La historia de Juan Luque (El Jardinero)

Hoy domingo, en el puente-acueducto festivo de diciembre, llego con Trini a Antequera a las 11 de la mañana.

Voy al estanco de La Alameda, dando un pequeño paseo, a comprar la prensa, he adquirido El  Sur de Málaga y también el Dossier Empresarial.

Al regreso, en el porche de una tienda, mirando la calle, paso junto a Juan Luque, elegante, bien vestido, con su gorra bien puesta, es alto, y fuerte, tiene cerca de  90 años. Juan desprende majestuosidad, caballerosidad, generosidad.

Juan  ¡Hola!.

¿Quien eres? -me pregunta-

Soy José Luis, el hijo de Antonio –le respondo-

Es que apenas veo. Tengo un ojo por el que no veo  nada, y el  otro, pues me falla un poco -me informa-

El que no veo nada, me lo operaron en Sevilla, un Catedrático un tanto graciosillo en su expresión, y perdí la vista totalmente. El otro fui a la Clinica Barraquer, y es por el que veo, aunque no del todo bien. Me dijeron en Barcelona, que si hubiese ido allí, el ojo que he perdido, no  hubiese pasado ello.

Juan Luque, durante años, ha venido a mi casa de la Calle Merecillas, a podar el Jazmín, dejo de hacerlo cuando ya físicamente era imposible. Ahora viene todos los años con un muchacho, al que le enseña el trabajo. Todos los años en la misma fecha, durante muchos años. El Jazmín de mi madre siempre lo ha podado él. El jazmín, tiene quizá  50 años.

Juan, le regaló a mi madre, el jazmín. También la dama de noche, las dos joyas del patio de mi casa.

Tu padre,  -me dice- era muy buena persona, sino fuese así, me estaría callado, y no te diría nada. Pero como era muy buena persona, te lo digo.

Desde hace varios años, tengo pensado hablar un día, con Juan Luque, y escribir lo que me diga en el ordenador. Que me cuente su historia, LA HISTORIA DE JUAN LUQUE.

Juan, -le digo- ¿Qué tienes que hacer esta tarde?

Nada. Me contesta.

Juan, ¿Por qué no vienes a mi casa esta tarde, de hoy Domingo, y hablamos un rato, y escribo lo que pueda. Y escribo LA HISTORIA DE JUAN LUQUE.

Juan,  con la mirada perdida en el infinito sonríe.

-Bien de acuerdo, pero antes de que sea de noche, vuelvo a mi casa. Es la costumbre.

Muy bien Juan, en ello quedamos.

Me vengo a casa un tanto ilusionado y se lo digo a Trini.

Trini, no me he acordado, me dice que hemos venido a Antequera para comprar algunas cosas para preparar la Navidad ya que hoy hay comercio abierto.

-No te preocupes, me dice ella sin enfadarse y comprensiva. Ya lo arreglaremos.

Trini,  Juan se va, apenas anochezca, y podemos ir entonces de compras, hoy hasta las diez de la noche supongo que estarán  abiertas las grandes superficies.

-No te preocupes, ya veremos –me dice-

Esto lo escribo a mediodía, aunque estoy conectado a Granada con el Notebook, y en remoto se escribe lento. Es un problema, las letras se juntan. Vamos a ver que sale, si Juan viene.

Ahora esto esperando a José Manuel Rodríguez, que vendrá a tomar una cerveza, con su Sra., después él se va a comer con unos amigos.

Viene efectivamente y para tratar temas de Empresa, y trae una bonita maceta, un “pascuero”, muy bonito. –Muchas gracias-

He bajado por leña al patio. Trini, ha encendido la chimenea. A la primera. Yo no sirvo, para encender la chimenea, se me apaga, tardo una o dos horas de lucha en ello. Trini, lo ha hecho en 3 minutos.

-Trini. –le digo- eres una artista. Me tienes que dar un cursillo, de encender chimeneas.

-Vale, muy bien –me dice- ya es hora de que aprendas.

Llegó Juan Luque. Son casi las seis de la tarde. Y le siento en un sillón. Y me pongo a escribir.

Nació en Antequera, bautizado en Santiago, eran nueve hermanos, quedan tres, contándole a él. Estuvo 42 años en la Azucarera, en la campaña, y el resto del año en el campo. Después estuvo 8 años en una Fabrica de Mantas, que se quemó. Estaba un poco más allá del Henchidero, de los Mirandas.

Después se pegó a la construcción, que fue su perdición,  porque no cotizaban el seguro. Por ello ha cotizado poco al seguro, su paga es exigua.

Vive con su hija, ella no tiene ingresos. Así con una minipaga de jubilado, no se como. Pero viven con una dignidad impresionante. Y sin quejas.

En la fábrica de mantas fabricaban las Mantas Paduana, tenían dos fabricas de mantas y las dos las cerraron.

Yo no sabía, pobre de mí, que las celebres Mantas Paduana, eran de Antequera, me sonaban como si fuesen de Cataluña.

En la fábrica de mantas había cinco personas cada una, en la campaña había más para los ribeteados, la campaña de las mantas en el verano. El estaba fijo, y tenía una bicicleta, y allí en la fábrica la utilizaban otros para ir a comprar mandados, y le rompieron una biela, y la tuvo que pagar él, y le costó 30 pts. Y ya no la prestó más. Se acabó el prestar la bicicleta.

Había otras muchas fabricas de mantas, y vinieron abajo, cuando la televisión anunciaban otras, esto fue cuando empezó, la televisión.

De todos los trapos viejos, salían mantas estupendas, pero esto estaba prohibido decirlo. Iba todo muy limpio y lavado. Se trituraba y se hacía polvo,era el procedimiento. Se hace polvo de las telas.

Primero se hacia la manta de borra, después hacían churros que eran carretes grandes de hilo. Los hilos se hacían con el triturado mencionado (mas o menos es lo que voy tomando nota, no quiero interrumpirlo, no quiero que pierda el hilo de la conversación, ni el hilo de la manta, ni anclarme en nada, quiero que avance).

Las fábricas de mantas estaban junto al rio, para mover los motores con el agua del rio, pero después cuando vino la electricidad, pues ya las fabrica podía estar en cualquier sitio, pero todas al principio andaban con el agua. Después todas pasaron a la electricidad, que era una delicia, comparado con la anterior fuerza motriz del agua.

Ahora tiene azúcar, después de estar tantos años en la Azucarera. En la Azucarera, había una pareja de Guardia Civiles que te registraban para que no te llevaras el azúcar. Estaba la pareja de la Guardia Civil en la puerta de la misma.

Había un Guardia Civil, que decía: ¡Voy a hacer revista sanitaria!, y bajaban los pantalones, con un pequeño terrón lo echaban a la calle, como si se hubiese llevado un camión. Era la norma.

Hubo muchos que para echar a un compañero, sin que se diese cuenta, metían un terrón en el bolsillo del mismo. Y así lo echaban y ocupaba su puesto probablemente (la mala leche ha existido siempre, por lo visto, que barbaridad).

El limpiaba el jugo, Va disuelto con agua, es lo mismo que cuando pone uno un puchero, con su carne y sus garbanzos. Va el jugo y el agua, el agua se vuelve vapor y el jugo no, el jugo queda. Después el jugo se cocía con agua y azúcar, y salía todo azúcar. Y el agua aparte.

A los primeros cocidos para sacar el jugo, le añadían cal, se pasaba por un filtro, donde quedaba la cal, y salía el jugo limpio. 

El jugo limpio, era el jarabe, y lo subían a la tacha, donde hacían el azúcar, el jarabe, lo hacían azúcar.

El estaba en turno, había tres relevos. Una semana de  6 a 2, otra de 2 a 10, y la tercera de 10 a 6 de la mañana, no había descansos los fines de semana.

En total había, setecientos hombres trabajando, el entró con 12 años. Para ganar el sueldo de un hombre había que tener 18 años, engañó al listero, y le dijo que tenía 18 años, y estuvo engañando al listero.

El listero se dio cuenta, cuando casi tenía 18 años.  

¿Por qué me has engañado? -le dijo el  listero-.

Juan le contestó.

En mi casa necesitan el sueldo de un hombre, y no el de un niño, y yo trabajo como un hombre.  Si quieres échame. 

El listero, lo dejó en su puesto de trabajo.

Los niños de 17 años, se los llevaban a la guerra, a partir de los 17 años. Dicen que los de la quinta de 41, no entraban

A La quinta del 27, lo llamaron varias veces, tendría treinta y tantos, en la guerra, los de esta quinta.

Juan no fue a la guerra tenía 12 años.

¡Como se perdieron las remolachas! ¡Con las que había! – suspira, sobre el tema-.

A Juan le gusta el campo, Juan es un HORTELANO.

Juan conoció a mi padre, en la Huerta los Rufos, en el Partido el Arroyo, había 10 huertas, y quedan dos, las demás han desaparecido. El trabajaba en la huerta cuando salía de la azucarera, trabaja de día y de noche.

Tu padre era buen hortelano -me dice Juan, hablando de mi padre-

Juan dice que hoy no se encuentran hortelanos de calidad como lo era mi padre. Era todo con el azadón. Hoy todo con el tractor, y antes  había que sembrar, y dale y toma, y si la acequia era ladeada tenían que hacerla otra vez. Su trabajo parece que estaba hecho con tiralíneas.

En la huerta estaban los amos, y un oficial o dos todo lo año, y en las huertas para los mandados y el agua, estaban el zagal, en todas las huertas había un zagal, y el  zagal iba buscando estiércol porque había muchas bestias, y se compraba en las casas. Tres gordas valía una carga de un mulo con su serón, un serón, tiene dos  cuhones, que son los lechos de cada serón, y los dos cuhones forman el serón (no sé si cuhones, es con “h” intercalada, no sé si cojones, es un derivado de ello).

En cada cuhón, metían un cántaro cuando iban por agua.

Dice que le gustaba tomar una rueda de tejeringos, que le gustaba una perrilla (el tejeringo es un churro, y la perrilla o perra chica, o,5 céntimos de pesetas). Es una pena que haya prácticamente desaparecido la palabra. Tejerinjo, es mucho más bonita y más nuestra que la palabra “churros”.

¡Parece que te gustan los tejeringos!, le dijo un hombre que al que le llamaban “Calores”, y que estaba de portero en la Plaza de Toros, y quería regalarle semilla para que nacieran tejeringos, y le dijo que el se metiera en un cuhón, y en el otro meter la semilla de tejeringo. Juan entonces era un niño.

Cuando llego a su casa, le preguntó la hermana, que por ello venía el dentro serón. Venia encima del mulo, en el serón en un cuhón, a un lado venía el metido, y en el otro cuhón, la semilla de los tejeringos. Se lo explicó a la hermana, desde encima del mulo.

¡Te la ha pegado El Calores! -le gritó la hermana-.

Miraron el saco estaba lleno de cristales. El “Calores” no sabía donde tirar el saco y se lo endoso a Juan Luque.

-Y no lo abras, en el camino Juan -le dijo El Calores-, que se estropean las semillas.

Esto fue hace muchísimos años, pero a Juan no se le olvida.

El vivía en la Cuesta los patos, en una huerta, arrendada los arrendatarios, era del “Rubio de la Carne”, al lado había otra que era “La Huerta la Tapia”, y otra  al lado “Huerta Josa La Cruz”. “El rubio de la carne”, era pariente de Trini, o del padre de Trini.

Entró  con ocho años y salió con 16 años de la huerta.

Se casó a los 26-27 años, su hija está soltera.

Teresa Pinto, era hermana de su abuela (mi madre hablaba muchísimo de Teresa Pinto y yo siempre de niño he estado escuchando de Teresa Pinto, todos los días, era también pariente de mi madre, por lo visto, era una Sra. de fuerte temperamento, del campo, hortelana).

El jazmín lo puso el, se lo regaló a mi madre, hace muchos años, y la dama de noche también.

El año pasado, puso 14 jazmines, y el dueño de la cochera, pues no sabemos lo que hizo con ellos. Este año,  ha puesto otros 14 murones, y le dijo que le dejaba siete.

Juan, estuvo en la Azucarera, 42 años y a las mujeres no las registraban y hubo quien se hartó de ganar dineros. Al salir parece ser que algunas se llevaban algo de azúcar.

Juan siempre ha sido jardinero y hortelano. Estuvo en la mili los 33 meses que duraba, en África, pegando a Casablanca, en Alcazaquivir. Aquí en Antequera se pasaba hambre pero allí no pasó ninguna hambre. Se estaba estupendamente.

Le daban dos chuscos, y como tenía para comer lo que quería, pues los vendía y a real, el comía en la cocina con el asistente  y estaba con un coronel, después lo cambiaron a otro coronel y eran a cual mejor.

Estaba de jardinero, en el chalet, del coronel. El pelo se lo tuvo que peinar a gusto de la Sra. del Coronel.

Había además el cocinero, el Coronel, tres hijos y una hija.

Un día arrestaron al coronel, al que tenía primero, porque había vendido dos camiones llenos de calzones blancos y camisas. Y se lo gastaba de noche, con mariquitas. 

El  le decía al chofer, que le dijera a la Sra. que iban a Zuhala, que había una compañía del regimiento. Y se iban  a Tetuán, de mariquitas, e iban tres coroneles. Y lo arrestaron a estar un mes, sin salir del pabellón.  Donde iba se lo contaba el chofer. Así se me cuenta.

Cuando llegaron estuvo en el Hogar del Soldado, allí llegaron 300-400 soldados, había tres o cuatro que pillaron alguna enfermedad venérea. Los pusieron desnudos. El  jamás fue a ningún sitio de esos.

En la calle Toronjo, hace 40 años que vive. Ha pasado mucho tiempo en el bloque E ese sitio tenia una tienda mi tío Rafael Reyes, el cual después se fue a Barcelona, y no hace mucho falleció. Estaba mi hijo José en Barcelona, y fue al entierro en mi representación.

Mi padre allí tenía un piso, en esa casa estuvo un mes, en el primera planta, en el primero derecha, y al mes, dijo yo me vuelvo a mi casa, que en un piso no se vivir. Mi padre quería la luz del patio, la amplitud, regar las macetas.

Mi padre estaba con Los Rufos era buen trabajador, y puso una tienda, en calle Toronjo, con cuatro cosas, con membrillos, lechugas, patatas  y cebollas.

Y le dijo a Juan, mi padre, el ganaba 6 pesetas en el campo, si gano 4 pesetas en la tienda, pues no voy más al campo.

Y ganó las 4 pts. Y no fue más al campo. Allí empezó la vida de mi padre. De comerciante. Diré de gran comerciante. Al menos para mi yo siempre le he admirado sus dotes comerciales

Los Rufos, eran tres hermanos. Uno de los Rufos, era duro, y pilló a uno robando papas, y se peleo con él, estuvo toda la noche, pegándose con el otro. La Guardia Civil, le dijo que si peleaba otra vez, tendría que salir de Antequera.

Ahora Juan da paseos. Los dos hermanos que le quedan están en Madrid.

El en la mili, no paso hambre. El estuvo en una tahona antes de Mili, en la calle Trasierra. Y no quiso irse después de la Mili, a Cortijo Los Nogales. En la Tahona de Aguilera.

El salía a las cuatro la mañana, con los mulos, con cuatro mulos, a “humo pajas”, es decir que iban ramón, y el dueño tenía 355 cabras y otras tantas ovejas, allí junto a la hermanita de los pobres. Y el ramón era para comer las cabras, y lo que no se comían las cabras, era para el horno, para hacer el fuego y cocer el pan.

Y tenían que ir lloviendo, o como fuera, sin arreos de agua. Iban en el carro, a uno le tocaba arrear los mulos, y el otro se metía en un saco para no pasar frio. Esto era dos o tres meses. Los de la poda del olivo.

¿Y el resto del año, donde comían las cabras?. Las que tenían leche le daban un pienso a las demás, nada. Solo el ramón.

Las cabras se avanzaban, al ramón, “enmayas”  o bien las llevaban al campo a cuatro hierbajos.

Salía para la tahona a las tres de la mañana, y aparejaban  a los mulos, y terminaba a las 12 de la noche. Tenia tres horas para dormir. El carro tenía cuatro mulos

Le daban en la tahona, 8 pesetas de jornal.

Hubo nueve días que no hubo pan. Que pan quieres, le decía con las gafas en la nariz el dueño de la tahona.

Y se llevaba tres panes a seis gordas, (es decir 60 céntimos de pesetas). Para el si había pan, y para Juan, pero no tenían para vender. En los años de el hambre, su familia no paso la misma.

Había muchos del pueblo, que iban a donde encargaban, buscando algo para comer, las habas, cuatro papas. Había que vigilar las huertas, porque se llevaban lo que había.

Y comían pan con aceite, la porra, las sopas. Todo el mundo estaba a dieta. Y había que trabajar a fondo.

En el campo se trabaja de sol a sol, pero estaba mejor, se debía haber ido a Los Nogales, pues trabaja la mitad menos, se lo recomendó su madre, el no quiso, y se fue a la tahona. En el campo se trabaja de sol a sol, en la tahona se duerme tres horas al dia de 24 horas.

Estuvieron en aquellos tiempos “empedrando” la carretera hasta el puente Lucena, esto son 2 kilómetros y tardaron  cuatro o cinco años en empedrarlo. Al Ayuntamiento entonces se iban por el Camino de la Quinta, porque el carro iba de vacío, pero al volver con el ramón, tenían que hacerlo por la Puerta Graná y dar la vuelta, por las obras de la salida de la Cruz Blanca.

Trini, nos trae café con leche, y unos mantecados, el solo toma uno, es todo discreción, yo no tomo ninguno, llevo tres días a régimen, pero no sé cuanto voy a aguantar. Estoy ya batiendo un record con tres días.

Me voy, ya es de noche -me dice Juan- y mi hija estará preocupada.

A mi me gustaría llegar a la edad de Juan y también físicamente como se le ve. Es un hombre, entero, cabal y honrado.

Juan Luque, le digo, aquí no acaba la historia. Tendremos que seguir otro día.

No me contesta. Es discreto. Quizá piense, que con lo que me ha contado, es suficiente, quizá piense, que no quiere contar más.

Lo acompaño a la puerta, habla con Trini. He regalado muchas plantas de jazmín en mi vida. Ninguna la he cobrado. Y me repite:

-El Jazmín de tu madre, que vengo a podar todos los años, se lo regale yo, hace muchos años.

-Yo lo he visto siempre el jazmín.

Trini, dice, el jazmín que tenemos en Albolote, también nos lo regaló Juan Luque.

BUENAS NOCHES, Juan Luque, que Dios te conserve la vida, muchos años.

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