Los doscientos de Mari Tere

Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Domingo, 30 de marzo de 2014

galileo-galilei

Cuentan que le preguntaron a Galileo Galilei, el astrónomo italiano de barbas blancas, la edad que tenía.

-Siete u ocho años –contestó.

Y era obvio que debía  explicarlo y dijo:

Los años que tengo son los años que espero me queden de vida, esos son los  que tengo, los anteriores los he consumido,  como pasa con las monedas, tenemos las que nos quedan, no las que hemos gastado.

Yo me formulo de forma continua esta pregunta, próximo a los 70 años que cumplo el 17 de julio, creo que a las cinco de la mañana. ¿Cuántos me quedan, y cómo los voy a utilizar?

Parto del supuesto, o del presupuesto (de 7 años), después serán los que sean, pero hay que tener un modelo.

En esta tarde del último domingo de marzo de 2014, durante el día me hago muchas reflexiones variadas. De familia, de trabajo, y hasta de mi.

El fin de semana pasado, el domingo, estábamos en Antequera, mi hermana Mari Tere, venía de San José (Almería) a San Pedro de Alcántara (Málaga), con su marido José Pineda, y me comentó que me llevaba una caja de libros.

No quería yo que los entregara a nuestra vecina Socorrita, porque no quería perderme el regocijo del alma que percibo con el regalo de libros. Y nos fuimos el fin de semana a nuestras raíces, a Antequera, Trini y yo.

Bueno, siempre con la hospitalidad característica de Trini, se lo dijo a mi hermana Mely, después llamamos a Antonio y María José y a Carlos.

Trini no quiso que nos fuésemos a comer a la calle, sino en la casa de Merecillas, en nuestra casa, que es casa de toda la familia, y  preparar “papas guisadas con costillas, al estilo de mamá Teresa”, es decir de mi madre.

Allí estuvimos un  buen rato, basta estar juntos para estar contentos y pasarlo bien.

Mi hermana Mely, arrimó en su coche un regalo de una antigüedad pétrea, y además traía en el coche, consecuencia del desmontaje del piso de mi tía Sole, lamentablemente fallecida, algunos cuadros de su casa, y fotos, fotos antiguas, de mi abuela Pura y de mi abuelo, y de la familia de mi abuela.

Muy bien el contenido familiar de Calle Merecillas, crece, quizá sin duda porque hay espacio, que falta en casi todos sitios.

Mi hermana Mari Tere,  “no era  una bolsa con unos pocos de libros”, eran varias cestas del Eroski,  y algunas otras bolsas.

Los alineé, y los conté. Sumaban exactamente 183 libros. La llamé al móvil y se lo hice saber.

Hace dos o tres días mi hermana Mari Tere, me llamó  y me dijo:

-Te he preparado una bolsa con 17 libros más, para redondear los 200 ejemplares.

Me hizo gracia. Y ahora toca esperar.

Los  libros los subí a la Biblioteca de 100 m/2, y la verdad, los 183, ocupaban poco espacio comparado con la inmensidad de la misma.

¿Cuántos libros  tendré? No están contados, no están separados por materias, es decir solo están almacenados aleatóriamente, en estantería que cubren las cuatro paredes y una central, a doble fila, y en algunos casos, puede que a triple.

¿Tendré 20.000 libros?  ¿Tendré  25.000 litros? No lo sé pero muchos, a lo mejor son 15.000 libros, pero esta cifra me parece muy corta.

No sé, ni sé si sabré algún día los libros que tengo, lo mismo que me ocurre que no sé los años que tengo, que tengo disponibles me refiero. No se si algún día me dedicaré a leer y a escribir, y no sé si cuando llegue ese día podré. Tampoco sé que podrán hacer mis hijos con tanta historia familiar almacenada en Antequera, en unos tiempos de espacios propios comoditos y breves.

El tiempo que pasa. Los libros que se juntan buscándose entre ellos. La familia, que sabe estar contenta, por el hecho de verse. El espacio, el trabajo que no lo es, las ilusiones que luego no son al convertirse en realizaciones, los avances.

Los que se van, los muchos que vienen, los cambios de modelos, la falta de modelos. Los bebés que crecen enormemente. El mundo. Pronto veré a mis hijos, mis nietos, y el bautizo del pequeño Daniel el Travieso. El último llegado.

Mi hermana la pequeña, de ojos claros e inteligentes, de belleza diferente. De corazón que no le cabe en el pecho. Y de Pepín su marido, buen compañero y estimado cuñado.

Mely, como siempre esplendida; Antonio enormemente cariñoso y noble; Maria José, mi cuñada elegante; Carlos el Séneca Antequerano.

El  cordobés Lucio Anneo Séneca, romano, nació, cuatro años antes del inicio de la Era Cristiana, y murió en el año 60, si la memoria no me falla, se dedicó a estudiar cómo ser feliz, y bueno, llego a la conclusión que cada uno considera la felicidad de forma muy diferente a los demás. Y que para ser feliz, pues lo primero, que hay que hacer, es saber lo que es la felicidad en cada caso. Y cuando cada uno sepa, lo que quiere, entonces es cosa de procurar hacerlo.

Yo tengo que remodelar los objetivos, en la corta edad que tengo, para dentro de lo posible, sea lo mas gratificante posible, pero claro, he de definir primero, ello.

¡Y Trini! Que voy a decir de Trini. De la sorprendente Trini, Trini de toda la vida juntos. De mil y una vivencia compartidas, en muchos años de intensa vida.

Buenas noches.

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