En el Hotel Murillo

Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
30 de mayo de 2013

Esta mañana, día del Corpus en Granada, estaba conversando tomando café, con Superlópez  (nuestro responsable de Fabrica Herogra), y a raíz de un comentario me vino a la mente una anécdota que ahora relato.

Estaba yo soltero, antes de casarme en Septiembre del 68, y viví un tiempo en Hotel Murillo, en Sevilla, en el bonito barrio de Santa Cruz, de calles angostas, con vericuetos,  el Hotel llevaba poquísimo tiempo abierto, yo dejaba el coche aparcado, en una plazoletita en medio de los Jardines de Murillo, y me iba andando al Hotel, situado muy cercano, no sé a 200-300 metros.

Allí viví  cierto tiempo a lo mejor un año, o más. Me dejaban una habitación, en el ático, tiene el Hotel tres o cuatro plantas, y en esa habitación delante tenía una hermosa terraza.

Me encontraba cómodo, tendría en aquellos entonces 24 años, estaba fuerte y ágil, me sobraban energías.

Cenaba algo, en la misma barra de  Mesón de la Morería, que me encantaba. El barrio de Santa Cruz, con sus calles estrechas judías y árabes, es un encanto lleno de poesía.

En el Hotel me conocían todos, en recepción, los camareros, las limpiadoras, en fin estaba como en mi casa, y me encontraba a gusto.

Me levantaba temprano, y en mi 2 C. V., iba al campo, y a mi querido Centro de Abonos Líquidos de Los Merinales, hoy ya desaparecido.

Por cierto recuerdo siempre, que el día que se incorporó Sr.Salvador Medina Portillo, a Amoniaco Español S. L., para llevar la zona de Ecija, y yo siendo su Jefe, después de ser seleccionado en Málaga, se  incorporó a la Empresa, siendo su entrada de primer día, en el Hotel Murillo, al ser yo su Jefe, y no haber Oficinas en Sevilla. En aquellos entonces. Y recuerdo ello, pues ese día  me ocurrió otra anécdota, que recuerdo perfectamente, y que la dejaré  para otra ocasión.

Pues bien, en el Hotel Murillo, llegue como  siempre una noche muy cansado y sudoroso, me subí a la habitación, y rápidamente empecé a ducharme.

Estando en ello, llamaron a la puerta, una voz femenina, –Por favor abra la puerta -decía.

No puedo, decía yo, chorreando en mitad de la habitación.

-Abra, abra, por favor. Insistía. 

No puedo, -decía yo- estoy en la ducha, estoy en pelota.

No importa  -abra por favor.

Yo me asusté un poco.

Lo siento, lo siento, pero no puedo, lo siento pero no puedo.

Bueno, pues cuando Vd. termine  -me dijo- vaya Vd. a la habitación 315, entre sin llamar que la puerta está abierta, quiero  hablar con Vd. Lo veo cada noche al entrar, y mi amor es mucho. Todos los días le espero en el salón para verlo entrar.

¡Guapo que es uno!, pensé para mí, que suerte he tenido, no me falta nada.

Me quedé impresionado, yo estaba temblando. Esto no me había pasado en mi vida,  me puse vestido de verano, en  aquel caluroso julio, creo que era el mes, zapatos nuevos, me afeité y me puso el frasco de Carolina Herrera For Men. Y aquí tienes a J. L. Sánchez-Garrido y Reyes. Todo flamante.

Cerré la habitación, y entonces bajé a recepción, el que estaba allí, muy amigo pero que lamentablemente su nombre no me acuerdo, pues fui a verlo y contarle. Tendría más  o menos el recepcionista 40 años, y era amigo. Después alguna vez, años más tarde, he entrado al Hotel Murillo, solo para mirar en recepción, por si todavía, iluso de mí, estuviese allí mi amigo el recepcionista, lógicamente jamás lo he vuelto a ver, ni su nombre me acuerdo y he repetido estúpidamente cuando he pasado por allí la entrada en el Hotel, para ver si estaba.

Bien, baje a recepción, para pedir información, antes de entrar en la  315.

Le conté con detalle y feliz, lo que me había ocurrido. ¿Es guapa? ¿Es morena? ¿De que nacionalidad es, pues habla con dificultades el español? Le pregunté anhelante a mi amigo, mi buen amigo de recepción. Al que había bajado, no solo para saber como era, que en aquellos tiempos ardorosos tampoco importaba demasiado, sino en parte para que conociera mi triunfo, total, absoluto e histórico.

Y me contesto lo siguiente, atentos al parche, atentos a la contestación:

PUES MENOS MAL, QUE HA BAJADO JOSE LUIS, MENOS MAL, QUE HAS BAJADO, YA ME PARECÍA A MI QUE EL BELGA DE LA 315 ERA MARICÓN.

Me fui del Hotel, salí a la calle, me tome dos o tres cervezas y un whisky y volví al Hotel, el recepcionista se tronchaba de risa, yo ni le saludé. Al llegar a la habitación eché la llave y desplace la cama para ponerla delante de la puerta, para impedir que la puerta se abriera.

Al rato, llamó el belga.

-No hay ido a mi habitación -me dijo a través de la puerta.

Váyase maricón -le dije- que llamo a la policía váyase de inmediato hijo de la gran puta.

Y así terminó, la historia, Superlópez, mientras lo contaba lo pasaba en grande, yo también me reía. Y lo cuento para intentar provocar al menos una sonrisa, en este mundo de llantos.

Buenas tardes.

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