El marcapasos de Trini

Albolote, 18 de junio de 2011

Si, el jueves 16 de junio, en Granada, en el Hospital General de la Seguridad Social, mas conocido como Ruiz de Alda.

Por la mañana del miércoles no sabíamos a que hora la iban a operar, es más se nos indicó que era posible que tuviese que volver a casa y volver la próxima semana.

En principio estaba programado entrar en quirófano por la mañana, no fue así, habría otros casos más urgentes.

El anestesista, cuando entró ella en el quirófano, salió y me metió las cabras en el corral, le vamos a poner anestesia local, pero no sabemos si tendremos que ir a la anestesia general,  su corazón está dañado por ello es una operación de riesgo.

Poco después pasé al despacho del cirujano, se observaba una persona muy segura y responsable. Sacó una fotocopia de un corazón, y sobre ella comenzó a efectuar trazos de bolígrafo.

El marcapasos que le vamos a insertar, es de Alta Gama, es como un Ferrari en coche, lo habitual son dos cables, el de Trinidad, tiene tres cables, dos de ellos entran en el corazón por las venas, y un tercero, estará en la vena esta, me dijo señalando la misma, que tiene obturaciones de colesterol.

Me empecé a poner nervioso. Mire Vd. me dijo, es una operación de riesgo, todo depende de cómo sean las venas, si estrechas o anchas, y si el corazón no rechaza los cables, que puede suceder, y que no haya problema en poner el tercer cable, que es el más delicado. Si este no podemos la dejaremos por dos, y el tercero se le pondrá dentro de unos meses, haciendo una incisión por delante.

Me entro mas miedo y un nudo en la garganta, que prácticamente me impedía articular palabra.

¿Quiere Vd. este papel de la fotocopia del corazón?

Sí, si -le dije- lo pondré en un marco.

Estaba solo, en el pasillo, casi lo prefería así. Llegó María Jesús Torres, que me llamó preguntando por Trini, y ella precisamente iba a verla al Hospital.

También me acompaño un rato la madre del compañero de trabajo Jaime Abad.

Duró dos horas la operación, el cirujano salió con una amplia sonrisa.

Todo ha ido perfecto, sin tropiezo alguno, tiene las venas anchas. Todo muy bien.

¡Suspiré!

Con María Jesús bajé a la Cafetería del Hospital, y tomamos un sándwich. Estaba un poco nervioso.

Esperé en la puerta de reanimación, hasta que salió Trini, en la camilla, sobre las 7,30 de la tarde.

La habitación absolutamente incómoda, a Trini, le habían habilitado una cama supletoria, así que tres personas en la habitación, Trini, una Sra. muy mayor, que parecía una muerta que respiraba, y una joven chica de piel negra.

A la Sra. mayor en turno, una Sra. la custodiaba, a la chica joven, su madre, igualmente de color, ambas muy simpáticas.

Vino Mari Carme, la hermana de Trini, para quedarse por la noche, así que de noche pues seis mujeres en la habitación, y la puerta cerrada como me decía Trini.

Por la mañana del Jueves vino Eva, mi hija, con su amiga Susana, y mi hijo Jose.

Fuimos a comer fuera a un sitio, que ni nos atendían, en una terraza sobresaturado con un solo camarero.

Las obras del metro de Granada hacen que ahora al Hospital mencionado se entre por la puerta de atrás, y el restaurante esta haciendo su agosto, en junio.

Pedí la cuenta, anulé lo pendiente, y nos fuimos al Restaurante La Ermita, en los bajos de la Plaza de Toros, allí mis hijos dejaron de quejarse.

Me llamó Trini: Está tarde le dan el Alta.

Todos felices, pues estar un sábado y un domingo allí en el Hospital, la pobre Trini, con el televisor encima de su cabeza, era un problema. En casa estaremos tranquilos y todos felices.

Una enfermera muy guapa, ayuda también a Trini a hacer la maleta.

–Este es mi hijo, -dice Trini mirando a la enfermera- dice que Vd. es muy guapa.

Entonces intervengo yo:

–Yo soy el padre del niño, y certifico que Vd. es verdaderamente guapa.

Ella sonríe:

–Estoy pillada.

Yo le contesto:

–No importa yo también.

Todo ha sido precipitado, llamarón a Trini el lunes que tenia que ingresar el miércoles. Fue a la peluquería, también a “hacerse las manos” y “hacerse los pies”, realmente cuando se presentó en el Hospital parecía que iba a una fiesta, ella es así.

La ha llamado toda la familia, su Primo Antonio desde Barcelona, mis hermanos, amigos. Muchas gracias a todos.

Pepe Yanes, al filo de las 12 de la noche, me dijo:

–Ya tenemos achaques José Luis.

-No Pepe, tú tienes achaques. Yo le pido a Dios que el día que me toque morirme, sea antes que mi mujer.

–Si Pepe, -le dije- a mi también, a mi quizá con mas prioridad, ten en cuenta Pepe, que soy bastante inútil y solo no sé andar por el mundo.

–¿Somos pues egoístas? -me dijo Pepe.

Yo lo tenía claro:

–Pepe, no quiero encasillamientos, somos complejos (líquidos).

Hoy sábado me voy a la oficina temprano, y estoy hasta la dos. Realmente resuelvo poco en relación a lo mucho que tengo pendiente.

Mi hermano Antonio, llama a casa:

–Trini, ¿y pepe?

Trini mintió por encubrirme:

–Ha ido a comprar unas cosas al supermercado.

Por la tarde si voy al Eroski, solito. Con una listita de compras. Aparte de la lista compro alguna que otra chorrada o capricho. Me pierdo buscando cosas:

–Srta. –pregunto apenas entro- donde están los pepinos.

–Allí –me comenta, señalando a lo alto de un estante, donde se ven poco.

Realmente no son pepinos, son pepinitos chiquitos. Y bueno, compré lechuga, y fruta, huevos, y queso del blanco, que no tenga sal.

–Srta., por favor, ¿sabe Vd. donde están los huevos?, llevo un rato buscando y no los encuentro.

–Si Sr. –me comenta amablemente– están precisamente a la espalda de Vd.

Me giro y veo el estante de los huevos.

Al salir y poner las cosas, en el mostrador, la Srta. Me dice:

–¿Quiere Vd. bolsas?

–Pues si quiero bolsas. No tengo bolsas, quiero bolsas.

–¿Quiere Vd. un paquete de albaricoques por un euro?

Le dijo que sí, me gusta colaborar a la venta. La Srta. me sonríe, me ha colocado albaricoques, y su Jefe se pondrá contento cuando vea los albaricoques vendidos.

Al salir hay una carrera, la cajera pasa la compra por el lector, y yo en una operación mas complicada, intento correr más poniendo los paquetes en el interior de la bolsa para no hacer esperar al que viene detrás. Vano intento, se me acumulan los paquetes.

–Ciento once con noventaicinco –me dice la cajera- ¿Tiene Vd. tarjeta Travel?

–Pues si, y entrego la misma, en el ticket pone 36 puntos.

He comprado todo, menos el papel higiénico. No daba con el, y lo he sustituido por servilletas de cocina. Me daba corte preguntarle a Srta. sobre un papel para un uso tan indecoroso.

Llego a casa y coloco cada cosa en su sitio. Tengo que cuidar a Trini.

Buenas noches, vamos a ver si el Granada gana en Elche, y subimos a primera.

El fin de semana próximo iremos a Antequera seguramente.

Trini, lógicamente no tiene ahora fuerza, yo pensaba que el marca pasos trabaja en continuo, pues no, solo trabaja, cuando le es preciso trabajar. Tiene un buen software, y mide sus cosas. Sabe cuando tiene que funcionar y cuando no.

Ya Trini no tiene que pasar por los los túneles de los aeropuertos, por lo visto pita mucho. Pero no hay riesgo.

El mundo sigue dando vueltas.

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