Recuerdos de la Navidad en Antequera de hace 60 años

 

10416600_356412597867806_1828279220361600549_nPor José Luis Sánchez-Garrido
28.12.2014, Día de lo Inocentes

En la Nochebuena, a las 12 en punto de la noche, se iba a la Misa del Gallo, al Colegio de la Inmaculada, o la Parroquia de San Isidro, hoy ya lamentablemente desaparecida, donde estaba el cura Miguel, y antes era una cena, con toda la familia en pleno, no había excusa, para salir: “La nochebuena en casa, después hay 364 días para salir, pero este no”.
Y se cantaba, unos peor y otros mejor, se cantaban villancicos, y se tomaban después de la cena los muy celebres mantecados de Antequera, hechos con primor por las abuelas y cocidos en el horno de la panadería de la Calle el Plato.

Y se tomaban licores raros, licores rarísimos que solo se tomaban en Navidad. Sin calefacción, con el calor de la mesa camilla, en la gran cocina, y antes la cena formal en el comedor. Donde había que ir bien vestido y bien limpios pues una noche tan señalada se lo merecía.

En lavarnos todos, pues en la bañera, que teníamos agua caliente, ya que la lumbre de la cocina de leña, además de calentar las ollas calentaba los tubos del agua para que saliese caliente, “pelando”, como se le día entonces. Cada uno con su agua limpia en la bañera. Y con la ducha, por muy bien, que poníamos las cortinillas, el agua inundaba el cuarto de baño “porque no teníamos cuidado”, la ropa de cada uno limpia se ponía en una silla, en cada silla, la ropa de cada cual, y las sillas “todas preparadas” y alineadas.

Mientras se cocinaba, yo no podía entrar a la cocina, no me dejaba: “niño sal, aquí no pintas nada, esto no es cosa de hombres”, y bueno así lo aprendí, yo por consiguiente no tengo la culpa de no saber cocinar. Aunque ya creo que ni hace falta, con tantos precocinados, solo tienes que saber meter las cosas en el microondas.

Esta mañana prepare café con leche para llevarlo a la cama a Trini, serían las siete de la mañana. Yo normalmente la leche la caliento en la vitroceramica, en un jarrillo. Pero no lo encontré y puse el vaso en el microondas. Al abrir el microondas la leche salió disparada dándome en la cara, después de ser proyectada al techo del microondas.

Esto del microondas antes no estaba, estaba la “hornilla”, que no era fácil al menos para mí el encenderla, y que se hacía con “la torcía”, llamase así, a un trozo de trapo, mojado en aceite y el trapo retorcido, para que no se gaste mucho aceite, y a un extremo se le prendía fuego y ardía más o menos lentamente. El trapo procedía generalmente de calzoncillos blancos viejos, así que lo de reciclar, que es tan moderno, es la palabra lo moderno, y a veces nos creemos que las palabras modernas, contienen cosas nuevas, y en su mayoría es lo de siempre, lo mismo de siempre, pero estrenando nuevas palabras, no antiguas.

Lo bueno de todo aquello, y que se ha perdido, es los “olores”, que pena que con tantas finuras se hayan perdido los olores de las cocinas. Voy a confesar, que me gusta el olor a un guisado de coles, que se olía a un kilómetro, hoy dicen que huelen pues asi será pero mucho menos.

Antes con los olores el aparato digestivo, pues empezaba a funcionar un rato antes, con los olores, la emisión de jugos gástricos era continua, y no encontraban nada, era la sensación del estómago vacío.

Hoy priva el envase, el contenido pues bueno, será lo que sea, pero el envase, sobre todo debe ser “abrefacil”, no se puede perder el tiempo en ello y con el pollo lleno de hormonas, ves que las tetas te han crecido como te pases un poco de la ración, me comentaban y que por ello no quiere pollos de granja.

Antes había pollos del campo, auténticos, porque la trazabillidad era una vecina que lo criaba en su patio, nada de normas ISO, y que tu supervisabas de vez en cuando, nada de confiar en la etiqueta, con el nombre de “pollo del campo auténtico”. Pero un buen pavo o dos, criado en el campo, propio de la Navidad, enormes pavos, que había incluso que matarlos, lo cual necesitaba pues personas de características especiales mata-pavos. Y quitarle las plumas y guisarlo lentamente, hasta que el pavo, ya muerto y troceado, te tiraba de espaldas de bueno que estaba.

En la Nochebuena no había regalos, eso para los Reyes. Ahora los Reyes ya vemos que se los han cargado, al menos en buena medida, y tan majestuosos lo hemos sustituido por un gordinflón, cutre vestido de rojo, del otro lado del Atlántico, que prácticamente se está adueñando del mundo.

En la Nochebuena los padres, no ponían limite en lo que a beber se refiere, ni a comer. La fiesta lo requería.

Después se iba a las vecinas, o las vecinas venían para dar la felicitación de Nochebuena. Todo ello antes de dormir, pues se quedaban en la cocina junto a la mesa camilla, contando historias, historias de familia, historias de vecinos, historias sorprendentes, y se hablaba de la guerra, y de los años del “hambre”, y de los que mataron en la guerra, y los que se murieron después de la guerra e incluso antes.

Había que ir a hacer pipí al cuarto de aseo, atravesando el gélido patio. A con el atraviese el pipi se congelaba y se llegaba al cuarto de baño para nada.

No me acuerdo de mucho, pero no se podía salir a ver a la novia, era días de estar con los padres, eran días en los que se procuraba olvidarse de todo, y al menos esa noche ser feliz. Todo más limpio que nunca, si cabe, todo ordenado y todo reluciente.

Estas navidades sevillanas, para mí son raras, hoy domingo, me levanté a las siete para irme a la Oficina, me ha ocurrido algo que no me pasaba hace muchos años. Seguramente o seguro que esto me pasa por seguir envejeciendo. Y además al estar en buena medida con Trini, de alguna forma he procurado saborear el que estamos juntos, en los cuales muchos matrimonios no duran demasiado, el nuestro sí.

Antes en la Nochebuena no se podía salir pues había muchos borrachos, y en cierto modo era verdad, al oírlos cantar en la noche fría a las cinco de la mañana.

El día 25, la comida conjunta, con “las sobras de la Nochebuena”, y bueno debe ser así,

Se acabaron las zambombas, ocupan mucho espacio y no es posible en los pisos, además son de movimientos eróticos, por llamarlo asi, se acabaron los “aguinaldos” a los coros de niños que iban de casa en casa, hoy día no caben en los ascensores y los bloques están cerrados a cal y canto. E incluso el aguardiente el “Cazalla”, ya no se ve como antes, ahora preferimos chorradas de Escocia, o de Rusia, en vez de los anisados magníficos de la Sierra nuestra.

En fin , ya por acabar se acabaron los garrafones, y en un intento de gran envase, se hace el NABUCONOSOR, supongo que a este botellón, le pusieron este nombre por ser el nombre muy grande, ahora está mas de moda el botellón “Primate”, el cual tiene 27 litros, ya mismo lo vestimos y aislamos y descubriremos de nuevo la garrafa de toda la vida.

¿A donde vamos?
No tengo la menor idea.
Pero caminamos.

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