Historias de familia

Por Trinidad García Varo
A mis hijos: José, Eva y David.

Escribí hace unos días sobre un recuerdo que tengo todos años el día 1 de Mayo, cuando íbamos mi madre y yo para iniciar la novena de San Juan, al Cristo de la Salud y de las Aguas, en Antequera.

Si soy sincera casi nunca he hablado de ella, pues me produce mucho dolor. Solo en pensar como se fue y nos dejó tan solos, ella era muy joven, tenía ganas de vivir. Nos dejó desamparados.

 Junto a mis padres y mi hermano

Vuestra abuela era pequeñita, y muy delgada y alegre. Estaba siempre contenta, aunque la vida era muy dura en aquellos tiempos. Vuestra prima Esther, es la que más se parece a ella.

Vivíamos con nuestros abuelos paternos, ellos tiempo atrás tenían dinero y propiedades, solo tenían un hijo: mi padre.

Mi abuela Trini, era la mujer más guapa que he conocido.

 Mi abuela Trinidad López

Tuvo tres hijos y una hija, solo vivía mi padre, el más pequeño de los hermanos, los demás murieron a los seis años, de una enfermedad rara, después nació la niña que falleció a los tres meses, después mi padre, que fue el único sobreviviente. Todos tenían el miedo en el cuerpo temiendo lo peor pero no fue así.

Mi abuela y mi abuelo eran primos hermanos, y en aquellos tiempos no se sabía nada del RH, por ello morían tantos niños. Cuando nació la niña, mi abuela quedó inmunizada y mi padre no heredó la enfermedad, esto se conoció muchos años después.

Recuerdo mi casa en Calle Belén, en el cuerpo de casa, que era muy grande, los retratos de mis tíos en unos marcos de madera marrón, y los de mi bisabuelo, marido de Carmen López, mi bisabuela querida, que murió a los 100 años y a esa edad cosía la ropa sin gafas. Carmen López, todos los años en invierno se ponía enferma, cuando venía el médico siempre nos decía: No preocuparos chiquitos, que en esta hecha, cigarrón no va a la percha.

Las fotos de los niños eran en blanco y negro, lógicamente. La foto de los niños muy guapos, pero el abuelo tenía cara de pocos amigos, con solo mirar el retrato te ponías a temblar, recuerdo que tenía un bigote retorcido, que le llegaba casi a los ojos. Eso me parecía, mi abuela Trini, lloraba mucho por sus hijos muertos.

Vivíamos con mis abuelos, ya que mis padres cuando se casaron se fueron a vivir con ellos. Primero en la casa grande de la Calle Belén, junto al arco de la Puerta de Granada, una casa muy grande y muy bonita. Mis abuelos allí tenían cabras, caballos, gallinas, gallos y conejos. La casa tenía dos puertas, la principal y la del corral. Los patios llegaban a la calle de atrás. Los muros eran de tosca, y sobre ellos crecía la alcaparra, a mí gustaba coger sus flores. Mi abuela me contaba que era la flor de la Pasión de Cristo, mira me decía, la cruz, la corona, los brazos. Yo me quedaba embobada escuchándola, mi abuela Trini era muy dulce.

En la casa, se hacía queso con la leche de las cabras y en Navidad cuando las cabras parían, con los calostros, se hacía requesón que estaba muy bueno.

No sé que pasó, pero todo se fue vendiendo, se vendió la casa de campo, el campo, las cabras, poco a poco nos fuimos quedando sin nada y nos tuvimos que ir a la casa de Carmen López, que la compró mi abuelo en la misma calle cerca de Iglesia de Santiago.

Las cosas iban de mal en peor. Mi madre se puso a trabajar encalando casas. La recuerdo con una caña muy larga, en el extremo una brocha amarrada con cuerda y con un cubo con cal, se dedicaba a encalar fachadas y casas de techos altos. Cuando llegaba la tarde estaba cansadísima, pero no paraba, nos tenía que bañar, hacer la cena, preparar la comida para el día siguiente y lavar la ropa a mano. No había lavadoras como ahora que le das a un botón y todo funciona.

A mi madre, que era muy joven le encantaba bailar, cuando había verbena, se ponía a bailar y no paraba en toda la noche. Pero lo que más le encantaba era el carnaval. Le encantaba vestirse de máscara en el carnaval, diciendo: Que no me conoces, que no me conoces. La recuerdo en el carnaval, con unos pantalones de mi padre, una camisa muy grande, un sombrero y la cara protegida por una careta, y recorría Antequera, con el grupo, terminando en Las Peñuelas, como era típico. Ese día de Carnaval que recuerdo murió mi abuelo José Varo. Bautista su padre, no pudo localizar a mi madre, hasta que terminó la fiesta. No sé de que murió mi abuelo, sería de repente, pues si hubiese estado enfermo seguro que ella no se hubiese ido a la fiesta.

Así era vuestra abuela, guapa, fuerte y trabajadora. Con carácter firme y tremendo. Cuando ella decía no, era que no.

Yo fui una niña mimada, por mis padres y mis abuelos. Cuando nació mi hermano Pepe, yo tenía tres años, no me sentó bien, no quería niño.

Mi abuelo José, no se llamaba José, sino Juan, no sé porque le llamaban José, quizá por su padre. Me llevaba con él al campo, a la era, y me subía al trillo, a mi me encantaba. Mi madre me reñía, me decía: Como sigas así cuando seas mayor serás un “macho pingo” y no una señorita.

La era, estaba junto a lo que es ahora el Barrio de Los Remedios, era de piedra, y el trillo de madera con un asiento, con estructura metálica el asiento, y trenzado con cuerda el mismo. En la casa de Antequera, tenemos uno muy parecido.

El trillo daba vueltas en la era, arrastrado por una mulilla, todo el día separando la paja del trigo, por la tarde se aventaba, con unas horquillas de palo, quedando el trigo a un lado y mas lejos la paja. Había que aventar cuando soplaba el viento.

El trigo se metía en sacos y la paja en “pacas”, para comida del ganado. También muchas personas usaban la paja para rellenar colchones.

En la era, había dos botijos con agua fresca. La huerta estaba frente a la Cueva de Menga, donde hoy esta el barrio del “chocolate” que se llama así por el color de sus fachadas. En e verano me iba a dormir muchas noches con mi padre a la huerta, para vigilar y que no robasen la cosecha. Así era mi infancia feliz con mi campo y mi abuelo. Siempre que era posible, y no estuviese en el Colegio.

Un día de Feria de Agosto, en Antequera, mi madre me compró un vestido blanco precioso, y unas sandalias también blancas, como tenía el pelo largo, me peinó con trenzas y dos lazos también blancos. Estaba muy guapa.

No te manches, me dijo mi madre, cuando venga papá nos vamos a la Feria. A mi no me importaba la Feria, me fui a la Calle Fresca allí cercana con unos amigos, y en una huerta colindante me subí a un árbol, subir me fue fácil, pero al bajar no tanto, me enganché el vestido con una rama, y quedó hecho un asco, con los nervios perdí una sandalia. Cuando llegué a casa la que se lió fue grande, menos mal que allí estaba mi abuelo, me dejaron en casa, prohibiendo la salida de la misma, y se fueron con el feo del niño.

Conocí a Pepe, que es como le llaman en su casa a vuestro padre, que siempre ha sido el amor de mi vida. Lo conocí con 14 años en Semana Santa, en a Calle Lucena, el Jueves Santo, de 1958, y desde entonces no me he separado de él y he tenido muchos pretendientes (modestia aparte) yo era una de las niñas mas guapas de Antequera (modestia también aparte), fui dos veces primera dama de honor, y porque por temas políticos, no fui la primera. También fui “mis simpatía” y “mis Renfe”.

De primera dama

Cuando vuestro padre se enamoró de mi, el era guapísimo. Para mí lo sigue siendo, pero ya para los demás no es nada guapo.

Estuve en un Taller de costura aprendiendo y ganando algún dinerillo.

A mi madre, no le gustaba Pepe Luis, siempre me decía: “Dios te guarde de las aguas mansas, que de las revueltas de guardas tu”.

No comprendía lo que quería decir, ya de mayor lo comprendí. A ella le daba miedo que me hiciese sufrir. Y yo discutía con ella. Y es que mientras más quieres a una persona, más miedo tienes a que hagan daño.

Los domingos cuando Pepe Luis venía de Sevilla, salíamos los domingos por la mañana. Yo le decía a mi madre: mamá a las 12 me voy de paseo.

Bien hija mía -me decía- pero antes tienes que limpiar los zapatos. Y me ponía delante los zapatos de toda la familia, con la crema y el cepillo. Y Pepe, esperando en la puerta y yo nerviosa. No me dejaba salir hasta que los revisaba todos, o cual originaba una discusión. Algunas veces mi padre me ayudaba, pero mi madre decía que no que ese era mi trabajo.

La primera Nochevieja con Pepe, yo tenía 17 años y fuimos por vez primera a su casa a cenar, yo estaba muy nerviosa, fue también su hermano Antonio y María José. Y después de cenar tomé dos copas de brandy. Era vez primera en mi vida que tomaba alcohol y me puse fatal.

Al día siguiente vino Pepe, por vez primera a comer a mi casa y mi madre, muy graciosa, tenia para comer pavo al brandy. Lo pensó aquella noche al verme con la “semiborrachera“ que tenia, yo no podía ni olerlo.

Mi querida madre, me dijo, con su sangre fría: Si eres mayor para tomar alcohol, también eres mayor para cocinar. Si no cocinas con brandy, llama por teléfono y dile que no venga.

Desde ese día jamás he vuelto a probar el coñac.

Poco tiempo le quedaba lamentablemente para castigarme. Al poco tiempo mi madre quedó embarazada, el embarazo muy bueno, mi madre estaba radiante. Mis abuelos encantados, mi hermano Juan tenia ocho años, mi hermano Pepe quince y yo dieciocho. Venia una niña, mi madre tenía 41 años.

Mi hermana nació e 19 de mayo el parto bueno, la niña preciosa rubia con los ojos azules y un hoyuelo en la barbilla. Pero una imprudencia medica o de las enfermeras, nunca lo supimos, le costó la vida a mi madre.

El día 22 de Mayo, vino a casa con unos dolores fortísimos en el vientre. Los médicos decían que eso era normal después de parto, pero no mejoraba, se bautizó la niña de prisa, fuimos los padrinos Pepe y yo, se bautizó en Santiago, falleció el nueve de Junio. Los últimos días hablo con Pepe; ella le dijo: Cuídala tiene mucho genio pero es muy buena. Pasamos de ser felices a perderlo todo.

Tuve que dejar mi trabajo y dedicarme a mi casa, a mi padre, mis abuelos y mis hermanos, Mari Carmen recién nacida. Tenía 20 días cuando falleció mi madre. Pasé de ser una niña mimada, a encontrarme con todos los problemas del mundo, ser madre sin tener ni idea, pero no me arrepiento de nada. Del dolor se aprende. Yo era una niña criada entre algodones, y de pronto paso a un campo de espinas y de problemas. Mi ilusión Pepe Luis, que siempre estuvo a mi lado, y mamá Teresa, mi suegra que se convirtió en mi segunda madre.

Sufrí mucho, pero bueno aquí estoy.

Le he dicho a Pepe, que no ponga esto en el blog, pero después lo he pensado mejor, y le he dicho que sí. Por si le sirve a alguien. Porque no tengo nada que esconder.

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9 respuestas a Historias de familia

  1. MELY dijo:

    MELY: Me ha gustado mucho la lectura de tus recuerdos. Lo encuentro emotivo y nostálgico; gracias a Dios la vida te ha compensado tus sufrimientos y te ha dado una familia estupenda y feliz como tu te mereces.

  2. Mª Teresa dijo:

    Dicen que detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer. Gran error, en este caso, tenemos una mujer pequeña por fuera, pero grande por dentro. Y escribe mejor que tú!!!!

  3. Eva dijo:

    Mira que guapo tu nieto David

  4. jose junior dijo:

    PUES HAY MUCHAS COSAS QUE DESCONOCÍA, SRA. MISS RENFE (QUE YA NOS DIRÁS SI ERA PORQUE ESTABAS COMO UN TREN DE BUENA, O LOCA COMO UNA LOCOMOTORA). EL ESCRITO ES MAGNÍFICO, Y LO LEERÉ CON MUCHA MAS CALMA. A POCO QUE SIGAS, PUEDES TENER UNA ESPECIDE DE “ANTEQUERA, ANTEQUERA, UNA VEZ MÁS”

    MUCHAS GRACIAS Y ÁNIMO A ESCRIBIR MUCHAS MAS COSAS, Y QUE NO SE PIERDAN.

    TU HIJO JOSE.

  5. Mª Carmen dijo:

    Hemana ya mismo te dan el premio nobel. Me ha gustado mucho, gracias por tener memoria para que los demas sepamos cosas de nuestros familiares, lamentablemente ya fallecidos.
    Un besote espero verte pronto por aqui.

  6. David Sánchez-Garrido García dijo:

    Querida Mama no dejas de sorprenderme, eres realmente buena, sigue escribiendo yo que soy el mas pequeño pues la verdad es que no se nada de tus padres mis abuelos tengo vagos recuerdos del abuelo, de la casa creo recordar que tenía una fuente en el medio del patio y a la izquierda una puerta donde guardaba los perros en un descampado muy grande donde nunca me dejaba entrar a la derecha la puerta de la casa, y dividiendo el patio en dos con setos creo que era al fondo a la derecha estaban los canarios un monto de canarios, recuerdo pocas cosas del abuelo solo recuerdo que cada vez que iba a Antequera donde me quería quedar era con el me lo pasaba muy bien de eso si me acuerdo perfectamente .

    Así que sigue escribiendo cuéntanos cosas de los abuelos que no se pierdan en el olvido.

    Te quiero mucho Mama cuídate.

  7. Maria José García Prados dijo:

    Tita soy tú sobrina Maria José, qué decirte de lo que acabo de leer, que tengo ahora mismo la piel de gallina. Conocer la historia de mi familia y de esta forma, por tí, me ha alegrado el día.
    Además yo que siempre he dicho que no me parecia a ninguno de mis padres, creo que soy clavadita a mi papi jejeje
    Estoy muy orgullosa de pertenecer a esta familia y aunque esté un poco desconectada de Antequera os llevo siempre siempre conmigo.
    Un beso muy fuerte. Te quiero mucho.

  8. Hola querida Tita, por fin he dado con el boton para contestar ( me ha indicado mi prima Mª Jose), bueno que decirte del maravilloso escrito familiar, comparto la opinion de todos mis primos, GRACIAS por darnos a conocer todos estos detalles que en mi caso desconocía, y GRACIAS por mantener el espiritu vivo de los abuelos. Yo lo más bonito que recuerdo de mi abuelo municipal (así lo llamábamos Susana, Mª José y yo) son los balancines que nos hacía en el mes de Mayo en el patio de la casa, todos adornados de flores de colores, el delicadamente nos subia una a una desde la mayor hasta la más pequeña, este orden era muy importante para el, luego nos balanceaba como si estuvieramos en una nube y nos decia continuamente “mis niñas guapas”, este ritual duraba unos minutos pero para mi eran eternos y me encantaba deseaba que nunca terminara, quizás por eso me guste tanto el mes de Mayo. GRACIAS TITA TE QUIERO

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