Para mi nieta María Moreno Sánchez-Garrido

Por Trini García Varo

Hola María:

Soy tu abuelita, por que soy pequeñita. Si fuese grandota, me llamaría abuelaza.

Te voy a contar una historia muy bonita, de una niña que nació hace siete años, y era muy pequeñita, tan pequeñita como una muñeca. A la niña, le gustaba mucho dormir y tomar biberones, que le preparaba su mamá muy buena y muy guapa. Le gustaba a la niña que la bañara su papá y cuando la abuelita estaba en casa de María, le gustaba que la sacara de paseo. Todos queríamos mucho a la niña, porque era muy buena.

La niña de mi cuento, fue creciendo, un día la bautizaron, su mamá le compró un vestido de princesa y la niña estaba preciosa con su vestido.

La niña fue creciendo, fue a la guarde y después al colegio, pero lo que mas le gustaba a la niña, era cantar y bailar, también disfrazarse y hacer teatro. Le gusta el cine y mucho las bolas, también le gusta hablar inglés, la playa y que le cuenten historias como esta. Esta niña se llama María.

Hace mucho, mucho tiempo, en un país muy, muy lejano, vivían las brujitas de este cuento. El pueblo era muy bonito, lleno de flores, muchas fuentes con agua fresca, un rio con ranitas que cantaban todo el día. El pueblo tenía su escuela y una placita donde todas las brujitas jugaban con sus escobas, volando por encima de los árboles.

Pero había una brujita que no podía volar, su mamá estaba enferma y la brujita tenía que cuidarla, tampoco tenía escoba. La brujita de la mamá enferma, estaba muy triste. Su mamá le decía: Cuando me ponga buena, te compraré una escoba para que juegues con tus amiguitas.

Un día de primavera, la brujita de nuestro cuento, se fue al rio, se sentó en la orilla, escuchando como cantaban las ranas. Y percibió una voz que le decía:

–¿Qué te pasa brujita?, ¿porqué estas triste?

La brujita se asustó, porque la ranas no hablan. Pero la ranita en cuestión, seguía preguntando. Como la niña no contestaba dio un salto de rana, y salió del agua, se puso la ranita al lado de la niña y le dijo:

–Yo sé porque estás triste. Y es porque tu mamá esta enferma y tu no tienes escoba para volar.

–¿Cómo lo sabes? –le contestó la brujita.

–Yo lo sé todo -le contestó la ranita- ve por ese palo grande y me lo traes.

La brujita cogió el palo grande y se lo entregó a la ranita. La ranita le dijo:

–¡Móntate en el!

La ranita se montó en el palo y, ¡oh!, milagro, se convirtió el palo en la escoba más impresionante y bonita de todas las que tenían sus amigas. La ranita le dijo:

–¡Es para ti, brujita!

–¿Para mí? -contestó la brujita llena de alegría y alborozo.

–Si -le dijo la ranita- porque has sido muy buena cuidando de tu mamá.

La brujita le dio un beso a la ranita. Se montó en la preciosa escoba y salió volando. Cuando llegó al pueblo su mamá la estaba esperando en la puerta de su casa, se había puesto buena.

Sus amigas las brujitas, se pusieron muy contentas y entonces volaron todas juntas, muy alto, muy alto.

María se que te gustará este cuento, cuando lo aprendas se lo cuentas a tus amigos que se divertirán mucho. También os podéis disfrazar de brujitas y hacer un teatro, como el de la reina patata que es muy divertido.

María te quiero mucho, más que al mundo mundial y eres la niña mas bonita de toda Sevilla y del mundo entero.

Tu abuelita Trini.

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