Paseando por Puerta Real

Trini y yo nos hemos ido hoy a dar un paseo por el Centro de Granada. Hoy domingo, con el cielo plomizo, y después de anoche perder el Real Madrid, en su campo.

Ella va guapísima, con un elegante corte de pelo con el que regreso anoche de Antequera, después de dejar la casa adornada para las nietas y nieto. Y sus padres.

Voy un poco cansado, me quería levantar tarde pero no he podido, quizá la fuerza de la costumbre. Pero lo que es peor es que he dormido poco, con mi insomnio casi habitual, tendré que volver al médico. Las pastillas no me hacen efecto. Lo haré a primero de año (si Dios quiere). Aunque soy un afortunado, tengo trabajo y sobre todo una familia unida, que nos queremos. Y los kilómetros a recorrer que quedan en este trayecto existencial, se percibe que claramente estamos al final de camino. Queramos o no los caminos terrenales tienen un fin, donde ya muchos de mi familia y amigos llegaron.

Paseo por Puerta Real, después de haber aparcado debajo de la misma, con sus tenderetes de artesanía, instalados para la Navidad.

Trini compra un pañuelo de seda, me lo dan para que vea lo que pesa. No pesa nada, ligero como el viento. Pintado a mano, con pinturas “atoxicas”, de colorido naranja en diferentes tonalidades. La Sra. que los vende, explica como se lavan, como se planchan, y con mimo lo enrolla cuidadosamente, para ponerlo en una cajita, y envolverlo en papel regalo. No hay prisa. Los minutos transcurren, me voy a ver otros puestos, veo todos, vuelvo, y sigue el protocolo del pañuelo de seda. Esta claro que la vendedora, es una experta en pañuelos de seda. Con esto de la especialización, cada uno es experto en una cosa, un Perito compañero mío me dijo, no hace mucho, que él es realmente un experto en “corrientes de aire”, experto en corrientes de aire, por donde debe entrar el aire, en un sitio y por donde debe salir, para buscar en lo posible la temperatura que deseamos.

Pago religiosamente el pañuelo de seda, que al final no es uno sino dos. Uno mayor y otro menor. Supongo que el menor es para Trini. Ella es pequeñita, pero bien hecha, hoy, además de guapa, va elegante y graciosa. Yo igual, pero todo lo contrario.

Atravesamos Reyes Católicos, y nos adentramos en la Plaza Big Rambla también con diferentes establecimientos desmontables, al aire libre, en este caso de dulces navideños. Nos acercamos y nos dan a probar turrón. Compramos algo, y observo en los kioscos, los que venden con gracia y con salero. Los que venden con alegría, y los que venden tristes, aburridos y hasta antipáticos. Yo antes de acercarme observo las caras, si es cara agradable me acerco, sino me voy. No quiero problemas un domingo.

Con Trini, vamos al Restaurant Cunini, y en la barra, pido una caña, y después un Martini, para cada uno de los dos, con un poco de ensaladilla rusa, de la que saben hacer allí, que quita el hipo. El Cunini está a reventar, en el trayecto los demás bares y restaurantes absolutamente vacíos por algo será. Sin duda por la enorme calidad del Cunini, allí hay a la vista en la vitrina, entre otros mariscos, unas cigalas, de aspecto impresionante, que tiran de espaldas.

A mi padre y a mi madre le encantaba el Cunini, y con ella estuve, estando mi padre hospitalizado en Granada. Poco antes de morir el, y un poco mas retirado de que se fuese para siempre ella. Teniendo a ambos muy presentes en mi memoria. A pesar de los años. Los padres son los padres. Volvemos por la Plaza de las Pasiegas, también con tenderetes navideños. Pero muy poco personal paseando, parece que con la crisis, deben estar retrepados en sus pisos. Esta crisis , vamos a ver donde nos lleva. Aquí se ha cambiado la mentalidad, la mentalidad del gasto de años antes, ha pasado a la mentalidad, de no me gasto un céntimo por lo que pueda pasar. La Ley del Péndulo.

De regreso al coche en la plaza del Ayuntamiento, en la entrada de la Calle Navas, hay un coro de jovenas y jóvenes, que cantan , es el Coro del Realejo, nos paremos y lo hacen muy bien. Los escuchamos un rato, y por supuesto dejamos una buena propina, se lo merecen. Yo creo que no hay que ahorrar en estas cosas.

En la Plaza de Mariana Pineda, en el Kiosco, me gusta cuando estoy cerca comprar allí el periódico, la señora del kiosco, tiene una cara de dulzura, y una sonrisa tan agradable, que por verla, merece la pena, andas muchos metros.

Ni Trini ni yo queremos tomar más nada en la calle. Ni Trini ni yo tampoco queremos tomar nada en casa.

Al pasar por este recorrido, echo de menos, las imágenes vivas, de cuando era joven, y tenía Amoniaco Español S. A. la oficina junto a Puerta Real, en Plaza de Matadero Viejo (después le cambiaron el nombre a Plaza de Campo Verde, no se por qué, allí no hay campo ni verde). Y me acuerdo del Delegado Sr. José Barceló Sierra, que falleció en una operación de corazón, en aquellos tiempos, que se empezaba a operar los corazones.

El Bar Suizo, todo una referencia, todo un clásico, que cerró, donde había limpiabotas, que limpiaban los zapatos como nadie, honrosa profesión, que hoy ha desaparecido, quizá por aquello de no ponerse a los pies de nadie.

Si ya casi recientemente cerró Los Manueles, Los Manueles de el sitio de antes, ahora están en otro lado pero no es lo mismo. Antes era el sitio, era la decoración. Los establecimientos de mas de 60 años por ejemplo no deberían cerrarse nunca. Tener alguna ayuda o protección como establecimiento en edad de jubilación. Me acuerdo del Restaurante Los Leones, en Puerta Real, siempre lleno de turistas, y hasta turnos, que ya cerró, y la Cafetería Nevada, de la que era un cliente habitual, y durante años años tomaba allí café, antes de irme a Sevilla, en mi juventud, después de estar en Granada.

Hace un poco de frio, todo el mundo va abrigado, para no resfriarse, habrá que esperar la primavera, para ver de nuevo los cuerpos cimbreantes de las mujeres. Ahora embutidos, en gruesos y ligeros abrigos aislantes.

Pensaba cuando nos fuimos de Granada a Sevilla, probablemente, en el 74, que no volveríamos a Granada, pero no fue así volvimos en el 93, en Albolote.

Al salir, veo el elegante bloque donde tenia un piso, de nuestra etapa en Granada, cerca de la Basílica de las Angustias, a la que tanto fervor le tenia mi padre. Que estuvo en la guerra, en el frente de Granada, allí en sus oraciones para salir vivo, fue donde ya no se olvidó nunca de la Virgen de las Angustias, mi padre era intimo amigo de MARIANO, que tenia un Bar Restaurant, en la Plaza del Ayuntamiento, muy acreditado, que se llamaba Los MARISCOS, y donde más de una iba, en mi época joven. Todo esto se ha perdido.

En el piso donde vivía en Calle Poeta Manuel de Góngora, abres las ventanas y tienes debajo, a los pies del Bloque, el Colegio de los Escolapios.

Así acompañado de los recuerdos, llegamos a Albolote, para matar con tranquilidad la tarde del domingo. He conectado la calefacción y Trini se ha tendido en sofá, con una ligera manta. Yo que no aguanto mucho la tele, he venido al ordenador, a contar los recuerdos, una forma de usar el tiempo, como otra cualquiera. Para que pasen a la nube a la nube informática, y después desaparezca de la nube, y quede en las estrellas.

Vamos poco por Granada, casi nada, está donde siempre, con su encanto de siempre.

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