Martes Santo en Antequera

Cuando llegamos Trini y yo a Antequera eran algo más de las nueve de la noche. A la entrada por la Plaza de Toros estaba la Alameda cortada al tráfico. Veo un hueco entre las vallas, delante del Cuartel de la Guardia Civil, y por el entro con el coche. La entrada a Merecillas igualmente está cortada, y hago la misma operación. Sé donde voy, y sé por donde se ha de ir para no encontrarme con las procesiones y poder descargar el equipaje. Siempre dejo el coche sobre la acera, para no estropear la circulación, en una calle, donde cabe exactamente un vehículo.

Esta vez, no dejo el coche sobre la acera en un trozo, en el que hábilmente aparco cada vez que voy, delante de una tienda. Lo hago bien, no porque sea diligente, sino por la fuerza de la costumbre.

Lo dejo en la calle, descargo los útiles, bolsas y maleta preparada por Trini. Una bolsa con el traje de gitana, para una de las nietas, otra con la comida.

–Lo traigo todo preparado -me comenta- para no tener que salir a comprar nada.

Al poco un coche se sitúa detrás de mi. No veo al conductor, acelero la descarga, cierro el capó, y mirando al coche pego las dos manos pidiendo perdón. El del coche, saca la mano por la ventanilla: ¡Hola José Luis!

¡Hola, buenas noches le contesto! Me subo a mi coche y arranco y realmente no sé quien era el de coche de atrás.

Atravesando la Calle Merecillas, esquina Calle Laguna, con Calle La Vega, va pasando la procesión, así que giro por la Calle Estudillo y después Cantareros, Alameda, Plaza de Toros, y me voy a aparcar a las afueras del Colegio de la Inmaculada. Todo lleno a tope.

Me separo un poco de la circulación y me quedo al acecho de alguno que se vaya y me deje hueco para aparcar. El cielo tiene en consideración mi plegaria, y de inmediato sale un coche y me deja un hermoso hueco a pocos metros de la puerta de la Iglesia de la Inmaculada.

Trini, pone a hervir los centollos para la paella de viernes, hablo con mi hermano Juan Carlos, y salgo con Trini.

Son las 10,30 de la noche. En Calle Merecillas, me gusta ir al Bar Adarve, me encuentro cómodo. Tomamos un vermut, con unas tapas frías, y departimos con el dueño y su Sra.

El comentario del día: Mañana parece que viene a Antequera Sr. Rajoy. Y también de tiempo tan seco, que estamos sufriendo este año.

Al fina de a Calle Merecillas, empieza la Calle Mancilla, que es corta hasta Calle Lucena. Y al llegar a esta ultima, nos tomamos con la procesión ya ha pasado la Virgen, y ahora pasan un grupo de estilosas Sras., y Srtas. vestidas de mantilla.

Una Sra., o Srta. vestida de mantilla, para mi es un verdadero espectáculo visual. Van todas guapísimas. Zapatos de tacón, vestidos negros elegantes, la peineta alta o como se llame, que las hace crecer, y las magnificas mantillas que llegan hasta donde la espalda pierde su casto nombre.

Trini, Trini. –vámonos a Cruz Blanca, le digo- pues lo que pienso es verlas mas cerca en primera línea desde la balconada de Cruz Blanca. Pero mi gozo un un pozo, al final de la Calle Lucena, se deshace el soberbio desfile de las Mantillas.

Como consuelo pasan dos a mi lado, de belleza deslumbrante, el pelo pegado a la frente con ondas de los años 20.

–Hace muchos años, que no estamos en Antequera, un Martes Santo, -me comenta Trini.

–Es verdad -le contesto- al menos 30 años.

La explicación es sencilla, es día de trabajo y vivo fuera de Antequera.

Desde el sitio que hemos encontrado, junto a la puerta donde hace muchos años vivía Sr. Juan Quintana, miro a mi izquierda y veo la Iglesia de la Trinidad, de donde es la Virgen y el Señor del Rescate que se posesionan hoy. En la Iglesia de la Trinidad, nos casamos Trini y yo. Mi abuela vivía al otro lado de la calle, en Cruz Blanca, a un lado la Iglesia y al otro vivía mis abuelos y mi madre.

Mi madre, me contó más de una vez, como la iglesia la incendiaron antes de la Guerra, y como mi abuela, mi abuelo y ella con cubos de agua desde la fuente y muchos vecinos, formaron cadenas humanas pasando los cubos de uno a otro, para combatir el fuego.

Desde nuestra tribuna, delante recuerdo la tienda de Rafael Sánchez, donde mi padre me compro mi primer reloj un Cauny Prima que costo 325 pesetas, estamos hablando de hace 50 años que era un dineral, y no todos tenían reloj.

Delante veo cerrada, la casa de un compañero de Bachiller, hoy medico en Granada, y que no veo desde entonces Sr. Manuel Jesús Campos González, y al lado esquina con Santa Clara, la casa de Sr. Pedro o Paco Torres. Hoy ya no se de quien es. Allí en Cruz Blanca por cierto tengo un piso, que ahora está vacío sin inquilino.

Una niña, muy pequeñita esta a mi lado, con su hermana, no tan pequeñita, pero muy jovencita.

–¿Cuántos años tienes? -le pregunto.

–Chinco – me dice.

–¿Cuándo los cumpliste?

–En Chichiembre – me dice.

–¿Y como te llamas?

–Irella.

–¿Irella?

–Chí – me dice.

–¿Te gustan las procesiones?

-Chi, el viernes salgo con el Niño Perdido.

–Sabes -le digo- que yo fui cuando joven, Hermano Mayor del paso de Niño Perdido.

Irella se calla. No dice nada, su cara con mi pregunta es absolutamente inexpresiva. Le importa un pimiento lo que he dicho.

Delante nuestra, desde un balcón le cantan saetas a la virgen, una persona que hay detrás y que conoce a Trini, me saluda, pero que no sé quién es. Nos comenta:

-Es Paco Perdiguero, todos los años viene a cantarle a la cofradía del Rescate.

La Virgen da la vuelta y sube por donde ha venido así que sin saberlo me encuentro con los dos pasos, delante mía, uno frente al otro. Saetas, de una Señorita, saetas varias. Los dos tronos son mecidos delante nuestra, mientras suena una agradable música de Semana Santa entre aplausos y vítores del publico.

Me hago una pregunta: ¿Cómo a dar la vuelta el paso de la Virgen en la calle sino cabe? (supongo que marcha atrás).

Los dos tronos enfrentados quedan a dos metros uno del otro, el Cristo recula, y la Virgen avanza, llegado a un punto, pues a la inversa.

–¡Esto es nuevo! -me digo yo.

Ya al rato, veo que la Virgen no tiene que dar la vuelta en a calle, ni tampoco andar marcha atrás. Simplemente los hermanacos giran sobre si mismos 180 grados y posesionan la Virgen al revés, es decir mirando hacia atrás, y por delante la espalda con su manto.

Medida inteligente -pienso- así no hay que andar hacía atrás como los cangrejos, ni intentar dar media vuelta imposible.

¡Ha llegado la hora de irnos a dormir!  -me dice Trini.

Pues si le digo yo.

Y nos vamos a Calle Merecillas, ya con todo cerrada y los escaparates casi todos apagados. En el de Casa Jacinto, veo en el mismo todo tipo de cordones, guantes, etc., para vestimenta de nazareno en Semana Santa.

Buenas noches.

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