La alfombra y el Jueves Santo en Antequera

Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Jueves Santo, 24 de marzo de 2016

66-66-thickboxSiempre me ha cautivado el señorío del enorme salón de la casa de mi hermana Mely, y en buena parte debido probablemente a la una gran alfombra. Debajo de la misma, hay un paño con la misma dimensión de algodón, para que la alfombra no patine sobre el suelo, y está capa textil, sirve de pegamento, entre la alfombra y el suelo, teniendo exactamente la misma dimensión.

Yo copiador nato, he deambulado por mi vida, buscando una alfombra, pero eran caras. Compre una hace años, y por ahí está, al decir años hace 40 años o más, pero sus dimensiones son mucho menores, y no luce, si bien quita el frio del suelo, en los amaneceres invernales, la tenía en el dormitorio, pero la alfombra ha volado, o voló.

En Marruecos, como no, compre una alfombra, y fue el timo alfombrero, a los pocos días, perdió el color, y quedo fatal, y el hilo casi también.

Y mira por donde me llama mi hermana Mely hoy: Pepe Luis, voy para tu casa, espérame en la puerta, te llevo una alfombra en el coche, y ya sabes que no puedo parar, por el lío de colapso de coches que organizo. Te llevo mi alfombra, he reorganizado el salón.

Y así desde hoy Jueves Santo, el cuerpo de casa, de Calle Merecillas, luce la alfombra maravillosa. La alfombra mágica. Un día de estos cuando se quite el frío, me sentaré sobre ella, para ver si vuela, y darme un paseo elevado por las calles de Antequera.

Y además trae un perfume para Trini y una colonia para mi, y sentencia: A los hombres le va mejor la colonia y las mujeres, el perfume, la colonia que te he comprado es la que usaba Gabriel.

Para compensar Trini, le entrega una botella de aceite de 750 c. c. de buena calidad, de un regalo a ella, de Sra. Natividad Romero, de 12 botellas, y también un paquete de garbanzos, que entre otras cosas compramos, más allá de Loja, en una gran tienda junto a la autovía, en lo alto de un cerro de una jamoneria. He salido ganando. La alfombra tiene bonitos colores y bien cuidada, luce mucho, la compré a Bravo, me comenta.

Nos vamos a la Iglesia de San Pedro, a ver las procesiones por la mañana, en sus templos, y después a la Iglesia de Belén, a ver a la Virgen de los Dolores, la Virgen de Trini, ella vivía al otro lado de la calle, frente por frente a la Iglesia de Belén.

Antes pasamos por la Iglesia de Santa Eufemia, patrona de Antequera, o una de las patronas, ya que se conquistó Antequera en 1410, y era el día de varios santos, total que después de varias votaciones, salía siempre que la patrona debía ser Santa Eufemia.

Ya no hay monjas en el convento, las cuatro que quedaban oigo que se han marchado a Archidona, el convento debe ser inmenso, otro convento abandonado o cerrado, otro más, con unas buenas instalaciones, debe ser supongo por falta de vocaciones, o por falta de prespuesto, no sé. Siento nostalgias.

En la Iglesia de Belén, hay una gran cola para entrar, muchísima afluencia, yo creo que hay mas turistas que nativos, quizá los de Antequera, en buena medida estén en la Costa, no sé. Los tiempos cambian y todo gira.

Me encuentro a mi hermano Antonio y Sra. Maria José, lo veo bastante mejor, muy bien, nos sentamos y hablamos.

Antonio -le digo- yo pensaba que de esta no salías, estabas más para allá que para acá. Estabas semi-muerto Antonio.

El me sonríe todo le cae bien. Si es verdad Pepe, pensaba que los días los tenía contados, pero finalmente, he pensado que es mejor vivir, que morirse.

¿Cuántos años tenemos de diferencia, me dice?

Seis, Antonio nos llevamos seis años y un mes de propina.

Ellos se van, están ejerciendo de abuelos, les dejan nietos.

Al salir y por móvil he conectado con Mely grande, que va con su hija Mely chica. Me entrega una obra de arte, un libro que no está en la calle, quizá el primer libro o el segundo. Que haya entregado cuyo titulo es: “El alma con zapatos planos”, que ella Carmen Requena, ha publicado. Viene con un lacito que lo cierra en vertical y en horizontal y un adornito, y además un pequeño faccisimil pegado “nueve poemas y un puñado de palabras”.

El libro es soberbio, sorprendente, una novela donde elementos familiares salen con otros nombres, por la tarde me dedico a leerlo pero tiene mas de 300 paginas y lo hago de 100 en 100.

El libro, me dice Mely Requena, después de leerlo, debes guardarlo en un cajón, y dejar que fermente, y a las cuatro meses, volver a leerlo, me sorprende lo de fermentar libros, no se me había ocurrido.

Un libro abierto, es un cerebro que habla.

Un libro cerrado, es un amigo que espera.

Un libro olvidado, es un alma que perdona.

Un libro destruido, es un corazón que llora.

En la contraportada esta este escrito:

El alma con zapatos planos

Recuerdo que éramos felices

A los días les faltaban horas y para no desperdiciar

las noches, sonábamos.

Así es como Beatriz Alaya atesoraba el pasado,

envuelto en lazadas rosas y con olor a lavanda,

hasta que un simple accidente doméstico, que es

cualquier cosa menos eso, la obliga a escarbar en

la montaña de prejuicios que se han ido amontonando

en el estrambótico jardín de la infancia.

Y, en medio de todo, Elena.

Esa desconocida, que subió en un tren.

Luego dijeron que era culpable.

Pero culpables, los éramos todos.

Libro perfecto, como lo son las obras de Carmen Requena Sánchez-Garrido, un nuevo lenguaje, donde las palabras se enredan, en le pasamanos de la escalera, con espacios entre líneas para pensar, en frases cortas para resumir, y en una obra, escrita, pulida, cuidada, estudiada, pensada, trabajada y difícil de superar.

Nos vamos a comer las dos Mely, Trini y yo, a Arte Cozina, y la verdad es que nos hemos alegrado, unos precios ajustados, muy buena calidad y servicio, y un entorno de buen gusto, además uno de los dos hijos de Sra. Charo Carmona, es Ing. Técnico Agricola.

Ya en casa, me recluyo en la Biblioteca, donde me faltan todas las horas del mundo, donde el tiempo se para. En esta quizá última vuelta del camino.

Y no Mari Tere, hermana pequeña, no estoy triste, ni alegre, simplemente estoy, que ya es bastante, en este mundo apasionante. Donde los pensamientos se enredan, despacito y al compás, despacito y al compás, pues despacito el compás de bulería se convierte en soleá.

Buenas noches.

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