Restaurante ‘El Olivo’, Castillo de Tajarja (Granada). Una vivencia inolvidable

Por José Luis Sánchez-Garrido
Domingo, 9 de julio de 2017

Este fin de semana se me hacía largo. Quizá porque en estos últimos haya tenido bastante actividad.

Trini, me lo notó y me dijo:

-Si quieres, nos vamos por ahí a comer.

-Estupendo, le contesté sobre la marcha.

-¿Dónde vamos?

-No sé, nos iremos sin rumbo.

Salimos de Albolote, hacia Atarfe, y me encaminé a Fuente Vaqueros, observando a un lado y a otro, los secaderos de tabaco, cuyo cultivo ya ha desapareció en Granada, pero quedan bastantes secaderos en pie, como vestigio del pasado, no sabemos por cuanto tiempo. Mucho cultivo de espárragos, plantaciones de perales, manzanos, maíz y alfalfa.

Hecho mi mente a recordar, hace quizá próximos a los 50 años, por esa misma carretera, a la entrada de Fuente Vaqueros a la izquierda, había un almacen de abonos, de Sra. Viuda de Valverde, era una Sra. que me impresionaba, con varios hijos muy pequeños, vendía fertilizantes, abriendo el almacén con las primera luces del alba, los niños jugaban en el mismo, no tendría otro sitio donde llevarlos. Y trabajaba con fuerza, con decisión, para mi un modelo de lucha.

Continuamos hacia Valderrubio, ví alguna venta sombreada, junto a la carretera, pero era demasiado temprano para comer, aunque el aspecto nos gustaba a Trini y a mi.

En Valderrubio, pasamos por la casa natal de Garcia Lorca, estaba cerrada, hace muchos años que estuvimos allí, y continuamos por la vega de Granada hasta Cijuela, poco a poco, cada vez hay menos campo, y más naves. La fértil vega queda engullida por las edificaciones, en fin, supongo que algún día, quedará solo alguna parcela como testigo del pasado, e incluso puede quedar algúna finca museo agricola, con cultivos en vivo, y todo urbanizado.

En Valderrubio hace 45-50 años vendía abonos D. Juan Ruiz, era agricultor serio, y algo rubio. No compraba demasiado, era muy puntual en los pagos.

De Cijuela, bueno, tiramos para Chimeneas, donde reside Sra. Inma Avila, que trabaja en Herogra, y es hija de un almacenista de abonos, hace muchos años y cliente fiel de la casa, Hermenegildo Romero Granados s. A. Pasamos junto al Castillo de Cijuela, que está cerrado, y creo es un castillo moderno, hecho hace no muchos años, en su momento fue restaurante ahora no sé.

Le comenté a Trini:

-Hace tiempo leí en el periódico y tengo varias referencias de un Restaurante en Castillo de Tajarja, con poca capacidad de comensales, y que habitualmente es difícil encontrar mesa. Vamos a ver si damos con el, y tenemos suerte.

El nombre de la población se lo da el Castillo árabe, como el suelo lo han recrecido con los años, pues se entra casi pegando con la cabeza a lo ma alto del arco árabe, accesos semienterrados.

-¡Oiga! Por favor, me puede decir donde está el Restaurante muy conocido y peculiar.

-Si, es el restaurante de Miguel que es muy amigo mio –me contesta un Sr. muy agradable.

-Tire Vd. hacia abajo, y donde está aquel coche a la izquierda y ya lo verá.

-¿Cómo se llama el Restaurante?

-El olivo, me contesta el viandante. Cuando me lo dice recuerdo que en su momento lei ese nombre.

Se aparca muy bien, hay mucho sitio, la calle es ancha.

Banderas izadas en la puerta. Puerta de entrada cerrada, menú sugestivo en un atril, escrito el mismo a mano, con letras grandotas.

Aquello es diferente. Se respira un ambiente intimo.

Entramos por un pequeño recibidor, y empujamos una puerta que da a la barra, y detrás de ella la cocina.

Nos atiende, una persona mayor, se nota nada más verlo que es un profesional, gorro de cocinero, con más de medio metro de altura, gorro elegante, camisa blanca y resplandeciente, delantal inmaculado.

Vemos delante la ordenada cocina, sin olores. Se nota que hay mucha profesionalidad.

-Me supongo –le dije- que tendrá todo reservado.

-Si así es. Pueden creerme que lo siento mucho, El sitio es pequeño, y no tengo posibilidad.

-Bueno – no se preocupe- ya sabíamos que teníamos este alto riesgo. Ya sabemos dónde está el sitio, y otra vez vendremos a tiro hecho, haciendo la reserva previa.

-¿Quieren tomar algo?

-Pues si- le contesto.

Trini y yo pedimos cerveza. Veo los diplomas, los trofeos los certificados de cursos, de Sr. Miguel Ayala, que así se llama, entro en el comedor aún desierto, del techo cuelgan innumerables lámparas antiguas y distintas. Y más diplomas en las paredes. Es un lugar acogedor e intimo.

Me gusta el ambiente. Me siento cómodo, noto que Trini, está muy cómoda. Ella es amante de la buena cocina, y buena cocinera.

La cocina se ve desde la barra, un agradable camarero, nos pone la cerveza en su punto, y nos trae un plato pequeño de mucho fondo y cuadrado de judías. Pero no poca cantidad, más bien mucha. No preguntamos la receta, pero son distintas a todo lo que hemos probado. Se enredan unas con otras, con una pasta, algo distinto. Y están buenísimas.

-Muchas judías, que nos vamos a comer, están buenas.

-¡Quieren cerveza?

-Yo sí, le digo, Trini, quiere una copa de vino manzanilla.

Le ponen la botella entera. Y le sirve la copa.

Le dijo el vino en la barra, para que se ponga lo que Vd. quiera.

-¿Podria ver si es posible, que nos diese a probar el paté de oca?

-Si un momento, y nos trae Sra Celia, la esposa de Sr. Miguel, dos grandes trozos, con sus cuchillos y su fuente de pan tostado.

Buenísimo el paté.

Es sencillamente un profesional de la cocina, trabajó en Paris y en Andorra.

-¿Y ha venido Vd. a Castillo de Tajarja? Seguramente Vd. nació aquí.

-No. – me contesta- me vine aquí, hace 15 años porque se aparca bien.

Sonrío. Estamos a gusto.

-Trabajo porque me gusta. Me tengo que cuidar la salud.

Le pregunto los años:

-70 contesta, es decir tres menos que yo. Todos los días hago 40 kilometros en bicicleta.

-No me lo puedo creer -le digo.

-Pues debe creerlo: Es una bicicleta eléctrica.

-Claro así cualquiera.

-Aprecio la vida- me dice. Si la tensión a veces se me dispara, me ha ocurrido ya dos veces.

Es un tema que me interesa, me ha pasado lo mismo:

¿A cuánto?, le pregunto.

-A 24-18.

No contesto, me callo, he pasado por el mismo trance, varias veces, y he podido sobrevivir, ahora la tengo controlada, desde hace unos meses, antes me era imposible.

Yo me he tomado dos tintos de Ribera, ya tenemos el cupo, hay que conducir. Es el momento de irse.

-¿Qué le debo?

-No debe nada, realmente no tenemos barra, por tanto como no tenemos barra, no le cobramos.

Me quedo sorprendido, es la vez primera que vamos, no nos conocen. No nos dejan pagar.

-Muchas gracias entonces, muy agradecidos, desde luego vendremos Mas de una vez.

Sr. Miguel, es un comerciante nato, ha hecho hoy un nuevo cliente. Ha invertido en un nuevo cliente. Esto es así. Hay que saber invertir, aunque tenga sus riesgos de no volver.

Nos vamos nos despedimos de su encantadora Sra. Celia, de Sr Miguel y del camarero. Mientras hemos estado allí, el restaurante se ha ido llenando.

Al salir, le digo a Trini:

-¿Esto es porque soy guapo?

-No, José no. Esto te ha pasado por venir conmigo, soy yo la que tengo comunicación con la gente, de forma directa y la guapa.

-¿Yo no tengo nada Trini?

-Si, tu me tienes a mí.

El tema es claro.

Regresamos a Albolote. Pongo la tele, pero el mando a distancia, no me funciona. Le cambio las pilas, por unas nuevas.

El mando a distancia, que es algo en el que mando todavía, cuando no está Trini, sigue sin funcionar.

Vuelvo a poner otras pilas. Finalmente me doy cuenta que delante de la televisión hay varios libros que impiden la comunicación del mando a distancia. No le digo ello a Trini. Es mejor que nadie se entere.

Volverémos a El Olivo.

Buenas tardes.

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Una respuesta a Restaurante ‘El Olivo’, Castillo de Tajarja (Granada). Una vivencia inolvidable

  1. Eduardo Tornés dijo:

    Da gusto el leer vuestras vivencias, sencillamente, claro y conciso hace que su lectura sea agradable, ya me gustaría a mi saber expresarme y contar pequeñas historias personales.
    No hay imaginación y lo siento.
    Un abrazo a los dos.
    Edu

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