La corbata y el calcetín

corbata

Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Martes, 4 de marzo de 2014

El despertador del móvil me despertó a las 7:05 de la mañana, como todos los días, pero esta noche pasada, dormí poco, llegué tarde, a las 11 de la noche, mientras Trini dormía. Vi un rato la Televisión, con el ordenador un rato, después en la soledad de la noche, otro rato con una película de la tele, me acosté, cuidando no despertar a Trini, a las dos de la noche.
Por ello esta mañana, después del despertador seguí, en la cama, y a las 7,30 Trini, ya levantada, me dijo: ¿Qué hoy no te levantas?

Me duché, desayuné, lo del desayuno con ella, y me puse como se decía antes “el traje de los domingos”, mas o menos. En esto que vi una corbata, que tuvo éxito familiar el fin de semana pasado.

Puse la camisa, el traje, los calcetines, los calzoncillos, el pañuelo sobre la cama, y procedí a vestirme. No uso cinturón sino tirantes, desde hace unos años, me siento más cómodo con ellos, para no llevar los pantalones arrastrando.

La corbata, no la había puesto sobre la cama. Fui a otro dormitorio, pensé que la había dejado en otro sitio, y no estaba. Hacía tres minutos que la corbata la tenía en mis manos y no estaba, entré en la habitación de trabajo o despacho, allí no estaba, pues me dije la habré dejado sobre la silla, pues no. Miré en el tercer dormitorio y tampoco, y en el salón. Pues no, ni tampoco en el cuarto de baño. La corbata había desaparecido.

Me puse a pensar, con las tres o cuatro neuronas que me quedan. Hace cinco o seis minutos, tenía la corbata en la mano, viendo sus colores. La puerta del piso está cerrada, nadie ha salido, la corbata no anda sola. Luego la corbata tiene que estar dentro del piso.

Después de esta magnífica conclusión, pues me puse a mirar debajo de las camas, y tampoco a remover las toallas del cuarto de baño, por si estaba debajo de ellas, y mirar en el armario. Pues no, la corbata, no estaba, no estaba la corbata. Y las corbatas no vuelan. Desesperado y como el tiempo se me echaba encima, pues me puse otra corbata y me fui.

A las nueve de la mañana me esperaba mi compañero Jaime Abad, íbamos para Almería, en su coche, y para allá nos fuimos, un día interesante, diremos protocolario, en buena medida en el Parque Tecnológico de Almería, el PITA y en Tecnova, bueno y por la tarde pues saludando a un viejo amigo, y digo viejo porque lo conozco hace muchos muchos años, si bien es todavía joven lo conocí de niño.

Bueno, pues a mediodía, aparcando a la hora de comer, me comentó Jaime Abad: José Luis ¿desde cuándo te pones dos corbatas a la vez?

Llamé a Trini, y se lo conté, se partía de risa y me dijo: ¿comprendes como permanentemente, tengo que estar pendiente de ti?

En fin, y al hilo de esta anécdota de hoy comentaré otra de hace unos meses, sería noviembre, más o menos del pasado año claro, estaba con Trini, en el Hotel Vereda Real, en VALENCINA (Sevilla), es un Hotel con encanto, donde nos encontramos cómodos. Fuimos a pasar un fin de semana, con nuestros hij@s y niet@s.

Descansamos por la tarde, a mí me hace falta, y estábamos citados a cena en un Restaurant, cercano, con toda la familia. A mí no me gusta ir a dormir a casa de mis hijos, pues en cierto modo, perdemos libertad de movimientos, perdemos la independencia en casa de Jose, pues cuando estaba soltero, sí que íbamos pero ya con Belén y su hijo, creo que ya allí no tengo ni sitio. Pero en fin, que entre mis características se encuentra esta, que no es nueva, pues a mi padre le pasaba lo mismo.

Nos quedamos dormidos Trini y yo, y nos despertó el móvil, era nuestra hija Eva:

Estamos todos esperando, ¿cuándo vais a llegar?

Perdón Eva, he medido mal el tiempo, nos hemos quedado dormidos vamos rápido.

Nos vestimos, pero yo no encontraba un calcetín, no había forma. No estaba en el cuarto de baño, no estaba en ningún sitio, y lo había dejado encima de los zapatos en el cuarto de baño.

Trini, me atosigaba, ¡no busques más el calcetín! Ya aparecerá, nos esperan, y no nos demoremos más buscando tu calcetín.

Pues nada a pesar del corto espacio, no había forma de encontrarlo era desesperante, finalmente me puse otro par de calcetines. Y nos fuimos.

Le conté mis hijos y nietos que aparte de todo nos habíamos demorado buscando el calcetín, independientemente de que íbamos con retraso, con el sueño. Y que el calcetín había literalmente desaparecido, en un pequeño espacio.

La cena, como todas las cenas familiares, pues estupendo, pues disfrutamos mucho por el hecho sencillo de estar todos juntos, el sitio, estaba bien y había sitio para que sin molestar l@s pequeñ@s, pues corrieran y se divirtieran.

En un momento dado, pues me quise limpiar la nariz, me metí la mano en el pantalón, para sacar el pañuelo, y en su lugar saqué el calcetín

Buenas noches.

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Una respuesta a La corbata y el calcetín

  1. Eduardo Tornes dijo:

    Lo de la corbata y calcetín. Yo creía que estas cosas solo me pasaban a mi, pero al leerlo me quedo mas tranquilo. Y es que la edad nos va jugando alguna que otra pasada, no es enfermedad son los años. Y mientra que ese Se. alemán no se ponga con nosotros vamos bien.
    Si, creo se llama algo así Alzheimer

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