Las patatas de Eva

Por Eva María Sánchez-Garrido García
Agosto de 2012

Esta historia me pasó hace algún tiempo, y no solo he pasado por esa experiencia una vez, más bien, en unas cuantas ocasiones, así que la quiero plasmar en un papel y compartirla con quién quiera leerla.

Un viernes cualquiera, con la familia al completo en casa,y como todo los días, nos levantamos temprano para dejar a los niños en el colegio, en la guardería y empezar el día de trabajo.

Curiosamente, esa mañana la dediqué a limpiar la casa, que ya le hacía falta… con deciros que los niños estaban empezando a ponerles nombres a las arañas de las esquinas… Así que trapo en mano, me puse a limpiar todo, mientras mis pensamientos se alejaban en el universo…. limpié debajo de los sillones y entre los cojines de los mismos (madre mi lo que cabe entre esas diminutas rajas, las hormigas campan a sus anchas, ahora me explico esos picores nocturnos), limpie la cocina, los cuartos de baño, las habitaciones….. acabé exhausta. Cuando me di cuenta de la hora, salí a comprar algo de comer, ¿que compro, que hago? ¡HUEVOS FRITOS CON PATATAS!

La casa olía a limpio, ya no había arañas en los rincones, la comida estaba preparada. ¡Que ganas de sentarme en el sofá! Pero ….. ¡Hora de ir a por los niños!

Primero Blanca y David, en el carrito doble que nos regalaron los abuelos (sudor en la frente para tirar de él). Después María y Paula que estaban en el colegio de verano. Más sudores y el coche cargadito ….. Joaquín llega a casa a comer a las tres y media. Todo preparado y limpio…. ¡Ama de casa perfecta! Pero …. Nos sentamos a comer y empieza la película: David, que había estado dormido, se despierta llorando, con una pierna muevo la rueda del carro para ver si consigo dejarlo dormido. Con mi mano derecha le meto la patata en la boca a Blanca y con la que me queda libre intento comer yo. Entre bocado y bocado se caen ALGUNAS PATATAS al suelo reluciente. Con mi pierna sigo balanceando a David, y algunas de las patatas quedan pegadas a la rueda del carro, entre movimiento y movimiento, las patatas se machacan y van dejando un rastro de aceite en su camino. David se queda dormido y llevo el carro a la cocina para que no se despierte, dejando mi huella al pasar.

Terminamos de comer y recogemos la mesa, pero las patatas que se habían caído al suelo se habían duplicado (o a las mayores también se les caería alguna). El caso es que se quedaron pegadas en las suelas de los zapatos. Algunos decidieron ir a dormir a la primera planta, otros decidieron ver la tele, sin antes quitarse los zapatos.

Yo miraba desde lejos preguntándome de dónde había salido tanto aceite y tanta suciedad si hacía solo una hora que estaba la casa reluciente…… LA PUÑETERA PATATA TODO LO QUE HA LIADO, PERO AHORA VOLVÍA A TENER EL ASPECTO DE SIEMPRE.

EVA

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