La bellísima Soledad y mi tía Sole

Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Viernes Santo, 18 de abril de 2014

Soledad de AntequeraPasadas las ocho de la tarde del Viernes Santo, y en Antequera, me he recuperado.

Esta mañana, con mi hermana Mely, fuimos a la Iglesia del Carmen, después, subiendo escalones, fuimos a la Iglesia del Socorro, de allí a ver la Cofradía de la Paz, posteriormente se incorporó, en “La oveja negra”, Trini, vestida de impresión, y mi hermano Antonio con Maria Jose.

De la “Oveja Negra”, al “Bulevar Fox”, el amigo de toda la vida, y de allí a casa, pues muy cansado. Demasiado cansado, me preocupa mucho ello, sé que son los años.

– ¿Cuantos años tienes? -le preguntaron a un setentón.

– Pues 20 más  o menos.

– No digas  chorradas  -le dijo e interlocutor.

– Es que verás -le dijo el hombre mayor-  lo mismo que cuando te gastas monedas,  las que se gastan, no cuenta, y si preguntan cuantas tienes, es la que no has gastado, pues lo mismo es la edad, no cuenta la que he gastado, sino la que tengo que gastar, y estimo que mas o menos puede ser los 20 que indico.

Bueno pues en Semana Santa en Antequera. Mucho personal en la calle, las  iglesias   donde hemos estado pues abarrotadas, bastante  calor.

Hoy me he quedado impresionado con la Virgen de la Soledad, más guapa que nunca,  quizá en alguna medida por dos discretos reflectores, uno delante, que ilumina su cara y hace brillar las joyas de su pechera, y otro detrás, que consigue irradiar las piedras preciosas de su elegante manto.

Los ramos de flores elegantísimos, y el conjunto perfecto, todas las Vírgenes y pasos de Antequera son muy bellos, pero la que me ha sobrecogido y ha hecho palpitar con fuerza mi corazón, ha sido la Virgen de la Soledad, me hace suponer  que la misma  haya  sido cuidad por la Camarera  de la Virgen, Sra. Blanca Cerezo, Viuda de Garcia-Berdoy Regel,  que no he visto por allí  y me  hubiese encantado  haberla saludado.

Me comentó una vez la Sra. Blanca Cerezo,  que se llevaba muy bien y apreciaba mucho a  mi Tita Sole, vivían muy cerca.

Cuando algo se te mueve en el alma, cuando se recibe cierto impacto, no es común en mí, y hoy lo he recibido contemplando la belleza sin igual de la Virgen de la Soledad, en la impresionante iglesia del Carmen, y de cuyo barrio igualmente era mi abuela Pura, de piel blanca como la cal, y dulce como ninguna, hace un mes o poco más, falleció su hija, mi tía Sole, mi tía Soledad.

Su hija “Solecilla”, le ha entregado a mi hermana un cargamento de recuerdos de mi tía Sole, para que me los entregue, una vez han desmontado el piso que ella tenía en “Las cuatro esquinas”. Mi sobrina “Solecilla”, es igualmente de pie blanca, ojos negros y la belleza propia de su abuela y de su madre.

Cuadros, fotos antiguas, relicarios, al menos 15, han venido a parar a Calle Merecillas, hecho a faltar el Cristo crucificado, que era la joya del piso, sobre un panel de madera antigua, cuya parte superior, es como un tejado que protege al Cristo. Me llamaba la atención cuando con 10 años, por ejemplo, iba a visitar a mi abuela en la Calle El Rio, y me quedaba mirando al Cristo crucificado, y como mi abuela, me contaba que iba de padres a hijos de generación en generación, y se perdía en la noche de los tiempos. Pasando los años, años y años, con  el Cristo colgado en la pared.

Mi tía Soledad, era de inteligencia natural, diría que alta, y un día que fui a visitarla con Trini, al piso, me contó una historia sobrecogedora.

Ella y su marido Bernardo habían vendido su casa, de la Calle el Rio, una casa con muchísimos años, una casa con el suelo inclinado, se entraba por calle Rio, que es llana, pero de la casa abajo hay un desnivel importante, escalones que bajan al cuerpo de casa, escalones que desde el mismo siguen bajando al primer patio, y más escalones que siguen bajando al segundo patio.

El viejo portón de madera, y la Sala de Estar, junto a a calle, en la misma y en sitio destacado el Cristo, en el centro la mesa camilla, y más de un Santo por toda la casa.

El Cristo, lo trasladaron al flamante piso, un Cristo muy antiguo, muy antiguo, en un piso muy moderno, muy moderno.

Le dije a mi Tita Sole: Sole, creo que el Cristo, no está a gusto en este piso. Es un piso  que no le va  (yo dije ello con la malsana intención de que pasara a mis manos), y ella que era muy racional y coherente, me contó lo que ahora relato, y que nos sorprendió mucho a Trini y a mí, que no hicimos ningún comentario para nada y nos callamos. Y lo que nos contó fue lo siguiente:

“Pepe y Trini, os voy a contar lo que me viene pasando, lo creáis o no. Es verdad que el Cristo está cabreado en el piso, a menos los primeros días, porque yo dejaba la ventana bien cerrada, con el pestillo echado, y más de una vez la ventana se ha abierto sola y la puerta de la sala con la corriente de aire, ha dado un fuerte portazo, que me ha sobrecogido y llenado de espanto.

Pepe, lo queráis creer o no, tu Pepe eres muy escéptico, pero créete, el Cristo ha tenido varias reacciones raras, desde que está en el piso. Antes en Calle del Rio, jamás me ha dado ningún susto, en aquella casa de luz tenue, pero aquí con tanta claridad,  ya me ha asustado y me han pasado ya algunas cosas raras, sin ninguna explicación. Pepe, con todo cerrado, se han caído cosas a suelo, en dicha  habitación”.

Le dije a mi hermana que viese la forma de que el Cristo pasara a mis manos.

– Ni lo pienses -me contestó- es de Solecilla, fue de su madre y de su abuela y de sus antepasados.

– Mely, su abuela, fue tu abuela y la mía.

– Pues nada, Solecilla, no se desprende del Cristo.

Entonces yo me tiré un farol y le dije a mi hermana:

– Mely, todo tiene un precio -mi hermana soltó un poco de risa.

Yo lo que no sé es si mi prima Solecilla conoce esta historia, no sé si su madre se la contó, para no asustarla. No sé si mi prima Solecilla es asustona o no. No sé si le puede dar un mal rato. Yo le he contado ello a mi hermana, que a Cristo grande y muy antiguo, no le gustan los pisos, y se encuentra incómodo.

Yo no sé, si mi hermana me ha creído la  historia, mi Tia Sole, pues no contaba historias, que yo sepa, pero esto es verdad que me lo contó, y pongo a Trini como testigo. Se pueda creer o no.

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4 respuestas a La bellísima Soledad y mi tía Sole

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