Los comercios de comestibles de Antequera medio siglo atrás

Si, muchas veces lo recuerdo aunque la memoria con el tiempo se va difuminando, hasta que llegue un momento que la misma desaparezca.

¡Cuánto ha cambiado el comercio de comestibles! Las por mi añoradas tiendas de mi adolescencia.

Yo iba a cobrar, me enviaba mi padre, para tal gestión, y siendo proveedor en poca escala de algunas, en mayor escala de otras, pues prácticamente se les vendía a todas. Y allí iba con mi cartera bien cogida, para evitar perdidas, y en ella una carpeta con las facturas debidamente ordenadas, siguiendo el itinerario que debía seguir, y otra con el dinero.  También un buen bloc para recoger pedidos. Y una lista larga de precios.

Junto al negocio y casa de mis padres, en Calle Merecillas, estaba en la esquina  la tienda LA ADRIANA, allí mas que ir a cobrar, íbamos a comprar. Tienda limpísima, cuidadísima,  con enormes ristras relucientes colgadas  quedando entre la parte de arriba del mostrados y la parte de debajo de las ristras pues un metro ó  1,20 cm. Todo lo más. D. Antonio Olmedo Tobarías el dueño, y su señora, ella toda vestida con uniforme blanco, blanquísimo. Calidad, limpieza y cortesía. El publico se apiñaba haciendo compras. Supongo que allí mismo en la casa, harían la matanza. No lo sé.

Así La Adriana, estaba a pocos metros en la esquina con la C/ Estudillo. Al otro lado de la esquina una “barbería”, de D. Antonio Jiménez Mingorance. Todo un filosofo, de gestos estudiados, de palabras justas, donde además de ir muchos mayores a afeitarse, de paso, había un cambio de impresiones. Sobre la jornada, sobre lo divino y sobre lo humano. Simplemente la mayoría de los clientes eran grandes amigos.

Saliendo de mi casa justo la casa de la derecha el Bar Pepe Fox. Se le llamaba así, porque a él y a su mujer le encantaba bailar, el baile de moda de aquellos tiempos “El fox”.  Sr. José Cuesta Anguita, murió joven, creo que como consecuencia de secuelas que tuvo de caer de una moto, iba en el asiento de atrás y cayó de espaldas. Somos  en mi familia muy amigos de sus hijos. Uno de ellos, “Fox” (junior), era un genio jugando al futbol, llegó a jugar en el  Elche en primera división. Le faltó un manager adecuado que lo tutelara, pues rompía moldes jugando al futbol, es maestro de escuela. Su hijo Javier sigue en la Hostelería, y los hijos del mismo. Buenos profesionales todos.

En la siguiente esquina  pero a la izquierda de casa y a pocos metros, estaba LA PEÑA, de Sr. José Vegas Vegas y su hermana Srta. Paquita Vegas, la cual ha tenido muchas evoluciones a lo largo de los años, y ampliaciones, en aquellos tiempos era la mitad de “matanza”, y la otra mitad de tienda de comestibles, después con los años cambió a tienda de tejidos. Y tuvo varias ampliaciones, hasta la jubilación, que se cerró.

Más abajo a 50 metros, en Calle Toronjo, la tienda de mi tío Rafael Reyes Ortega, que era de comestibles, después fue bar y posteriormente se cerró, hace muchos años. Mi tío Rafael, si por algo se distinguía era por ser una buenísima persona.

En la Calle Toronjo, más arriba estaba la tienda de PERIANA, Sr. Rafael Delgado Periana, en ella había sacos de garbanzos, judías, lentejas, etc., que en cartuchos de papel se llenaban con el “vertedor” y te servían la cantidad que querías.

En Calle Merecillas estaba El Estanco de Madrona, toda una institución, donde se compraba, aparte de papel de cigarrillos, etc., etc., pues papel timbrado, y letras de cambio, algunas con plantillas de importes elevados.

La Tienda de Jacinto, esquina con Calle Laguna, ha sido un lugar de referencia durante muchos años, todo tipo de botones, agujas, cremalleras, y cosas de costura, por rara que fuese allí estaban, hoy uno de sus hijos sigue con el mismo negocio, pero en otro local de Calle Merecillas.

Y delante de mi casa un poco a la derecha Hotel Pensión El Colon Chico, donde llevaba el negocio la Sra. y el Pedro que además de ayudar, trabajaba en la contabilidad en La Azucarera Antequerana.

Delante de mi casa, frente por frente una carpintería Vicente González, y en la esquina “Alamilla”, que creo era un taller de Hierros. frente a la Adriana. Y más allá  un gran taller de camiones “Atanasio”, con modernas máquinas para hacer piezas, tales como tornos, etc.

Por calle Merecillas, en aquellos tiempos de suelo de tierra, entraban los carros, de los cosarios, que no les dejaban pasar por la dos calles paralelas del centro, y venían los cosarios con los carros, de pueblos y aldeas situados hasta 30 kilómetros, allí al pasar dejaban la  nota de lo que querían y al regresar para sus pueblos recogían “los mandados”. Salían de su origen a las 5 de la mañana por ejemplo para estar en Antequera a las 10 de la mañana y salir de regreso con los carros cargados a las tres de la tarde y llegar a sus destinos a las 7-8 de la tarde Me acuerdo mucho del cosario de Mollina: “Piruja”.

Mi padre de hortelano se recicló, pasando a activo comerciante. Así no con tanto detalle, recorría las calles de Antequera, de tienda en tienda, y de bar en bar, cobrando facturas.  La lista de clientes entre tiendas y bares, pues fácilmente habría 120-130, tenia que ser muy activo.

-Niño, esta semana no te pago, ven el Jueves de la próxima semana, a las 4 de la tarde.
-No puedo estoy en el Instituto.
-¿A que hora puedes venir?
-A las 8 y media de la tarde.
-Pues de acuerdo.

Había cierta seriedad, sabían que iba con cierta prisa y salvo algunos desaprensivos, que me hacían esperar sin compasión, la mayoría eran amables. Algunos decian a sus clientes:

–Voy a atender a este niño, señoras, le voy a pagar en un momento, y ahora estoy con Vdes.

Realmente terminaba tarde, dejaba para muy de noche a aquellas tiendas que sabía que cerraban tarde, para así alargar mas tiempo la jornada.

Y así en Calle Cantareros, me acuerdo de la tienda de D. Manuel Bermúdez.

En la Plaza de Abastos el Bar Palomo, de D. José Palomo Lázaro, que siempre me atendía muy bien.

Las hermanas Sancho, en Calle Duranes. el bar de Sr. Juan Muñoz Guardia, en la Cruz blanca. En la Calle del Obispo había una tienda, muy desordenada pero que vendía muchísimo “El Cañuelo”, y haciendo esquina con calle San Pedro, Don Juan Campos Chacón.

En Calle Alta, una tienda de enormes ventas, de la que quizá vendiese más, era del Sr. Antonio Romero Romero “El Polaco”, una tienda muy grande y siempre llena de público, que compraba mucho, y no discutía el precio, te pagaba hasta el último céntimo.

Otros no eran así, si la factura era por ejemplo 8.550 pts., pues me decían te pago 8.500 y te apañas, yo no pago picos. Esto me cabreaba, pero tenía que sonreír de forma estúpida. Como a mi ello me desagradaba, pues nunca lo he practicado cuando he ido a comprar, eso de proponer un auto-descuento, o casi nunca.

Así  iba por cada esquina de Antequera, llegaba a EL PORTICHUELO, adonde había una tienda de “El Mauro”, las Peñuelas, y en la Plaza Alta una enorme tienda de dos hermanos que pagaban, muy bien hasta el último céntimo.

Caminaba y caminaba con los zapatos “marca El Gorila”, que duraban años y servían para jugar al futbol, para todo, duros como un roble. Y pantalón de pana en invierno, primero corto, después “bombacho”, y finalmente ya de hombre, el pantalón largo. Se marcaban los tiempos, se marcaban las edades.

Calle Estepa, era fantástica, GOMEZ SANZ, probablemente la tienda con mas delicatesen de toda Antequera, de la mas elitistas, muy limpia, luminosa y atrayente, con los dos hermanos, buenísimos comerciantes, frente la tienda de Maqueda, que no hace mucho cerró, siempre serio y riguroso.

Berrocal, en Calle La Tercia, una estupenda tienda, extraordinariamente bien surtida, si uno quería comprar una lata de conservas, por rara que fuese, pues ir a Casa Berrocal.

En la Calzada, D. Bernardo González Morales, otra tienda muy buena, que tenía una confitería de Elite en Calle Estepa: La Mallorquina.

Bernardo era muy amigo de mi padre, y su hijo puso un bar muy cerca de la Calle Estepa: La Barra Partida. Allí fuí una noche vieja con mi hermano Antonio y María José a celebrarla, realmente era al principio y estábamos solos.

Bar La fuerza, en la Calle Alameda, hoy sigue con sus hijos, teniendo una alta fama por sus buenos desayunos; El Bar Núm. 1, en Calle Lucena.

Se me desparraman en la memoria, en Plaza del Carmen había una tienda que vendía mucho, creo que se llamaba el dueño Pozo de apellido. Y cerca una tienda un tanto cutre donde lo que vendían eran aceitunas en diferentes estilos, de El Legionario, que te contaba unas batallitas inacabables.

Antes para comprar aceite iba uno con su botella vacía, y otra para el vinagre, y otra para el vino, no había que reciclar nada. Y cuando alguien compraba jamón, el tendero decía: ¿Quien tiene enfermo en su familia? Y en aquellos tiempos es donde se aprendió a cortar el jamón casi transparente. Era una técnica que todos seguían por su alto precio.

Y enormes bacalaos salaos, “lubina” o “labrador”, el segundo en el lomo tenía a cada lado una línea negra, y el “labrador” blanca, el labrador creo que se llamaba así porque se pescaba, cerca del Polo Norte, en la Península del Labrador por los barcos “bacalaeros”.

Recuerdo que las galletas María venían en latas cubicas, de o,15 cm. de lado, a granel, y te preguntaban cuantas querías, pues 15 galletas y te las contaban y envolvían, para mojar en la leche y que engordaran y se hincharan.

Casi todo el  comercio de comestibles ha desaparecido de vez en cuando hay alguna “tienda de conveniencia”, pero pocas, ahora ya los Eroskis, Mercadonas, y similares, han roto en buena medida el comercio tradicional. El comercio de conversación, y ahora está la compra silenciosa, la compra donde no se habla con nadie, ver, coger y al carrillo de la compra. Y a pagar, dándote prisa en soltar los paquetes en la cinta corredora, porque detrás te apremia y te mira con mirada inquisidora, diciendo mentalmente: ¿Date mas prisa hijo, que eres muy lento? Y ahora con la moda: ¿Cuántas bolsas quiere Vd?  (que se va a enterar lo que lo voy a clavar).

Yo pues añoro las tienda de comestibles, o tiendas de ULTRAMARINOS, no hacían falta tantos periódicos, y algunas, las mas, se abrían al amanecer o muy temprano, antes de irse a trabajar al campo, muchos ciudadanos, y los bares también, para tomar una copa de aguardiente y “matar el gusanillo”, y diré que para despertar totalmente después de una copa de aguardiente, el cuello se estiraba y la cabeza subía al menos 10 centímetros

A mí el comercio moderno, pues si es muy comodito, y rápido y se aparca muy bien, etc. Pero ¡que bonito es el comercio tradicional!, donde hablas con personas, donde te comunicas. ¿No vale ello dinero?

Buenas noches me voy a dormir. Espero que el Debate entre Rubalcaba y Rajoy haya sido interesante.

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3 respuestas a Los comercios de comestibles de Antequera medio siglo atrás

  1. Mª Teresa dijo:

    Creo que te vas superando, este es uno de los mejores recopilatorios de recuerdos, que si no fueran por ti, se perderían, pues los demás tenemos la cabeza en otras cosas… Por cierto, ¿te acuerdas de “La chica alpiste”, que alquilaba cuentos? Era en la calle Toronjo, yo pasaba horas intercambiándole tebeos, me acuerdo perfectamente de su kiosquillo en el zaqguán. También iba a cambiar a otro que no recuerdo como se llamaba, al principio de la calle Carreteros, frente a la framacia de Artacho…QUÉ TIEMPOS!

  2. Mª Teresa dijo:

    Ah! Y mucho más interesante que el debate de los políticos… Hiciste bien en no verlo.

  3. Thank you for every other excellent post.I’ve a presentation next week, and I have found what I can add in my speech. Great job!

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