El día que conocí a Trini

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Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Viernes, 2 de diciembre de 2016

Ayer viernes llegué a Antequera, más allá de las siete de la tarde. Con gabardina en ristre di una vuelta por desentumecer las piernas.

En Calle Lucena, núm 45, me vinieron los recuerdos, hice una foto a la fachada.

Era la Semana Santa de 1958, el Jueves Santo, tenía 14 años, estaba haciendo Cuarto de Bachiller, estaba en la acera, en el filo mirando hacia la Cruz Blanca para ver si aparecía la procesión de la Cofradía del Consuelo. No habíamos muchos en la acera, un grupito aquí y otro allí. La acera un tanto estrecha.

Iba con tres o cuatro amigos. Pero no me acuerdo de quienes eran, seguramente uno era Alberto Trigueros Castillo, eramos inseparables en aquellos tiempos, pero se marchó de Antequera.

Yo pensaba que detrás de mí no había nadie, salvo alguna que otra persona que pasaba por la acera.

Una amiga del grupo me dijo. José Luis mira te voy a presentar a una amiga, Trini, que está aquí. Esta amiga por cierto era bastante fea, vivía en Calle Peñuelas, no se más.

Me volví y vi Trini, estaba subida en el escalón del portal de la casa, con dos amigas. La primera vez en mi vida, que la había visto. Era guapísima, ahora también lo es. Pero no descubro nada nuevo si digo que era una preciosidad, eso lo saben muchos antequeranos que la conocen.

Con sus ojos azules especiales, me quede totalmente impactado, como en las novelas, mi corazón empezó a latir con fuerza. Me quede embelesado, impresionado. Esto pronto hará la friolera de 58 años.

Perdí el sentido del tiempo, y empecé a soñar con ella, por las noches.

Mucho ha llovido desde entonces, aunque algún año no ha llovido nada. Mil avatares de todo tipo. Hubo años en nuestra juventud, que estuvimos diremos con las relaciones rotas relativamente. Después luchado, sentido, reido y llorado juntos. Hemos discutido y nos hemos abrazado. Hemos vivido, viajado, enclaustrado, salido y entrado, trasladado y Dios ha querido que tengamos una familia estupenda. Y aquí estamos luchando, viviendo, existiendo.

Buenos dias, nos vamos de Antequera a Sevilla, a ver los nietos e hijos naturales y políticos.

Hasta luego.

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