El horrible baño

Agua sucia

Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Lunes, 29 de agosto de 2016

“A mi hija Eva del alma, guapa e inteligente, que me ha pedido que lo cuente”

De este pasaje corren varias versiones de boca en boca, siendo yo el artista principal y único.

Fue, no se, no puedo precisar, hace cuatro años, cinco años, más o menos. Qué más da un poco antes o después.

El hecho ocurrió a unos 30-35 minutos de Granada capital en coche. Fuimos SuperLópez (Responsable de Fab. Herogra en Albolote), Sr. Alfonso Cortes (Gerente de Fertinova) y un servidor, y si, ahora recuerdo una cuarta persona que ya no está en Herogra. Ibamos sencillamente a ver una fábrica ya cerrada hace años, con bastantes tanques almacén, que por fuera tenía un aspecto diremos digerible.

Al entrar ya comprobamos que estaba mucho peor de lo pensable. La instalación fábríl prácticamente en ruinas, literalmente. Tanto es asi, que diremos la observábamos desde la puerta y si entrabamos era temorosos y muy cautos, por el peligro que pudiésemos tener un accidente y a pocos metros de las puertas de entrada. El polvo, la corrosión, el abandono se había cebado. Intentamos ver algo positivo. No lo encontramos.

El cuarto hombre se subió arriba a los tanques de almacén, le dije que no. No me hizo caso, y yo con el alma en vilo, pensando que la tapa superior del tanque podría estar corroída y caer al fondo en el interior. No fue asi, y con nuestros gritos bajó rápidamente, después de soltarle diversos improperios. Cuando estuvo en el suelo, respiré tranquilo.

Cerca de los tanques almacen había unas escalerillas, para bajar varios peldaños, allí estaban las motobombas que daban servicio a los tanques. Me lo dijo SuperLópez, y a esto me sonó el movil, me puse a hablar, mientras bajaba los peldaños, iba con mi abrigo, estábamos en invierno, y hacía cierto frío.

Observé el suelo de la habitación de la bombas, totalmente negro y limpio. Seguí bajando y hablando. Y de pronto, de pronto, el desastre total. El suelo no era suelo, era agua negra  estancada desde hace años, y me hundí en ella. Con mi peso nada ligero.

Me preocupaba en aquel momento el móvil, por ello la mano del móvil la llevaba en alto, al caer al agua negra y asquerosa.

Ví una tubería en la pared, y a ella con la mano-móvil, me agarré fuertemente a un tubo de unos 6 centimetros de diámetro. Así tenemos, el tubo, el móvil y encima mi mano. Claro el móvil crujió algo, al verse atrapado. Y yo deje de hundirme, quedando hasta el pecho, allí metido, con el abrigo, los zapatos, y toda la vestimenta.

Grite desesperadamente, y bajó rápidamente SuperLópez, temiendose lo peor, como así era.

-¡Yo le había avisado! –me dijo, pues había bajado antes.

-Pues yo no te he escuchado SuperLópez.

Realmente tenia cara de preocupación, es verdad, pero de alguna forma yo pensaba que por dentro, se estaban carcajeando a reventar. Lo cual para mi tenía un efecto multiplicador cabreistico.

Bueno pues de allí, como pude, salí. Ya os podéis imaginar, no sabía que la ropa podía acumular tanta agua.

Mi primer gesto de inteligencia fue meterme las manos en los bolsillos llenos de agua, y en una mano pues llevaba el móvil, que antes había salvado, y ahora negligentemente lo mataba. Tengo aún el móvil, me dijeron que lo dejara dias, que a lo mejor se secaba. La verdad es que no lo he intentado y lo guardo de recuerdo aciago. Menuda tontería, salvar al móvil por encima de todo, y depués sumergirlo en el agua negra embolsada.

Los zapatos eran barcas llenas de agua, además de contener mi 47 de pie. Me los quité, lógicamente.

Allí me tienes, chaqueta, camisa, pantalones, calzoncillos y calcetines, todo hecho un primor, incluido el billetero, sin billetes, eso si, pero con tarjetas.

El frio empezaba a hacer estragos, yo empapado, allí, no sabíamos que hacer. Rápidamente SuperLópez, fue a la población más cercana a comprar algo para cambiarme. Corrió en su coche cuanto pudo, a mi los minutos me parecían horas.

Vino con lo que pudo comprar el hombre en un supermercado, eran las 2,30 de la tarde.

Me quedé desnudo como vine al mundo. En una bolsa grande, donde traía la ropa nueva, fui estrujando y metiendo la ropa empapada. Menos mal la bolsa era grande y magnifica, estaba diseñada, para este contratiempo. Yo no acostumbro a ponerme desnudo en invierno. Entre otras cosas, porque supongo no soy un grato espectáculo, pero bueno, la vida es asi. Y hay que afrontarla como viene

El pantalón, me estaba demasiado grande. El polo de algodón grueso y rojo me estaba bien, y lo conservo y uso, por aquello de amortizar la inversión. Lo uso cuando estoy en casa lógicamente. El problema eran los zapatos, en vez de un 47 había comprado unos zapatos de deporte, los más grandes que había que eran un 40.

Al poco de vestirme como pude, vino un coche de la Guardia Civil.

-Buenas, que tal –nos dijeron.

-Pues hemos venido a ver la instalación.

-Tengan cuidado –nos dijeron- esto es peligroso.

-Sí, sí, muchas gracias, ya nos vamos, ya hemos visto que es peligroso.

Cerramos y nos fuimos.

Paramos en una venta, y ya relajados, nos tomamos unas cervezas y unas tapas con mucho humor, ya me reía y todo de la lamentable aventura.

Cuando llegue a casa yo no sabía donde tenía las llaves. Llame a la puerta.

-¡Quién es! -dijo Trini.

Ella, precavida, no abre la misma.

-Soy yo, Jose Luis el Magnifico.

-¡No conozco esa voz!

Total me abrió, me vio la vestimenta, en pleno invierno el polo rojo, con una enorme cabeza de elefante dorada, en el pecho, y sobre todo los medios zapatos, ya que el otro medio pìe, va directamente al suelo.

-¡Desde luego hijo mio, lo que te pasa a ti, no le pasa a nadie! -me dijo- ¡Anda, anda, dúchate, bien, que hueles a cieno!

SuperLópez alguna que otra vez ha contado la aventura, y ello pues siempre que ve el tema propicio, y que no me cabrea el que lo cuente. La verdad es que hace una versión libre, mucho más simpática que esta, y aderazada, con detalles, supongo que verdaderos. Yo como victima lo vi de otra manera. Y la gente con la explicación del mismo, se lo pasa en grande. Yo no me enfado, ¿para qué?, y me uno al jolgorio, y se me saltan las lágrimas de risa.

Moraleja: No te fíes de los suelos lisos y sin fisuras, son trampas piscineras.

En un moderno Hotel de Granada, hay pues unos estanques con agua a la misma altura de las baldosas. Es una trampa. Hace meses, un año, estuve en el mismo, con un grupo nutrido, después de cenar nos fuimos al jardín, el suelo era perfecto, era como un cristal. Pero yo estoy experimentado y con cuidado metí la punta del pie. Era agua y agua. Puñetera agua. Me quede junto al falso cristal, de guardia, ante una incidencia.

-No te vienes José Luis.

-No, estoy aquí de guardia.

Y el personal es inteligente, nadíe osó pìsar el falso cristal. Cuando aquello daba a su fin, vino un Sr. muy decidido, directo a atravesar, el patio, por encima del agua.

-¡Eh, eh!, -lo agarré del brazo y le dije:

-Te he salvado, me debes una.

Mi guardia tuvo su recompensa, su recompensa moral. Me lo agradeció efusivamente.

Si esto alguna vez os lo cuentan, esto fue más o menos así, esta aventura. Aunque corran versiones dispares, alguna malévola lógicamente.

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