Sábado 20 de abril, sin Primera Comunión

Por José Luis Sánchez-Garrido y Reyes
Sábado 20 de abril de 2013

Hoy es un día especial, sin programa social, es un día de relax. Ahora tenemos desde la próxima semana, Primeras Comuniones, cinco creo que son, y dos bodas, total  mayo y junio los fines de semana al completo. ¡Qué ilusión!

Así, que prácticamente sin hablarlo, en silencio, Trini y yo hemos optado por no pensar en ir siquiera a la Feria de Sevilla, hemos de acaparar fuerzas, para estos movidos mayo y junio, de fines de semana ocupados.

Esta mañana, de hoy sábado, me la he pasado en la Oficina con el estúpido intento de ponerme al día. Los correos entran a mucha más velocidad de lo que soy capaz de leer, contestar o eliminar. Es mi guerra. Mi guerra electrónica, en la que siempre voy perdiendo, y no me veo nunca vencedor, y esto me deja desolado pues lo mío es salir triunfante, pero  con los correos que recibo me es imposible. Es una de las pocas guerras perdidas, aunque no estoy del todo vencido.

El año pasado, durante el verano, realice un contraataque de lucha para ponerme al  día en los papeles y en los correos. En los papeles lo conseguí y en los correos casi. Pero mi alegría duró poco más de un mes, poco a poco se me fueron acumulando de nuevo, cada vez más. No significa atrasos, se de lo que son y de que van, pero los tengo ahí.

Cuando los contesto me quedo tranquilo, aunque el que lo recibe seguramente lo olvida al momento, si es que lo abre.

Alguno que otro dice que el que tenga tantos correos la culpa es mía.  A mí  me parece, que es tanto como decir que fue primero el huevo o la gallina.

En fin, el tiempo va transcurriendo poco a poco inexorablemente. Hay quien lo afronta anodinamente, otros pesimistamente, otros más optimistamente. A mí me gusta afrontar la vida con cierta fuerza,  sin pesimismo. No me gusta lo de “pasar la vida”,  ni “vivir la vida”. Me gusta la vida como reto, y ganar los retos.

Lógicamente antes de afrontar un reto, lo evalúo para ver si puedo afrontarlo con esfuerzo. Si de entrada esta ganado, no es un reto, es un trabajo cotidiano, es decir una chorrada. El disfrute está en hacer, crear, realizar, alcanzar, obtener. En mi caso, lógicamente, pues cada vida es un mundo, dicen por ahí.

Trini va al invernadero a comprar alguna maceta, y me dice que si le acompaño. Le digo que no, que me disculpe, que me quedo aquí pillado en este escrito.

Ayer vinieron unos 100 agricultores de Almería a Herogra en dos autobuses. Me verán mayor con la vista, pero si viesen mi espíritu, pues es muy joven.

Le preguntó un agricultor a una Srta. compañera de trabajo, que si yo era su padre.

Ella contestó: No, no lo es, pero lo quiero como si lo fuese.

Esto interiormente me emocionó bastante. Mis ojos se humedecieron. Realmente solo hablo de trabajo con ella y no mucho. Cuando dijo esto la miré con otros ojos, quizá con ojos de padre. ¡Qué cosas tiene la vida!

En fin, en fin, conviene no estar siempre quejándose. Es terrible tener amigos llorones. Los eternos llorones, los que se lamentan toda la vida. Los que lloran a todas horas. Los que los miras y sacan el pañuelo para secarse las incontenibles lágrimas.

Si te acercas mucho a los lloron@s, puedes contagiarte y ser inscrito en el Club.

El Club de los Llorones, junto  con el Club de la Lamentaciones, y otros similares, están formando un “Cluster”, cada día más compacto, y que pronto tendrá una plataforma informática para relacionarse con otros “Cluster”, y ampliar plataforma. No solo  ya a nivel nacional sino europeo al menos. Y como no Iberoamericano.

Pero conmigo que no cuenten como integrante del Club de los Llorones, ni tampoco ni remotamente para el Club de la Lamentaciones. Que se vayan ambos clubes, a hacer puñetas. Diciendo ello finamente, porque no soy ni me gusta ser mal hablado. Ni siquiera en plan gracioso, que no lo soy.

Si eres gracioso y mal hablao, pues bueno tiene un pase, pues lo gracioso sumerge los improperios. Pero el problema es grave cuando el mal hablado, se cree gracioso y no lo es.  Entonces es una tragedia griega. Es algo detestable, el señor, o la señora, mal hablado que se creen ellos así mismo graciosos y mal hablados. Cuando lo de gracioso, solo se lo dicen ellos y seguramente  su abuela. Y nadie más, aunque algunos no digan nada por no discutir lo no discutible.

A mí la “mala follá granaina” me gusta, tiene cierto encanto. Dicen que es algo así como aquella anécdota:

–Pepe -dice ella- hoy es el día de mi santo, ¿que me vas a comprar?

–Maria -dice el- pues no sabía  yo que tuvieses cosas en venta.

Es divertida la “mala follá granaina”,  e ingeniosa, es elegante, y tiene visos de cierta altura intelectual.

Lo que ocurre, es que hay algun@s,  que se creen que “tienen mala follá”, pero que no es ello, es otra cosa.

Mi madre a este genero le llamaba “singracia” y “esaborío”.  El “mala follá” tiene mucha gracia. El  “esaborío” no tiene “mala follá”, es que es esaborío, y punto. El esaborío, ¿nace o se hace?

Pues hay unos que nacen, y otros que se hacen, está claro, y otros que nacen y además se ha hecho aún más. Este espécimen no tiene nacionalidad, y se encuentra en todo el globo terráqueo, parece que el porcentaje total mundial es aprox. del 1 % de la población, y no distingue edades, los hay de todas.

Mi madre, cuando hacía algo “singracia” me llamaba la atención: Pepe, me decía, no seas esaborío.

Lo esabori@s tiene una facultad especial, y es que no necesitan hablar. Solo basta mirarles a la cara. Mi madre también les denominaba “mala sombra”, esto no lo he entendido nunca porque se llaman “mala sombra”, pues siempre he pensado que la sombra, pues depende del sol, de la luz. Mala sombra, ahora que lo pienso puede ser “sin luz”, es decir como un fantasma errático.

El “impertinente”, es otro espécimen, pero se ha demostrado que es un vicio, es que cuando escuchan algo pertinente, contestan de forma automática con algo impertinente. Y ello es como el fumar, que es muy difícil dejarlo. Por ello creo que es más bien una enfermedad, y que le tiene que doler mucho psicológicamente al que la padece, al que lo escucha no, porque detecta la enfermedad al poco.

El  “mala leche” es otra cosa, es ya un elemento letal, yo ni los nombro, eso es otra cosa. Yo hablo de las criaturas normales. Los “mala leche” es que no los miro ni a la cara, procuro mirar para otro lado y pasar rápido y desapercibido, y no hablar.

Total en fin, lo que vale son los valores de siempre, la honestidad, el trabajo, el cariño, la  fuerza, la voluntad, la claridad. En fin lo de siempre. Una veces son apreciado, y otras no, pero eso no tiene nada que ver, pues depende del evaluador, que evalúe, lo que realmente tiene el valor de siempre. Pero que el evaluador, pues se crea evaluador, y no sepa valorar nada, entonces si el que valora, no sabe valorar, ¿como va a valorar? No puede. Sencillamente, hay que comprender ello.

Hay otro valor de siempre, que es la “belleza”, pero este en buena medida, no depende de uno, sino que me lo pregunten a mí.  Aunque cuando era joven era guapo. Lo que ocurre, es que los bell@s, pues como saben que es un valor, pues se ven a si mismo muy valorados, pero esto es un error, pues es un valor generalmente pasajero, pero aunque no lo fuese, pues hay señoras de muchos años guapísimas y elegantísimas. Este es un valor, dentro de una amplia gama de valores, y los evaluadores, tienen que poner puntos a cada valor y sumar después.

Y hay un valor también importante, un valor personal, que es la “reputación”  la reputación se hace con el tiempo y la perseverancia, y tiene un alto valor, aunque lógicamente nadie de nada por ella.

No sé, cuando hablo de valores con Sr. José Moral, me dice lo siguiente:

José Luis, mira, todo lo que no se puede medir, o pesar, pues tiene valor.

En el terreno de las ideas y de los sentimientos, habrá que crear una nueva estructura medidora, que no sea el de la materia.

¿A quién queréis más?, les digo a mis nietas, ¿a tu abuela Trini  o a tu abuelo Pepe? (que soy yo).

La contestación es la de siempre: A los dos iguales.

Después a escondidas se acercan a su abuela Trini, y le dicen al oído: “A ti un poquito más”  y luego se acercan a mí  y me dicen lo mismo.

Sin duda la niñez de ahora es más lista que la de antes.

Buenas tardes.

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