El falso “El Monaguillo”

revolcon vaquillaPor José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Domingo, 21 de agosto de 2016

Voy a los Toros en Antequera a la Corrida del Rejoneo y me viene a la cabeza una vieja historia. Ahora ya a las dos de la mañana la cuento como forma para que la misma sobreviva.

Era más o menos el año 1968, yo soltero, con 24 años, vivía en Ecija, en una casa particular de la Srta. Carmelita Capitán, allí estaba ella y su hermana, para los malos pensados eran bastante más mayores que yo, y me cuidaban diremos como un hijo. Carmelita tenía una Perfumería en el Centro, yo trabajando como Perito de zona, en Abonos Liquidos de Esso Amoniaco Español S. A.

Tenía un Citroen 2 C. V. berlina de color verde, nuevo, flamante. Fui a ver a un cliente, Don Pedro Bonilla, en Lora del rio, de esto entonces hace pues casi medio siglo, pero no se me olvida la aventura que viví. En la oficina de Sr Bonilla, me dijeron que estaba en el Cortijo Sancha, a la sazón propiedad de Don Isaías y Tulio Vazquez, yo sabía dónde estaba, a pocos kilómetros de Lora, así que me acerqué a ver si lo localizaba.

Llegué al cortijo, hay que tener en cuenta que esto fue hace casi medio siglo, yo en aquellos tiempos, era un figurín, antes que los años, las comidas en los restaurantes como forma habitual de vivir, los malos ratos, la tensión, el no preocuparme para nada de mi mismo, pues hayan hecho de alguna forma descuareguindado mi arquetipo.

Si digo descuareguindado, palabraje que aprendi en Antequera, del verbo descuareguindar, que es romper, hacer pedazos, desarmar sin posibilidad de volver a quedar como antes.

En El Cortijo Sancha, había un fiestorro, un tentadero de reses bravas, y en total pues no sé 40-50 personas, los toros de dicha ganadería tenían fama de bravos, broncos y de tener mucho cuidado con ellos.

D. Pedro Bonilla estaba allí con su Sra. y como el coche tenía matrícula de Málaga, quizá por ello, tuvo la feliz ocurrencia de presentarme como un buen amigo suyo torero, EL MONAGUILLO, en aquellos tiempos en el candelabro. Yo le eché un poco de cara y asumí el papel de dicho torero.

Uno me dijo:

-Este domingo estuviste regular, fallaste mucho con la espada.

-Si bueno -contestaba yo- un mal día lo tiene cualquiera.

Me presentó a sus buenos amigos Don Isaías y su hermano Don Tulio, y seguí con el juego. Era la estrella de la reunión. Una reunión alegre y ocurrente.

Yo hoy en la Corrida del Rejoneo en el descanso para merendar, bella costumbre de algunas plazas, me he tomado dos o tres copas pequeñitas de vino manzanilla fresquito y al poco me dolía la cabeza, es la edad, pero con 24 años yo era capaz de beberme el Nilo.

Bueno, en la fiesta avanzaba el día, soltaron una vaquilla, y alguno que otro salió a torear.

-Monaguillo, Monaguillo, dale unos pases.

-No, no, ni hablar, no estoy inspirado.

Así que no cedía ante el empuje de la afición, realmente llegaba un momento que el no ceder ya se entraba en el terreno, vamos a llamar de falta de colaboración, de falta de atención. Pero yo no me atrevía ni remotamente. Y se creó pues cierta tensión ante mi negativa reiterada, era ella como una afrenta a la parroquia.

Bien, seguí y bebí un poco, y realmente ví que el toro era pequeño y fácil de torear. Observe las faenas que se le daban, y pensé que yo lo haría mucho mejor del tirón. En un momento dado vi el tema tan fácil, que dije:

-Vale, de acuerdo, voy a torear un poco, ruego que haya silencio pleno. Y que cada uno ocupe su puesto.

Al decir ello, recibí una gran ovación.

-Ten cuidado Jose Luis –me avisaba Pedro.

-No te preocupes Pedro -le dije. Esto esta chupao, sin problema alguno.

Salí a la plaza, tan diligente y atrevido, sin miedo de nada. Anduve tres metros no más separados de la barrera, la vaquilla estaba en la parte opuesta, me vio y se vino a toda velocidad hacia mí, yo ví que no iba al capote, venía a por mí, a liquidarme. Tenía una mala leche de impresión, estaba cabreada, y cuando se acercaba la veía más y más grande.

Puse el capote arrogantemente, sin miedo, pero la vaquilla no fue al capote, fue a tirar, a pisotear, a machacar a este que escribe, al falso Monaguillo.

Me rompió los pantalones, la camisa, me volvió a pisar, y no dejaba que nadie se acercara a mí, y además yo no se si llegó a mearse encima mía.

Yo salí como pude, totalmente maltrecho, me esperaban, pero salí corriendo, no dije adiós, y me metí en el Dos Caballos Citröen, me dijeron que no me fuera, no hice caso, el jolgorio era general, Pedro decía que era una broma, no es el Monaguillo, es el Perito de los Abonos Líquidos. No me despedí, arranque el coche y me fui sin decir ni adiós.

Los dientes me castañeaban, me daban unos con otros con los temblores, y el volante vibraba, pues las manos no paraban de moverse con los temblores, asi conduciendo me iba a matar, sin toro. Y ya en la carretera general de Carmona a Ecija, me metí en un camino ancho y paré. Los temblores iban a más, el miedo que tenía era supino. No se cuánto tiempo estuve, quizá una hora, hasta que me tranquilice y continué para Ecija, menos mal que encontré parking junto a donde vivía, pero tenia que atravesar el hueco de una “U”, que hacían tres edificios, yo vivía en el edificio de la base de la “U”, y procuré que estuviese despejada para atravesar el espacio y subir al tercero sin ascendor.

-¡Pero como vienes! -me dijo Carmelita muy alarmada.

-¿Te has peleado? ¡Vienes destrozado!

Le conté mi aventura.

-¡Cuidado con tus ocurrencias Jose Luis¡ ¿Cómo se te ocurre?

Bueno me duche, me puse el pijama, me preparó un caldo, ella me apreciaba mucho, y su hermana que era más rarillla, también.

Esto fue lo que me pasó. Ya no me he puesto jamás delante de una vaquilla, y he tenido variadas ocasiones, vamos a decir 8-9 en mi vida. En una por cierto estaba El Cordobés, además curiosamente, estaba en la plaza, sentado en la arena, con la espalda en el burladero, y no se movía en absoluto, mientras otro toreaban una vaquilla, el dio después unos pases, era un artista, un genio, al que le seguía los pasos día a día, pero esa es otra historia.

Cuando veo en las tientas como compañeros se han lanzado a torear, me da miedo, y procuro que no lo hagan, sin éxito por supuesto.

A los pocos meses volví al Cortijo, con Sr Bonilla, y ya con tono humorístico recordábamos mi debut como torero.

Dicho está.

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