Domingo solitario

Una suave ráfaga de vientecillo fresco aprovecha la ventana abierta para acariciarme mi lateral derecho.

Con la brisa mañanera, entra fundida una amalgama de ideas, de sentimientos y de sensaciones, que mi alma indefinida, intenta captar con sus matices de colores.

Sobre la mesa, donde montañas de papeles esperan algo, que quizá no llegue nunca, y desnudo de cintura hacia arriba, digiero el café con leche que me he preparado como señal máxima de mi inteligencia en esta mañana de soledades.

Mientras Trini se broncea en la playa, yo he huido de las aglomeraciones, y me quedo sintiendo la belleza de la brisa fresca y con las maravillosas soledades. Ella con Eva, y los niños que, con voces cantarinas, anoche me llamarón desde los Seis Grifos, que yo pensaba eran siete.

El respeto a los gustos de cada uno, se va aprendiendo con el tiempo.

Mis piernas me gritan que quieren un paseo, les haré caso, cuando mis dedos de manos grandes, dejen de tocar el teclado, con la sinfonía estúpida del sonido mecánico de pulsar las teclas, que sólo se ve roto, de forma cadenciosa, por la barra de espaciado, y que haces, con ritmo ya apresurado, suena con sones agolpados, con la tecla del suprimir.

Oigo el silencio, y esta mañana he conseguido parar el tiempo. Solo unos minutos, quizá tres o cuatro a lo sumo, voy haciendo avances, he logrado, parar la mente, he observado nada, con la mirada, mirando al infinito, no he llegado ni a un metro. Dejo deslizar los dedos en el teclado, para que bailen solos, dirigidos por la mente aparcada.

No espero, ni busco nada. Sé bien que después probablemente no haya mucho. Esto de creer que hay después un cielo y un infierno pues sinceramente se me hace cuesta arriba. Ya en su caso os pondré un e-mail, aunque me gusta pensar, que esta riqueza de emociones no acabe nunca.

No necesito Hoteles caros, ni coches de lujo, ni viajes complejos, me conformo con un bar un tanto cutre, con raíces profundas, y hablar con los demás, de la nada. Sin reiteración, y dejando la mente, sin ser golpeada, por voces destempladas, miradas matadoras, y buscar en las personas, aquellas de gestos amables. Y amigos eternos. Esto en el trabajo es imposible, pues es otro mundo.

La mente se fortalece en las soledades, las cuales son necesarias, para buscar los rincones del espíritu. Rincones, recónditos, que de vez en cuando se encuentra alguno, pero que olvidas pronto, mientras buscas otro.

Me gustan leer a las poetas y poetas, y a las escritoras y escritores. Lo que es historia, lo que fue realidad, para concluir que siempre es lo mismo. Y la poesía, y el manejo de la palabra, divino arte, que cautiva,

¡y son tan pocos los que saben hablar!. Muchos ni hablan, sueltan sonidos guturales, como seres de otras especies, con las que tendremos mucho que ver, y manejan gestos, para ahorrar palabras, usan miradas y sonrisas para no hablar. Y cuando hablan, pues mejor hubiese sido que se estuviesen callados.

Construyo la vida, soy un constructor, en vez de ladrillos, procuro poner baldosas de sentido común. No necesito ahora que soy mayor “disfrutar”, porque es una palabra efímera de connotaciones no lógicas, es: Gozar de productos y utilidades de una cosa. Sinceramente no necesito muchos productos nuevos.

Mi buen amigo D. José Antonio Ruiz Lavigne, ya hace años jubilado, y que vive en Córdoba desde hace muchos años, me llamaba el INEFABLE JOSE LUIS.

Cada vez que me decía esto, pues no sabía si sonreír o cabrearme, no sabía que significaba Inefable, quizá falta de afabilidad pensaba, y así he pasado 40 años, con esta interrogación, hasta que hace pocos días, por fin, me fui al diccionario y me enteré: QUE NO SE PUEDE EXPLICAR CON PALABRAS.

José Antonio, me comentan que todo Córdoba agrícola, habla bien de ti, cosa normal, lo hiciste bien, y creaste escuela. Aunque llevas muchos años jubilado. Me comentan que estas un poco enfermo, pero no me lo dicen, con rotundidad y no me atrevo a llamarte.

José Antonio amigo, ahora lo comprendo, todo el mundo es INEFABLE.

Buenas tardes.

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Una respuesta a Domingo solitario

  1. cruzavias dijo:

    “La mente se fortalece en las soledades, las cuales son necesarias, para buscar los rincones del espíritu. Rincones, recónditos, que de vez en cuando se encuentra alguno, pero que olvidas pronto, mientras buscas otro” Muy bonito. Enhorabuena.

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