El divino de Torre del Mar

La vez primera que estuve en Torre del Mar, a unos 35 kms. de Málaga, al este, fue un verano y tendría 15 años mas o menos. Estaba con el bachiller y fui de niñero de mi sobrino Gabriel Requena Escudero.

Allá nos plantamos mi cuñado Gabriel Requena Escudero, que en paz descanse, mi hermana Mely, y Gabrielín Requena Sánchez-Garrido con su niñero, el que suscribe este escrito.

Estamos hablando de 1959 probablemente, cuando ir de Antequera a Málaga era toda una aventura con la Cuesta de la Reina, algo así como 20-25 kms. de cuesta, de carretera estrecha con mucho tráfico, curvas peligrosísimas, y donde había accidentes y muertes un día sí y otro también.

De Málaga a Torre del Mar, carretera también estrecha, con mucho tráfico, en la que se tardaba una enormidad. Así de Antequera a Torre del Mar podrían tardarse fácilmente  3,5 horas con los coches de entonces.

Se pasaba junto a los Baños del Carmen, en la playa, donde estaban separados los hombres de las mujeres, con una valla alta, para que no se viesen unos a otros. Y de bañadores enterizos y muy recatados. Ver a una mujer en bañador creo que era pecado, más o menos. Estaba muy prohibido y era propio de degenerados, unos pocos años antes.

Torre del Mar estaba despertando como centro turístico familiar, y se habían construido bloques todos iguales de apartamentos en la playa, de cuatro o cinco alturas.

No había Hoteles, salvo uno en la calle Principal, la que va a Vélez Málaga. Era una casa de planta baja y otra encima. No tendría más de 14-15 habitaciones. Allí se hospedaron mi hermana, mi cuñado y Gabrielín. A mí me buscaron una casa particular que estaba al otro lado de la calle, se atravesaba la casa, que era profunda, y en el fondo tenían una habitación que alquilaban, allí estaba yo.

Es la vez primera que pasaba 10-15 días en la playa , salíamos del Hotel, atravesamos el parque, nos íbamos a la izquierda cercanos a la playa y nos topábamos con las Casetas de El Divino. Casetas en rayas verticales de color blanco y azul,  casetas adosadas una a otra. Paralelas a la playa, cuadradas, con dos metros de lado y puerta hacia la playa.

Habría estimo unas veinte casetas, pero separadas en dos bloques en la misma línea por unos 10 m. de separación que eran la entrada oficial a la mismas. En esta entrada había un cobertizo de cañas, que además del pasillo ocupaba la parte delantera de dos casetas a la izquierda y derecha. Allí en estas vivía El Divino y su familia.

El Divino había sido pescador de siempre, ágil como un gamo y tremendamente activo.  Durante el verano alquilaba su casa baja, casa de pescadores, situada detrás de las casetas, a unos 100 metros o 150 metros, y se iba con su familia a vivir a la Playa.

No había chiringuito, y se alquilaba la caseta para cambiarse de ropa y dejar allí la misma y los enseres.

El Divino, preparaba baños de agua caliente en una caseta o  dos, tenía en cada una “tina o bañera”, hacia un agujero en el suelo, hasta dar con el agua, situaba un tubo vertical, tapaba el agujero,  y sobre el suelo ponía un bomba manual para sacar agua de los pozos.  Allí llenaba cubos de agua, los vertía sobre un caldero de al menos 200 litros. Debajo del  mismo la leña calentaba el agua, y con los cubos de agua hirviendo llenaba la bañera.

–“Divino”, puedes prepararme un baño de agua caliente para mañana.

–Pero tiene que ser por la tarde, la mañana la tengo cubierta (supongo que más de dos por bañera no daba tiempo por la mañana, y por la tarde, quizá otros dos, no lo tengo claro).

El Divino te contaba las mil maravillas del agua del mar caliente. Solo me bañe una vez, realmente salías como nuevo.

Por la noche, al fresco playero, se juntaban no menos de 15-20 veraneantes junto al Divino, y se montaban charlas filosóficas.

Había uno, el rico, del grupo que tenía una lancha motora, que por la noche sacaba del mar ayudado por los que por allí deambulaban. Era joven, a mi no me caía bien, pues no trataba de forma delicada a su Sra, embarazada, era un tanto un poco mal hablado y de modales toscos. Así que desde el primer momento, y por esta causa, rehusé de forma continua el ir en su lancha, y porque además la ponía a gran velocidad y no me gustan las temeridades.

Una noche a petición de mi cuñado, nos fuimos Gabriel y yo a pescar en un barco de pescadores a los que el Divino pidió permiso, todos los demás eran los trabajadores del barco, nosotros de invitados, eso creo que ahora está prohibido.

El barco llevaba arrastrado una barca de tres metros con focos potentes que iluminaban en vertical el mar. A la luz de  los focos acudían los pescados, aquella noche tocaba caballas.  Cuando había bastantes acumuladas, cerca de los focos, la traíña daba una vuelta  alrededor de la barca, pongamos 100 metros y tiraba la red la cual tenía por un lado corchos por otra plomos, y se formaba un circulo de red alrededor de la barca, después  tirando de cuerdas el circulo se cerraba por abajo, y era pues un cono invertido con la base en la superficie del agua, y el vértice debajo de la misma 10-12 metros. Y este cono con los peces dentro. La barca apagaba los focos y salía del círculo, ahora tocaba tirar poco a poco de la red, cada vez, quedaba menos espacio de la misma en el agua, con los peces dentro. Al final en cuatro o cinco metros de  longitud y tres o cuatro de ancho se acumulaba todo el pescado en la red reducida, se seguía tirando hasta que finalmente ya no había más red que la poca que contenía el pescado.

Había alegría, cánticos marineros, un poco de aguardiente al amanecer y Gabriel y yo ayudábamos en lo que podíamos. El pescado se seleccionaba en cajas, y al día siguiente al desembarcar, nos regalaron un surtido. Fue una experiencia que me quedó grabada en la mente.

El Divino era un personaje muy peculiar, instruido, amable, cariñoso, hablador, su señora encantadora y sus  hijas, creo que eran dos, también.

Cuando me casé, viviendo en Sevilla, me trasladaron a Granada, donde estuve desde los 25 años hasta los 30 aprox., y los veranos al menos tres o cuatro, Trini y yo alquilamos la casa al Divino y nos íbamos a Torre del Mar, con Jose y Eva, de poquísima edad. David no había nacido. Allí alquilábamos la casa un mes, en Agosto, aunque yo no siempre estaba allí, pues iba continuamente a Granada, a temas de trabajo.

La Casa de la Familia del Divino, era una casa típica de pescadores, muy limpia,  y muy muy antigua, humilde, pero que nos encontrábamos muy a gusto. Trini lo pasaba en grande. Y yo también.

Tengo una foto en blanco y negro con mi hijo Jose, con dos años, tengo los brazos en alto y entre las manos a él. En el Parque perpendicular a la playa.  ¡Vaya que se te caiga! Me decía Trini, ten cuidado, te hago la foto y lo bajas que me da miedo. Pero a Jose-Junior no le daba miedo.

Allí cerca a final del paseo, en la esquina con la playa tenía un estupendo apartamento Don Enrique Hernández Barrientos, que fue luego director de Cros en Fabrica San Jerónimo, y en aquellos tiempos estaba en Fabrica de Málaga de Amoniaco.

También  tenía un Apartamento el que después fue muy amigo mío D. Manuel Morón Salas, Jefe del Departamento de Formación del Personal en Fábrica de Málaga.

Con los años cuando se cerró la Fabrica un día Manuel Morón me entregó un cajón con fotos y diapositiva y una máquina de fotos, ya antigua.

-José Luis (me dijo) la fábrica se ha cerrado y esto se va a perder, por ello te lo regalo pues sé que tu lo cuidarás.

Y si Manolo efectivamente, lo que cuidado y lo guardo con mucho cariño, aquellas fotos en blanco y negro. Que también hacía el fotógrafo de la Empresa Sr. Pedro Leiva.

Pedro Leiva, era un caso, al hacer una foto de un grupo, si no quedaban todos dentro de la foto, en vez de él, dar un paso o dos atrás, pues ordenaba al grupo entero que diese el paso o pasos suficientes, pero el tío no se movía del sitio. Lo cual originaba cierto jolgorio. O te ponías como el decía o no había foto.

Un día en Torre del Mar, me encontré pues saliendo del agua a Mari Carmen Romacho  Desmartinez  y Cueto Medrano. Teníamos “filling”, nos llevábamos estupendamente. Era soltera.

Se casó y un día falleció en accidente en la Cuesta de la Reina, ella y su marido. Lo sentí mucho y todavía lo siento.

El ir de Granada a Torre del Mar, lo hacía por Alhama de Granada, el bellísimo pueblo cargado de historia, donde unos años  estuvo en el Servicio de Extensión Agraria Don José Santiago García Sánchez, casado con la hermana de Delegado de Amoniaco Español en Granada, D. José Barceló Sierra.

Pepe Santiago después fue contratado por Amoniaco Español y de allí, como la empresa la compró  S. A. Cros, pasamos a esta empresa, yo fui Jefe de Pepe Santiago varios años.

En Alhama tenía un cliente y amigo, muy caballero D. Francisco Nieto, no me acuerdo del segundo apellido – Vendía abonos y tenía una Fábrica de Aceite, después me he enterado que la vendió y hoy es una Cooperativa.

Pasado Alhama de Granada, de tan noble historia árabe, a los pocos kilómetros de pronto, se abre un espectáculo alucinante, se ve todo lo amplio la Axarquia de Málaga y al terminar la misma el mar, junto al mar Torre del Mar, que es un poblado de Velez Málaga, o era, pues ya es tremendo de grande.

Como vivía los veranos en casa del Divino, algunos sobrinos, empezaron a llamarme Tito Divino,  y José Luis El Divino. Estamos hablando de un ámbito familiar  y todavía hay algunos que así me nombran.

Me fui a Sevilla, me desconecté, ya estaba muy lejos, de Torre del Mar, ahora con las autovías, la han acercado a la mitad del tiempo, pues ya no se miden las distancias por kilómetros, sino por horas en ir de un sitio a otro.

Allí en Torre del  Mar estuvo a punto de ahogarse mi hermana la pequeña y yo casi.    Desde aquel momento le tomé fobia al mar. Todas las cosas tienen su explicación, pero esa es otra historia.

Cuando regresé a vivir a Granada a Albolote, en el 93 tenía ganas de volver a Torre del Mar.

Ya aquello es otra cosa, hay un impresionante Paseo Marítimo donde antes había una playa inmensa.  No daba con la Casa del Divino, en primera línea de Playa, la razón es sencilla, delante de la misma, han puesto unos impresionantes bloques de pisos. De pronto me encontré la casa del Divino , tal como estaba, como ha estado siempre, blanqueada y con un zócalo pintado de color verde, la misma de siempre, pero aun todavía más vieja. Chocaba con la casas de alrededor, todas nuevas, y la Casa del Divino, como siempre.

Había un pequeño supermercado el de siempre varias casas mas arriba,  después de 25 años es difícil que haya nadie de los de entonces llamé a la casa  o llamamos Trini y yo. No contestaba nadie, nos informamos que la hija del Divino había salido. No sabíamos cuando retornaría.

Nos fuimos a la Playa, y a uno del Lugar le pregunté si El Divino vivía, pues ya cuando   veraneábamos a lo mejor tenía 65 años, me levantó la mano, señalo a una figura sentada en una silla, sobre la arena, a unos 100 metros del Paseo Marítimo, ya no estaban las casetas del Divino, me acerqué sin distinguirlo  bien, sentado con bastón y yo más grueso que nunca, y el más delgado que nunca.

–Amigo Divino, soy José Luis Sánchez-Garrido, cuñado de Gabriel Requena, ya supongo que  no te acordarás de mí, de dije.

Ya me habían dicho que el Divino se encontraba muy mayor y con la memoria un tanto perdida.

–Sí que me acuerdo don Gabriel, me alegro mucho de verlo, cuantos años sin venir por aquí.

–No amigo Divino no soy Gabriel, soy su cuñado José Luis y vengo con Trini.

–Pues me alegro mucho de verlo don Gabriel.

–¿Cómo estás, Divino?

Y me contestó:

–Estoy aquí sentado, viendo mi mar. Viendo mi mar. Hasta que luego venga mi hija por mí.

Teníamos prisa pues íbamos de paso.

–Adiós Divino, adiós.

–Adiós don Gabriel adiós que lo pase Vd. bien

–Y Vd. también amigo Divino.

El mundo sigue dando los vueltas y la memoria se difumina con las mismas.

Buenas noches.

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3 respuestas a El divino de Torre del Mar

  1. Anónimo dijo:

    Hola.

    Cuando citas al divino, ¿entiendo que será el mismo de este video?

  2. Amancio dijo:

    Hola!

    La semana pasada me mandaron el link de donde hablabas de mi abuelo, y con ello, se lo enseñe a mi tía Carmen y mi madre Luisa por si os conocían…” CLARO QUE LOS CONOZCO !! ” comentaron. Creo que cuando se lo enseñé la semana pasada a ellas, también coincidió que mi tío Manolo traía algo a casa. Casa, en la que comentas que alquilabas en agosto y que mi familia aseguran también. Además, en otras redacciones de tu blog, existen fotos en las que sobre todo mi tia Carmen cree conocer los nombres que os corresponden a cada uno, a pesar de los años que ha pasado sin veros.

    Curiosamente, hace dos o tres dias, un veraneante conocido me pidió que le enviara algunas fotos de mi abuelo. Mi tia me acaba de dejar aqui a mi lado un montón de fotos de él y de los baños, a ver si me pongo a escanearlas y te las mando a ti también.

    Y…MUCHAS GRACIAS por tu redacción sobre mi abuelo y los baños. Siempre es de agradecer que a pesar de los años, aun se acuerdan de los antepasados, y de lo bien que se lo pasaban todos al rededor de los baños. Aun se intenta que todo el que venga se sienta como en casa, y que exista siempre un entorno casi familiar. Y si, aun queda algo de lo que fueron los baños en su entonces, reducido todo al alquiler de tumbonas. De corazón, gracias.

  3. Mª Teresa dijo:

    Hola!

    Me llamo Mª Teresa y soy la hermana “pequeña” de la familia Sánchez-Garrido (aunque tengo ya 57 años y pronto voy a ser abuela). De niña y adolescente, mis hermanos me llevaban de vacaciones allá donde iban, y también guardo imborrables recuerdos de la casa del Divino, pues he dormido allí muchas veces y he pasado inolvidables momentos, tanto en la casa familiar como en la playa con vuestra familia. Siempre he tenido casi idealizados aquellos lejanos días, fueron mis primeros contactos con el mar, pero nunca he olvidado a tu familia, me he emocionado muchísimo al oir hablar a tu abuelo, que tan amable era con todos los niños de la familia.

    Seguramente tu familia recordará el día que a mis dos hermanos mayores (Antonio y Jose Luis, el escritor del blog), a mis sobrino pequeño Gabriel y a mi, nos arrastraron las olas en un flotador de esos de rueda de camión que se usaban antes, y nos lanzaron contra las rocas. Tu abuela se preocupó mucho cuando vio la herida de mi sobrino y los innumerables cortes que los mejillones y las rocas me habían hecho por todo el cuerpo y llamó a la Cruz Roja. No fue nada serio, pero sí un susto mayúsculo que afortunadamente no me hizo cogerle miedo al mar, sino al contrario, sigo nadando y buceando siempre que puedo. Aquellos primeros contactos con Torre del Mar y vuestra familia fueron maravillosos, me han hecho ser una enamorada del mar y sigo nadando y buceando cada vez que tengo ocasión.

    Nos alegramos mucho de saber que vuestra familia continúa con esa tradición de alegrar y facilitar las vacaciones a los demás, que hace felices a tantas personas.

    Un saludo desde Estepona.

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