Lo que nos ocurrió en la Sierra de Huelva

Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Domingo, 4 de diciembre de 2016

Mi hijo Jose y Belén tienen previsto comprar una casa, posiblemente en Galarosa,  a 30 kms. de Aracena. Están en ello, es del siglo XIX, con vigas gruesas de madera, escaleras retorcidas. Ya veremos lo están pensando. Tienen los mismos gustos que Trini y yo. Lo antiguo nos atrae. Me enseña fotos hoy en Salteras, y Trini comenta una anécdota, que nos ocurrió hace muchos años en la Sierra de Huelva.

Era domingo, habíamos salido de excursión-exploración, Trini y yo, viaje en el día, para volver de noche. Buscábamos una Venta para comer a mediodía, pero no encontrábamos en la estrecha carretera nada. y pasaba el tiempo y andábamos con el coche, y el estómago, el muy simpático, nos hacía cosquillas, de las que no dan risa, para recordarlo.

Al poco vimos junto a la carretera un muro blanco, de tres o cuatro metros de altura, con su valla protectora, y en aquella terraza, mesas con comensales, no sé 12-14 mesas.

-Aquí nos quedamos –dije yo, contento con mi suerte.

El domingo era esplendoroso, no hacía calor, la temperatura sumamente agradable, subimos las escaleras y llegamos a la terraza. Por suerte había una mesa libre. Nos sentamos. Todo feliz.

Vino el camarero. Y le dije:

-Nos trae la carta, por favor.

Le hizo gracia seguramente mi ocurrencia, y me contestó alegremente:

-El menú es único Sres.

-Bien -le dije yo- pues el menú único.

Comimos muy bien, nuestro vino, relajados. Estupendamente.

Al final, el camarero nos dijo:

-¿Vdes. no son de aquí, verdad?

-Efectivamente, no somos de aquí. Somos de Antequera. Vivimos en Sevilla.

A lo que contestó el camarero:

-¿Vienen por la parte del novio, o de la novia?

Nos quedamos de piedra, nos habíamos colado, sin saberlo de gorrones en una boda.

¡Tierra trágame! ¡Que horror! Me confesé ante el camarero, que se desternillaba de risa.
Le pedí la cuenta, que no quiso darme. Me dijo que si podía decirselo a los novios, que estaban dentro de la venta y que no habíamos visto.

A esto aparecieron los novios, y ya me acerque a ellos, diciendo mi error. Se partían de risa, a carcajada limpia. Nos pidieron que nos quedáramos. Que no nos fuéramos. Se enteraron todos los invitados, y fuimos la atracción de la fiesta. No nos cortamos y nos embutimos en la misma.

Lo pasamos en grande, al irnos nos dimos muchos abrazos. Todo muy agradable, nos dieron embutido para casa, y una botella de vino. Afabilidad y cortesía sin límites. Humor y cachondeo. Risas y guasas. Panzadas de reír y lágrimas por desternillamiento de carcajadas imprevistas.

Afabilidad y cariño. Esta es España, esto es Andalucía. El regreso se nos hizo corto, estábamos reconfortados y alegres de la vida. Sin cabreos, ni hostilidades, sin miradas de incomprensión, ni de dudas, que muchas veces tenemos del mundo que nos circunvala.

Transparencia, gentiliza y generosidad.

Buenas noches.

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