El mercadillo de “El Jueves” en Sevilla

El Jueves

Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Jueves, 7 de agosto de 2015

El otro día hablando con alguien, cuyo rostro no está, cuya voz no oigo y cuyo nombre no tengo ni idea ahora, me comentó: José Luis, no te vayas de Sevilla sin volver al mercadillo de El Jueves.

Hará 30 años que no voy por el mismo. Ayer planifiqué ese pequeño esparcimiento. Sé que empiezan a ponerlo a las 7 de la mañana. Desayuné el café descafeinado de maquina con lecha y sin azúcar ni edulcorantes y media tostada con aceite y jamon en La Sierra, junto al piso donde vivo en Los Remedios, y proximo a las ocho, encontré un hueco en la Calle Santana, donde aparcar, eso si, con una rueda encima de la acera ligeramente. Quería volver pronto.

El mercadillo de “El Jueves”, está donde siempre, en la Calle Feria, donde ha estado durante siglos y siglos, parece que desde siglo XIII, la mañana era grata, y mil recuerdos se agolpaban en mi mente.

En mitad de la calle, tropecé con Luis Andujar de El Desván, en una librería de viejo y de antiguo, cuyo recuerdo no se ha perdido en mi retina. El Desván, en mi memoria lo tengo como el almacén de libros más grande que he visto en mi vida, libros y libros. Luis me conoció y yo lo conocí a pesar de los años.

El Desván lo cerré en 2001, me comenta. Lo cual me sorprende, en mi mente lo tengo muy vivo y activo.

-Si estás por aquí –me dice- dentro de un rato, nos encontramos, y te invito a café, allí verás a tu amigo Fernando Tejada.

Me entretengo viendo puestos, pero el que no sabe lo que busca, es raro que le guste lo que encuentra. Libros, cuadros, y como siempre lo más variopinto, tiene el mercadillo, cierta distinción, cierto arte, no es chabacano, es un mercadillo con personalidad, con bouquet.

En un momento dado a los 30-40 minutos veo de nuevo a Luis y me dice:

-Venga José Luis, vamos a la cafetería.

Entramos a la misma, está limpia y es pequeña. Allí hay tres o cuatro personas sentadas alrededor de un mesa, y Fernando Tejada con cara de felicidad, detrás tiene la pared.

Se queda mirándome. No me conoce, no me identifica, yo perfectamente. Hasta que Luis le dice:

-Es Jose Luis Sánchez-Garrido, Fernando con el despiste, es que no lo ves.

Fernando se levanta y me da un abrazo. No me hace mas comentario. Hablamos como no de libros.

-Yo, dice Fernando, he vendido poco a poco mi biblioteca, ahora compro algo, y tengo poco unos 2.000 volumenes, pero mi biblioteca la vendí hace años. Yo conocía los libros que tenía hace 45 años cuando iba a su casa, antes de separarse, después sé que tenía muchos más, por su hijo Sergio, que de vez en cuando lo he visto en Albolote.

-Ahora está en Malaga, me comenta Fernando.

Yo vendí los libros bien, poco a poco, antes de que bajaran de precio.

-¿Han bajado mucho, le pregunto? Pues si ahora nadie compra libros, los precios han bajado al menos un 40% o más, las nuevas tecnologías se los están cargando, cada día se compran menos.

Luis, me dice que salvo los libros antiguos, es decir los que son anteriores a 1850 aprox, y los libros con buenas encuadernaciones, los demás los precios están por los suelos.

-Yo hago mucho senderismo, me comenta Fernando Tejada, que se le ve alegre, con ojos felices y sin un gramo de grasa. Ando todos los dias 15-20 kilometros, me dice.

-Yo Fernando, hago al día 15-20 metros, le contesto.

El café está bueno, ni muy caliente, ni frio, en su punto, me cae bien.

Luis me dice que tiene una nave de 300 metros cuadrados llena de cajas de libros, y otra de 150 metros cuadrados. Miles de libros en venta. Haciendo un mocho podría hacerse uno, con una biblioteca tremenda, increíble, donde harían falta muchos camiones para su transporte, y no digo ya para ordenarla.

Los ojos se me ponen como platos, pensando en la locura, que supondría semejante arsenal, y el enorme sitio que ocuparía y las mucha estanterías. Son demasiados libros.

Me quiero deshacer de ellos. Luis siempre tiene el mismo aspecto, el aspecto no le cambia, los años sí.

Me enseña cuatro libros, una colección de agricultura, si muy bien, pero su precio es muy alto, son antiguos los cuatro cuatrocientos euros.

Te compraré uno, de 1948 de buenas pastas, primorosamente encuadernado: Biografía de Venecia, de Eduardo Aunos, y bueno otro de leyendas ya normalillo que no me cobra. Total 30 euros. Pero no quiero irme sin un libro de Luis. Me lo ha recomendado y el sabe, y no engaña.

Me marcho un poco rápido, al salir hago dos fotos en La Alameda de Hércules, se me ha pasado hacer fotos en el mercadillo de El Jueves.

Sitio de nostalgia, de emociones y sorpresas, aunque haga calor que sobrecoja, aunque haya frio que queme, aunque el sol se esconda y calle el bullicio, o no lo oigas, si ves las caras amables que te atienden e informan, donde a veces te puedes encontrar de todo como una colección de mini libros de los cuentos de Calleja, de hace 60 años, cuando se decía “tiene más cuento que Calleja”, pues el mismo se infló de escribir cuentos, cientos de cuentos. Veo la colección la observo, me mira el que lo vende, los miro, pero no pregunto, solo veo, y me acuerdo de un amigo que colecciona mini libros, muchos mini libros como es Sr. Alfonso Gonzalez Vergara, al que hace años que no veo. Y si de vez en cuando de muy tarde en tarde hablamos algo por teléfono. ¿Cómo estás? ¿Cómo está tu familia? ¿Y la tuya?

Me marcho con mis nostalgias, si no sueltas el pasado ¿cómo agarras el futuro?

Buenas noches.

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