A Don Juan Alcaide de la Vega

Juan Alcaide

Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Sábado, 24 de enero de 2015

En el WhatsApp, este martes ya tarde, leí tu fallecimiento Juan, era una comunicación familiar, entre hermanos, cuñados y cuñadas, en una cadena que llamamos, “hermanos pilones” (por haber sido todos los Sánchez-Garrido Reyes bautizados en la misma pila bautismal, y además en nuestro caso con la misma madrina). En los mensajes se indicaba no se sabía aún la hora de tu entierro.

Me sorprendió, me quede parado, y lo sentí, y lo siento. Eras de las personas con las que tenía muchas conversaciones pendientes, para hablar del mundo, y sobre todo para aprender Juan, aprender de ti, con tiempo por delante, y son las conversaciones que nunca vamos a tener Juan, pero seguiré leyendo tu obra, que es una forma de saber más. Bueno no sé con tanta tecnología tendremos conversaciones virtuales, aunque ello no es nuevo, las comunicaciones virtuales siempre han existido.

Yo por la mañana del miércoles, salía con Trini, desde Granada a Sevilla. en un viaje continuado de mi vida, ahora más acentuado que nunca. Salía con el coche cargado hasta las trancas, la verdad es que no entiendo mucho ello, pero por unas cosas u otras, cada viaje parece una mudanza. No me lo explico, no tiene sentido pero es así.

Entre los dos ejes de mi vida Granada y Sevilla, o Sevilla y Granada, tanto monta, monta tanto. Con el epicentro de mi vida siempre Antequera eso si, Antequera la deseada, la que siempre llevo dentro, en la que estoy mentalmente, pero que continuamente paso por su lado. Estoy sin estar, estoy pero no estoy. En la que tengo la casa para estar, y el sueño de estar, pero que quizá los sueños no se realicen, para que realmente no pierdan su personalidad de sueños. No lo sé, el tiempo dirá.

De esta guisa, con el coche a reventar me era difícil hacer escala en Antequera, y sin tiempo pues cargar el coche, ya es una obra de ingeniería que requiere mucho pensar y esfuerzo, y ver como acoplas el mundo en un receptáculo, todo una montaña de cajas y objetos, cestas y bolsas, maletas y maletines, ordenador y papeles. Y una de las cosas que nunca he comprendido Juan, comprar alimentación en Granada para llevarlo a Sevilla, y también al contrario. No lo entiendo Juan. Pero la verdad es que tampoco tengo porque entender todo.

No fui a tu entierro Juan porque no pude, también por motivos ya de edad, de lentitud y de fuerza, y de tiempo. te has marchado de aquí Juan, y me queda la imagen de tu sonrisa y de tu mirada de águila observadora del mundo, observadora de la belleza, entonces quedé mentalmente en hablar contigo Juan. Desde este entorno Juan, porque la vida es así, y los sueños forman mucha parte de la misma.

Yo te quiero decir Juan lo que a lo mejor seguramente te he dicho alguna vez, siempre he admirado desde niño tu pluma, inteligente, la claridad expresiva, la gracia antequerana, la ironía simpática, sugestiva e inteligente, que no molesta y hace sonreír. Y lo bien que hablas Juan, la fuerza de tu voz, y lo docto de la misma y los mensajes que emites. Siempre para mí has sido un referente, y un escritor que quedará en los anales de la historia de Antequera, un escritor destacable por su inteligencia.

Empecé leyendo tu libro de gastronomía, lo cual he hecho dos o tres veces , hace ya muchos años y continúe leyéndote Juan y últimamente tu “Memorial de Retaguardia”, que compré como siempre en Librería Macías, la librería de tan entrañables recuerdos, aunque el amigo Macías también nos haya abandonado, siempre acompañado con su Sra. la cual continúa, para suerte de todos.

Muchos domingos, hemos coincidido en “ El Estanco de la Alameda”, comprando la prensa. Y nos hemos saludado y charlado del mundo.

Leo ahora de nuevo la presentación que me hiciste de uno de mis libros Antequera otra vez, colgado en mi blog de internet, con tu estilosa pluma y con ese antequeranismo que siempre has desplegado, por los cuatro costados, y donde me comentas mi desorden, lo cual en cierto modo es así, menos mal que tengo a Trini.

Pero amigo Juan, cuando he estado en tu despacho, con torres de libros encima de la mesa, y otras columnas de libros encima de las sillas, pensé que me superabas ampliamente, y me callé, me dijiste que lo estabas ordenando y por eso estaban así, volví al tiempo Juan, y por lo visto seguías ordenando. Sonreí y me volví a callar.

Tu sala de trabajo es otra cosa, toda llena de libros si, pero con mesa camilla y acogedora, preparada para escribir, soñar y pensar. Te gustaban mucho los libros Juan, y a mí también. Un punto fuerte en común.

Te has marchado, no pretendo hacer ningún panegírico Juan, de canto de alabanza, sin duda te harán muchos, te lo mereces, yo no estoy preparado para ello. Simplemente quería decirte Juan, que para mí siempre has sido una persona genial, una persona diferente, un escritor casado con Antequera, yo modestamente Juan, y a muchísima distancia, continuo esa senda, que me gusta y me atrae. Tú eres una personalidad, en la literatura sin duda, y en tus sugestivas conferencias maestro de la disertación, eres un filósofo sin titulo, has sido una biblioteca andante, has sido una cámara de video de alta resolución captando al mundo, y procesando en tu cerebro de alta capacidad, y has sido un catedrático de la vida,  Juan. Un constructor del pensamiento, un estupendo artesano de las letras. Un piloto de avión, sin avión, Juan, volando por el mundo

Descansa en paz amigo, te esforzaste en hacer todo lo bien que pudiste. Que fue bastante.

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