Susana, la amiga de Eva

Suena el teléfono móvil con una musiquilla inconfundible, es el teléfono de Trini en las profundidades de su bolso.

Me despierta del sopor, en el salón de la casa de mi hijo José. Son las ocho de la tarde, en Castilleja de Guzmán a pocos kilómetros de la Giralda.

Trini está arriba durmiendo. Está cansada. Habitualmente cuando suena el móvil en su gran bolso hay una carrera contra reloj para ver si llega a tiempo de encontrarlo antes de las cinco llamadas que hacen saltar el contestador automático. En un 95 % de las ocasiones salta el contestador, pero a ella no le preocupa ello pues nunca recoge las llamadas del mismo

Después de sonar el móvil de Trini, suena el mío. Es una llamada de mis hijos, es Eva.

Suena la voz cantarina de Eva:

–¡Papá, papá!, te parece bien que vayamos tempranito a cenar por aquí cerca, con los niños, ejemplo 8.30 a 8.45.

–Si, Eva, muy bien estupendo.

–Bueno pues ya llamo al salir. Viene con nosotros mi amiga Susana.

–¡Estupendo, estupendo! –le contesto– tengo muchas ganas de ver a Susana.

Está  mañana me sonó el despertador a la 6,45 como todos los días. Tengo un cuarto de hora de reflexión antes de levantarme, vuelve a sonar a las 7 y entonces me levanto. Hoy ha sido una excepción, estaba muy cansado, me venía para Sevilla en viaje particular, y puse el despertador a las 8.

Mientras me ducho, me preparo el desayuno y hago la maleta, cuando estoy saliendo de casa son las 9.45.

Trini está en Sevilla, con mi nuevo nieto al cual voy a conocerlo y a ver a Eva, mi hija fantástica. Y ponderada.

Paro en “El Faro”, en Antequera, ello es habitual, pido un café. Me atiende una camarera  monísima, cuyo nombre no sé. Soy olvidadizo para los nombres.

–¿Como está su Sra.?  –me pregunta.

Pues muy bien, encanto.

Llego a Castilleja de Guzmán al filo de la 1 de la tarde. Por el camino vengo escuchando “Las mañanas de la Cope”, con Ernesto Sáez de Buruaga y su tertulia con Los Morancos.

–Un chino en el enorme Hospital 12 de Octubre en Madrid, cuyas obras son interminables, va abriendo puerta a puerta, todas las habitaciones. Y así en cada pasillo. Lo va escudriñando todo. Hasta que el Servicio de Seguridad, lo para:

–¡Que hace Vd. abriendo todas la puertas!

–Pues estoy viendo esto con detalle para ver si lo compro y pongo una gran tienda.

Sonrío. Me hace gracia.

Hablando de las restricciones en fumar, se comenta:

–Es curioso, que en una boda de homosexuales no se permita fumar un puro. Se permite la boda, ello es natural, pero no fumar en la misma, eso está prohibido.

–Un funcionario le dice a otro:  ¿quieres un café?  Y otro le contesta: No que me espabilo.

–Me llama un proveedor de mi Empresa, para comunicarme nuevos precios. Todos los viernes, es lo habitual, suben y bajan, en esta época de globalización y cambios continuos.

Del bolso porta bolígrafos de mi maletín, cada vez que escribo algo, previamente selecciono con cual lo voy a escribir. Tengo  curiosidad  en ver cuantos tengo y los cuento  son 21.

Rotuladores indelebles, para escribir sobre plástico, rotuladores de punta  fina negros que no utilizo. Tampoco utilizo otros de color, pues cuando le quito el capuchón el ruido que hacen me resulta molesto. Descarto algún bolígrafo pues hay que apretar mucho sobre el papel y no estoy ya para muchos esfuerzos.

Tengo un bolígrafo de Fertiberia, muy bonito, que con mucho énfasis y secreto me regaló hace años Sr. Pedro López, y que cosa curiosa, a pesar de muchos avatares, no se me ha perdido. Para mí es milagroso que pueda tener un bolígrafo 10 años al menos. Pero así es la vida.

Después llamo a la Oficina, no hay buena cobertura, en fin, el iPhone se me queda bloqueado. No puedo ni marcar, ni llamar, ni nada. Ni tan siquiera apagarlo. No puedo apagarlo. Bloqueo total. Tendré que cambiarlo. Es la segunda vez que me pasa, en el arreglo de la vez primera perdí la información. Me pongo nervioso con el telefonito.

Es que un hombre sin móvil es como un jardín sin flores, como una noche sin luna, como un coche sin ruedas, como un tren sin vía.

Aprieto el botón de apagar, que no apaga, y simultáneamente aprieto el botón del menú. Y ¡Oh milagro!, el iPhone se me desbloquea. En todo esto pasan 15 minutos que sudo.

En fin, hacía tiempo que no escuchaba a Ernesto Sáez de Buruaga. Hace cuatro o cinco años, cuando estaba de Jefe de los Servicios Informativos de Antena 3, fui a escucharle en una conferencia, en el estupendo salón de Actos de La Caja Ahorros La General, en Granada, en el bonito edificio de El Cubo.

Me encantó su discurso, vino a decir más o menos:  Me levanto temprano, y rápidamente la válvula de la adrenalina se me abre a tope. Viene el chofer a recogerme, mientras hablo por el móvil. En la Oficina, en mi despacho a veces hay cuatro o cinco personas y mantengo varias conversaciones simultáneas. Mi agenda la rompo continuamente por acontecimientos inesperados. Vivo, tenso,  angustiado, preocupado.

Es decir soy por ello tremendamente feliz  ¡Que más le puedo pedir! Si lo tengo todo al vivir tan intensamente.

Hoy después de llegar a Castilleja he estado en casa de Joaquín y Eva, allí con Trini comiendo. Antes he ido al Colegio a esperar que salga mi nieta María, me ha visto, no lo esperaba, y a la carrera se ha lanzado a mis brazos dándonos un fuerte abrazo.

Después Trini me dice:

–Me parece que has hecho con María hoy lo que no hiciste con Eva. Ir a esperarla al Colegio.

No lo sé, ya hace muchos años. Pero es muy posible que así fuera, entre viajes y trabajo.

Veo como Eva cambia de ropa a mi nieto David, y la verdad es que el hombre está bien dotado de órganos genitales. Me da hasta envidia.

En fin después de comer me vengo a casa de mi hijo José que no está, está en Paris. Realmente con esto de los vuelo de “low cost”, pues se va los fines de semana a Paris.

Nunca he dormido en casa de mi hijo David, ni en casa de mi hija Eva.  Al estar casados y con niños, pues no lo hago. Cuando José, mi hijo, vivia en Barcelona, Trini y yo nos íbamos al Hotel Vereda Real, muy cerca de Castilleja. Este Hotel si que tiene encanto. Allí hemos ido con asiduidad y nos hemos encontrado bastante cómodos.  Junto al hotel vive Susana, la amiga de EVA.

Eva y Susana, son amigas desde los 14 años. Susana Delgado. Soltera, extrovertida,  morena, y ojos muy inteligentes y vivos.

Es Jefa de Sección en Ikea y se encuentra muy feliz, con su trabajo.

–Susana, ¿eres feliz?  –le pregunto.

–Si mucho –me contesta.

Esto me sorprende en un mundo actual de crisis y cabreos.

–Cuéntame cosas, Susana. Cuéntame algo –ella sonríe.

–Te sigo en tu blog, me comenta, así que he leído buena parte del mismo. Me gusta como escribes.

–Susana se nota que eres muy inteligente  –le contesto.

Cuando Eva, se fue a EE. UU, muy jovencita, quizá con 17 años, y estuvo allí un año, me comenta Trini que Susana no paraba de llorar.

Cuando Eva volvió, venía con un aspecto distinto, diremos que casi disfrazada, con un sombrero marrón y unos ropajes distintos.  Parece que a Eva, solo la conoció Yuco el perrito, y por supuesto Susana.

Así pues Susana y Eva son amigas intimas de muchos años, son como hermanas. No se mucho más, pero seguro, seguro que Susana sabe por supuesto más de Eva que sus padres. Y por supuesto Eva sabe mas de Susana que cualquier otra persona del mundo.

Pero no puedo conseguir ninguna información de Susana Delgado, no hay forma. Ella sonríe, y sonríe. Eva y Susana son amigas de toda la vida, amigas de siempre.

Tengo un cuadro que pintó Susana en casa. Trini y yo queremos mucho a Susana Delgado, es como si fuese parte de la familia. Son Eva y Susana dos personas inseparables. Estoy convencido de que se jubilaran ambas y seguirán siendo amigas.

Mañana  me gustaría dar una vuelta por Sevilla por la Calle la Sierpes y La Campana.

Esto me lo enseño mi padre, ya cuando yo tenía 14 años y veníamos a Sevilla, en un Seat 600. Y en la Calle Sierpes comíamos en Casa Calvillo. Allí había baños, es decir te daban unas enormes y limpias toallas, y te bañabas o duchabas usando todo el tiempo que quisieras, con agua muy caliente. Y quedabas como nuevo después del viaje. Todo muy limpio. Después comíamos en el Restaurant. Es una pena que haya desaparecido.

Junto a la Campana tenía la oficina Sr. Hilario Carrasco Álvarez, que era el representante de la empresa que mi padre tenia a medias con D. Francisco Matas Ruiz llamaba, INDUSTRIAS MASAGAR S. L.

Hilario y mi padre eran íntimos amigos. Hilario vendía en aquellos tiempos el Champan Freixenet. Uno de nuestros clientes eran unos grandes almacenes de ultramarinos “Moisés Abascal”.

Hilario, estaba casado con la hija de Pepe Pinto . La Sra. de Pepe Pinto era cantante, no me acuerdo del nombre ¿Puede ser Pastora Pavón?

Pepe Pinto tenia una tienda de electrodomésticos en La Campana.

Con Hilario Carrasco y con mi padre, mas de una vez íbamos a menudo, en Sevilla, a la Venta Ruiz, pues eran muy amigos de Curro Ruiz.

Curro Ruiz, junto a un amigo, hijo de un ex ministro, hicieron PQS (Productos Químicos Sevillanos), que creció y creció. Hoy ya el negocio se vendió y es BRENNTAG QUIMICA S.A.

Curro Ruiz falleció joven, y a Juan Illanes, Gerente de PQS, lo conocí con pantalón corto, en la Venta Ruiz. Curro Ruiz tenía una fe ciega en él.

Hilario Carrasco era muy elegante. Su armario de trajes tenia, no sé, más de 40 trajes. Mi padre tampoco le iba a la zaga.

Me acuerdo de Hilario, lo esplendido que era, terriblemente esplendido, Ya de mayor puso un despacho de Loterías en la Campana, el cual tenia un venta  muy grande. De vez e cuando iba a verlo y tomaba un café con el.

Ya en Granada. Fui un día a verlo.

–¡Ah pero Vd. no lo sabe!

–Pues saber que.

–Mi padre falleció hace 9 meses.

Era su hijo. No lo conocía y nos dimos un abrazo.

Hilario enviaba a Antequera en Navidad unas grandes cajas de dulces, soberbias.

Un día en Venta Ruiz pidió, como era en él habitual, para comer Champan, ahora se le llama Cava, me refiero a Freixenet, y no había.

Con permiso de Curro, llamó a un Taxi y envió a un camarero a comprar una botella. Cuando volvió con ella le dio una propina que tiraba de espaldas. Era una persona  muy especial el amigo Hilario.

Un día le pregunté a Hilario que me recomendara una Cafetería para ir a tomar algo con Trini, y me dio las señas, allí junto a Calle Sierpes.

En la Cafetería nos atendieron de maravilla, y nos dijeron que como éramos el cliente número 10.000 nos invitaban a todo y nos pusieron un montón de platos, que tuve que parar pues era una barbaridad.

Yo no me tragué el anzuelo. Y llamé al dueño. ¡Vd. no me engaña, esto es seguro que es cosa de Don Hilario!

Por supuesto todo pagado. Era el colmo de la esplendidez genética.

Un día me llamó y me dijo que tenía un chalet de un amigo en Simón Verde, y que fuese a verlo y se que lo pagase como quisiera. Fuimos Trini y yo. El chalet era impresionante.

José Luis, tu me entregas tu piso a cuenta, estudiamos a modalidad de pago, me lo pagas cuando vayas pudiendo.

Le dije que no. Era demasiado chalet. Con mi sueldo no tenía ni para el mantenimiento, nada más que aparatos de aire acondicionado pues habría, y en aquellos tiempos, 14-15.

Sé que el chalet fue después de Espartaco, y posteriormente de otros famosos. Al verlo en la tele lo he recordado.

Hoy quiero ir al Centro y pasar por la Calle Teniente Vargas Zuñiga, un pequeño callejón donde viví tres años, de estudiante. Pero bueno no sé si podré o no. Además en Calle Sierpe, el Cine Imperial es hoy es una enorme librería, una gigantesca tienda de libros, que me encanta.

Trini me dice:

–Mañana a mediodía vamos a comer por aquí cerquita toda la familia.

Así que mañana me dedicaré a relajarme un poco. Estoy tenso, aunque ya se me esta pasando. Como he trabajado intensamente el sábado y domingo pasados, pues para mi esta semana ha tenido 12 días y ya mi cuerpo serrano se cansa.

Así que lo de ir al Centro de Sevilla, me temo que no.

Bueno Susana, espero que leas estas líneas, van dedicadas a ti.  Un abrazo.

Buenas noches.

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Una respuesta a Susana, la amiga de Eva

  1. Elena dijo:

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    Elena

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