La cosecha de la subvención

UN NUEVO  CULTIVO: LA COSECHA  DE  LA  SUBVENCIÓN.

José Luis Sánchez-Garrido y Reyes

La  Vega del Guadalquivir, es probablemente uno  los  terrenos más fértiles de España, lo que unido a temperaturas relevantes y a la presencia de agua, conforma sin lugar a dudas lo que algunos denominamos  La  California de Europa.

Hablando y reflexionando sobre la pasada campaña, le pregunto a Rafael Calvo, buen amigo y gerente de una de las empresas de Servicios de aplicación  al campo  más profesionalizadas que he conocido en mi vida:

-¿Cuántas Hectáreas ha habido de algodón la anterior temporada? 

-Algo más de 50.000 Has. y creo que de cara a la próxima, el número de las mismas va a crecer significativamente.

Antes, al algodón se le aplicaban aproximadamente 1.000 kilos de complejo granulado o abono en suspensión antes de la siembra,  una cantidad similar de abono  nitrogenado líquido o sólido después en  cobertera, fitosanitarios y mucho plástico para cubrir el cultivo en su inicio de desarrollo, y se obtenían quizás las cosechas por Ha más altas del mundo. En pocos años, la situación ha dado un giro de 180º: no se consume prácticamente nada, las producciones son  minúsculas, y en muchos casos prácticamente nulas. Si no se abona, si no hay tratamientos, si no hay cosecha… ¿Qué estamos cultivando en esas 50.000 Has.? Pues se cultivan Subvenciones.

A mí esto  me parece un tanto incongruente, mire Vd. Aunque tenga su explicación, en el fondo no le veo razón a la incongruencia.  Dedicar aproximadamente en 2010 un total de 60.000 Has., es decir  600 millones de metros cuadrados, a esta particular forma de cultivo virtual, me parece una incoherencia.

Pero hoy por hoy, para el agricultor el cultivo de la subvención, es un cultivo seguro:  Vd. siembra, pero no tiene que abonar, no tiene que aplicar tratamientos, ni nada; es más, si hay poca cosecha, que es lógicamente lo habitual, no tiene ni que recogerla, sólo arar y cobrar, lógicamente así tampoco hace falta casi personal. Y los mínimos trabajos que se hacen, son por supuesto para cubrir el expediente y cobrar la subvención.

Con la quinta parte de lo que se siembra, haciendo las cosas como el agricultor algodonero sabe hacerlas, se podría  obtener la misma producción global, y dejar más de 40.000 Has. de fértil terreno, para  producir otros cultivos de coherencia económica.

Por experiencia, por costumbre y por sentido común, yo tenía la ídea de que para ser rentable, hay que producir, hay que reducir costos, hay que ir buscando el aumento de la calidad de forma continua.   Esto ha cambiado y no lo entiendo, no termino de asimilarlo.  Ahora no es necesario producir: Vd. Trabaje e invierta lo mínimo posible y ese déficit de rentabilidad, se la compensamos en subvención.

Asumo que la subvención tiene su parte positiva, pero… ¿Hasta cuándo se puede mantener esta situación?  ¿Y después, qué?  ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué será de nuestra agricultura si no podemos competir? ¿Podremos estar, con el fenómeno de la globalización, el desarrollo de la logística operativa y funcional de transportes de larga distancia y la apertura de fronteras, a la altura de los demás países de Europa?

La falta de respuestas a estas preguntas, la burbuja irreal en que vive el mundo de la agricultura hoy día, la ruptura de los ciclos lógicos y habituales, me hace sentirme totalmente perdido. Por ello presiento que de continuar este sistema, estaríamos abocados a una forma de agricultura que nada tiene que ver con el significado que esta palabra ha tenido desde los orígenes. Nos encontraríamos una agricultura condenada a vivir de la subvención, y si ésta desapareciera, el campo se abandonaría, muchas aldeas  y pequeños pueblos quedarían olvidados para siempre.

Ante esta irracionalidad, está claro que de alguna forma han de continuar a partir de 2013, pues suprimir el sistema drásticamente sería un desastre.  Y también está claro, que ahora es necesario plantearse qué tipo de salida se le da a esta situación. Es urgente fijar un nuevo horizonte, no se puede vivir desorientado, sin rumbo y sin objetivos. Creo que es apremiante  el diseño de un nuevo futuro agrícola, no se puede mantener la incertidumbre y la zozobra como forma de vida profesional, sin saber hacia dónde  vamos, en un camino en el cual la mirada se pierde en el horizonte de La  Vega del Guadalquivir, sin saber por cuánto tiempo seguirá siendo la California de Europa .

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