Ramona, la de los churros

Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Domingo, 2 de junio de 2013

Hoy desayunando en Enguera (Valencia), en el Hotel Portal del Caroig, en esta bonita mañana matinal, después de que ayer Trini  y yo asistimos a la boda del hijo de Sr Dam, y  delante de un exiguo  desayuno, pues nos habíamos levantado tarde, y gracias a la llamada de Sr. José Manuel Rodríguez, cuando bajamos a desayunar, estábamos ya un tanto fuera de ello, para hacerlo y las bandejas estaban prácticamente vacías, la de pan no.

Así que con pan, mantequilla, y alguna rueda de salchichón, que estaba con otras dos o tres solitarias, en una de las blancas y cuadradas bandejas, no fuimos apañando, pero ya   escribiré mañana probablemente de la boda, como se merece, tan magnifica y brillante.

A  medida que me tomaba el café, comentaba con alguien que mi menta difusa no capta su imagen ahora, de una montaña de churros, que hace unos días  llevaron a la Sala de Reuniones de Herogra porque estábamos muy atareados, y por no romper la misma, sugerimos de que a ser posible alguien nos aportara, churros y chocolate.

La montaña de churros era sensacional, era para alimentar a un ejército. Le pregunto a Trini que quien los pagó y me comenta que Srta. Paloma Aguayo y otra persona más, creo que Sr. Pablo Oliva. Estaban los churros formando una pirámide sobre papel de estraza ,  manchado de aceite, y junto al mismo los vasos de papel, que con el chocolate muy caliente, te quemaba los dedos al cogerlo.

Y me acuerdo de Ramona, la Churrera, en Antequera, en la Calle Estudillo,  a pocos metros de casa de mis padres, que hoy Trini y yo habitamos, cuando vamos allí, saliendo de casa a la izquierda a pocos metros la calle Estudillo. De nuevo a la izquierda, y a pocos metros, subiendo la cuesta, que ya prácticamente no existe, quizá el primer portal  a la derecha, pues Casa de Ramona. Estamos hablando por ejemplo de hace 60 años, cuando yo tenía  ocho largos.

No era una churrería normal, tenía distinción, sobre un zaguán empedrado, ponían al filo de la calle la gran sartén de aceite hirviendo, y al lado sobre una mesa de madera blanca, el lebrillo con la masa, y con ella rellenaba el artilugio de lata brillante, con su embolo de madera  cuyo extremo se encajaba en el hombro, y para que no hiciese daño, pues tenía un manubrio transversal.

Ramona la churrera, no recuerdo de grandes madrugones. Es decir asomarse a la esquina, ver si había puesto el negocio en el portal, y sino a esperar, hay lo que hay, y si eres tempranero y quiere tomar otra cosa, pues sin problema, el que quiera churros que espere. Y es lo que hay, el que no esté de acuerdo, pues que tome otra cosa o vaya a otro lado. Aquí me levanto yo, cuando lo estime  más o menos. Y no eran  churros, eran esa  bonita, palabra que es el Tejeringos,  y ojo no hay que confundir.

Los tejeringos es una rueda única circular que puede tener de diámetro, uno 12-13 centímetros a real el tejeringo de 5 centímetros es decir a “Real”, pues 10 tejeringos 10 reales, es decir 2 pesetas con cincuenta céntimos. Y te los daban ensartados en un junco que tú tomabas los extremos del mismo entre los dos dedos, y ojo  que no se cayeran, pues eso significaba ir directamente a la basura, sin haber disfrutado el estómago del tránsito de los tejeringos chorrean aceite, los tejeringos calientes, pero sin uno quemarse están de ensueño.

Pero como están muy buenos, ya sabemos  que en consecuencia engordan, sino quiere engordar: pollo, pescado y ensalada. Pollo, pescado y ensalada, todo a la plancha,  pero no disfrutará de la vida, quedará muy delgado, y habrá sufrido un montón. Sin tomar, ni una cerveza fría, ni pan, ni por supuesto jamón.

Hoy hemos comido con Sr. José Manuel Rodríguez Rodríguez y Sra.,  simpática y agradable, que sabe reírse, lo cual es hoy día cada vez más raro, en VENTA QUEMADA, en Cullar (Granada), y para picar en el centro de la mesa, pues panceta a la brasa, que estaba de locura, chorizo a la brasa, morcilla a la brasa,  patatas fritas, pan, cerveza, es decir hemos pedido lo mejor, lo que mas engorda, eso sí todo a la brasa.

Pepe Luis  -me decía mi madre, cuando tenía  8-9-10 años-  porque no me haces el favor de ir a Casa Ramona, por cuatro pesetas de tejeringos, que están muy buenos y llevamos tres o cuatro día sin ellos. Yo mientras iré preparando el café para que cuando vuelvas esté muy calentito.

Y allí el disciplinado Pepe Luis, que era obediente con las instrucciones pertinentes de mi madre, me encaminaba hacia casa Ramona.

Antes de salir –me comentaba- mírate en el espejo grande en el recibidor, debes salir como salen, los niños buenos, con la camisa limpia, bien peinado, y los zapatos relucientes.

Mamá, yo no sé si habrá ahora mucha cola o poca.

Da igual –contestaba- Ramona es rápida.

Y allí iba Pepe Luis, al zaguán de Ramona. Allí ponía la churrería cada mañana. Sin Licencia de Apertura, tampoco hacía falta el Seguro de Autónomo, ni un Plan de Accidentes Laborales, ni un Seguro de Responsabilidad Civil, para daños a terceros, con carácter obligatorio. No hacía falta pagar ningún canon de ocupación de aceras. Ni Plan de accidentes graves, no hacía falta extintores ni Plan contraincendios. No hacía falta carnet, para la manipulación de alimentos, ni certificado homologado de Churrero o churrera. Eran otros  tiempos.

No era obligatorio el uso gafas de seguridad, ni guardar un distancia mínima, donde se iniciaba la cola de al menos 4 metros, del punto de cocción de los churros, ni hacía falta que la sartén estuviese  homologada, ni revisión de la misma, cada tres años,  ¡eran sin duda otros tiempos!, no había  7.000 papeles que requiriesen 20 asesores, y en certificados hubiese un arsenal, para tener muchos, pero donde falta al menos uno, que es por el que te multan.

Ramona, iba siempre muy repeinada y de punta  en blanco, sin una mísera manchita de aceite. Ramona, impecable, hablaba poco, porque se afanaba, en su trabajo, y tenía una hija, ya hoy mayor y amiga y compañera de mi hermana Mely, también maestra ,que igualmente se llama Ramona y un hermano “practicante”,  que se fue a Sevilla, en busca de un mejor porvenir, y esta casado con la hija de  una prima de mi madre. Martínez el practicante,  estaba en Sevilla, y trabajaba  en Astilleros Elcano, en la Clínica,  y que me operó del “frenillo”, una noche cualquiera, a los 17 años, para así poder  ser un hombre, sin el sello de virgen. Era sin duda otros tiempos de prohibiciones, donde casi todo era pecado. Y claro, así me eduqué en un ambiente, que al ser todo pecado y pecando, me pudo crear  cierto trauma interno, faltar a misa un domingo era pecado (ya no lo sé),  mirar con deseo a una  Sra. pues  también, e incluso mirarle las piernas era pecado venial, sino la mirabas mucho.

Ahora los tejeringos, no se hacen en soportales, sino en bares homologados, a mí me encantan los del Bar La Fuerza, en Antequera, donde los hacen de impresión, pero al parecer engordan mucho, al tener harina, aceite y fritos, todo una bomba de calorías por doquier. Cumpliéndose todo aquello que lo bueno engorda.

Los Tejeringos de Antequera, debería estudiase como prepararlos para que duren tres o cuatro meses, y darle una Denominación de Origen y exportarlos por toda Europa, y parte del extranjero.

Buenas noches.

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2 respuestas a Ramona, la de los churros

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