El día que engañé a mis hermanas

J.L. Sánchez-Garrido

 

–¿Por qué no lo cuentas? –me incita mi hermana pequeña María Teresa.

–¿No te atreves?

–Si, me atrevo.

Fui con Trini a una fiesta a PINTO, a pocos kilómetros antes de llegar a Madrid, supongo hará 10 años, mas o menos, quizá 12.

La organizaba el hermano de mi cuñado, José Pineda, el paciente marido de mi hermana pequeña.

La fiesta era en una Nave Industrial, pero bellamente decorada, el negocio de el hermano de mi cuñado es tema de expositores de anuncio en cartón, y también grandes figuras de cartón, como anuncio en cines, y cosas así.

Estaba todo exquisitamente servido y no sé cuantos camareros había, muchos. No faltaba nada.

La nave, en parte se había transformado en una discoteca, se habían instalado efectos luminosos de todo tipo, y una acústica de buena calidad..

He de indicar que la fiesta era muy elegante, de guapas Sras. y especialmente para aquellos que le gusta bailar. He de reconocer que no es mi fuerte el baile. Sencillamente no bailo. A Trini le encanta y baila, a mi me gusta ver bailar, a las mujeres claro.

Después vino lo mejor, un impresionante grupo de bailarinas brasileñas, no sé 12-14 Srtas, algo impresionante y con movimientos mareantes.

A la fiesta asistían sus clientes más destacados, así como amigos y miembros de la familia.

Por cierto la música toda, organizada por un buen profesional, nos la entregó un CD con la grabación ylo tengo en Antequera.

A la mañana siguiente vi que el ambiente era de regreso pues mas o menos seguir un poco con la fiesta. Comer en el camino y llegar de noche a Albolote Trini y yo, a Antequera otros, y a la Costa de Málaga.

Yo quería irme pronto a Albolote, lo dije:

–Lo siento, pero yo me voy en directo de forma rápida.

–Vamos todos juntos –me increparon.

–No yo me voy en el Ford Puma –rojo, deportivo, que me había regalado mi Jefe–y me voy rápido.

– Nos vamos todos juntos –me insistieron.

–Pues no, yo me voy ya –insistí yo.

Me llamaron al rato, por teléfono:

–¿Por donde vas?

-Por Mazanares –les contesté.

–Es imposible, no te ha dado tiempo.

–Pues si me ha dado tiempo –realmente iba rápido, no había las prohibiciones de ahora.

En Iznalloz llegamos a mediodía y nos quedamos allí a comer. La verdad estaba muy lleno. Tardaban tiempo en servir, había un coro que cantaba en el comedor, estaba distraído. Y nos entretuvimos.

Seguimos para Granada, y tomamos lógicamente la desviación para Albolote.

De nuevo sonó el móvil, lo llevaba en la chaqueta y esta en el asiento de atrás. Yo daba manotazos, para llegar a la chaqueta. Trini me dijo que nos íbamos vamos a matar.

Paré delante del Restaurant la Curva y entonces, ya por fin, tomé el teléfono que no paraba de sonar. Era mi hermana, pequeña.

–¿Habéis llegado?

–Sí, sí –le dije–hace ya bastante tiempo.

–¿Estabas durmiendo?

–Si efectivamente, le dije, estaba acostado en la cama por eso he tardado en ir al teléfono.

–¿Y cuanto tiempo llevas en tu casa?.

–Pues no sé Mari Tere, llevo quizá algo más de dos horas, o dos horas y media.

–¿Por qué has ido tan rápido?

–No sé Mari Tere, mañana trabajo y quería descansar en casa.

–¿Oh, oh, que pena haber despertado al niño?

En esto oigo, por el móvil a mi otra hermana:

–¡MARICOONNNN!

Detrás de mi en un coche muy alto, y yo en coche bajo, y muy pegado a mi, por ello no podía ver al conductor, de aquel coche salieron mis hermanas. Y Pepín, mi cuñado, detrás otro coche más con mi hermano Antonio y María José.

–¿Ah, pero tu no estabas en tu casa durmiendo, embustero?

Yo realmente no sabía donde meterme, había dicho un embuste monumental, y me habían pillado totalmente “in fraganti”.

A mi hermana Mari Tere se le saltaban las lágrimas de risa, a mi hermana Mely le iba a dar algo igualmente del ataque de risa.

Pepín, casi lloraba de risa y poco le faltaba para tirarse al suelo y revolcarse de risa.

Antonio y María José, lo estaban pasando en grande. Creo que también estaban Juan Carlos y Auxi. Yo no sabía que decir.

Trini, se puso de parte de ellos y también se partía de risa.

–¿Por qué has engañado a tus hermanos? ¿Por qué el farol de ir tan rápido?

Nos fuimos a La Curva, al bar de arriba, la risas no paraban.

–Pepe –me dijeron– ya no te podremos creer jamás después de lo que nos has hecho.

Me fui confundido a casa, Trini, seguía con la risa.

Yo realmente estaba mas bien cabreado. Me habían pillado, en un embuste como una catedral. De lo que ahora se me puede creer o no. Pero no suelo mentir. Pero aquel día si.

Si efectivamente, aquel día mentí, me tiré un farol, y me pillaron.

Esto después ha sido motivo de mofa y escarnio.

Durante años, en comidas y reuniones ha salido el tema, para risa y placer de los contertulios:

EL DIA QUE PEPE, NOS ENGAÑO, COMO UN CHINO, PERO LO PILLAMOS CON LA MANOS EN LA MASA.

No ha habido mucha compasión por parte de mis hermanos, es más el tema lo han sobredimensionado, y le han puesto muchos añadidos, y decorado con muchos detalles. Ya por suerte para mi, en los dos últimos años, ha desaparecido como tema principal y del jolgorio de las reuniones fraternales.

En fin, a mi lo único, que me cabe decir es:

¡A la mejor puta se le escapa un peo!, y eso fue lo que me pasó a mí.

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Una respuesta a El día que engañé a mis hermanas

  1. Mª Teresa dijo:

    Me ha encantado esta historia, aunque el título debería haber sido “ANTES SE COGE A UN MENTIROSO QUE A UN COJO”, ya que mi marido, que cojea, te pilló in fraganti!!!
    Y sin embargo te quiero….

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