La zona húmeda

Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Miércoles Santo, 23 de marzo de 2016

Humedad

Me pasan cosas insospechadas. Hoy en Antequera, llegado desde Albolote, veo un hueco para aparcar, y lo hago, pero no me fío, porque es una zona donde creo que me pueden multar. El guardacoches clandestino me dice que no me pasa nada, que es para descarga de camiones, pero no me fío del susodicho guardacoches, no me gusta el brillo de su mirada, que no dice nada.

Y veo un hueco en batería al otro lado de la calle, a uno que acaba de marcharse. El clandestino guardacoches para el tráfico, y me guarda el sitio, entro en el nuevo aparcamiento, pero es muy estrecho y no hay espacio para abrir la puerta. Salgo hacía atrás, para recuperar el anterior parkin, pero en esto entra un coche grande y lo pierdo.

Hago la siguiente reflexión: Está visto que no se pueden hacer las cosas muy bien, porque salen fatal, es mejor medio bien, y correr algún riesgo. Los que hacen las cosas muy bien, hacen muy pocas cosas, entonces al final no han hecho casi nada. Ademas he dado la propina y no he aparcado.

Aparco en un sitio sin salida, de difícil acceso, espero que mañana encuentre el coche, está desprotegido. Pero en el fondo estamos todos desprotegidos.

En la Alameda, en mi Antequera, está tocando la legión, me paro y la observo un rato, sobre todo las manos del “legionario director de orquesta”, con sus guantes blancos, casi hasta el codo. Son brazos que hablan, oigo la música, y los canticos legionarios que me encantan y veo las manos del que diríge la banda de música. Llevan perfectamente el ritmo, y la legión, me encandila.

Pero la dejo al rato, voy al estanco de la Alameda y compro el Sur de Málaga, no hay ya apenas prensa, son mas o menos las una de la tarde, me llama Sra. Ana Romero por teléfono, mientras la legión circula ya por delante de mis espaldas, escucho un saludo en la espalda, es mi cuñado Juan, me siento un ratito en la Alameda con él, con su Sra., y con su nieto y nieta.

Un amigo de antiguo, Antonio Ramos, me comenta que el primer día que me incorporé a Amoniaco Español se vino conmigo en mi coche a Málaga, un Seat 600, matricula MA-28 212, el iba a otra cosa, pero se enteró pòr mi padre que yo marchaba a Málaga y se vino conmigo, me comenta que estuvimos en la misma pensión. Recuerdo algo allá remotamente.

No salg en toda la tarde, ni Trini. Si vamos a comer a El Adarve, que pillé mesa por casualidad, estaba atestado, y había turistas que entraban cada dos por tres, pero no había sitio y se marchaban, algunos incluso cabreados de que no hubiese sitio.

Llevo casi tres meses, sin venir por Antequera, entre hospitales, post convalecencia, y humedades.

Sí, sí , humedades, el rincón húmedo, en la Calle Merecillas, en la Casa Grande, como pone la factura de limpieza, quizá para cobrar mas, entras y está el zagüan, que algunos mas finos le llaman el San Juan, y ya en la casa, está “el cuerpo de casa”, grandote, de donde se inician las escaleras, de este cuerpo de casa, se comunica en la “sala de estar”, que es donde se acurruca Trini, la salida al patio, la entrada a la gran cocina. En fin, este cuerpo de casa, entrando al frente a la derecha, el cabrón, siempre está húmedo, y si se seca es con único objetivo de crear falsas esperanzas, y después irrumpir más húmedo que nunca. Y bueno, sufre los cuadros que cuelgan, y un mueble traseramente, por la humedad.

El rincón húmedo pervive conmigo hace ya muchos años, hay una lucha despiadada con la humedad. Ahora no he querido ir, hasta que tuviese arreglado, no quiero polvo ni albañiles, quiero orden un día que voy a descansar, o unos días, no quiero incomodidad.

La “batalla del rincón” lleva años, incluso ha despertado euforias, ¡ya hemos dado con la avería!, se me ha dicho varias veces. Ocurre, que estaba en el suelo de la terraza, que hay encima del cuarto de baño, la hemos levantado y había un tubo picado. Bueno pues asunto arreglado, pues no al poco tiempo, la humedad que permanece un tanto agazapada, villanamente, de nuevo aparece con furor.

Albañiles de nuevo, ¡ya lo hemos descubierto!, se me cuenta alborozado, es una tubería que va en vertical hacia arriba, a un depósito de agua que hay en el tejado, de cuando las casas tenían agua de reserva, pues la cortaban a las cinco de la tarde, hace 50 años y un día. Yo pienso que al buscar la tubería han dado con las herramientas en la tubería la han auto roto, y al ver cómo sale el agua, pues bueno nos hemos auto engañado.

Otra vez llevaron una maquina con una gran ventosa para absorver el agua del muro de la pared, muro grueso donde los haya, “de tosca” y quizá un metro de espesor.

Y así hemos venido todos los años, la guerra del rincón húmedo, que a a veces, se le han unido otros puntos, por aquello de ser solidarios, con el rincón maldito.

El cuarto de baño, se ha puesto un falso techo, y los tubos por encima, y además de ha taladrado la primera planta, en busca del agua perdida. El salidero oculto, y maldito de la desesperanza. El sueño imposible de tapar el agujero.

Y además se han pegado el tejado de la casa, con la del vecino, pues puede que por esa unión, entrara agua.

La ilusión perdida, de la búsqueda de solucionar un problema imposible. ¿Habrá que derribar la casa para buscar el salido de agua?

Miles de conjeturas y de osadas opiniones, disparatadas ideas, en busca de chorro perdido y oculto, y lo que no sé es como teniendo el Seguro, tengo que pagar, no lo del chorro perdido, sino lo del chorrito de otro rinconcito.

Alguna que otra vez la Cía de Seguros no se ha hecho cargo del arreglo, ya que ello, no sé, corresponde a motivos estructurales, no lo sé, pero no se ha hecho cargo, del cargo, y en otras si, esto es un lio,

Bueno, antes de venir se me ha dicho: Ya por fin, hemos descubierto la avería, procede de la casa de un vecino, y la tenía hace años por lo visto. No sé que vecino es, es más, no quiero saberlo. Es más, no quiero ver la cara del vecino, porque vaya que le diga cuatro cosas al vecino. No sé nada. Nada de nada. ni poco ni mucho nada.

Ahora vuelvo, y no hay humedad, o hay poquita porque tarde tiempo en secarse. En fin, no sé esto de una casa grande, era un sueño, ahora es un problema pues para Trini y para mí con un mini piso nos sobra. Y un poquito de salud por favor.

La vida evoluciona, ayer, deje los cajones de la mesa de mi despacho en Albolote abiertos. Como me sonó el móvil ,qué también está mal educado y a las tres llamadas o cuatro salta el contestador, me levanté rápidamente, sin mirar el cajón abierto, y me ha dado con el pico del cajón metálico, en mi mismísima rodilla de cristal. Para que sufra a fondo, mientras subo la escalera de mármol, y Trini me critica que porque ando así tan mal.

En fin ahora estoy en la Biblioteca, cuya chimenea gasta un camión de leña al día, una barbaridad leñera.

Pues prefiero no salir, prefiero leer que no tengo tiempo y prefiero distraerme con escritos vanales como este, pero para mi trancendentales. Dentro de mi auto terapia.

¿Qué tal estás? Me preguntan y digo “Espectacularmente saludable”, le contesto al menos despierta una sonrisa. Y por razón econonomica, me ahorro de dar una explicación.

Aunque no sea precisamente así ¡Que cosa tan extraña el hombre! Nacer no pide, vivir no sabe y morir no quiere.

A veces de tarde en tarde, se escucha algo agradable, ayer concretamente, alguien a quien respeto mucho, un Sr. de los pies a la cabeza, que hacía años que no hablaba con él me dijo: No estamos en contacto pero sigo tu vida. Tu siempre Jose Luis, has marcado el paso. ¡Marcar el paso! ¡Izquierda, izquierda, izquierda, derecha izquierda, un, dos , tres, cua, un, dos, tres cua. Izquierda, izquierda, izquierda derecha izquierda. Un, dos, tres, cua…!

Marca el paso, para que todo funcione. Digo yo. No, no, le dije, no es así, yo soy el soldado, a mí el paso me lo marcan.

No, no Jose Luis, tu marcas el paso.

Que no que no

Que no, que no.

Que si que sí.

Que no.

Pues si.

Sabe Dios, quien marca los pasos.

Mi antiguo amigo Antonio Jimenez Pinzón, que vive en la cercana Estepa, hemos contactado, vía virtual, después de 51 años sin vernos, nos hemos prometido vernos y contarnos alguna que otra historia. Es curioso el reverdecimiento de los amigos de medio siglo atrás.

Pero será verdad, que la salida del agua es del vecino, o dentro de nada, aparecerá cerca, diciendo ¡Aquí estoy de nuevo!

El tiempo dirá. Sin duda el tiempo dirá. Supongo.

He dicho.

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2 respuestas a La zona húmeda

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