Noche sangrienta

Por José Luis Sánchez-Garrido
4 de octubre de 2012

Las noches del martes y miércoles he dormido en Madrid, en un Hotel nuevo de una cadena. Hotel diremos moderno.

Me acosté la noche del miércoles, después de ducharme, no era muy tarde, a lo mejor las 12 de la noche, pero si recuerdo que estaba muy cansado. Antes habíamos tomado una copa, en el Hotel Ritz.

A la hora de estar dormido note como un liquido caliente empezaba a salir de mi nariz, enseguida, con la luz apagada, aprecié que sería sangre, evidentemente. Así era, la almohada, tenía un lamparón.

Total me levanté me puse un pañuelo en la nariz, y me fui al cuarto de baño. Puse la cabeza hacia arriba, y esperaba que dejara de sangrar.

No fue así, sino que fue saliendo más y más sangre. Diré que a borbotones. Taponaba la nariz y la sangre iba a la boca a tragar sangre. Cuando quitaba el pañuelo, salía un caño de sangre. Empecé a ponerme un poco nervioso, era mucha cantidad y no tenía visos de cortarse.

Por supuesto no quería llamar a Trini, para darle un mal rato. Tampoco quería llamar a Sr. Juan José Romero, que estaba allí, ni a Sr. Juan Romero, que estaba muy cerca. Sería alarmarlos y que ellos pasaran un mal rato. Con que lo pasara yo, ya sobraba. A no ser que el episodio tomara otras connotaciones.

Con dos o tres pañuelos ya cambiados de color a otro absolutamente rojo, tomé una toalla, que rápidamente empecé a teñirla. Pensé en la muerte: FALLECE DESANGRADO POR LA NARIZ EN MADRID, lo cual pues me parecía una forma estúpida de irse al otro mundo, pero bueno también en ello sería original

Llame al 112, los minutos se me hacia siglos. Espero un poquito a que se pusiera una Doctora.

–Deme Vd. la dirección del Hotel -pues no la tenía no venía en el papelito que te entregan, que era genérico para toda la cadena, ni en la tarjeta-llave. No tenía la Dirección.

Me fui a recepción en pijama, con la toalla en la cara, y la cara roja de sangre.

–Dígame la dirección por favor.

Realmente en ese momento yo con los nervios no era capaz de acordarme. Llamé de nuevo al 112, pero remarcando una larga lista de números que había quedado grabada en mi móvil al cortar yo la conversación, y me llamaron.

–Una ambulancia, por favor -le pedí- me estoy desangrando de forma muy rápida.

El suelo de recepción lo puse sucio, el señor de guardia, probablemente estaba más atento a limpiar el suelo que a mi.

Subí, no me quise poner un traje porque lo iba a “guarrear” entero, así que en pijama. Prepare en una bolsa de Herogra con las pastillas que me estoy tomando, y el billetero donde no tenía dinero. El dinero lo tenía en un sobre aparte, pero buscando entre los papeles la sangre incluso con la toalla caía en los mismos y el sobre no era capaz de encontrarlo. Me fui sin dinero para abajo, con la bolsa y la toalla.

La ambulancia no llegaba, yo no cronometraba los minutos, pero la toalla blanca se volvió entera roja. Llamé de nuevo al 112.

-Va hacia el Hotel la ambulancia, tarda unos minutos.

Yo allí en recepción sangrando, me senté en un escalón con la cara roja, el pijama rojo, uno pasó por mi lado, y no dijo nada, solo ¡qué barbaridad!, pero nada más.

En la ambulancia me sentaron atrás, y me pusieron un cinturón de seguridad y punto. La Srta. sé fue adelante junto al asiento del conductor yo me quedé atrás solo, encerrado y sangrando.

Los minutos se me hicieron largos, con el chorro de sangre. Pensaba que me iba a quedar sin ella, me llevaron al GREGORIO MARAÑON.

Yo quería ir rápido, pero nada, me sentaron en una sillita, y di mi documento de la Seguridad Social y el DNI, y mientras en la sillita sangrando.

Metieron la toalla en una bolsa grande de plástico y me dieron gasas. Me atendió un doctor joven y eficiente, me indicó que tengo el tabique nasal desviado totalmente, esto para mi es nuevo, seguramente por el porrazo, que me di cuando me caí hace unos meses.

Me tomaron la tensión, la tenía alta, seguramente la rotura de la venilla, es de la tensión alta, o de cualquier otra cosa. Me indicó que estaba muy lejos del orificio de la nariz, introdujo un tubo de plástico, que después llenó con suero, presionando la salida.

–No sé lo quite Vd. -me dijo- tiene que ir a un Centro Hospitalario, no antes de 48 horas.

–Es una incomodidad, ¿no puedo ir sin ella?

–Pues no -me contesto- es molesto pero tiene que aguantarse.

Ya sin sillita, fui a un cuarto de baño, pues con el miedo me hacía “pis” de forma irresistible.

Pedí que por favor me llamaran a un taxi, que tuviese Tarjeta Visa. Me atendió una Sra. asistente Social, que era un encanto. Al verme impresentable, me llevó un jersey, póngaselo si le parece bien. Me lo puse y estaba bien al menos ya no iba de rojo de cintura para arriba.

El taxi no llegaba y finalmente, tras reclamarlo, me dicen que es que había recogido por error allí mismo a otra persona

Enviaron otro taxi, y yo en pijama y con los zapatos sin tener calcetines.

Le dije el nombre del Hotel y pagué con la tarjeta. Al entrar me di cuanta que no era mi Hotel. Salí en busca del taxi pero por muchos aspavientos que hice no me vio.

Entre en el Hotel e iba a pedir un taxi, pero me dijeron que mi Hotel estaba a 4 minutos. Entonces me fui andando por Madrid, a las 4-5 de la mañana, con el pijama manchado de sangre, la nariz hinchada, con zapatos y sin calcetines. Menos mal que estaba cerca. El guarda nocturno se preocupó .

–¿Cómo está VD.?

–Pues estoy bien, tenía un taladro en el depósito, y lo han taponado.

Estaba temblando, había pasado un gran susto, si en vez de esta vena de la nariz, se rompe otra en la cabeza, pues supongo es un derrame cerebral, para no contarlo probablemente

Llame a mi Jefe y se lo conté.

–Voy de inmediato a verte-

–No vengas, no vas a hacer nada.

–¿Por qué no me has llamado?

–Pues no vi la necesidad y era amargarte en la noche.

En la bolsa blanca del Hospital, empecé a poner todas la prendas rojas. Las toallas del Hotel pues todas encima de la papelera.

Bajé a tomar café, pues a mi, por muy malo que esté, las ganar s de comer no se quitan. Pase por recepción, una Sra. muy amable me atendió. Ya sabía mi episodio y era todo facilidades.

-Me quedaré en la habitación hasta las 2,30.

–Sin problema -me dijo- todo lo que Vd. necesite.

Ya en la habitación me desvestí y claro sin pijama me acosté, me envolví en una manta que había en el armario, igual que vine al mundo, pero viejo, feo y gordito

En fin, con tranquilidad me puse a limpiar de sangre de la mesa, el lavabo, el suelo, la mesilla de noche y aquel caos sanguinario. Preparé la maleta despacito, hice tiempo y a las 2,30 me fui a Atocha, allí me saludó Sr.Enrique Flors y Sr. Leiva-Junior (con este último estuvimos cenando la noche anterior), y no les dije nada de mi episodio, llevaban prisa.

En el tren que viene hasta Antequera por la vía del Ave, y después en vía estrecha hasta Granada, se me hizo el trayecto largo, como venía en Clase Preferente, me pusieron la bandejita de la cena, y yo quizá sin duda por los nervios, al ponerla en la repisa del asiento de al lado se me cayó al suelo. Y bueno para que no se viese mucho el estropicio, como mi vagón estaba casi vacío. Me dedique a recoger los guisantes del suelo.

Mi Jefe me llamaba de vez, en cuando, también Sr. Juan Carlos Pecci y Sr. José Luis Cobián que estaban en Madrid.

En fin, ya estoy en casa de Albolote, eso sí, con los nervios alborotados y sin poder dormir. Se lo he contado a Trini, dice que menos mal que con la elevación de la tensión se me ha roto una venilla de la nariz, y no de la cabeza. Ella duerme plácidamente y yo escribo, mi experiencia. Mi experiencia de Noche Sangrienta, nunca en mi vida, me había pasado una cosa así.

Tengo ahora grandes ojeras y ya me voy serenando el espíritu alborotado, y tomando nota de lo que puedo y no puedo comer, ni beber

Buenas noches.

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Una respuesta a Noche sangrienta

  1. MELY dijo:

    Se me ha puesto el cuerpo malo al leer tu noche sangrienta.Necesitas cuidarte un poquito si quieres tener calidad de vida.Pero como gracias a D IOS todo ha terminado felizmente, te comento que me ha entrado una risa floja y contagiosa al imaginarte por las calles de Madrid con la facha que te describes pero donde ya fue hilarante es cuando te imagino cogiendo guisantes y limpiando el suelo del tren.Està claro que eres desconcertante y divertido.No me rìo de tì sino contigo.Te quiero mucho.

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