El viaje de Londres no fue muy bueno. Pepe no se encontraba bien, no tenia ganas de salí por las noches, nos quedábamos en el hotel. Cuando volvimos  a Antequera  llevamos a mi padre a Málaga a las pruebas de la operación. Lo llevamos en una ambulancia. Fuimos Lola mi hermano Pepe y yo. Después de hacerle muchas pruebas y muy dolorosas nos llamo el medico, era una señora, nos dijo que la operación quedaba descartada  y la explicación que nos dio fue muy sencilla:  “el páncreas es una tela muy fina como una sabana que se va gastando  con el tiempo, si le ponemos una pieza lo nuevo tira de lo viejo y al finar se termina rompiendo otra vez. Si lo operamos, que no lo recomiendo,  lo que podemos  es provocarle  mas dolor y sufrimiento”. Nos recomendó un tratamiento  para que lo fuera llevando lo mejor y menos doloroso posible.

Le pregunte al medico que tiempo le quedaba y con la misma sinceridad de antes nos dijo  que muy poca. El tratamiento que le puso lo alivio mucho, él sabia que se moría pero nunca lo dijo  a nadie.

Me fui a Inglaterra, le deje a los niños. Si se encontraba mal no lo demostró. Ellos se lo pasaron muy bien con su abuelo, quiso tener la oportunidad de estar el máximo de tiempo con sus  nietos  sobre todo con David que era su niño preferido. Tengo que reconocer que Lola se porto bien con los niños

Cuando volvimos del viaje que no fue muy bueno para mi. Pepe no se encontró bien y no tenia ganas de salir, nos quedábamos en el hotel por las noches cuando los demás salían, pero él estaba muy triste. Mi padre estaba mucho mejor, el tratamiento le sentó muy bien, nos dio mucha alegría  y pensamos que el medico se habría equivocado y es que cuando tienes una cosa tan grande, te coges a lo que sea para que te de esperanzas.

Volvimos a Sevilla, Pepe en su trabajo, yo con mi guardería, los niños en el colegió. Mi hermana no quiso  seguir estudiando, con el disgusto de Pepe que quería que hiciera una carrera  por lo menos de magisterio, egoístamente a mi me hacia falta en la guardería  y no le insistí mucho en que siguiera estudiando.

Me costo muchos disgustos con Pepe. Siempre me decía que la estaba malcriando y lo que tenía que hacer era estudiar,  me arrepentí de no hacerle caso.

Ella tenia derecho a hacer una carrera, no la hizo por mi culpa. Mari conoció a Manolo y se hicieron novios.

Pepe seguía mejor, tenía rachas, viajaba mucho. Un día que vino de viaje de Albacete cuando se estaba peinando, me llamó alarmado, su bonito pelo se le estaba cayendo a manojos. Una cosa tremenda, nos fuimos rápido al medico en cuatro días se quedo sin un pelo.  Que lástima, tan joven, sufrió mucho, lo vieron los mejores médicos de Sevilla, le hicieron muchas pruebas, algunas muy dolorosas. Los tratamientos eran carísimos, pero su pelo no le volvió a salir. Todos los médicos  decían lo mismo, no tenía ninguna enfermedad, eran los nervios y el dichoso castillo nos daba la cara otra vez. Cuando se quedó tranquilo, después de ganar el juicio, le empezó a dar la lata  el no tener su pelo, le causó mucho dolor y sufrimiento. Lo peor que pudo hacer fue ponerse una peluca  pero el miraba mucho su imagen.

La guardería seguía funcionando muy bien cada día teníamos mas  niños y mejor fama, nos estábamos quedando sin sitio. Atalaya se fue llenando de gente joven, a los niños los sacábamos a la placita para jugar. Algunos vecinos que no tenían niños protestaban.  Tuvimos que poner una  escalera para que no entraran por el portal, la oficina de información se quedó libre. Pedí a la comunidad que me la alquilaran,  muchos de los vecinos se negaron por envidia. Como no era un local comercial no podían  alquilarlo a nadie y además las ventanas de mi piso daban a dicho local. Después de mucho discutir, se hizo una reunión de intercomunidad a la que no fuimos ni Pepe ni yo  y se aprobó que me la dejaran a mí con el pago de una comunidad y que cuando tuvieran reuniones  para asuntos de vecinos lo cediera. Se hizo la obra y nos quedo un centro bastante grande y bonito. Como tenia mucha luz se dejó para los niños más pequeños, le llamábamos el corralito.

Ya lo único que nos faltaba era tener un jardín vallado frente de la guardería. Quedó una cuña de terreno que no sabíamos de quien era. Un día me fui a la oficina de Explosivos Río Tinto en calle Asunción y pregunte por el terreno. Después de sacar planos, me dijeron que no era ni de Atalaya ni de ellos  y que me quedara con ella sin decir nada, si alguien  preguntaba que lo llamaran a ellos. La poca experiencia fue que no pedí nada firmado.

Me fui al ayuntamiento de Camas, dije que el terreno me lo cedió la constructora, me dieron permiso para que lo vallara y me regalaron algunos árboles. Me costó mucho trabajo hacerme mi jardín, todo costaba mucho dinero pero se terminó, quedó precioso con su casita, sus bancos, sus mesas, los columpios. Ya teníamos uno de los mejores jardines de infancia de Sevilla o por lo menos el que tenía mas espacio libre para el recreo de los niños. Como tenía buena relación con el Ayuntamiento me dieron el agua del colegio, yo a cambio o mejor dicho  por mi forma de ser, cuando  la asistenta social del Ayuntamiento tenia un problema con algún padre que no podía pagar, me llamaba y en el Abeto siempre teníamos sitio.

Vivencias que me marcaron en mi trabajo.

A Atalaya de las muchas familias que fueron llegando en el bloque uno, se vino un matrimonio con tres niñas. Se llevaban en año de diferencia, los padres trabajaban los dos en Sevilla, teníamos a las tres en la guardería, las tres eran preciosas.  Maria Ángeles era la del medio, una niña con el pelo rizado y rubia con los ojos azules como el cielo, tenia dos añitos cuando entro con nosotras. Era buena, cariñosa, dulce, la queríamos mucho y ella a nosotras  siempre estaba contenta, era como su nombre, un Ángel. Cuando estaba  para cumplir los tres años empezó a ponerse malita, no sabían que tenía pero era raro el día que no tuviera algo. Los médicos no daban con lo que tenia, le hacían pruebas, daba alguna infección, pero no sabían de donde venia. Después de muchos análisis, lo que tenía era una leucemia. El digesto fue enorme para todos,  empezaron con el tratamiento, estaba mucho tiempo en el hospital y cuando venia sin su pelo rubio se rompía el alma de dolor, pero ella no estuvo triste nunca y cosa extraordinaria, los demás  niños no le daban importancia a que no tuviera su pelo, los médicos le dieron una esperanza, trasplante de medula, pero la única que se lo podía das era su hermana, un año mayor que ella. Como era una cosa nueva y se tenían que ir a Córdoba, el problema de esos padres fue enorme sus dos hijas en peligro.  No se cuanto le costo tomar esa decisión tan tremenda pero al final se decidieron, se fueron a Córdoba.

Allí estuvieron las tres dos meses  la operación fue un éxito y las niñas vinieron  a Sevilla estupendamente  Maria Ángeles vino con su pelo rizado y preciosa.  Le hicimos una fiesta en la guardería con muchos regalos, todo estaba bien pero duro poco tiempo. Seis meses después la ingresaron en el hospital se Sevilla y a los cinco días murió mi niña. No puedo reprimir las lágrimas cuando escribo esto.

Les pedí permiso a los padres para que nos dejara ir a despedirla con todos sus amiguitos de la guardería. Fuimos todos con las madres, que se encargaron de comprar las flores, todas blancas y puras como ella fue en su corta vida. Era tan especial que Dios la quiso para él, siempre te recordaré querida niña, con el poco tiempo que estuviste conmigo, me distes mucha felicidad.

De Pañoleta, una barriada de Camas, más cerca de Sevilla me trajeron sus padres a  Miguelito el niño tenia dos años más o menos. No era guapo pero gracioso como el solo. Tenía unos ojos grandes y muy celestes. Los padres tenían una pescadería en el Arenal, la plaza de abastos que esta al lado de la plaza de toros, me lo traían muy temprano y se quedaba a comer. Por las tardes yo lo llevaba a su casa  el niño estaba mas tiempo con nosotras que en su casa, los padres trabajaban mucho  Miguelito era un niño alegre y cariñoso le gustaba mucho comer,  nunca lloraba por eso nos extraño un día que veníamos del campo que empezó a llorar mucho, mejor dicho, a gritar. Nos asustamos pensando que le habría picado algún bicho. Lo miramos por todas partes y no tenia nada. Él se cogía la cabeza,  pasó un rato y se calló no le dimos mas importancia. Ese día ni se lo comente a la madre. A los pocos días le paso lo mismo, de pronto gritaba y se ponía como los locos. Se lo comente a su madre para que lo llevara el medico, éste no le dio importancia, no le encontró nada. Fueron pasando los días y no notamos que el niño llorara pero yo si notaba que no andaba como los demás niños. No sabia que era pero no era normal, le dieron mas de un dolor y también le repetía en su casa. La cosa era preocupante, cuando le daba el dolor las pupilas de los ojos se le dilataban  y luego se quedaba normal. Un día que estábamos en la placita,  para subir a la guardería teníamos dos escalones,  me di cuenta que el niño levantaba el piel mucho antes de llegar al primero, como que no lo veía bien. Lo estuvimos observando y efectivamente el niño le costaba trabajo ver las cosas. Se lo comenté a Guillermina, la madre de unos niños que teníamos en la guardaría y que  era medico. Cuando lo vio y le conté lo de los dolores no lo pensó en ese momento me dijo que el  niño tenia algo malo en la cabeza. Me dijo “yo creo que se trata de un tumor. Lo mejor es que se lo digas a los padres y que lo lleven a un oculista rápido”. Esa tarde cuando lleve al niño a su casa le comenté a los padres, que me parecía que el niño no veía bien. No le dije lo que me dijo Guillermina, solo que lo llevaran al oculista. El padre se puso como una fiera conmigo, que yo estaba loca, que no era medico y que el llevaría a su hijo donde él quisiera. En fin, fue violento. La madre se dio cuenta de la gravedad y no decía nada. Me fui de allí bastante enfadada con el padre, pensando que no llevaría mas al niño a mi guardería. Lo que mas me preocupaba era que si no lo llevaban no lo podía observar y el niño tendría un problema mas gordo si lo dejaban pasar y no lo veía un buen medico. Aquella noche no pude dormir esperando que fuera por la mañana y lo llevaran. Me lo llevaron al día siguiente sin ningún comentario por parte de los dos. Me alegré mucho, tenía la oportunidad de hablar con la madre a solas.

Cuando me quede sola con la madre  le dije mi preocupación y decidimos llevarlo a un medico que nos recomendó Guillermina. Este medico tenia la consulta en Ronda de Capuchinos. Fuimos Lola, la madre y una hermana. El medico nos recibió muy bien, yo no entre a la consulta. Cuando reconoció al niño le dijo a la madre que como se dio cuenta de lo que tenia el niño. Ésta le dijo que fue la directora del jardín de infancia, me hizo pasar a la consulta, le conté como me di cuenta de que le pasaba algo anormal y efectivamente el refutado fue lo que ya sospechábamos, tenia un tumor celebrar y estaba muy avanzado. El resultado, operación inmediata. Cuando se lo comunicaron al padre este no  tenía palabras de agradecimiento. La operación fue rápida, gracias a Dios no perdió la vista del todo, le pusieron unas gafas de culo de vaso. No se como estará,  se cambiaron de casa y no lo volví a ver mas.

Otra de las cosas que me marcaron fue Yimi, un niño mulatito.

En Camas, está el bar de Pepito el Artillero, un bar muy famoso por sus polémicas. Los dueños son buena gente pero le gusta mucho el dinero. Ese bar no se cierra nunca. El día que se inauguró, Pepe tiro las llaves, Maruja, su mujer, maestra de escuela, se le murió un niño y como tenia siete más dejo de trabajar para cuidarlos  pero se metió en el bar con su marido. Los niños los teníamos en la guardería, yo los recogía por la mañana y se los llevaba por la tarde. En una parte del bar tenían hasta habitaciones con mujeres.  Un día que fui a recoger a sus niños, me dijo que una  de las  mujeres que era negra y muy guapa tenia un niño pequeño y lo tenia todo el día abandonado en la habitación, si yo quería tenerlo en mi centro. Ella me pagaba lo mismo que si fuera su hijo, me hice cargo de el sin ningún problema. El primer día que lo recogí eso no era un niño, era como un animalito. No sabia hablar ni comer, comía con las manos y se escondía en un rincón. Te miraba con miedo cuando le teníamos que cambiar los pañales, lloraba como un loco,  pero lo más impresionante de todo era cuando veía a un hombre los pelos se le ponían como los erizos. Nunca vi nada igual en mi vida,  lo que tuvo que sufrir esa criatura. Poco a poco se fue civilizando, ya comía solo, empezó a jugar con los demás niños y era como un muñeco de peluche. Lo malo era que por las noches su madre lo encerraba en el baño mientras ella trabajaba. Maruja no se podía hacer cargo de él. Ella tenía mucho trabajo y muchos hijos. Un matrimonio mayor que vivía cerca se  quedaba con él por las noches. Yo quise adoptarlo, hablé con su madre y ella no tuvo ningún problema  pero el matrimonio que lo tenía por la noche se quedó con él y lo adoptarlo. Le dieron sus apellidos, hoy es un hombre con estudios. Los hijos de este matrimonio ya mayores desde el primer día lo llamaban hermano, vive en Camas lo he visto algunas veces y se acuerda de mi después de tantos años. La madre se fue del bar y no se volvió a saber nada más de ella.

Lo  que es la suerte de las personas, si ese día no me dice Maruja que lo llevara conmigo hoy ese niño se habría muerto o seria un desgraciado. Éstas son las cosas que a lo largo de nuestra vida nos hacen pensar.

Una  mañana llegaron a la guardería un matrimonio joven.  Ella, sevillana, y él, portugués. Traían una niña de meses, la niña venia en muy malas condiciones. No tenían comida ni pañales ni ropa y se le veía enferma. Venían pidiendo para leche y alguna ropita para la niña. Nos dio mucha pena, no se veían personas que se dedicaran a eso. Mi hermana cogió a la niña y con  el permiso de los padres la baño y la cambio de ropa. Se le preparó su biberón, la niña parecía otra.

Le dijimos que se esperaran a las tres que venia Mari Carmen Garzón, médico pediatra que tenia a su niño con nosotros y que la podía ver, ellos encantados y felices.

Nos contaron su  historia, que era en poco triste. Se conocieron en el viaje de estudios que ella hizo a Portugal. Se estuvieron escribiendo algún tiempo  el estudiaba ingeniero y ella era de una familia de clase media de Sevilla. Cuando él termino su carrera se vino a Sevilla para buscar trabajo y poder casarse con ella, cosa que a sus padres no les sentó nada bien y dejaron de hablarle. Vivió como pudo y ella se quedo embarazada. Cuando los padres se enteraron la echaron de su casa,  eso en aquellos tiempos era muy normal. La vergüenza de tener una niña en estado y sin que estuviera casada…Se fueron a vivir a una pensión hasta que nació. Él trabajaba en lo que podía y fueron saliendo pero con una niña ya no era lo mismo. Decidieron marcharse a Portugal, el problema era el dinero, que no lo tenían y la niña que estaba enferma. Alguien le dijo que nos buscara, que le ayudaríamos y es que teníamos fama de socorrer a las personas que les hacia falta.

Cuando llego  Mari Carmen reconoció a la niña  le vendó el ombliguito y le mandó todo lo que le hacia falta sin que ellos tuvieran que pagar nada. Como era la hora de comer, los invitamos a casa para que comieran con nosotros. Recuerdo que teníamos patatas guisadas y algo más, no lo recuerdo. Se que comieron muy bien. Cuando serví el café el se negó a tomarlo, “es mucho lujo”, me dijo, “la comida  es necesaria pero el café es lujo”. Le insistimos mucho y se lo tomó, quedamos en que vendrían a los dos días, que le tendríamos preparado todo lo que pudiéramos para el viaje. Cuando se marcharon pensamos que no volverían que nos habían engañado como tantas otras veces, pero sí volvieron. Ya le teníamos preparado algo de dinero, leche, pañales, ropa para la niña y para ellos. Se despidieron muy agradecidos,  no supimos más de ellos pero nos quedo la alegría de que les pudimos ayudar.

Pasaron dos años y no supimos nada de esa familia. Muchas veces lo recordábamos  con pena, pues nos dejaron unos recuerdos buenos.

Era sábado por la mañana, llamaron a mi puerta. Cuando abrí, me encontré con un matrimonio muy elegante y con una niña pequeña. No los reconocí y se me pasó por la imaginación quien eran. “¿No nos recuerdas?, me preguntaron. No respondí, creo que os equivocáis de persona. “Somos el matrimonio que hace dos años le ayudasteis con una niñas enferma”. Qué alegría nos dio poder verlos de nuevo. “Nosotros no nos hemos olvidado y venimos de Portugal  para que conozcáis a nuestra hija Mari Carmen, le pusimos el nombre de las personas que nos ayudaron tanto y venimos a traerte un regalo que te debemos”. El regalo era café  portugués, en agradecimiento por el que tomaron en casa. Se quedaron a comer y nos contaron como le fue su vida, los padres la perdonaron y la acogieron con mucha alegría. Se casaron, él trabajaba de ingeniero en su país, todo le fue bien. Después de comer se marcharon, nos llamaron varias veces y sabemos que se encuentran bien.

En mis memorias no me puedo olvidar de mi amiga Viqui, una buena mujer y buena madre.

Viqui y  Gaspar tenían dos hijos, Gaspar y Dani, viven en  Balcón de Sevilla. Gaspar tenía una furgoneta y hacia portes, ella trabajaba en las casas para ayudar un poco en la economía de la casa. Los niños los teníamos en la guardería  Viqui cuidaba a su madre que estaba enferma, ella tenia una hermana casada y un hermano soltero que vivía con la madre. La hermana no quería saber nada de ellos y era Viqui la que los cuidaba, era joven y fuerte, no le importaba trabajar.

En Balcón de Sevilla traspasaron una tienda de comestibles y se quedaron con ella. Le iba bien el negocio, vendían mucho  y estaban muy contentos. Se quedó embarazada del tercer niño, todo fue bien hasta que nació, después de nacer, ella empezó a perder peso y se encontraba  muy mal. Después  de muchas pruebas médicas el resultado fue el peor, tenía leucemia. Fue espantoso con tres niños pequeños y se moría. Ella lo supo desde el primer día. El medico le dijo que la solución era transplante de medula de alguno de sus hermanos, pero ninguno quiso hacerse las pruebas, ella seguía cada vez peor.

Un día que fui a su casa a verla  estaba muy mal me dijo una cosa que no olvidare mientras viva. “Me gustaría que Gaspar buscara una mujer buena para madre de mis hijos y me gustaría conocerla antes de morirme. Si fuera así no me importaba nada  marcharme”. Esas palabras de sinceridad me llegaron al corazón, ella como madre quería que sus hijos no sufrieran.

Los médicos le dieron un poco de esperanza,  era que se le podía  hacer  transfusión de sangre, para eso se necesitaban mucha gente que donara y si alguna persona era compatible con ella. Se necesitaban muchas plaquetas, pusimos carteles por Atalaya  y Balcón de Sevilla pidiendo a las personas  de  buena voluntad  que fueran al hospital para que le hicieran las pruebas. De la cantidad de gente que fue teníamos que hacer cola tres o cuatro horas. Se volcaron los dos barrios, pocas personas se quedaron si dar sangre, pero pocas eran compatible con la suya, la de Manolo Hidalgo, la mía y algunas más. Yo doné varias veces pero el que se la dio toda o casi toda fue Manolo, sus plaquetas eran muy buenas  y le salvaron la vida a Viqui. Hoy está viva y curada. Ella creo que no sabe que le debe su vida a Manolo Hidalgo y un poquito a mi porque esas cosas que se hacen con el corazón no se cuentan, se hacen por que si y nada mas.

Cuando voy a Sevilla y la veo que está curada y que sus niños están muy bien no dejo de pensar en la buena gente que queda en el mundo.

La enfermedad de mi padre se fue agravando, cada día estaba peor, yo me pasaba mucho tiempo en Antequera con él. Estaba en su casa y mis cuñadas Maria Luisa y Félix, lo cuidaban como si fuera su padre, no lo dejaban solo. De día se turnaban y de noche se quedaban mis hermanos. Yo me venia los viernes y me  marchaba los lunes hasta que se fue agravando más, que ya me quedaba mas tiempo.

La enfermedad fue muy dolorosa, vomitaba mucho y se asfixiaba. No podía estar tendido en la cama. Me fui a buscar a Gabriel y le dije que necesitaba una cama que se levantara, sabia que él tenia conocimientos en el hospital. A los dos días ya tenia su cama en casa, eso le aliviaba mucho pues podía estar incorporado, se asfixiaba menos, ya no comía,  se alimentaba de sueros y se debilitaba día a día. Una noche  me dijo que no quería morir en su casa que cuando llegara la hora lo lleváramos al hospital y así lo hicimos,  pues ya no le encontraban las venas para ponerle el suero. Sufría mucho pero no se quejó nunca.

En el hospital  dijeron  que tenían que abrirle el brazo para encontrar las venas. Le dijimos si quería que se lo hicieran y el dijo que sí, en el hospital estaba en una sala con dos enfermos mas, yo me quedaba de noche y era muy incomodo. Otra vez hablé con Gabriel, mi paño de lágrimas, y nos trasladaron a una habitación solos. La habitación que nos dieron estaba en la parte baja, pegada a la capilla, era grande y tenía dos camas. Podíamos descansar algunos ratos, esas noches que me quede con él hablamos mucho, nos contamos muchas cosas  que  nunca nos dijimos y que se  tienen dentro. Toda la vida la mayor precaución para él era mi hermana  por ser la mas pequeña y Juan también le  preocupaba, a  Pepe y a mí nos veía mas organizados.

Me contó muchas cosas de Lola unas que ya sabíamos y otras que él se guardaba para que no sufriéramos. Las noches con mi padre en ese hospital fueron muy intensas para mí y lo conocí mucho, lastima que le quedara tan poco tiempo de vida,  podíamos haber hecho muchas cosas.

La mayor preocupación de mi padre era que nos separáramos la familia, que los hermanos estuviéramos siempre juntos.  Él sabía lo que yo quería a su Mari, como él la llamaba, y sabia que nunca la dejaría, que se casaría con Manolo, eso le daba tranquilidad.

Unos días antes de morir paso una noche muy inquieta no durmió nada, solo quería hablar. Por la mañana llego Lola, le dije que me iba a casa de mama Teresa a ducharme y cambiarme de ropa. La casa esta a cien metros del hospital y a esa hora no había nadie en la calle. Yo tenía un chándal puesto, me miró y me dijo “¿dónde vas tú a la calle con esa pinta?. Si quieres salir te cambias de ropa”, “pero papá, si me voy a duchar y no hay nadie en la calle”, “Me da igual, mi niña no sale así, es feria y no quiero que te vea nadie sin arreglar”. No tuve mas remedio que cambiarme y pintarme para que se quedara tranquilo.

Al día siguiente, treinta y uno de  Mayo, segundo día de feria a las siete de la tarde, nos dejó. Murió como vivió, valiente y sin quejarse, rodeado de sus hijos menos Mari que estaba en Sevilla, pues esa semana le toco hacer la guardia y no nos dio tiempo de avisarle.

El día del entierro llovía a cantaros, vino mucha gente de Sevilla, amigos nuestros y de Antequera que lo querían mucho. La muerte de mi padre no me causo mucho dolor, seria que como lo vi sufrir en su larga enfermedad…

Ese día, después del entierro, me despedí de Lola y la borre de mi vida. No la he vuelto a ver más y no tengo ningún remordimiento. Ella tiene que saber porque lo hice y que Dios la perdone, yo la perdoné hace mucho tiempo.

El que si sintió la muerte de mi padre fue David, él estaba muy unido a su abuelo y estuvo mucho tiempo que no quería ir a Antequera.

Hoy desde mis memorias te doy las gracias querido padre por todo lo  me dejaste de herencia y que yo le dejare a mis hijos y la herencia que me dejaste fue honradez, formalidad, respeto hacia los demás y amor, mucho amor por las personas que nos rodean, ¿que más herencia puede tener una persona en su vida?.

Yo sé querido padre que donde quiera que estés, siempre has estado velando por mi  y por todos los tuyos  Gracias otra vez.

Yo no sabia que mi vida iba  a dar un cambio  de ciento ochenta grados,  fue una cosa  en la que yo nunca pensé. Pepe estaba de viaje y me llamó para que fuera a un funeral en la Iglesia de los Remedios. No sé de quien era. Me fui y cuando salimos de la misa como casi siempre pasa, los amigos  nos tomamos un café o una copa entre otras cosas, porque hace tiempo que no nos vemos.

Ese día  había mucha gente conocida y nos fuimos a  Republica Argentina a tomar unas cervezas. Estando allí  alguien me pregunto por mi hija, que como le iba en Estados Unidos  y le dije que no tenia ningún hijo en el extranjero, era Manolo Naranjo, “pero me gustaría mandarlos”, pensaba en  José nunca pensé en Eva.

Cuando llegue a casa lo comente con ellos y la primera que  se decidió fue Eva. El problema era el dinero, no teníamos, pero Pepe estaba dispuesto a que sus hijos estudiaran  en el extranjero. Pensó en pedir  un préstamo, José no  se decidió y empecé a preparar los papeles para Eva. Le tocó ir a Colorado, lo más  lejos de América  y teníamos que traernos  a  un chico de allí. El  papeleo fue largo  y teníamos seis meses para arreglarlo todo. Se mandaron fotos de toda la familia y de la casa  y la admitieron Se tenia que marchar en  Septiembre   cuando lo dijimos en Antequera se pusieron las manos en la cabeza,  mandar a una niña tan lejos y sin conocer a nadie era como un suicidio pero aquello no nos echo para atrás ni a Pepe ni a mí. Mi niña se fue,  recuerdo preparando las maletas en el piso de Sevilla, estaba Susana, Yoli y todas sus amigas, ellas estaban contentas pero yo tenia que hacer en gran esfuerzo para no llorar, los últimos días fueron muy duros me arrepentía de lo que hice pero ya no podía echarme atrás. Dos días antes llego Cari el Americano, que hacia el intercambio con Eva.

Pepe llamo a Sebastián  Ruano que vive en Madrid  para que la fueran a buscar al aeropuerto y la dejaran en el vuelo que tenía que coger para su destino. Como siempre se portaran muy bien con ella lo mismo Sebastián que Mari Carmen.

Se dice que  el corazón no duele. Yo puedo afirmar que sí, a mi me  estuvo doliendo un año entero, todo el tiempo que mi hija estuvo fuera  pero no me arrepiento de lo que hice, creo que fue unas de las decisiones mas importantes que  he tomado en mi vida.

Dos días antes de que se marchara  Eva fuimos a recoger al aeropuerto a Cari. Recuerdo que fuimos  José, Pepe y yo. Llegaba por la mañana pero el avión venia con retraso  y José se tuvo que marchar. Cuando lo vimos llegar  nos sorprendió su altura y su delgadez  era un chico rubio y bastante simpático.

No hablaba nada de español. Pepe intentaba hablarle con su ingles y el pobre decía a todo que si. Pepe  muy contento porque lo entendía,  nos fuimos a comer a la Macarena con Paco Alcántara y el pobre Cari aguanto el pésimo ingles de los dos durante cuatro horas. Cuando llegamos a casa ya pudo hablar con Eva y con José. Fue muy bien recibido por todos. A la mañana siguiente cuando se levanto, vio a Pepe que salía del dormitorio y le pregunto a José si el señor del aeropuerto era el padre de Eva se puede entender como  hablaba Pepe en ingles, no le entendió ni una palabra.

Al principio  Cari era un chico muy bueno y me hacia mucho caso, iba al colegió se hizo de muchos amigos. La gente de Camas lo quería mucho. A mi me llamaba mama Trini solo tenia un defecto, que comía como un lobo. Fue pasando el tiempo y se volvió desobediente y mal educado, no arreglaba su habitación, no iba el colegio, solo quería salís de fiestas con los amigos. Aprendió el español rápido, yo le regañaba me hacia caso unos días, pero después hacia lo que le daba la gana. Yo no le decía nada a Pepe para que no le regañara pues pensaba en Eva, lo mal que lo estaría pasando y no quería que el lo pasara mal con nosotros.

Era Semana Santa y fue  Sevilla con unos amigos de Balcón, venia muerto de miedo decía que en España había  muchos cuchucheando y que el no salía mas. Le explique que no era lo que el creía, pero no se quedo muy conforme.

Un día jugando al baloncesto se rompió el menisco y lo tuvieron que operar. Se llamo a su madre para que diera el permiso pero no la localizamos, llamamos al club y nos dijeron que decidiéramos nosotros y que si queríamos lo mandaban para su casa. Decidimos que se operará y quedarnos con él, la operación  fue sencilla pero la recuperación lenta. Lo tenía que llevar todos los días  a la clínica para que le dieran la gimnasia. Se curó, no le quedó ninguna secuela. Llegué a quererlo mucho, después de todo era muy cariñoso conmigo, engordó dieciséis kilos.  Yo le preguntaba si tenia ganas de ver a su madre y me decía que el no se iba de España ni de mi cocina. No le tenía mucho apego a su familia, los padres estaban  separados y la madre vivía con otro señor. El día que se marcho llore mucho.

A los dos meses José se marcho a Colorado invitado por el. Eva estaba allí todavía y conoció a la familia después de mucho tiempo me entere que no lo paso nada bien en su casa y ya no  supimos nada de él. Cuando estuve en Colorado pregunte y me  dijeron que estaba en Méjico con su padre la verdad es que me gustaría mucho saber de él.

Esto no se ha terminado. La segunda parte la contaré en poco tiempo.

Me gusta que la gente sufra un poco.

Trini.

David, Emilio y Juan Miguel en guardería.

Miguel, Dani, Angel, Adrian y Jose Antonio en guardería.

Rizitos, Germán, Ramón, Rocio, Maria, Angel y Miguel en guardería.

Eva.

Pepe Luis y Trini, viaje de Eva a América.

Pepe Luis y Trini de novios, en parque de Antequera

Jose Luis, Yolanda, David y Trini en piso Poeta Manuel de Góngora

David.

Pedro Romero, David y José en Alpujarra.

David en Campamento Montejaque.

David en Tivoli.

José en piso Camino de Ronda

Pepe Luis

Trini en Torcal de Antequera

Mamá Teresa, Papá Antonio y David en chalet de Gabia.

Mamá Teresa y Pepe Luis en piso de Atalaya.

David

David, Oscar, Antonio, Jorge y José Luis en Atalaya.

David.

Trini en chalet de Gabia.

Trini, Mari Carmen e Inma en Atalaya.

Mari Carmen en guardería – Fiesta de Navidad.

Trini en Atalaya.

David, Eduardo, María y Nacho en barco hacia Sanlucar.

Maria José, Trini y Mamá Teresa en bautizo de Eva.

Trini, Maria José y José García en bautizo de Eva.

Gabriel Requena en Italia.

Trini en chalet de Gabia.

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David en guardería.

Trini, Pepe Luis, Gabriel y Rosi en chiringuito El Divino – Torre del Mar.

Ana Caracuel y Sepmanit.

Trinidad Lopez.

Trini en piso de Maria José y Antonio – Feria Antequera.

Pepe Luis en playa Torrox.

Sofia, Sepmanit, Eva, Ana, Cintya y Mari Carmen.

Trini y Puri en parque Antequera.

Papá Antonio en Torcal de Antequera.

David con amigos en Atalaya.

David, José y Pedro en Alpujarra.

David en colegio.

David en baño – Atalaya.

David, Sergio y Roberto.

Emilio y David en guardería.

Pepe Luis en Bellavista.

David en Primera Comunión.

Pepe Luis, Trini y mono en Feria de Sevilla.

David

Juan en Primera Comunión.

Juan con primos franceses.

Jose Garcia en cumpleaños Ester

2 respuestas a Memorias de Trini

  1. Marta-odila Lopez Fiandor dijo:

    Queridos amigos Trini y Jose-Luis ,con gran emociòn a travès de mi hija he sabido de vosotros y os digo que el tiempo pasa ,pero mi amistad y cariño es para siempre.He visto la foto de vuestro nuevo nieto ,es muy hermoso y la nietecita se parece mucho a Trini. Gracias Jose-Luis por el recuerdo a Paco tan precioso.Me encantaria recibir vuestra visita cuando vengais a Màlaga.Un fuerte abrazo.Marta-Odila.

  2. Anónimo dijo:

    Vaya relato bonito !. Enhorabuena Trini, como se nota el salero malagueño.
    Un saludo de un paisano.

    Juan.

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