Cuento Nº 1: El Arco Iris

Por Trini García Varo

Un día de primavera Pepe y su hermana Tere jugaban en el salón de su casa. Estaba lloviendo y no podían salir a la calle, así que llamaron a sus vecinos María y Pablo para que fuesen a su casa a jugar con ellos. Entretenidos en el juego no se dieron cuenta de que la lluvia ya no era tan fuerte, y que el Sol había salido con fuerzas, y entraba por la ventana de la terraza. Tere miró por la ventana y vio que del cielo salía un camino de muchos colores.

–¡Mirad que bonito! –gritó Tere.
–¡Pero si es el Arco Iris! –dijeron todos.

Pepe abrió la ventana y el Arco Iris entró en el salón.

–¿Porqué no subimos? –gritó María, que era la más atrevida.

Sin pensarlo, puso sus pies sobre el arco y, si de como una escalera se tratase, fue subiendo por el mismo. Los demás la siguieron. Atravesaron las nubes, los pájaros volaban a su lado, y las estrellas las podían tocar con sus manos. Caminaban despacio, los niños reían, todo era felicidad.

Cuando llegaron al final vieron un paisaje maravilloso, con muchas flores y muchos animalitos. Conejos, perros, gatos, un cerdito, pollitos, pájaros, una vaca y un burro. Todos jugaban en armonía, ninguno se enfadaba.

Al ver a los niños el conejito dijo:

–¡Ya están aquí!
–¡Venid a jugar! –dijo el perro– ¡Os llevaremos a nuestras casas!

Los niños no salían de su asombro y, mientras se frotaban los ojos, pensaban en como era posible que los animales pudiesen hablar. ¿En que mundo estaban? Pero decidieron seguirles.

La vaca los llevó a un verde prado lleno de margaritas blancas, y les dijo que esa era su casa.

–Aquí como todos los días para que mi leche sea buena y la tomen todos los niños. Tomad un tazón.
–¡Muchas gracias señora vaca! –contestaron los niños, y se bebieron rápidamente el tazón.

Siguieron los niños caminando cuando los pollitos también les invitaron a conocer su casa. En ella mama gallina les tenía preparada una tetilla. Cuando se la comieron los niños dijeron:

–Gracias señora gallina, estaba muy buena.
–Todo lo que aquí tenemos es sano –contestó la gallina. Nuestro trigo es muy bueno.

Los pollitos entonces les enseñaron un trigal lleno de espigas gordas bien cuidadas.

–¡Pues ahora vamos a ir a mi casa! –exclamó el conejito, que como siempre sonreía y enseñaba sus pequeños dientes.
–¿Está muy lejos? –preguntaron los niños.
–Eso no importa –contesto el burro– os llevaré montados en mi lomo.

Los niños se montaron a lomos del burro, y este les llevó por montes y lagos preciosos, hasta que llegaron a un bosque en donde habitaban más animalitos: ardillas, conejitos, pájaros que volaban contentos. Los niños bajaron del burro, dándoles a este las gracias por tan maravilloso paseo.

Los animalitos se les acercaron para darles la bienvenida, mientras la señora conejo les ofreció bellotas y castañas. A esto que el cerdito se puso de lo más contento, pues era esa su comida preferida.

–¿Como lo tenéis todo tan limpio y tan cuidado? –preguntaron de nuevo los niños.

Después los animalitos llevaron a los niños a la escuela. La maestra era una vaca con el pelo gris, llevaba gafas, y los recibió con una gran sonrisa.

–A nuestra escuela vienen todos los animales, grandes y pequeños, jóvenes y mayores, y les enseñamos que sepan respetarse, y sobre todo respeten a la naturaleza.

Pepe, Tere, María, y Pablo, respondieron:

–Los humanos no nos comportamos de esa manera. Sería bonito aprender de vosotros.

A esto que desde el último pupitre de la clase se escuchó una voz cansada, pero firme. Los niños se volvieron para ver quien les hablaba, tratándose de una vieja vaca que ya era abuela y les decía:

–¡Vosotros podéis conseguir lo mismo con cariño y voluntad! Os voy a cantar una canción.

Había una vez una vaca
que ya era abuela
y nunca fue a la escuela.

Un día quiso asistir
y se puso unos zapatos rojos,
Unos guantes blancos,
y un par de anteojos.

La vaca vestida de blanco
se colocó en el primer banco.
Los niños les tiraban tizas
y se morían de la risa.

La vaca no se asustó
y estudiando siguió.
Cuando acabó el curso
todo aprobó.

–¿Comprendéis ahora como todo se consigue con cariño y tesón?

Los niños pensaban y pensaban, cuando regresemos a casa lo haremos todo mejor.

A eso escucharon una voz lejana que los llamaba. Era la voz de sus madres que los llamaban.

A esto que los niños se despertaron.

¿Fue un sueño? ¡Nunca se sabrá!

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