Impresionante fin de año de mi hermana María Teresa

Mi hermana Mª Teresa contesta a la entrada referida a La Gran Cagalera:

Hermano, en respuesta a este texto, te contesto con otro, y con unas fotos muy representativas del día 1 en Melilla, donde puedes verme a punto de desfallecer, con la botella de suero bajo el brazo, agarrándome a donde podía… Si ves oportuno ponerlas en tu blog no tengo inconveniente, aunque por su contenido íntimo y algo asqueroso, quizás sería prudente que quedase en el entorno familiar, y no manchase tu impecable blog.

Nos vemos el día 7. El arroz de Trini, me va a venir muy bien para controlar mi cagalera.

VACACIONES ESCATOLÓGICAS DE COLOR MARRÓN

Hermano, he leído tu artículo LA GRAN CAGALERA. Después de leerlo y reflexionar sobre el tema, he llegado a las siguientes conclusiones:

· Es una ordinariez sacar este tema en tan distinguido blog, pero ya que tú lo has iniciado, vamos a profundizar en él. Bien mirado, quién va a escandalizarse a estas alturas…

· Creo, que este artículo no es espontáneo, sería demasiada coincidencia. Sospecho que alguien te ha contado mis “vacaciones marrones”, y esto es una insinuación para que yo muerda el anzuelo. Pues he picado.

· De todas formas, con la familia que tengo, la verdad se sabrá antes o después, y no hay quien me libre del bochorno y la guasa general, así que como dice Chati: “Más vale que te adelantes y lo cuentes en 1ª persona”

Pues verás, como llevamos un año de MIERDA (pido perdón por la expresión, pero sin propósito de enmienda, porque voy a seguir utilizando este término), decidimos escaparnos literalmente, a algún sitio a tu estilo, un lugar desconocido y donde nadie nos conociera, donde poder ir al contrario del resto de la humanidad en la noche de Fin de Año, es decir, no disfrazarnos de fiesta, no comer una comida especial, no alternar con nadie… Nuestro plan era quedarnos en el hotel tranquilos, en pijama, a ser posible con un trozo de pizza y una botellita de cava, viendo la tele y hablando, haciendo ese balance existencial que de alguna manera, todos solemos hacer por estas fechas.

Después de mucho pensar, el lugar elegido fue Melilla, ciudad de la que nos han hablado muy bien. Todo el mundo aprobó la elección, parecía el lugar perfecto para pasear, desconectar, comer bien… todos, excepto mi hermana Mely, que es la única persona sensata y con buen criterio de la familia. Pues bien, salimos de casa el día 31, a las 5 de la mañana, camino del aeropuerto, para coger el avión que nos llevaría a visitar el Norte de África durante 4 días, llenos de ilusión, optimismo, y ganas de terminar de buena manera este año de dificultades. Nada más arrancar el coche, sentí un retortijón tremendo, que achaqué al empacho de dulces y el atracón de comida navideños, pero al facturar las maletas, comencé a notar esos síntomas que tú refieres: mareos, sudor frío externo, calor interno…como tú bien dices, el depósito hinchado, y la válvula, incandescente, apenas podía cerrarla para contenerme. Muy positiva, pensé que serían los efectos del café, y salí intentando correr sin abrir la válvula, a buscar los servicios del aeropuerto. Yo, que creí que lo sabía todo en la vida, allí viví por vez primera, la experiencia de saber qué es una cagada por aspersión. Tú hablas de un chorro grueso, capaz de hacer un hoyo en el suelo. En mi caso por el contrario, se trataba de un riego tipo lapilli volcánico, con fumarolas incluidas, y repartido en 360º, con lo que era difícil salir bien parada. Me dio tiempo a plantearme si era mejor seguir siendo escrupulosa y no sentarme en el wáter, o mancharme la única ropa que tenía, ya que el resto estaba facturada, pero no hizo falta: era tal la cantidad, que las fuerzas me abandonaron, las rodillas se me doblaron y me senté de golpe en la taza. Cuando pude levantarme y fui al lavabo, vi que tenía la cara de color gris, los labios blancos. Pepín me miró preocupado pero seguí animosa, y le dije: Nada, un virus como el que tú has tenido, pero éste no me fastidia a mí las vacaciones. Pídeme otro cafelito, anda. Cafelito que por supuesto, empeoró la cosa.

Pero no fue esa la única diferencia entre tu cagalera y la mía. La tuya fue monodosis, concluyente. La mía, repetitiva, machacona, interminable. A partir de ahí, la historia se repitió incansable e invariablemente: en el avión, al bajar del avión, al llegar al hotel, por las calles de Melilla… Recorrimos la ciudad, preciosa, llena de edificios modernistas, de murallas bien conservadas, de bares y restaurantes con un tapeo impresionante, buscando los servicios de los establecimientos para hacer mis deposiciones. Allá donde entraba, cagaba, y como el olor que dejaba era nauseabundo, de cloaca, no podía volver a entrar, iba muerta de vergüenza. Esto era un problema, pues mi marido anda poco, y llegó un momento en que ya me conocían en todos los bares cercanos al hotel. El día 31, fue para mí, ni mucho menos el peor, pero sí uno de los días más largos del 2011, y a medida que pasaban las horas, notaba que iba cada vez más débil, estaba deshidratada, tenía mucha sed y tenía la lengua como un zapato. Sin querer rendirme ante la cagalera, decidí ir a la farmacia. Allí me dieron suero fisiológico y me aconsejaron dieta. Nos fuimos hacia el hotel, y a pesar de la situación, mi marido, que no abunda en buenos golpes, me dijo:

-Pues no ha sido mala idea venir a otro continente a descargar todo esto…

A lo que yo contesté:

-¡Como el 2011 ha sido un año de mierda, acabémoslo como se merece!

Riéndonos a carcajadas, y andando de mala manera, Pepín por su problema de columna, yo porque no me atrevía a separar mucho las piernas, nos fuimos a buscar un taxi que nos llevase al hotel. El taxista nos miraba de reojo, desconfiado. En la habitación, la situación era difícil pues resultaba complicado disimular los olores y ruiditos varios, pero mi marido, que acababa de sufrir la misma experiencia una semana antes, se mostró bastante comprensivo.

Tras un cambio de menú, cambiando la pizza por un frugal arroz salteado, nos refugiamos en la habitación con una botellita de cava, y nos costó a ambos Dios y ayuda aguantar hasta las 12, cosa que hice como un esfuerzo sobrehumano, después de 20 horas sin dormir, porque tengo la tradición milenaria de molestar a mi sobrina Esther cuando se está tomando las uvas, y no quería fallarle en esta íntima y personal tradición familiar. La muy fresca se adelantó, pero aún así, tuve fuerzas para marcar su nº mientras sonaban las campanadas. Son tantas las veces que lo he hecho, que he llegado a la conclusión de que la forma más segura de ponerla nerviosa, sería no llamarla ese día.

A lo largo de la noche hice infinitas excursiones al baño, y el día 1 lo comencé literalmente extenuada. Cuando mi media naranja vio el aspecto que tenía, me dijo: “Yo aquí no aguanto tres días más en estas condiciones, llama al aeropuerto que nos volvemos a casa”. Tuvimos suerte y había dos plazas libres en el avión de la tarde, así que pudimos aprovechar el día maravilloso de sol, para visitar la Ciudadela, los monumentos y los servicios de todos los restaurantes que nos quedaban, dejándolos en un estado lastimoso. Hasta pude tomarme un Aquarius con mi amiga Lola y su estupenda familia que estaba de vacaciones en su tierra.

Nuestra escapada se vio reducida a la mitad, y yo perdí dos kilos y parte del dinero, pero al menos, no perdí el buen humor.

Ahora, me queda soportar la flojera que me ha quedado, y lo que es peor, la avalancha de bromas familiares. Ya ha habido llamadas diciendo: “Parece que hay un volcán en erupción en Melilla”, o “He visto en las noticias que Melilla está atascada…”. No quiero ni pensar en la reunión de hermanos Sánchez-Garrido el día 7. Que Dios me pille confesá.

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4 respuestas a Impresionante fin de año de mi hermana María Teresa

  1. jose dijo:

    MI querida tía,

    Soy tu sobrino Jose (muy impactado por la narración); en mi opinión esto va a marcar un antes y después, creo que en casi todo. Todavía me estoy riendo.
    Lo he subido, sin tu permiso, a mi faceebook, y está corriendo como la polvora por las redes sociales. Agárrate!
    bsos!

  2. Anónimo dijo:

    Querida Teresa, a quién se le ocurre contar algo así a Jose Luis padre e hijo, creo que la historia acabará adpatada a la gran pantalla en una saga en 3D con estereocopía y proyectada en 3d mapping proyecting en los edificios emblemáticos de la ciudad de Melilla. Besos

  3. Mª Teresa dijo:

    Estoy desbordada con los comentarios que recibo en este blog y en mi correo personal. No entiendo, que he pasado toda la vida siendo prudente y he pasado desapercibida, y para una vez que me suelto la melena y cuento una interioridad, algo normal que le pasa a todo el mundo, se forma un escándalo…. Creo que en esta familia hay muy poca caridad y mucho pitorreo. Por cierto, Jose, no me has preguntado si ya estoy bien…ESTOY ESTREÑIDA!!!

  4. jose dijo:

    Querida tía,
    son los melillenses quienes nos preocupan!!

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