Don Segundo Quiroga, de Peñafiel

José Luis Sánchez-Garrido R.
25 de septiembre de 2012

Lo llamo por teléfono, después de mucho tiempo, desde Albolote (Granada) a Peñafiel  (Valladolid). Me reconoce al instante, seguramente me tiene grabado en el móvil.

-¡Amigo Segundo! ¡Cuánto tiempo sin hablarnos!

Su voz es cantarina, su edad 75 años, su agilidad mental y física tremenda, y no para de trabajar.

-Mientras se trabaja –me comenta- es signo de que uno está bien física y mentalmente.

Cuando no se trabaja, puede ser por muchas cosas.

Segundo es el Rey del Amoniaco Anhidro, o al menos forma parte del triunvirato de salida, junto a Sr. Also (Agrodelta)  y el amigo Sr. Jesús Montalvo. Hay más, quizá uno o dos. De los tiempos del amoniaco anhidro agrícola, son los únicos, que han subsistido con el producto, capeando todos los temporales, todos los muchos inconvenientes. Y siendo sumamente profesionales.

Al Sr. Segundo Quiroga, el hombre de la boina tremenda, siempre le brillan los ojos de la ilusión.

¡Me gusta trabajar! -me comenta- yo no le voy a costar ni un duro de jubilación a la Seguridad Social.

Segundo se expresa con nitidez, con claridad, con alegría, y no para.

-Mis hijos han tirado por otros caminos y ya están todos organizados, es decir no le veo continuación a mi negocio.

Segundo sabe de Leyes, Decretos y Ordenes que se refieran al amoniaco anhidro. Está contento, indica que ha descubierto como el nivel de nitritos, es mucho menor en el suelo a la misma dosis de nitrógeno, utilizando amoniaco anhidro.

Segundo lleva una pena honda en su corazón por una desgracia familiar, un fallecimiento de un pariente muy cercano, que le duele profundamente.

Pero Segundo sabe que ha de mirar al frente. Cuando cerraron la Azucarera de Pinos Puente, en Granada, por el año 1956 más o menos, a los que trabajan allí, en buena medida, los trasladaron a la Azucarera de Peñafiel.

Así que vinieron a Peñafiel -me sigue comentando- 40-50 familias. Muchas retornaron con su jubilación otros se quedaron, y los hijos de algunas familias aquí crecieron, se casaron y aquí viven.

Segundo Quiroga, es muy versado, muy preparado, su mente es ágil y sus conocimientos muchos.

-Si vienes a Peñafiel -me dice- llámame con anticipación pues yo siempre estoy de viaje en un radio de 150 kms. que recorro palmo a palmo.

Nos vimos hace unos años en Cinco Casas (creo que se llama as, y si no es así pues son siete) de forma fortuita en una venta.

Yo le digo que venga al sur, que tome el Ave y lo espero en Antequera.

-No me muevo del Valle del Duero -me comenta- de aquí no me muevo para nada.

Bien, Segundo, realmente no sé porque te llamas así, siendo el Primero. Nos veremos algún día probablemente. O a lo mejor no nos veremos. ¡Quien sabe!

A Segundo lo conozco desde hace muchos años, me lo presentó, D. José Ramón Sanz Santacruz un noble y pelirrojo amigo, expertísimo en el amoniaco anhidro que vive en Lleida, ya también jubilado, pues hará 35 años supongo. Segundo es un caballero andante, pero en coche. Segundo es el nervio, la observación y la inteligencia. Así es Segundo, un personaje único.

A las seis de la tarde, me llama Sr. Alfredo Aldea, de Valladolid. Perdona –me dice- está mañana cuando me llamaste estaba jugando al Golf. Ahora ya jubilado me dedico intensamente al mismo, ¿y tú?  -me comenta.

-Pues yo sigo trabajando de momento, con  68 años.

-Pues, eso está bien, siempre es bueno que muchos trabajen, para mantener a los que estamos jubilados.

Sr. Alfredo Aldea, castellano cien por cien, es Perito Agrícola, sabe mucho de agricultura, y fue compañero mío muchos años  en S. A. Cros. El me aprecia y yo le aprecio, nos apreciamos mutuamente

-Si vienes por Valladolid -me comenta-  llámame y comemos juntos y cambiamos impresiones.

-Si voy por Valladolid, así lo hare  amigo Alfredo.

Si, los que hemos andado, tenemos muchos amigos. Me acuerdo en estos momentos del Sr. Pedro Summers Rivero, de la sonrisa permanente, que hace años que no hablo con él, pero que recibí una carta, muy amplia y de buen amigo.

O de mi buen amigo D. José Yánez, que nos vemos de vez en cuando, pasándolo bien, estando un rato juntos. Y teniendo en cuenta todo lo raro que somos, un día escribiré de el y de su Sra. pues es un amigo de verdad. Quizá un amigo que no me merezco.

Me acuerdo mucho de Sr. José María Arija Manrique, de Palencia, ya lamentablemente no está entre nosotros. Buen profesional de los Líquidos.

En fin, como decía mi padre, de vez en cuando ante algún acontecimiento imprevisto. ¡Así es la vida!, ¡así es la vida!

Nada más, solo ello, ni más ni menos. ¡Así es la vida!

Buenas noches.

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