¿Cómo está mi Vespa?

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Por José Luis Sánchez Garrido y Reyes
Viernes, 17 de septiembre de 2016

Veo a Ramon Ortiz con su Sra., en Antequera, hoy viernes 17 de septiembre del año 2016. La Sra. es muy simpática, habla mucho y es expresiva, también muy guapa. Ramón tiene 66 años, y lleva uno jubilado.

-¿Qué tal Ramón, como te va en tu jubilación?

-Bien, Pepe -me contesta. No me puedo quejar.

-¿Por qué no te puedes quejar, es lo que se lleva?

-Pues yo estoy bien -me dice. Me levanto ando una hora con un amigo o más, me gusta ir después a hacer la compra de la casa, total estoy entretenido hasta las dos de la tarde.

Y la pregunta mía de siempre.

-¿Y mi Vespa como esta Ramón?

-Está muy bien, funciona muy bien, la tengo en el parking del coche, muy cuidada. La tengo pintada de azul.

-¿Por qué la has pintado de azul? Siempre ha sido beige -le digo.

Ramón se encoge de hombros. No sabe que decirme y al final me comenta:

-Hace no mucho estuve con ella en una Convención de Vespas, aquí en Antequera, que resultó muy bien. Funciona perfectamente si quieres te la presto, para que te des un paseo.

Mirando al pasado en el año 1962, si mal no recuerdo, estando estudiando en Sevilla, tenia una moto que manejaba mi padre, una Montesa Brio 81, matrícula me parece que era MA-28212. Ya estaba algo maltrecha. Yo había aprobado el Selectivo de Peritos Agrícolas del tirón, solo habíamos aprobado dos. Uno mi menda. En el Selectivo solo había cinco convocatorias, si no aprobabas entre las seis asignaturas, pues tenías que irte, no se permitía mas exámenes. En total en Selectivo habíamos aprox. 260 alumnos, de ellos solo tres o cuatro, eran niñas. Estábamos separados en cuatro Grupos, y de esta masa de 260 alumnos, la mitad eramos nuevos, íbamos a la primera convocatoria, lo demás eran repetidores.

De los que íbamos a primera convocatoria, solo aprobé, todos los demás a repetir. Solo entraban en Primer Curso unos 45 alumnos, porque no había mas profesores, ni aulas, ni dinero, para que la Escuela de Peritos Agrícolas, situada en Cortijo El Cuarto (antiguamente de Miura), esos son lo que pasaban a estudiar la Carrera.

Matemáticas terribles, Física, Química, Biología y Dibujo. No sé cómo, pero aprobé.

En las primeras clases, ya en el primer Curso, era otra cosa, ya era “lo bonito”, después del terrible Selectivo.

-¿Dónde está el número uno? -decía algún que otro profesor.

Y yo modestamente levantaba la mano.

-Ven siéntate, no estes tan atrás, ponte en la primera fila que te vea.

Me comentaba por ejemplo el Profesor Don Jose Garcia Fernandez, de Cultivos Herbáceos.

Al ser por consiguiente, un estudiante brillante, al ir a Antequera, e ir a ver a mi padre, y darnos unos abrazos, el sacó unas llaves nuevas.

-¡Esto para ti, Pepe!

Y ya dentro de la casa, en el cuerpo de casa, estaba la flamante moto, nueva último modelo y reluciente y brillante.

Con ella iba a Sevilla, con ella iba a las Milicias de Montejaque, iba y venía, con un motor muy silencioso en la época, una moto perfecta, que se conocía Antequera-Sevilla y Sevilla-Antequera, perfectamente, cada metro de carretera, sin autovía, y con socavones algunos, del intenso tráfico que casi como no se podía adelantar, por lo estrecho, el viaje era siempre, en alta medida, con el mismo camión delante. Se paraba en Osuna, en Las Vegas, y como las carretera pasaba por el centro de los pueblos una segunda parada en El Arahal, en los Tres Gatos.

Terminé de estudiar y me puse a trabajar, y me compré un coche a plazos, para pagar en tres años, si mal no recuerdo.

Un día me dijo, mi padre:

-Pepe, como ya tienes coche, entiendo que puedes prescindir de la moto, y se la he regalado a Ramón, así que firma aquí, para hacer la transferencia.

Me callé incluso sonreí, no había otra opción, por dentro tenía el alma destrozada. Estábamos en 1967.

Ramón Ortiz, ha estado trabajando en Almacenes Sánchez-Garrido 49 años, ahora tiene 66, y lleva uno jubilado, hace pues 49 años, que mi padre le regalo mi moto. Sin comentármelo previamente, era la política de hechos consumados. Ramón se incorporó a la casa con pantalón corto, y siempre ha sido diremos como un miembro más de la familia.

-¿Cómo está mi moto Ramon?

-Estupendamente Pepe -me contesta siempre- la moto está perfecta.

-¿Funciona bien Ramón? Si Pepe, funciona como un reloj arranca a la primera. Está esplendida.

Un día le pregunté a Ramón:

-¿Me vendes mi moto?

Ramón no se lo pensó:

-Pepe tu moto no está en venta. Tu moto no se vende.

No recuerdo haber visto mi moto desde hace 50 años, mi Vespa, mi flamante Vespa. Mi moto, mi Vespa de mis amores, cumple medio siglo de su perdida, y la añoro. Mi consuelo es que está en muchas mejores manos que las mías. Si mi padre no la hubiese regalado, yo hoy tampoco tendría moto, lo mismo que no tengo abuela. Y gracias a Ramón, la moto busca la eternidad, sobrevive al tiempo, perdura, y ya no es una moto vieja, ya es una joya de coleccionista.

Gracias Ramón por cuidar también a mi moto. Que dure muchos años más, que dure años y años, mi Vespa ha sobrevivido y ya ha pasado a la inmortalidad. Yo no pasaré, pero mi Vespa sí. Mi Vespa de mis amores. Mi añorada Vespa.

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Una respuesta a ¿Cómo está mi Vespa?

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